domingo, 8 de septiembre de 2013

Estampas de pesca en el Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar

Con la atarraya al río, al fondo costa sur de Anzoátegui Soledad municipio Independencia.
Los niños vigilan la captura del día, lista para la venta en pleno Paseo Orinoco.
Cerca de la Cruz del Perdón se ubican algunos de los pescadores tradicionales del Orinoco, muchos provienen del cercano barrio de Perro Seco, al fondo Puente Angostura y lancha de pasajeros.
Texto Juan Ruiz Correa
Fotos Cortesía Fernando Silva
Hace un año, en septiembre del 2012, estuvimos compartiendo con el reportero gráfico y futuro periodista Fernando Silva una velada de visita al Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar, en momentos en que el Río Padre se encontraba en su cabeceo tradicional frente a la capital guayanesa. 
Allí cerca de la Cruz del Perdón y el Terminal de los Lancheros a Soledad, nos encontramos a los pescadores, en plena faena de captura de las especies fluviales que abundan cuando el río está crecido. Ese año el Orinoco trepó hasta casi los 17 metros, un nivel muy por encima del actual 2013 cuando el río apenas creció hasta los 15 metros, lo que explica que este año no se haya podido capturar la sapoara, el pez más emblemático de la zona en los meses de aguas crecidas.


Las imágenes recogen diversos momentos del arte de pesca con atarraya desde una de las tantas plataformas que se ubican a un costado del Malecón del Paseo Orinoco. Diversas especies en exhibición, desde sapoaras, bocachicos, bagres rayao dorados y lau lau, coporos, curvinatas, morocotos, palometas, cachamas, caribes, payaras, bocón, y aymaras  entre otras, son típicas capturas en esta parte del río, donde el caudal se acerca a los 40 mil metros cúbicos por segundo en temporada de aguas altas. La tradicional pesca fluvial orinoqueña desde la costa de Apure hasta Barrancas y los caños del Delta representan un volumen aproximado de producción en torno a las 40 mil toneladas de esta excelente proteína de origen animal, que son el sustento para unas 10 mil familias que viven directa e indirectamente de esta prodigiosa actividad económica que por más de 3 siglos ha tenido impacto sobre los ecosistemas fluviales del Río Orinoco.

Habilidad en el manejo de la atarraya, tras años de incontables faenas de pesca en el Malecón del Paseo Orinoco.