domingo, 4 de noviembre de 2007

El estrepitoso fracaso del Alcalde de Piar Upata

Alguna vez en la mal llamada Madre Patria de emperadores y monarcas absolutos, pretendidos dueños del mundo por voluntad de Dios y la Santa Madre Iglesia Católica de los Papas mercantiles y guerreros, hubo un inesperado rey de ascendencia germánica paterna, al que mentaban Carlos V, así lo conocen los historiadores, aunque en verdad en España era el I de la Dinastía de los Hamsburgo. Este notable coronado, inmortalizado por la mano exquisita del pintor Ticiano, a pesar de ser nieto de los heroicos reyes católicos cuando acudió a los palacios de la Corte, no sabía absolutamente nada de la tierra que le acogía como su hijo predilecto, monarca y protector, tan es así que en vez del castizo castellano de la nobleza española, su lengua era un francés nórdico hermético, incomprensible para sus súbditos, y sus acompañantes, pajes, leguleyos, asesores, en su mayoría nativos en las tierras bajas del Flandes. Este rey Carlos V era en su tiempo visto como auténtico extranjero, un oportunista, un sortario personaje, que sin mérito alguno, por el simple hecho de los enredos de la sucesión de la monarquía de España, primera potencia de su tiempo, tuvo la gracia de ser coronado monarca no sólo de Castilla, Aragón, Granada, los Países Bajos, Nápoles, Sicilia, Archiduque de Austria, Rey del Sacro Santo Imperio Romano Germánico.
Más de 500 años después de aquella épica y complejo enredo de monarquías, sucesiones e imperios, la historia, cíclica y porfiada, nos regala guiones o narrativas muy semejantes a los vividos por aquellos pueblos oprimidos, aunque resulta obvio que los personajes son infinitamente diferentes. Por supuesto un simple alcalde de municipio mediano en la Venezuela del siglo XXI nada tiene de común en su dimensión histórica con un Rey tan controvertido, poderoso y famoso como el gran Carlos V. Acá en estos municipios sureños del estado Bolívar, concretamente en Piar, tenemos más bien una caricatura mal dibujada de las miserias de la historia, ligeramente parecida en sus formas grotescas a los episodios vividos por los plebeyos y nobles de aquellos tiempos de conquista. Veamos cuáles son sus puntos comunes y contrastemos algunas de sus diferencias.
A España llegó Carlos, a Piar, a Upata, llegó Francisco. El Primero era Rey, el segundo un simple alcalde. El primero era V y I al mismo tiempo, el segundo es simplemente el V de la dinastía de los alcaldes, y el último de la dinastía de los Contreras. Así como Carlos llegó de tierras lejanas a gobernar un país que le era extraño, Francisco llegó también de tierras distantes, el uno atravesó las fronteras de dos o tres países europeos, el segundo atravesó fronteras, pero tan sólo de dos estados de Venezuela. Carlos como buen extranjero en España desconfiaba de sus súbditos, y por eso prefería importar junto con su lengua francesa flamenca a una enorme jauría de asesores, y cortesanos de confianza. Francisco, si bien con experiencia en ruso, en materia de lenguas compartía con sus electores el mismo idioma, pero como buen hijo de la tierra oriental de Sucre, no tuvo problema alguno en importar asesores, directores, coordinadores, obreros, familiares, amigos, abogados, ingenieros, administradores, asistentes, chóferes, técnicos, trabajadores sociales, policías, comandantes, cuñados, hermanos, primos, sobrinos y largos puntos suspensivos.
A lo largo de su mandato Carlos de a poco fue delegando algunas funciones de los asuntos del Estado a una élite de españoles ambiciosos, convencido de la inutilidad de aplicar el régimen feudal de su tierra flamenca en las complejas villas de Castilla, Aragón y el resto de España,: Lo mismo ha hecho Francisco en esta Piar del tercer milenio, con la diferencia de que esta ensalada variopinta de agentes externos y cooperadores nativos, ha producido resultados francamente estrepitosos, pues mientras al Gran Carlos le sonrió la suerte, el poder y el éxito personal, a este Paco tropical le han caído las nueve colinas de la pava upatense.
A Carlos V, emperador, la historia lo recuerda como un Rey a la altura de su poder y de las ambiciones de la España de la Conquista. A nuestro Francisco la historia lo recordará, si es que lo recuerda, como un ser testaduro, incompetente, mudo para darse a entender con la gente de pueblo, sordo para escuchar sabiamente, ciego para ver con sus propios ojos la magnitud de su fracaso, insípido, terco hasta la saciedad.. Carlos despertó en su tiempo la envidia y la desconfianza de su propio pueblo, de los jerarcas internos de la España del siglo XVI, Francisco despierta hoy niveles rotundos de desconfianza, de rechazo, de incomprensión. A Carlos le cuestionaban por haberse colocado la corona sin mayor mérito que el haber sido el sucesor adecuado en el momento adecuado, con los promotores adecuados, así pudo erigirse en monarca absoluto, Gran Emperador de la Europa del Renacimiento. A Francisco le critican el haberse colocado la cinta de Alcalde por el simple hecho de su militancia comunista y la alianza PCV Chávez, por su actuación como presunto defensor del proceso de cambio, por haber obtenido en el momento preciso la bendición sacrosanta de los jerarcas políticos de la V República, y con este montacargas ajeno a sus virtudes, tuvo la suerte de apoderarse del poder local, gracias a la división de los grupos opositores, cuyos votos sumados superaban en más de 2 mil a los que obtuvo el hoy alcalde.
Francisco sin la bendición suprema de Chávez, sin la disciplina militante de quienes apoyan al presidente no hubiese llegado ni a concejal, pero quiso el destino, así como lo quiso con Carlos V, que el inefable cirujano alcanzara esa posición cimera de la política local. Por desgracia, todo ese valor agregado de haberse erigido en el supuesto líder del proceso bolivariano de cambio en Upata y Piar, se esfumó al poco tiempo de haber sido conquistado, y la situación de Francisco es francamente lamentable: odiado por propios y extraños, cuestionado por las bases sociales del chavismo, asediado por la oposición que lo considera un salto atrás, sin conexión efectiva con la gente, inoperante para resolver los graves problemas en los servicios públicos de competencia municipal, incapaz de impulsar un solo proyecto exitoso en el ámbito productivo socio-económico, flojo para entender la complejidad del rol que ha venido asumiendo desde el 2002, además de caótico e irracional para ejecutar progresivamente un programa de gobierno efectivo, Contreras El Ültimo, representa la imagen viva del fracaso, la traición al proceso y la decepción colectiva.
Lo peor es que en vez de escuchar al pueblo y practicar el tan cacareado socialismo, la solidaridad, el amor, la justicia del Siglo XXI que dice pregonar en sus volantes y carteleras, con el tiempo se ha transformado para bendición de la maldad universal, en un perseguidor implacable de sus mejores talentos, en un alcalde que en vez de ponderar y estimular la eficiencia en el ejercicio del poder público, el reconocimiento a sus trabajadores municipales, en su segunda patria chica, se ha dedicado sistemáticamente a practicar el acecho, la puñalada, la venganza, el acoso, el aniquilamiento de aquellas personas que algún momento fueron obligadas so pena de ser botados de la Alcaldía a realizar largas, soleadas, penosas y tristes caminatas y que supuestamente para respaldar al proceso.
La historia, cíclica como es, de seguro le tendrá preparada a este ignominioso ser el puesto que se merece, como el peor gobernante que haya pasado por la Alcaldía de Piar. El contundente nivel de rechazo que exhibe el Primero y Ultimo Alcalde de la dinastía Contreras, en torno al 90 por ciento, lo que presagia es su caída estrepitosa, su decadencia política, su deceso como político fracasado, al que muy pocos le llevarán flores, porque como buen comunista con pensamiento fósil de la fracasada era soviética, y materialista peso pesado, le lloverán rocas de rechazo en vez de pétalos. Que así sea.

No hay comentarios: