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martes, 26 de mayo de 2026

Casa de Piedra. Así está el proyecto del abogado Gabriel Moreno en mayo del 2026


Casa de Piedra a un costado su cerca, en el comienzo de la subida al Cerro El Toro.

Entrada principal en arco desde el camino al cerro.

Doble entrada a la Casa en arco, con cuarzo blanco.


Otro ángulo de la Casa de Piedra.


Arbol de Yacuare o caliandra, en la cerca de la Casa.



Casa Principal de modestas dimensiones, acá solía pernotar su propietario el Dr Gabriel Moreno.

Escalinatas en piedra de cuarzo, nos llevan desde el patio interno de la Casa hasta las faldas del cerro, con su típica vegetación achaparrada y suelo pedregoso.

Vista de las áreas verdes de la Casa desde la quebrada adyacente a la Casa, que en mayo 2026 estaba seca.

Quebrada a un costado de la Casa

Árboles de teca mostrando sus hojas enormes, tronco rectilíneo y follaje verde, en lo más recio de la sequía este árbol de origen asiático plantado por el Dr Moreno en su Casa de Piedra suele perder su enormes hojas.

En mayo del 2026 así se encuentra la Casa de Piedra, proyecto personal del abogado recientemente fallecido Gabriel Moreno, quien realizó una inversión en la construcción de espacios para la recreación y la integración con la naturaleza circundante, en la zona de piedemonte del Cerro El Toro, a un costado del camino principal a este patrimonio silvestre ubicado al este de Upata. 
Aunque no pudo concretarlo a un plan de recreación dirigida a los visitantes de la serrania de El Toro, constituía un proyecto muy valorado en la ciudad, en la que un particular realizaba su mejor esfuerzo, por desarrollar un espacio de vida y encuentro con la naturaleza, utilizando el cuarzo blanco, que es óxido de silicio casi en estado puro, como elemento principal de construcción, alternado en la cerca con tuberías de acero. Esta piedra vistosa y energética, común en las planicies de Guayana, al sur de Imataca, es el material mineral predominante como revestimiento y agregado en sus cercas y arcos, pisos, escalinatas, y la unidad de vivienda principal, en armonía con el entorno, boscoso y de sabana que lo rodea. 
También incorporó el Dr Gabriel Moreno la plantación de especies arbóreas exóticas en la Villa del Yocoima, como la teca, que ya al cabo de más de 15 años de vida han formado un bosque particular, complementario al bosque protector natural de la falda del cerro y a la zona verde arbolada plantada con especies nativas a un costado de la quebrada. En estas franjas arboladas se visualizan especies nativas, como la ceiba, yagrumos, aceitunos, merecures, nísperos, mangos, yacuares o Calliandras laxas, chaparros, cocuizas y robles.
Proyectos similares al de la Casa de Piedra, de armonización entre materiales constructivos locales con franjas o espacios arbolados,  o espacios de vegetación boscosa plantados, son entre otros:  el bosque particular y parque privado de la familia Naim en la Perimetral de Upata, frente al sector Maturín, el Fundo San Marcos en Santo Domingo II, la cerca de apamates de la familia Matamoros, el proyecto agroecológico en el sector 19 de Abril con Pugas Padilla al lado de la quebrada Cupapuicito, mangales en la misma 19 de Abril y Santo Domingo, entre otros.

martes, 9 de septiembre de 2025

El Jobo: Una Toponimia de la Guayana Upatense en el Contexto Histórico-Económico del Municipio Piar

 

Desde los lomeríos de las cuevas de la serranía de El Toro, se divisa la zona de El Jobo, comunidad rural al este de Upata, con sus colinas boscosas y el valle donde se alternan áreas de cultivos y la zona protectora de la naciente de la quebrada El Onoto.

Reflexión y análisis geográfico histórico sobre El Jobo y El Toro

El texto siguiente es una aproximación inicial a un estudio más profundo, inconcluso obviamente, que está pendiente por hacer, de la comunidad de El Jobo, un sector tradicional de Upata, ubicado en uno de los valles interiores de la Serranía de El Toro, a este de la ciudad. 

Introducción al tema: El Jobo toponimia olvidada

Para desentrañar el por qué la denominación geográfica o toponímica El Jobo, ha entrado en desuso en el ámbito local y oficial de Upata y el municipio Piar, debemos adentrarnos en el análisis histórico-geográfico del topónimo "El Jobo," una denominación local que, según la tradición y la documentación disponible, está intrínsecamente ligada al actual Cerro El Toro, un accidente geográfico emblemático ubicado al este de la ciudad de Upata, capital del Municipio Piar en el estado Bolívar, Venezuela. La investigación busca reconstruir el perfil histórico y socioeconómico de esta comunidad rural, a menudo invisible en los registros formales, y examinar su relevancia en el contexto del desarrollo de la Guayana venezolana a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Upata fue fundada el 7 de julio de 1762 por los Padres Capuchinos Catalanes como una "Villa de Españoles" y se estableció como la capital del sector Este de las Misiones del Caroní. Esta fundación no fue un acto casual, sino que respondió a una vocación agropecuaria deliberada, configurando su economía alrededor de la ganadería y la agricultura desde sus orígenes. La ubicación estratégica de la villa en el Valle del Yocoima la convirtió en un punto neurálgico para la actividad comercial, especialmente a finales del siglo XIX, cuando servía como un eslabón vital entre la población y los ricos pueblos mineros de la región.

El objetivo central de este reporte es aclarar la dualidad toponímica entre "El Jobo" y "Cerro El Toro" a partir de las fuentes consultadas. Segundo, se analiza la importancia de esta comunidad en el marco de la economía de subsistencia de la región, que se basó en la agricultura y la cría. Finalmente, el informe se enfoca en evaluar la viabilidad de encontrar registros detallados de esta comunidad en los documentos demográficos y cartográficos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, un período crucial para la consolidación de la identidad nacional y la organización política del país.

La Toponimia y la Geografía de un Cerro Histórico: De "El Jobo" a "El Toro"

En todo caso lo cierto es que el "El Jobo", sector y cerro, es una denominación alternativa y, presumiblemente, más antigua para el actual "Cerro El Toro". Este hecho no es un mero detalle lingüístico, sino que refleja un cambio en la percepción cultural y simbólica del paisaje. El nombre "El Jobo" se deriva sin lugar a dudas del árbol de jobo (Spondias mombin), una especie nativa que habría sido una característica botánica prominente del área, anclando el nombre original en la flora local, igualmente está asociado a una especie similar denominada popularmente en la zona como “jobito”, que crece en los bosques secos de estos lomeríos y valles que son tan típicos del sector. Dicha denominación es consistente con la nomenclatura geográfica tradicional, que a menudo se basa en elementos naturales o biológicos del entorno, para la identificación toponímica de estos lugares.

La transición hacia "Cerro El Toro" se basa en una característica física del paisaje. La leyenda local atribuye el nombre a un "dibujo natural sobre una piedra" en la ladera frontal de la serranía, ubicada frente a la zona urbana de Sierra Tres San José, que se asemeja a un toro. Este cambio de un nombre descriptivo de la flora a uno que emana de una leyenda y una interpretación cultural sugiere un proceso de apropiación simbólica. La montaña deja de ser solo un elemento botánico para convertirse en parte del imaginario colectivo local, imbricada en mitos y relatos.

Este proceso de resignificación es un fenómeno común en la toponimia, donde la historia oral y la cultura popular transforman la denominación de los lugares. En el caso de El Toro, algunas leyendas o cuentos hablan de un mítico rumiante de gran talla que se le aparece a los desprevenidos que se pierden o andan desorientados en horas nocturnas en la serranía. Algunos dicen que es guardián de la enorme cueva nunca vista en el Cerro, donde un gran candado impide a curiosos y buscadores de tesoros, penetrar y violar los secretos, reliquias, y joyas, que se ocultan en estos túneles, que según algunos más imaginativos están conectados con otras cuevas ubicadas hacia el poniente en el Cerro El Corozo. Son cuentos difíciles de creer, porque resulta imposible construir una galería de 5 kilómetros de cerro a cerro, sin ningún tipo de ventilación, y desgajando la dura roca del Macizo de Guayana que aflora por todo el Valle del Yocoima, y evadiendo los acuíferos que también forma parte del subsuelo de la ciudad.

La Geografía, la Leyenda y la Realidad

El Cerro El Toro se eleva en sus parajes desde los 430 hasta máximo 670 metros sobre el nivel del mar y se ha consolidado como un refugio natural de gran biodiversidad. Se describe como una zona de lomeríos que forma parte de la serranía de El Toro, con valles, quebradas y cascadas como la de la Quebrada del Caballo, que han servido como puntos de recreación para los habitantes locales. Aparte del aspecto recreativo y natural, la leyenda de los tesoros escondidos por los misioneros para protegerlos de las tropas del Ejército Libertador en sus cuevas o refugios subterráneos añade una capa de misticismo al lugar.

A pesar de su valor natural y cultural, el paisaje del El Jobo-El Toro se enfrenta a una amenaza constante. La voracidad de la agricultura, la presencia de ganado, las quemas y las talas continuas están provocando su destrucción y deterioro. Esto representa un conflicto entre la preservación del patrimonio natural y las actividades económicas que han definido a la región. El mismo tipo de patrimonio vegetal (el árbol de jobo), los zapateros, el palo blanco, los chupones, yagrumos, indios desnudos, yucuares, entre otras especies de bosques secos o sabanas están siendo degradado por la expansión agrícola y ganadera, y las recurrentes quemas forestales, reflejando una tensión de larga data entre el desarrollo económico y la conservación del ecosistema.

La Comunidad de "El Jobo": Entre la Ganadería y las Crónicas de Subsistencia

La historia de la comunidad de El Jobo está intrínsecamente ligada al desarrollo económico de Upata. Desde su fundación, la villa se orientó hacia la actividad agropecuaria, con los hatos misioneros sosteniendo una economía que producía ganado en pie, carne, cuero, queso y leche para el consumo interno y la exportación. A finales del siglo XIX, Upata consolidó su rol como un importante centro de explotación ganadera, con hatos en manos de diversos propietarios, tanto nacionales como extranjeros.1

Upata también se convirtió en un nudo de transporte terrestre, conocido como "la Upata de los Carreros". Carretas y vagones, tirados por bueyes y mulas, transportaban las cargas de oro y los productos importados desde los pueblos mineros del sur de Guayana. Esta actividad de arrastre y comercio no motorizado no solo generó riqueza, sino que también estructuró la vida social y económica de la región, con Upata en el centro de esta dinámica comercial y productiva. La vida rural en los "fundos" o parcelas de subsistencia se inscribe en este modelo, en el que las comunidades como El Jobo contribuían con sus productos a la economía mayor de la villa.

Agricultura de hortalizas a un costado de la vía a El Jobo.

 

domingo, 13 de julio de 2025

Huellas humanas en la serranía y Parque Natural Cerro El Toro

Parcelero, trabajador incansable y vecino de Manuel Carlos Piar, Noel Jiménez en la gráfica en las cercanías de la Plazoleta del sector, al fondo la Serranía de El Toro, patrimonio natural de Upata.

Conucos en el sector La Bomba del cerro El Toro.

A caballo niños transitando el camino principal del cerro El Toro.

Parcelamiento La Bomba, en este valle en contacto con los lomeríos que la rodean están las nacientes de la quebrada de El Caballo.

Desde el urbanismo Manuel Piar destaca la escarpada ladera del Cerro El Toro.

Paseo existencial y pequeñas crónicas de la Serranía 

de El Toro, que antes mentaban El Jobo


Por allí anda Noel Jiménez

Noel Jiménez, a sus 50 y tanto, o quizás más, es uno de los asiduos propietarios, conocedores y caminantes del “Cerro El Toro”, sitio que conoce como la palma de su mano y del cual siempre recorre y admira, ya que su casa principal está muy cerca de esta serranía, en una de las manzanas del urbanismo Manuel Piar. Él pertenece a una familia arraigada en esos lomeríos, sabanas y bosques, en esos peñascos y quebradas, en ese relieve escarpado, donde suele realizar, además de sus labores como agricultor, sus faenas nocturnas de caza de animales silvestres.

A Noel siempre lo vemos en los primeros escarpes del cerro, en el camino que pedregoso marcha a un costado de la quebrada del Caballo, dispuesto además del saludo largo a contarnos alguna historia de este cerro de mitos y leyendas, y a enseñarnos las peculiaridades naturales que allí existen: sus matas, sus árboles maderables, el nombre de sus yerbas y las pequeñas anécdotas del patrimonio natural más emblemático de Upata, junto al Yocoima, al cerro El Corozo y la Piedra de Santa María.

Voz pausada, sin premuras, reflexivo, silencioso pero firme en sus ideas, así vemos a Noel, y así sin mucha dificultad él suele romper el hilo para hablarnos de este Cerro y sus cosas.


El Jobo: Un Nombre con Historia

En uno de sus encuentros, Noel Jiménez nos aclaró la confusión sobre el nombre del cerro. "Durante muchas generaciones, quizás estamos hablando desde la época de mi abuelos, El Jobo y no El Toro fue nuestro lugar de convivencia", afirma. El Jobo fue y sigue siendo el sector más grande de esta zona rural, distante unos 5 kilómetros "colina arriba" del centro histórico de Upata.

Era el escenario de travesuras infantiles y del trabajo de campo: siembra, cosecha, ordeño, cría de ganado y aves, labores principales de las familias que poblaron la zona. La comunidad de El Jobo tuvo en los Jiménez a su grupo familiar más extendido. En sus valles y laderas fértiles, los abuelos de Noel y su descendencia desarrollaron su forma de vida en medio de bosques, sabanas, colinas y quebradas. Aunque la distancia al pequeño pueblo de Upata podía parecer corta a pie, en burro o a caballo, Noel destaca que no era comparable con las grandes distancias a las que estaban acostumbrados en otros desplazamientos.


Vida Rural: Agricultores y Pequeños Ganaderos

En esos tiempos, tanto padres y abuelos como las generaciones actuales se dedicaban a la agricultura de subsistencia: maíz, yuca, verduras, frutales, hortalizas y algunas matas de café. Esta era la labor diaria de los Jiménez, los Jaramillos, los Castros y otros grupos familiares que tenían sus casas y fundos en El Jobo. También desarrollaban una pequeña ganadería vacuna en potreros estrechos o aprovechando las lomas, donde vacas, toros y becerros encontraban los pastos naturales.

En El Jobo, y en los sectores que hoy también se conocen como Chaparral, La Bomba y Pasito, vivían estos grupos familiares, sumando más de 100 habitantes en total. Allí, los "viejos fundadores" criaron a sus hijos, trabajaron incansablemente y se esforzaron por inculcar el bien a la juventud. En sus ratos libres, que no eran pocos, también organizaban fiestas y bailes.


El Legado del Apellido Jiménez

Según Noel la familia más numerosa y arraigada desde mediados hasta finales del siglo XIX, y las primeras décadas del siglo XX hasta 1960, era la de los Jiménez. De esta descendencia, Noel destaca el hogar de su abuelo Don Santos Jiménez y su esposa Felicia, quienes procrearon a sus hijas Adelina, Clara, Nérida, Luz, Martha, Ana, Auristela, y a los varones Rogelio y Néstor, entre otros.

"La mayoría de nuestros tíos, primos, hermanos, hijos, abuelos, ya no están en el Cerro, en El Jobo", lamenta Noel. "Muchos se han ido de este mundo terrenal, otros bajaron al pueblo a ganarse la vida en otros oficios, otros tantos ya ni están en Upata, realmente no es fácil sobrevivir y tener estabilidad, buenos servicios y comodidad allá arriba. Pero eso sí, la semilla de los Jiménez sigue allí presente", asegura. Muchos no han vendido sus parcelas y persisten en su faena como pequeños productores, gente del campo y la caza, entre ellos, el propio Noel, que sube el cerro casi a diario.



Corteza cobriza del Indio Desnudo o Palo Mulato, otra especie de árbol muy abundante en la zona protectora de la Quebrada del Caballo.

Desde la cima del cerro al fondo la llanura de El Candado, antiguo hato de la familia Melgar.
Imponente árbol de zapatero, una especie de bosque muy abundante en las zonas húmedas del Parque Natural Cerro El Toro, este ejemplar frondoso se encuentra en el sector del Dique de la Quebrada de El Onoto.



Imagen satelital de Google Earth del cerro El Toro, sobresale el camino a las Antenas.

Plano topográfico del sector El Jobo, no aparece la mención al cerro El Toro, sino a Cerro Colorado. (Plano pubicado por Catastro Minero Nacional).

Más que un Cerro: Una Constelación de Colinas

Noel nos aclara que la serranía de El Toro como es obvio no es un único cerro, sino un conjunto de colinas con nombres propios:

  • El más nombrado era El Jobo, junto a la cercanísima Mesa de la Carata.

  • A un costado de la comunidad estaba Cerro Colorado, que se extendía de norte a sur y colindaba con las laderas de la colina de las antenas. Cerca de esa planicie en declive se realizó un corte exploratorio de la mina de caolín, al cual se llegaba por un camino de camiones aún visible. "Por fortuna aquí no hay oro, aunque sí mucha pirita o el oro de los tontos como se le dice, porque si no esto ya se hubiese acabado y estaríamos tomados por los mineros, como le está pasando a El Cume, Tierra Blanca y La Justicia", comenta Noel.

  • La loma de Las Antenas, señal de identidad del cerro desde el valle de Upata, era llamada por los viejos Cerro Chirica.

  • El otro lomerío de mayor altura, que da al frente con la ciudad, era conocido como el Cerro Los Mangos. Este sobresale con su forma de caparazón animal frente a la sede de la Guardia Nacional de La Romana, mostrando a la distancia sus enormes lajas y su densa vegetación, seca en verano y de un verde intenso en la temporada de lluvias.

  • Finalmente El Toro, que es un nombre relativamente nuevo, la colina frontal que hace frontera con el valle del Yocoima desde la quebrada del Caballo hasta la zona de las lajas y bosques de galería, que sobresalen en los farallones de ese lomerío principal.


Dique del Onoto en el Parque Natuyral cerro El Toro.

El Onoto y El Dique: Agua y Vida en el Cerro

Noel también menciona el famoso "Dique", alimentado por la quebrada del Onoto, que serpentea hasta desembocar en la zona de La Carata. "En su curso medio este cauce cuenta con dos diques, uno de los cuales, el segundo y a menor altitud, siempre ha sido utilizado como sitio de recreación por la gente de Upata", explica Noel. De ese segundo dique nacía una tubería que durante algunas décadas, quizás desde 1940 hasta 1970 del siglo pasado llevaba el agua al acueducto viejo de Upata, desde esas alturas hasta la zona de La Carata y de allí al casco viejo. Ya abandonada esta red a partir de 1980 era utilizada más bien para conducir el agua hacia las fincas y viviendas en el sector La Bomba y en las partes bajas del cerro, en su piedemonte localizado al este del sector La Viuda.

Se recuerda a un agricultor muy famoso y cordial con los visitantes del cerro en las décadas de los 70 y 80: Pilar, quien vivía en el valle entre El Onoto y el Cerro de La Mesa y se hizo famoso por su grito de saludo "hooooo". Pilar se marchó del cerro hace casi cuatro décadas, sin que se supiera más de su paradero.


Sobre esta roca la figura del Toro, de cerca es un mancha sobre una roca diaclasada o fracturada, a la distancia el parecido es mayor.

Del Cerro San Antonio al "Cerro El Toro": La Fuerza de la Costumbre

Sobre el Cerro El Toro, Noel Jiménez aclara: "Mira, ese nombre es relativamente nuevo". Este relieve lo forma la primera loma principal de la serranía, visible de frente y con sus características de vegetación boscosa, sabana y peñascos. Esta colina empinada, con sus barrancos, limita al noroeste con la quebrada de El Caballo.

"En otros tiempos a ese lomerío se le llamaba Cerro San Antonio", revela Noel. "Allí había en uno de esos peñascos o piedras, una figura, una pequeña capilla en honor al Santo Patrono; eso desapareció".

Noel indica que el tope del cerro forma una especie de suave semicírculo, elevándose aún más en su punto más alto (unos 30 o 40 metros). Allí arriba hay matorrales, lajas a flor de suelo, robles, yucuares, vegetación de sabana y excelentes miradores del valle de Upata. Ese tope, ligeramente inclinado pero estrecho, tiene en uno de sus barrancos o laderas escarpadas, al centro de la colina, una mancha sobre la superficie de una enorme roca desnuda que, a la distancia, parece la imagen de un toro, es decir una especie de petroglifo. Esta figura es visible desde los sectores de Sierra Tres, San José y la carretera a Guasipati. "Por eso se le llama a esa parte de la serranía Cerro El Toro, nombre que luego el pueblo, la gente de la ciudad, extendió a todas estas colinas. Por eso ahora cuando los niños y los adultos quieren visitar o van de excursión a estas colinas de Upata, todos sencillamente las llaman Cerro El Toro; es la fuerza de la costumbre".


Toponimia Oculta: El Cerro y la Quebrada del Diablo

En la época de los abuelos, desde las primeras décadas del siglo XX hasta 1970, la gente de Santo Domingo y la calle Monagas e Independencia, o de las zonas más cercanas a estos lomeríos usaban más la denominación "Cerro El Jobo" para referirse a esta serranía principal de Upata. Noel ratifica esto y añade que "al cerro que está arriba de La Viuda, ese que no tiene nombre pero que tan visible es desde la ciudad y que desde el centro de la ciudad parece una pirámide casi perfecta, mi abuelo lo llamaba Cerro El Diablo, aunque ese nombre hoy nadie lo usa".

Con ese mismo nombre del Diablo sí se nombra a una tercera quebrada que baja precisamente del Cerro El Toro. Esta atraviesa Sierra Tres, Coviaguard, Bella Vista y la avenida Rómulo Gallegos (en los edificios de apartamentos) hasta desembocar en la quebrada de El Caballo y tributar ambas finalmente en el río Yocoima, a la altura de la entrada a El Guamito. Sin embargo, esta es una toponimia poco utilizada, a tal punto que Noel Jiménez no recuerda que existiera una quebrada con ese nombre.


En la época de lluvias intensas así crece el caudal de la quebrada de El Caballo.

 La Quebrada El Caballo y Sus Historias Trágicas

En cuanto a la quebrada de El Caballo, Néstor Jiménez cuenta que se llama así porque, hace mucho tiempo, en la primera mitad del siglo pasado, cuando la corriente crecía, algunas mujeres de Upata, que residían en las últimas casas del pueblo (hoy la ampliación de la calle Monagas), acudían a lavar la ropa, aprovechando las lajas y pozas que se formaban en ese pequeño caudal.

"Eso era lejos en la época, por lo que usaban caballos para trasladarse cada tantos días a esa faena", relata Noel. "Y cuentan los abuelos que una de esas muchachas, muy joven, se fue al cerro y la quebrada a efectuar su labor de lavado de ropa, con tan mala suerte que al llegar al sitio, resbaló y cayó quebrada abajo, falleciendo en el lugar por el impacto contra las rocas. Desde entonces, a ese afluente se le conoce como la quebrada de El Caballo, quizás rememorando el hecho de que a caballo iban las mujeres en esa época con su cargamento de ropas a efectuar su oficio de lavanderas".

La quebrada El Caballo ha sido testigo y escenario de otros hechos trágicos, como la muerte del agricultor Julián Jaramillo en el año 2002. Julián sufrió el vuelco de su vehículo rústico en una aciaga noche, cuando retornaba a su vivienda y conuco en el sector Pasito, ubicado en un pequeño valle contiguo al sector La Bomba. El accidente ocurrió en el tramo final del ascenso por la empedrada vía de acceso principal a la Y de La Bombita. "Con el impacto, Jaramillo quedó atrapado a ras del agua y sufrió un golpe mortal en la cabeza y columna, justo en el propio cauce de la quebrada; su muerte conmocionó a nuestra comunidad", recuerda Noel.

Otro episodio trágico más reciente, en el 2022, fue el deceso de un niño residente del sector Santo Domingo, al ser arrastrado por la corriente de la quebrada mientras se recreaba con sus familiares en uno de sus parajes rocosos y de pendiente pronunciada. "Toda quebrada, y más esta por sus lajas babosas y farallones, debe ser respetada. Por un descuido pueden pasar cosas, y si la corriente de repente crece de golpe por alguna lluvia intensa en su naciente, hay que estar pendiente y salirse de ella para evitar desgracias", advierte Noel.


Una Historia por Seguir Contando

Finalmente, Noel Jiménez nos despide, indicando que es hora de volver a sus faenas en la parcela y visitar a los conocidos. Sin embargo, deja claro que tiene muchas más historias, cuentos y reflexiones pendientes por compartir sobre su Jobo y su Toro, sobre sus parientes y sobre esa naturaleza silvestre que tanto le atrae y a la cual no renuncia, ya que forman parte esencial de su experiencia de vida.

"Por aquí me verás, caminando, curioso, cuidando, saludando y enseñando cuando se puede que esta serranía no tiene igual y siempre será parte fundamental de mi existencia, porque aquí nos criamos y aquí seguimos, pues mientras haya fuerza, ganas y salud, esta será siempre mi casa", afirma Noel. Y así es, hermano Noel. En el Cerro nos veremos siempre.



Cerro El Toro 30 Años después. Desde su cima así lo contemplabamos en 1995. Así lo vemos hoy...

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En la secuencia gráfica arriba el piedemonte y la serranía que separa al sector El Candado del Macizo Colinoso de la carretera Upata El Buey tal como se podía observar desde el cerro El Toro en el año 1995. Abajo la misma zona de piedemonte y la serranía tal como ha evolucionado en 2025, la vegetación alta, bosques, se ha incrementado notablemente en el primer tramo de la carretera en la zona donde proyectaba construir un hotel mirador el Grupo Arizona, un consorcio empresaria que hasta la década de los 90 del siglo pasado compró estas tierras del antiguo Hato El Candado, por décadas perteneciente al sr Luis Melgar, conocido empresario y propietario de inmuebles de Upata.

A la izquierda vista del Aeropuerto de Upata desde la cima del cerro El Toro, tal como se observaba desde el cerro El Toro en 1995. En la fotografía de la derecha el mismo sector contiguo al Aeropuerto,: Nótese que en esta zona sí ha sido evidente la deforestación de los bosques protectores de las nacientes del río Yocoima y el deterioro que presenta la antigua Casa Grande del Hato El Candado, la cualñ sobresale abajo a la derecha al lado de la carretera principal del sector.

Grupo de Senderismo contribuye a crear identidad en el Cerro El Toro de Upata

Senderistas en un merecido descanso en el Dique de la quebrada El Onoto.


El grupo de senderistas, acompañados de niños, en un intermedio de su ascenso a la cima del cerro El Toro. Son visitas dominicales, en las cuales además del fortalecimiento físico entran en contacto con la naturaleza y disfrutan de las hermosas vistas que proporciona este parque natural. Nitza Toledo, a la derecha, muestra los carteles de señalización que en el mes de abril del presente año 2025 fueron colocados en sitios emblemáticos de este patrimonio ambiental de Upata.

Entre abril y mayo del presente año 2025 los senderistas, en su gran mayoría mujeres, provenientes de Upata que han hecho una tradición el ascenso al cerro El Toro, realizaron una jornada de instalación de señalizaciones turísticas e informativas de algunos de los lugares, sitios o miradores emblemáticos de este patrimonio natural de la ciudad. Esto con el propósito de orientar a quienes visitan estas zonas naturales sobre el nombre o la toponimia de sus principales atractivos como la Cueva, el Mirador de la Piedra, el Mirador de las Antenas, la Mina de Caolín, los sectores La Bomba, el acceso a la zona de Chaparral, la Quebrada de El Caballo, el acceso al Dique de la quebrada de El Onoto, entre otros. 
Sobre una estructura sencilla en madera, rectangular, con adornos en su borde interno, esta señalización tiene como propósito generar conciencia sobre la necesidad de conocer más a fondo esta zona natural, las denominaciones exactas de sus accidentes geográficos y la necesidad de preservarlas. Un punto positivo excelente para las amigas senderistas que han hecho de una tradición el ascenso dominical al Cerro El Toro, no solo como una actividad de fortalecimiento físico sino y sobre todo de contacto con la naturaleza y  el entorno ambiental que lo rodea. Los senderistas tiene así la oportunidad de tener acceso y contacto directo la variedad botánica, zoológica y mineral de este escenario silvestre, que cuenta además con excelentes miradores para la contemplación de la vastedad del valle del Yocoima, la ciudad de Upata en su entramado urbano. Grato y estimulante para los sentido estar allá arriba en diálgo silencioso con la naturaleza, contemplando y admirando la  diversidad de los paisajes de colinas, bosques, sabanas y sectores agrícolas pecuarios, que se multiplican por esta tierra del Yocoima y el relieve abrupto o suave de sus lomeríos y llanuras.
Señalización de bienvenida al topo del Cerro en el sector de las Antenas, a 668 metros sobre el nivel del mar.

Sobre el tronco de este indio desnudo el cartel señala que aquí hay un camino hacia la quebrada de El Caballo.

Segundo acceso a la quebrada de El Caballo hacia el sitio de las cascadas.

Tercer acceso a la quebrada de El Caballo, al sitio de la poza, muy concurrido en época de lluvias.

Por esta ruta boscosa, señalada aquí, se baja hacia la quebrada de El Onoto, a la zona del Dique, una de las más conocidas del cerro El Toro.

Ya a más de 500 metros sobre el nivel del mar está señalada la entrada al sector El Chaparral.

Visible al fondo el corte exploratorio de la mina de caolín, en primer plano su señalización.

En el mes de abril del presente año 2025 el Grupo de Senderismo al Cerro El Toro, conformado en su mayor parte por mujeres residentes en la ciudad de Upata, organizó una jornada de instalación de señales informativas de atractivos naturales y culturales en diversos sectores y sitios de interés turístico o geográfico de la serranía de El Toro. Esto con el propósito de identificar y resaltar los puntos más importantes de este patrimonio natural. Las señalizaciones en madera, con textos manuscritos, permiten al resto de senderistas, turistas, visitantes de estas colinas ubicadas al este de la ciudad de Upata, tener una información básica sobre la toponimía o nomenclatura de sitios que forman parte de este parque natural. En la secuencia gráfica mostramos parte de las señales que fueron instaladas por el Grupo de Senderistas, que ojalá sean adecuadamente conservadas la propia comunidad de Cerro El Toro y las personas que a diario visitan estos escenarios naturales.
Al iniciarse el recorrido está la Casa de Piedra, acá se le da la bienvenida a los turistas, y senderistas que acuden a visitar y explorar los diferentes escenarios de biodiversidad y paisajes  del Parque Natural Cerro El Toro.
 


Por el camino a El Chaparral, pequeña sector localizado en un estrecho valle interior del parque Natural Cerro El Toro.

La señal a la derecha indica que por este camino no tan escarpado se llega a la cueva del Cerro.


martes, 19 de diciembre de 2023

Parque Natural El Toro Mesa de La Carata patrimonio ambiental de Upata en diciembre de 2023


Bosques y sabanas pedregosas, ecosistemas predominantes en las zonas altas del parque natural. Así se mostraban al atardecer del domingo 10 de diciembre del 2023. 

Macizo de colinas forman el paisaje dominante del parque natural, destacan al fondo sus cerros menos explorados, localizados al noreste de la ciudad de Upata, que son refugios de la diversidad de plantas y animales que tienen allí su zona de vida en el trópico guayanés.

Al atardecer del domingo 10 de diciembre del 2023 tonalidades de verde se despliegan en el valle del Candado, visto desde el cerro El Toro, cuya cima constituye un excelente mirador de los paisajes naturales y urbanos que rodean la ciudad de Upata. 

Desde las alturas del cerro El Toro se visualiza uno de los paisajes más espectaculares de la Villa del Yocoima. Desde su topo en la loma de las Antenas en 360 grados, a unos 670 metros sobre el nivel del mar, tenemos una excelente visual de Upata, tanto en su extensión urbanizada como los parajes naturales y unidades de producción agrícola del valle de El Candado. También se contemplan decenas, quizás una centena de colinas de la estribaciones occidentales de la Sierra Imataca, que por el norte y el este abrazan al valle donde se asienta Upata.
En diciembre del 2023 y a pesar de que estamos terminando una temporada lluviosa atípica, de frecuentes tormentas eléctricas y aguaceros no tan intensos, el verdor del relieve, con sus tonalidades variadas, sigue siendo protagonista, en medio de un clima inusitadamente cálido, caracterizado por máximas de temperaturas muy elevados para la época decembrina. 
Se respira una calma y una serenidad desde estas alturas, que nos invitan como senderistas, excursionistas e hijos de esta tierra guayanesa, a convertirnos en guardianes y custodios de estos ecosistemas: que deben ser protegidos como patrimonios naturales, por su belleza escénica, variedad de relieves, paisajes rocosos, biodiversidad de plantas y animales, y zonas de protección hídrica. 

martes, 26 de septiembre de 2023

Paisajes verpertinos en los lomeríos y piedemonte del Cerro El Toro: naturaleza y predio rural al este de Upata

Camino a un predio rural en las faldas del Cerro El Toro
En esta sucesión de peñascos y lajas a ras de la sabana sobresale la figura de El Toro, una mancha en la roca que a la distancia tiene un parecido con este animal, que le da nombre al cerro. 

El Cerro El Toro tiene múltiples perspectivas que regalarnos a los habitantes de Upata. Aquí tenemos una selección de fotografías del principal cerro del valle del Yocoima, en una tarde soleada del caluroso mes de septiembre del 2023, tomadas a las 5 y 15 desde las llanuras de su lomerío frontal que colinda con los sectores Sierra III, San José y Manuel Piar. 
Sobresalen las imágenes de su paiaje de matorrales, hierbas altas en sus farallones, peñascos y lajas o rocas negruzcas adheridas a su sustrato, y las pequeñas manchas de bosques bajos y secos, que esta época del año exhiben un verde intenso. 
También visible en el piedemonte y su llanura cercana árboles de aceite, algarrobos, robles, una ceiba y la cerca y casa campesina de una unidad de producción agropecuaria, donde destaca su pasto, más lajas a ras del suelo y una exhuberante flora tropical de árboles altos.  
Como añadido agregamos imágenes de la serranía de Guacarapo, más al norte, que conforma junto al Toro y la Mesa de La Carata un extraordinario paisaje colinoso. Esta es una zona de excursión y senderismo muy apreciada por los habitantes de Upata, que se deleitan con estos reservorios de vegetación y fauna, representativos de la biodiversidad de este paisaje del trópico guayanés. zona también donde existen múltiples nacientes de aguas.
Àrboles resistentes al duro clima cálido y palmeras en las faldas de El Toro.

Àrboles que dan cobijo al ganado, y rocas a ras del suelo, al fondo piedemonte y colina del Toro.


En el fundo cercano al Toro, sobresale una ceiba, una agrupación de árboles plantados y al fondo las torres de alta tensión de la línea eléctrica Macagua II-La Romana.  



Continuidad de colinas entre los cerros El Toro y La Viuda de Guacarapo visibles desde San José y Manuel Piar.