Senderistas en un merecido descanso en el Dique de la quebrada El Onoto.
El grupo de senderistas, acompañados de niños, en un intermedio de su ascenso a la cima del cerro El Toro. Son visitas dominicales, en las cuales además del fortalecimiento físico entran en contacto con la naturaleza y disfrutan de las hermosas vistas que proporciona este parque natural. Nitza Toledo, a la derecha, muestra los carteles de señalización que en el mes de abril del presente año 2025 fueron colocados en sitios emblemáticos de este patrimonio ambiental de Upata.
Entre abril y mayo del presente año 2025 los senderistas, en su gran mayoría mujeres, provenientes de Upata que han hecho una tradición el ascenso al cerro El Toro, realizaron una jornada de instalación de señalizaciones turísticas e informativas de algunos de los lugares, sitios o miradores emblemáticos de este patrimonio natural de la ciudad. Esto con el propósito de orientar a quienes visitan estas zonas naturales sobre el nombre o la toponimia de sus principales atractivos como la Cueva, el Mirador de la Piedra, el Mirador de las Antenas, la Mina de Caolín, los sectores La Bomba, el acceso a la zona de Chaparral, la Quebrada de El Caballo, el acceso al Dique de la quebrada de El Onoto, entre otros.
Sobre una estructura sencilla en madera, rectangular, con adornos en su borde interno, esta señalización tiene como propósito generar conciencia sobre la necesidad de conocer más a fondo esta zona natural, las denominaciones exactas de sus accidentes geográficos y la necesidad de preservarlas. Un punto positivo excelente para las amigas senderistas que han hecho de una tradición el ascenso dominical al Cerro El Toro, no solo como una actividad de fortalecimiento físico sino y sobre todo de contacto con la naturaleza y el entorno ambiental que lo rodea. Los senderistas tiene así la oportunidad de tener acceso y contacto directo la variedad botánica, zoológica y mineral de este escenario silvestre, que cuenta además con excelentes miradores para la contemplación de la vastedad del valle del Yocoima, la ciudad de Upata en su entramado urbano. Grato y estimulante para los sentido estar allá arriba en diálgo silencioso con la naturaleza, contemplando y admirando la diversidad de los paisajes de colinas, bosques, sabanas y sectores agrícolas pecuarios, que se multiplican por esta tierra del Yocoima y el relieve abrupto o suave de sus lomeríos y llanuras.
Señalización de bienvenida al topo del Cerro en el sector de las Antenas, a 668 metros sobre el nivel del mar.
Sobre el tronco de este indio desnudo el cartel señala que aquí hay un camino hacia la quebrada de El Caballo.
Segundo acceso a la quebrada de El Caballo hacia el sitio de las cascadas.
Tercer acceso a la quebrada de El Caballo, al sitio de la poza, muy concurrido en época de lluvias.
Por esta ruta boscosa, señalada aquí, se baja hacia la quebrada de El Onoto, a la zona del Dique, una de las más conocidas del cerro El Toro.
Ya a más de 500 metros sobre el nivel del mar está señalada la entrada al sector El Chaparral.
Visible al fondo el corte exploratorio de la mina de caolín, en primer plano su señalización.
En el mes de abril del presente año 2025 el Grupo de Senderismo al Cerro El Toro, conformado en su mayor parte por mujeres residentes en la ciudad de Upata, organizó una jornada de instalación de señales informativas de atractivos naturales y culturales en diversos sectores y sitios de interés turístico o geográfico de la serranía de El Toro. Esto con el propósito de identificar y resaltar los puntos más importantes de este patrimonio natural. Las señalizaciones en madera, con textos manuscritos, permiten al resto de senderistas, turistas, visitantes de estas colinas ubicadas al este de la ciudad de Upata, tener una información básica sobre la toponimía o nomenclatura de sitios que forman parte de este parque natural. En la secuencia gráfica mostramos parte de las señales que fueron instaladas por el Grupo de Senderistas, que ojalá sean adecuadamente conservadas la propia comunidad de Cerro El Toro y las personas que a diario visitan estos escenarios naturales.
Al iniciarse el recorrido está la Casa de Piedra, acá se le da la bienvenida a los turistas, y senderistas que acuden a visitar y explorar los diferentes escenarios de biodiversidad y paisajes del Parque Natural Cerro El Toro.
Por el camino a El Chaparral, pequeña sector localizado en un estrecho valle interior del parque Natural Cerro El Toro.
La señal a la derecha indica que por este camino no tan escarpado se llega a la cueva del Cerro.
Voces
indígenas en la toponimia del noreste de Guayana fue el título de
una conferencia dictada por el licenciado Juan Ruiz Correa, autor del
blog Hemisferio Sur Guayana en el mes de abril del 2016 en la
Universidad Nacional Experimental de Guayana Núcleo Menca de Leoni
en Upata capital del municipio Piar del estado Bolívar.
En
esa oportunidad ante un auditorio compuesto por estudiantes y
docentes de este centro de Educación Superior, el
periodista y autor de este blogrealizó
una
disertación sobre
un
tema poco investigado como lo es la toponimia, un campo
del conocimiento
que se vincula
directamente de
la geografía, la linguística y las tradiciones, y que ahonda en el
estudio de los nombres de los sitios, poblaciones, relieves, cursos
de agua, y cualquier espacio natural, tanto en sus aspectos
etimológicos como culturales.
Un
poco de teoría. Qué es la toponimia
De
la toponimia que viene del griego "topos" lugar, "onoma"
nombre, se nutren precisamente los especialistas en las ciencias
geográficas y sobre todo los cartógrafos, para darle identificación
a los lugares y espacios naturales de nuestro entorno ambiental.
En
palabras del catedrático español Maximiano Trapero un topónimo es
una forma léxica que tiene una función semántica localizadora,
para identificar un punto concreto de la geografía, donde entran en
juego dos magnitudes: la geografía y la lengua.
Al
respecto agrega Trapero que "en
la toponimia han quedado preservados infinidad de elementos
linguísticos característicos de épocas pasadas, de tipo léxico y
fonológico”. Esto
quiere decir a su criterio que
“los
estratos de la lengua histórica están allí presentes, pero no
están muertos, están vivos funcionales, actualizados de continuo en
el habla común, con una mayor riqueza en el mundo rural".
En
este mismo sentido el investigador de la Universidad de Los Andes
Luis Alfonso Rodríguez Carrero señala que la toponimia representa
la posibilidad de comprensión de una cultura que de manera cotidiana
hace mención a los diversos nombres de regiones, ciudades, sitios,
pueblos, que están ligados a tradiciones culturales, muchas veces
desconocidas. Concluyendo en la necesidad actual de promover el
conocimiento del significado de dichas denominaciones a través de la
educación formal y no formal para lograr la comprensión de la
pluralidad cultural de Venezuela".
En
este orden de ideas el licenciado Ruiz señaló en la conferencia: “Estamos
en pañales con respecto a este propósito, y debe ser prioridad en
nuestros centros académicos, escuelas, organizaciones culturales,
promover el conocimiento de la toponimia como un elemento de
identidad y patrimonio de la venezolanidad”. Por lo que sostiene y tiene plena vigencia hoy "la
toponimia tiene valor patrimonial y está
vinculada a nuestra identidad geográfica y cultural, por lo que ha
sido incorporada como un componente básico de la legislación
venezolana.
Instituto
Geográfico autoridad en materia de toponimia
Esta
tarea institucional le corresponde por ley a un ente oficial como lo
es el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar, al que
corresponde la responsabilidad de ser la autoridad nacional en
materia de nombres geográficos, tal como lo establece la Ley de
Geografía Cartográfica y Catastro Nacional, que le asigna la
responsabilidad de administrar, conservar y difundir el patrimonio
toponímico de la nación mediante la actualización de la Gacetilla
de Nombres Geográficos. Este registro documental es el registro
metodológico y sistemático de los nombre propios de lugar y
accidentes geográficos, asociados a parámetros como tipo de
accidente, coordenadas del lugar, ubicación político
administrativa, fuente cartográfica y referencia cuadricular.
Importante
destacar que además existe otra rama de estudio toponímico que es
la cartografía histórica, contenida en mapas, planos, producidos en
el pasado, la cual permite reconocer los geotopónimos que ha
entrado en desuso, como por ejemplo la nomenclatura de la
Colonia y la de siglo XIX, la primera etapa republicana de Venezuela.
En
este contexto teórico legal el licenciado Ruiz aclaró que su
disertación estuvo basada en un estudio preliminar de tipo
exploratorio y muy básico, de tipo documental y con fuentes vivas,
que no tiene obviamente la rigurosidad de las investigaciones
formales académicas. Todo partiendo de una pregunta
generadora, que a continuación insertamos:
¿
Qué nos queda hoy de esas palabras de las lenguas
aborígenes de América que forman parte del patrimonio
toponímico en la región del noreste de la Guayana
venezolana?
En
cuanto al alcance de su estudio exploratorio documental precisó que
la investigación estuvo centrada en el espacio geográfico de los
municipios Piar, Roscio, El Callao, Sifontes, Padre Chien y parte de
Caroní. Concretamente desde las márgenes del río Caroní al oeste
hasta la zona de Imataca localizada al Sur de la Boca Grande del río
Orinoco, y de esta porción de la Guayana hasta la región colindante
con el territorio Esequibo venezolano, concretamente en la franja del
piedemonte de la Sierra de Lema y otras estribaciones montañosas que
separan la cuenca del Cuyuní de la Cuenca Alta del Río Caroní.
Este
territorio tiene aproximadamente unos 70 mil kilómetros cuadrados de
superficie, donde aún y pese al proceso de exterminio demográfico,
cultural e histórico por parte de los conquistadores y colonos que
se apropiaron de sus tierras sobreviven algunas comunidades de las
etnias pemón y cariña, ambas de la rama caribe, que habitan al
norte de la Gran Sabana y Sur del Orinoco y este del Caroní. Pese
a ese proceso de exterminio lo cierto es que en la zona así como en
gran parte del territorio venezolano con un importante componente
indígena persisten las huellas de la cultura indígena en lo
relativo a la toponimia, que no ha sido borrada y está viva en los
nombres de los accidentes geográficos.
Justificación
de este estudio exploratorio
Pero
por qué es importante la toponimia, conocer el origen y el por qué
de la nomenclatura y la denominación exacta que deben tener los
lugares, sitios o accidentes geográficos. Lo
es porque la toponimia otorga identidad al conocimiento geográfico y
la cartografía, que sin este componente cultural o linguístico
carecería del sabor local, el componente autóctono,la cultura y la
historia de los pueblos que habitan o habitaron esos lugares, y que
tuvieron el privilegio de nombrar o identificar con un nombre preciso
a dichos espacios, lugares o puntos de interés, como un cerro, una
llanura, un río, una laguna, una laja, una localidad o centro
poblado. Sin esa nomenclatura específica toponímica esos lugares o
sitios e interés geográfico quedarían reducidos en un mapa a un
conjunto un tanto “ahistórico” de códigos, líneas imaginarias,
coordenadas y simbología cartográfica, carentes de significado para
sus habitantes y los propios intereses de los interesados en conocer
esos territorios.
Antecedentes
al estudio de la toponimia indígena en Venezuela
Ahora
para indagar sobre algunas de estas voces, o los posibles nexos de
los nombres indígenas de los accidentes geográficos, es posible
hacerlo consultando en vivo a los indígenas que siguen habitando
algunos territorios ancestrales, o acudiendo a fuentes documentales,
como los estudios del padre Miguel Angel de Gerona, autor de un
compendio de la lengua pariagota, o el padre Buenaventura de
Carrocera, autor del libro "Linguística Indígena Venezolana y
las Misiones del Caroní".
Algunas
otras referencias las tenemos en el "Glosario de Voces
Indígenas", importante obra del intelectual larense Lisandro
Alvarado, donde indaga sobre palabras de uso cotidiano indígenas que
quedaron luego registradas como nombres geográficos, tales como
píritu, cabima, niquitao o guaira, nombres e plantas o utensilios.
Otro importante aporte lo realizó el padre Cesareo Armellada
investigador de la UCAB, autor de un diccionario del idioma pemón.