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jueves, 28 de noviembre de 2024

Voces Indígenas en las denominaciones toponímicas del noreste de la Guayana Venezolana (II)

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Toponimia indígena un legado cultural vigente en los municipios del noreste y sur de Bolívar


En este contexto los pueblos indígenas, todos, y en nuestro particular énfasis los de la región del noreste de Guayana, llegaron a comprender y asumir como un elemento vital de su cultura que los lugares donde ellos habitaban y sus accidentes geográficos, colinas, montañas, aguas, sabanas, selvas, lugares, formaciones rocosas, etc debían tener nombre propio. Estos sitios contienen la huella de lo humano, a través de una identificación concreta, que le permite diferenciarlos, ubicarlos en su territorio, para otorgarle en muchos casos su valor patrimonial, religioso o mítico. Es decir los pueblos originarios y los que posteriormente se arraigaron en sus tierras obviamente poseen la capacidad de asociar su entorno, sus ecosistemas, sus tierras, con sus tradiciones, saberes, historias, mitos y leyendas, y darle significado a cada lugar o elemento natural de su territorio.

Esa huella quedó registrada oralmente en su propia cultura y en sus comunidades, como conocimiento ancestral, y ese referente toponímico fue de tal manera impregnado, como elemento de identidad, en los relatos, crónicas, estudios y registros cartográficos de los conquistadores y colonizadores que llegaron desde Europa para apropiarse de esas tierras y reclamarlas como territorios de sus gobiernos imperiales. Esa tradición toponímica perdura y está presente hoy en el nombre de ciudades, pueblos, cerros, ríos, que se identifican con voces indígenas, y que constituyen uno de los legados más importantes que los pueblos originarios han realizado a nuestra cultura, identidad y conocimiento geográfico y linguístico.


Vamos a lo concreto. Nombres indígenas en el noreste de Guayana.


Las voces indígenas presentes en el registro toponímico de la región del noreste de Guayana provienen de los pueblos pueblos pariagotos, guayanos más al norte y de los caribes, que predominaban estos últimos en los pueblos de misión de Guasipati, Tupuquén, Carapo, El Miamo y Cumamo, en la zona del Yuruari. En menor magnitud perduran voces de los pueblos guaicas, arawacos, arinagotos y guaraunos.

Primeramente hay que destacar que las grandes denominaciones geográficas en la Orinoquia son indígenas en su origen. Por ejemplo la voz Guayana deriva de un pueblo indígena que habitaba en esta región, en sus valles interiores no tan distantes del Orinoco y el Caroní. Paragua es voz indígena cuyo prefijo “para” es reiterativo en toda América y que significa gran curso de agua.

También tenemos algunas toponimias como Piacoa, Imataca, Caroní, que son voces indígenas que identifican pueblos, sierras. Tenemos la denominación Up Ata, que se puede traducir como mi tierra o mi suelo, pati como sinónimo de suelo o tierra presente en Guasipati. Indígenas son los nombres Tumeremo, Paragua, río y pueblo. Caruachi voz indígena de un pueblo de misión y un paso del río Caroní, Huicsatano otro pueblo de misión cercano a Caruachi y al cerro El Retumbo, que es una palabra desaparecida en la toponimia actual pero que tuvo su vigencia en la historia de las misiones capuchinas en los siglos XVIII, XIX y las primeras décadas del XX, cuando este pueblo entró en decadencia y desapareció como referente regional concreto.

  Costumbre castiza, muy española, es la de asociar los lugares o pueblos de misión a sus santos y vírgenes. Allí tenemos a Ayma en maridaje con San José, Tupuquén con San Félix, El Miamo con la Virgen de Monserrat, Puedpa con Nuestra Señores de los Dolores, Guri el pueblito desaparecido en las aguas de su lago con San Buenaventura, Yacuario voz indígena de significado no claro emparentado con Santa María, que  terminó por desterrarlo como nombre de esa comunidad cercana a Upata. Cupapuí y su derivado Cupapuicito, pueblo y río, asociado a San José.

Sigamos con el inventario preliminar de la toponimia indígena

Larga es la huella de lo indígena en el nombre o identificador toponímico de los ríos, lagunas, en esta zona de Guayana. Allí tenemos una larga lista: Yocoima que significa serpiente de agua para los guayanos, Tagroima, Oronata, Puchima, Cume, Caballape, Yuruari, Yuruán, Cuyuní, Botanamo, Venamo, Macorumo, Cunurí, Antabare, Carichapo, Guanaraparo, Nacupay, Supamo Parapapoy, Guariche, Caratupán, Curripia, Cicapra, Guaramal, Chispa, Cicapra, Tucurén, Amarapo, Guaracaroima, Hualpa, Mucupia,  entre otros.

Cerros, saltos, pueblos, muchos son nombrados con denominaciones indígenas, entre otros Cume, Araitepuy, Machí, Cachamay, Chirica, Guri, Nekuima, Curagual, Sucutum, Chiripón, Quiribay, Porore, Peremo, Guayos, Chapire, Guacarapo.
 

También tenemos voces indígenas que no son exclusivas de Guayana y tienen uso similar toponímico en otras regiones del país, entre otras pao, totumo, corozo, guamito, carata, merecure, jua ua, terecay, etc.

Extrañamente y digno de estudio que una zona con tanta ascendencia indígena como El Palmar y el municipio Padre Pedro Chien, tengan tan poco referente toponímicos de origen indígena. Salvo Puchima, Guanaraparo, Cume, las denominaciones de sitios lugares con voces caribes y guaicas, aquí lo que abundan son toponimios asociados con santos, animales, plantas y palabras de origen hispano. Una hipótesis en este particular caso es que en El Palmar la cultura y la lengua española, y más aún las referencias toponímicas, se impusieron desde la fuerza de los hechos y el poder económico ejercido por los dueños de hatos que se convirtieron en los propietarios de la tierras ganaderas que anteriormente administraron los padres misioneros.

Diferente la huella indígena en la toponimia que está plenamente vigente en el municipio Sifontes, donde existe al sur y este de Tumeremo, una fuerte presencia de pueblos originarios. Entre otras acá tenemos voces indígenas de lugares, ríos, cerros, que perduran, tales como Kamaria, Lema, Botanamo, Yuruán, Venamo, Anacoco, Turumbán, Kavayape, Tumeremo, Pariche, Kimai, Motovay, Chacupare, Aracapa, Karitupia, Maribisí, Guspa, Caiguao, Riconote.

Caso especial el de nuestro río Padre el Orinoco, en la frontera de nuestra Guayana del noreste, que entre otras expresiones indígenas, ha sido llamado Joga-Apururú, Paragua, Bazagua, Parava, Maraguaa, Barraguán, Aparia, Yupaparia, Huriaparia Viaparia, Uyapari, Uyapar, Urinoco, Worenoque, Ibirinoco.
En lo atinente a lo linguístico hay que resaltar aparte del uso generalizado del prefijo “para” como referente a gran curso de agua, los sufijos uní, ení, arí, asociados como raíz en el nombre de muchos de nuestros ríos Caroní, Cuyuní, Cunurí, Yuruaní. Ata que aparece en Up Ata y Oron Ata, siendo una anomalía Yuruari, porque en este caso la raiz iare es más bien propia de pueblos de alto y medio Orinoo.


Importante resaltar que mucha de las denominaciones toponímicas, si bien hacen referencia a referentes concretos, materiales, físicos, de los pueblos indígenas, otras tantas voces alusivas a lugares o accidentes geográficos tienen un significado no claro, ya que la etimología de esas palabras es desconocida.

Conclusión: Hay que rescatar el patrinomio toponímico indígena

Finalmente y como reflexión final tenemos la necesidad y el reto de promover el rescate y conocimiento de nuestra voces indígenas toponímicas; y avanzar , ahondar, en el origen de esas palabras geográficas, asociarlos a lo concreto de su significado o etimología. Reconocer además por qué se adoptaron para señalar o o identificar lugares, sitios, y porque han perdurado la mayoría o han sido borradas otras en la nomenclatura actual. Indagar que así como la toponimia local guayanesa en castellano hace referencia a seres vivos, situaciones, objetos concretos, también muchas de esas voces indígenas hoy lamentablemente son desconocidas en sus significados léxicos originales.

Nuestros pueblos indígenas fueron y son prodigiosos en otorgar atributos humanos y riqueza expresiva a su referentes espaciales o geográficos, a sus sitios, a sus ríos y relieves.

Lamentablemente se han perdido los significados de tales voces indígenas o son desconocidos. Quedando así esas toponimias convertidas en expresiones fonológicas, sonidos, expresiones verbales sin significados simbólicos, metafóricos, míticos, episódicos o concretos, reducidas a servir como referentes de sitios y lugares.

Queda abierta la inquietud, el exhorto a los especialistas, humanistas, académicos, investigadores, a estudiar este tema tan poco explorado en su profundidad y dimensión histórica, cultural, antropológica, como lo es la toponimia indígena.

En homenaje a los pueblos indígenas debemos avanzar finalmente en el objetivo de rescatar nuestro patrimonio toponímico originario en el noreste de Guayana. Ojalá y avancemos pronto en esa dirección.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Voces Indígenas en las denominaciones toponímicas del noreste de la Guayana Venezolana (I)

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Voces indígenas en la toponimia del noreste de Guayana fue el título de una conferencia dictada por el licenciado Juan Ruiz Correa, autor del blog Hemisferio Sur Guayana en el mes de abril del 2016 en la Universidad Nacional Experimental de Guayana Núcleo Menca de Leoni en Upata capital del municipio Piar del estado Bolívar.

En esa oportunidad ante un auditorio compuesto por estudiantes y docentes de este centro de Educación Superior, el periodista y autor de este blog realizó una disertación sobre un tema poco investigado como lo es la toponimia, un campo del conocimiento que se vincula directamente de la geografía, la linguística y las tradiciones, y que ahonda en el estudio de los nombres de los sitios, poblaciones, relieves, cursos de agua, y cualquier espacio natural, tanto en sus aspectos etimológicos como culturales.

 

Un poco de teoría. Qué es la toponimia

De la toponimia que viene del griego "topos" lugar, "onoma" nombre, se nutren precisamente los especialistas en las ciencias geográficas y sobre todo los cartógrafos, para darle identificación a los lugares y espacios naturales de nuestro entorno ambiental.

En palabras del catedrático español Maximiano Trapero un topónimo es una forma léxica que tiene una función semántica localizadora, para identificar un punto concreto de la geografía, donde entran en juego dos magnitudes: la geografía y la lengua.

Al respecto agrega Trapero que "en la toponimia han quedado preservados infinidad de elementos linguísticos característicos de épocas pasadas, de tipo léxico y fonológico”. Esto quiere decir a su criterio que “los estratos de la lengua histórica están allí presentes, pero no están muertos, están vivos funcionales, actualizados de continuo en el habla común, con una mayor riqueza en el mundo rural".

En este mismo sentido el investigador de la Universidad de Los Andes Luis Alfonso Rodríguez Carrero señala que la toponimia representa la posibilidad de comprensión de una cultura que de manera cotidiana hace mención a los diversos nombres de regiones, ciudades, sitios, pueblos, que están ligados a tradiciones culturales, muchas veces desconocidas. Concluyendo en la necesidad actual de promover el conocimiento del significado de dichas denominaciones a través de la educación formal y no formal para lograr la comprensión de la pluralidad cultural de Venezuela".

En este orden de ideas el licenciado Ruiz señaló en la conferencia: “Estamos en pañales con respecto a este propósito, y debe ser prioridad en nuestros centros académicos, escuelas, organizaciones culturales, promover el conocimiento de la toponimia como un elemento de identidad y patrimonio de la venezolanidad”. Por lo que sostiene y tiene plena vigencia hoy "la toponimia tiene valor patrimonial y está vinculada a nuestra identidad geográfica y cultural, por lo que ha sido incorporada como un componente básico de la legislación venezolana.

Instituto Geográfico autoridad en materia de toponimia

Esta tarea institucional le corresponde por ley a un ente oficial como lo es el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar, al que corresponde la responsabilidad de ser la autoridad nacional en materia de nombres geográficos, tal como lo establece la Ley de Geografía Cartográfica y Catastro Nacional, que le asigna la responsabilidad de administrar, conservar y difundir el patrimonio toponímico de la nación mediante la actualización de la Gacetilla de Nombres Geográficos. Este registro documental es el registro metodológico y sistemático de los nombre propios de lugar y accidentes geográficos, asociados a parámetros como tipo de accidente, coordenadas del lugar, ubicación político administrativa, fuente cartográfica y referencia cuadricular.

Importante destacar que además existe otra rama de estudio toponímico que es la cartografía histórica, contenida en mapas, planos, producidos en el pasado, la cual permite reconocer los geotopónimos que ha  entrado en desuso, como por ejemplo la nomenclatura de la Colonia y la de siglo XIX, la primera etapa republicana de Venezuela.

En este contexto teórico legal el licenciado Ruiz aclaró que su disertación estuvo basada en un estudio preliminar de tipo exploratorio y muy básico, de tipo documental y con fuentes vivas, que no tiene obviamente la rigurosidad de las investigaciones formales académicas.  Todo partiendo de una pregunta generadora, que a continuación insertamos:

¿ Qué nos queda hoy de esas palabras de las lenguas aborígenes de América que forman parte del patrimonio toponímico en la región del noreste de la Guayana venezolana?

En cuanto al alcance de su estudio exploratorio documental precisó que la investigación estuvo centrada en el espacio geográfico de los municipios Piar, Roscio, El Callao, Sifontes, Padre Chien y parte de Caroní. Concretamente desde las márgenes del río Caroní al oeste hasta la zona de Imataca localizada al Sur de la Boca Grande del río Orinoco, y de esta porción de la Guayana hasta la región colindante con el territorio Esequibo venezolano, concretamente en la franja del piedemonte de la Sierra de Lema y otras estribaciones montañosas que separan la cuenca del Cuyuní de la Cuenca Alta del Río Caroní.


Este territorio tiene aproximadamente unos 70 mil kilómetros cuadrados de superficie, donde aún y pese al proceso de exterminio demográfico, cultural e histórico por parte de los conquistadores y colonos que se apropiaron de sus tierras sobreviven algunas comunidades de las etnias pemón y cariña, ambas de la rama caribe, que habitan al norte de la Gran Sabana y Sur del Orinoco y este del Caroní. Pese a ese proceso de exterminio lo cierto es que en la zona así como en gran parte del territorio venezolano con un importante componente indígena persisten las huellas de la cultura indígena en lo relativo a la toponimia, que no ha sido borrada y está viva en los nombres de los accidentes geográficos.

Justificación de este estudio exploratorio

Pero por qué es importante la toponimia, conocer el origen y el por qué de la nomenclatura y la denominación exacta que deben tener los lugares, sitios o accidentes geográficos. Lo es porque la toponimia otorga identidad al conocimiento geográfico y la cartografía, que sin este componente cultural o linguístico carecería del sabor local, el componente autóctono,la cultura y la historia de los pueblos que habitan o habitaron esos lugares, y que tuvieron el privilegio de nombrar o identificar con un nombre preciso a dichos espacios, lugares o puntos de interés, como un cerro, una llanura, un río, una laguna, una laja, una localidad o centro poblado. Sin esa nomenclatura específica toponímica esos lugares o sitios e interés geográfico quedarían reducidos en un mapa a un conjunto un tanto “ahistórico” de códigos, líneas imaginarias, coordenadas y simbología cartográfica, carentes de significado para sus habitantes y los propios intereses de los interesados en conocer esos territorios.

Antecedentes al estudio de la toponimia indígena en Venezuela

Ahora para indagar sobre algunas de estas voces, o los posibles nexos de los nombres indígenas de los accidentes geográficos, es posible hacerlo consultando en vivo a los indígenas que siguen habitando algunos territorios ancestrales, o acudiendo a fuentes documentales, como los estudios del padre Miguel Angel de Gerona, autor de un compendio de la lengua pariagota, o el padre Buenaventura de Carrocera, autor del libro "Linguística Indígena Venezolana y las Misiones del Caroní".

Algunas otras referencias las tenemos en el "Glosario de Voces Indígenas", importante obra del intelectual larense Lisandro Alvarado, donde indaga sobre palabras de uso cotidiano indígenas que quedaron luego registradas como nombres geográficos, tales como píritu, cabima, niquitao o guaira, nombres e plantas o utensilios. Otro importante aporte lo realizó el padre Cesareo Armellada investigador de la UCAB, autor de un diccionario del idioma pemón.

lunes, 4 de julio de 2022

San Lorenzo de Upata

Iglesia católica de San Lorenzo en julio del 2022 .

Pequeño monumento del cacique Yocoima en la plaza que lleva su nombre en San Lorenzo, al fondo un hermoso ejemplar del árbol carocaro, muy abundante en la zona. Imagen de junio del 2022.

A solo 4 kilómetros del casco urbano principal de Upata, después de pasar a un costado del barrio y cerro El Corozo, entrada a Monserrat, Laprea y Carlos Enrique Alvarez, se encuentra el valle y la comunidad de San Lorenzo, sector que junto con Santa Rosa Las Charamizas El Tigre y la Enea conforman el área más a sur de la ciudad. 

San Lorenzo, exactamente se ubica al suroeste de Upata, fue fundado en las tierras contiguas a la antigua misión de San José de Cupapuy, ya desaparecida. Es una zona residencial y de producción agropecuaria que posee algunas urbanizaciones como La Victoria y la Unidad, que está enlazada por la carretera regional al sector Santa Rosa. Tiene una población aproximada de 5 mil habitantes. 

Una de las calles del viejo caserío de San Lorenzo, con su molino de viento, símbolo de esta comunidad por más de 50 años. La vialidad del sector en junio del 2022 muestra este aspecto de deterioro.

Por su cercanía a la ciudad, San Lorenzo forman parte de la zona de influencia inmediata de Upata, a tal punto de estar localizados allí el cementerio general, hoteles, centros recreativos, la planta lactea Los Andes, la antigua sede de la red de alimentos PROAL, y la planta de potabilización de agua del acueducto Guri en Santa Rosa. 

San Lorenzo es además la zona de residencia de importantes contingentes de trabajadores que dependen directamente de las fuentes generadoras de empleo de Upata. 

Carretera San Lorenzo Upata en el 2012, destaca la frondosa vegetación de las casas campestres. 

Plaza Yocoima de San Lorenzo.
Aunque su entramado urbano es un tanto precario, salvo algunas calles de La Victoria, esta zona está enclavada en medio de un paisaje vegetal de sabanas en sus partes llanas y el cerro Cacahual, y bosques en los cerros de San Lorenzo, El Limón, La Laja, Cupapuí y Santa Rosa, que la convierten junto a su fresco clima en un sitio muy agradable para vivir, en medio del contacto directo con la naturaleza silvestre. Gozando además de la ventaja de tener el mejor servicio de agua por tubería, por la cercanía de este sector a la aducción primaria del acueducto principal de Upata, antes de su conexión con el tanque de Monserrat, desde el cual se distribuye el vital líquido al 80 por ciento de su área urbana.

Desde tiempos ancestrales, finales del siglo XVIII y el XIX, así como durante décadas del siglo XX, San Lorenzo destacaba por su producción de tabaco, hoy reducida a su variedad para la elaboración de rollos para "mascar", caña, maiz, leguminosas y frutales, además de la ganadería vacuna en sus zonas de pastos, hoy muy reducidas, en ese valle, pero que es más importante y aún se mantiene con un rebaño de mejor genética y cuidado en las tierras más altas al sur luego de pasar las curvas y bordear el cerro de Santa Rosa.

Estacionamiento del Cementerio General de Upata en el 2013.

Área de paseo en centro campestre en San Lorenzo, al fondo pastizales y bosques.

Zona ganadera al lado del cerro San Lorenzo, y las torres de 215 Kilovoltios de la línea eléctrica Macagua II- El Callao- Las Claritas- Brasil.

Tierras de ganadería, al fondo cerros El Limón, Sabanetica y Cacahual.

Santa Rosa más al sur rumbo a El Manteco

Precisamente en Santa Rosa en el eje que se extiende hasta Las Topias vía El Manteco, hay mayor extensión de pastos, y el rebaño bovino es de mayor calidad y número en sus unidades de producción extensiva, las cuales se alternan con algunos conucos para la cosecha de rubros agrícolas tradicionales. 

Santa Rosa, a 420 metros sobre el nivel del mar,  es si se quiere la puerta de entrada de Upata por el sur, ya que luego de cruzar por sus boscosas curvas en bajada se abre al horizonte la silueta inconfundible de las serranías del norte de la capital de Piar, y se entra ya en la zona geográfica de la cuenca del río Yocoima, a la que pertenece obviamente San Lorenzo.

Plaza principal de Santa Rosa en el 2011.

Paisaje rural en pequeña unidad de producción ganadera en Santa Rosa, al fondo al norte serranía que la separa de San Lorenzo. Así se encontraba este fundo en el 2011.

Este sector de Upata es también el punto de salida hacia la población distante de El Manteco, parroquia Pedro Cova, a unos 83 kilómetros de la Villa del Yocoima, zona que comparte con la sección capital de Piar, la línea de costa del lago de Guri, y que posee una importante tradición ganadera, minera, forestal y un potencial extraordinario para el turismo de aventura y ecológico. 

Destacable es el potencial que tiene Santa Rosa en su zona cercana a las comunidades de La Enea, Morichal de la Comida,  hasta el cruce con la vía Chiripón, donde existen importantes yacimientos de arena, y potencial para la explotación de las rocas graníticas de la Formación Supamo, pertenecientes a su vez la Provincia Geológica de Yuruari. Más adelante esta subregión posee formaciones de cuarzo de importancia económica para la construcción y la industria siderúrgica. 

Mostramos algunas imágenes recientes de San Lorenzo, una de sus calles con su molino de viento, su capilla católica, y el monumento al indio Yocoima, en la plaza que lleva su nombre. También conplementamos esta entrada con una sucesión de fotografías del sector y Santa Rosa tomadas a inicios de la segunda década del 2000 (años 2010 a 2020).

sábado, 12 de septiembre de 2020

El parque natural o zona protectora norte de Upata es una propuesta de biodiversidad y conservación de su medio ambiente circundante. La meta es proteger su patrimonio botánico, de fauna, recursos hídricos y afloramientos rocosos del Complejo Imataca

Sobre las cimas de los colinas más bajas de la serranía de El Toro surgen enormes lajas intensamente meteorizadas conformadas fundamentalmente por cuarzo, feldespatos, micas y en menor proporción piroxenos y anfibol.
Hermoso bosque tropófilo, o caducifolio, sobre suelos rocosos ocultan pequeños cuerpos de agua que drenan hacia la quebrada de El Caballo.
Las rocas más enormes suelen brotar como afloramientos, tipo laja, sin embargo esta imponente mole de 7 metros de alto por 15 m de largo y 7 m  ancho, descansa a ras de suelo; se encuentra en la larga cadena de colinas que une al cerro El Toro con su cerro gemelo de La Viuda. Se trata de un material rico en cuarzo fedespato, es decir es una roca félsica, ácida, que en su parte exterior se encuentra fuertemente meteorizada, y exhibe varios desprendimientos de su estructura.
A lo lejos al Oriente visible la silueta del Toro y más atrás la colina de El Jobo o las Antenas. Desde esta vista se evidencia la variedad vegetal de estos paisajes, donde se alternan flora saxícola, es decir que crece sobre substratos rocosos, bosques bajos y medios, densos la mayoría, y la dominante sabana de sus laderas más próximas a la ciudad.
Rocas metamórficas, vegetación de sabana, relieve abrupto al fondo y el valle del Yocoima, todo ello configura un mágico escenario natural digno de ser preservado para el disfrute de nuestras generaciones futuras y la conservación de frágiles ecosistemas que están siendo afectados progresivamente por actividades antrópicas.

En el cerro El Toro, superada la cota 550 metros sobre el nivel del mar, surgen como rocas predominantes las cuarcitas ferruginosas, como peñascos flotantes de hasta 3 metros de diámetro, también como material suelto a nivel del suelo o formando parte del perfil del subsuelo.   
 
Con la finalidad de preservar su patrimonio geológico, y garantizar la perpetuidad de sus formaciones vegetales de sabana y bosques Upata requiere con urgencia su geoparque y reserva de flora silvestre protectora de nacientes de agua. El sitio a proteger es el que por tradición y variedad de sus paisajes, relativo buen acceso a caminantes, excursionistas, debe ser ratificado como Parque Natural El Toro la Mesa y Guacarapo Manantiales de la Viuda. 
Se trata de un área que en su conjunto supera largamente las 4 mil hectáreas o 40 kilómetros cuadrados, una superficie semejante al del valle del Yocoima, si efectivamente se logran extender sus linderos hasta la cadena de cerros y estribaciones más elevadas de la Sierra Imataca y próximas a la ciudad al norte: desde su franja cercana a las nacientes del río Upata, en los lomeríos Sur y este del embalse El León hasta las colinas y montañas del eje El Candado Hato Maiquetía en la ruta a El Buey. 
Sería sin duda un proyecto ambicioso, factible de ser impulsado desde la Alcaldía de Piar, la Gobernación, el mismo Ministerio de Ecosocialismo, y con el peso de las agrupaciones conservacionistas, ONG, universidades como la UNEG, y especialistas y ciudadanos preocupados por el medio ambiente, que tengan a bien sumarse a esta iniciativa. Quizás la circunstancia actual de deterioro de la institucionalidad del Estado por la grave crisis de ingreso que sufre la nación y por la ausencia de iniciativas ciudadanas en ese sentido no hagan viable la concreción de esta propuesta en el futuro inmediato, pero sin duda se trata de una idea a tomar en consideración, más aún cuando la ciudad de Upata no cuenta con una zona protectora de vegetación, biodiversidad y recursos hiídricos, tal como la que le fuera asignada en la década de los 70 y 80 por las autoridades gubernamentales. En esos años el Ministerio del Ambiente y el extinto Ministerio de Desarrollo Urbano Mindur emitieron sendas resoluciones al respecto en consonancia con el Plan de Desarrollo Urbano de Upata. 
Pero estas decisiones y orientaciones quedaron en el papel y se desvanecieron, mientras en paralelo se incrementaron las intervenciones humanas sobre los frágiles ecosistemas de bosque, sabanas y valles, que abrazan al valle por sus cuatro puntos cardinales, y en especial por esta zona verde del norte y noreste de la ciudad. Upata bien podría haber tenido su Parque Natural, Zona Protectora, y por qué no un gran Parque Metropolitano, o un  Parque Nacional, sobre estos parajes y sus variados relieves, ecosistemas y valores paisajísticos, así como lo tienen la mayoría de las ciudades. 
Lamentablemente no fuimos capaces de conformar un movimiento de presión en ese sentido y el Estado en todas sus instancias tiene una deuda en material ambiental con nuestra ciudad, asediada en toda su geografía por la contaminación de su río Yocoima y sus afluentes, por la quema y tala, la invasión de espacios naturales, la devastación de bosques, la extracción desordenada de material arcilloso para la construcción y la contaminación de su suelo por la acumulación de desechos sólidos. 
Para colmo el hecho de reservar áreas naturales para futuras explotaciones mineras, relacionadas con la extracción de caolín y bauxita, algunas de las cuales se llevaron a cabo sin mayor rigurosidad por controlar los impactos ambientales, fue la excusa perfecta esgrimida por quienes argumentaron que no era viable la creación de la zona protectora verde de Upata y su gran parque natural.  Lo justificaron señalando que en gran parte el macizo colinoso del norte de la ciudad estaba destinado al uso minero, debido a la supuesta cuantía de las reservas de bauxita y caolín  en los cerros Copeyal, Los Chorros, y La Mesa. Por tal razón alegaban que tales áreas de reserva minera nacional no podían ser integradas como parte de la zona protectora propuesta para la ciudad.
En cualquier caso esas consideraciones quedaron sin efecto, debido a que las reservas de bauxita y caolín de nuestros cerros, por su reducido volumen, pues no llegan en su conjunto ni a 10 millones de toneladas métricas, no son competitivas con respecto a los enormes yacimientos de Los Pijiguaos, La Sirena en El Palmar y el Km 88 en Sifontes. Por ello no se justifica que se siga insistiendo en que son tierras aptas exclusivamente para la minería, es tiempo ya de redefinir ese uso y evitar en consecuencia que  sigamos permitiendo invasiones, abusos, y el destrozo de esos espacios geográficos, que obviamente si se adicionan como zonas protectoras pueden mantener y recuperar su valor como áreas naturales de biodiversidad y protección ambiental.  
Finalmente insertamos en esta entrada una extensa galería fruto de nuestras incursiones recientes en estos escenarios naturales que- a pesar de estar siendo sometidos a mucha presión antrópica, humana, por el tema de la falta de gas y la necesidad de leña para la preparación de alimentos, y por la extensión progresiva de la frontera agrícola y la cría de ganado vacuno en algunos espacios abiertos- todavía cuentan con amplias zonas no intervenidas, donde la naturaleza y la biodiversidad, y las evidencias rocosas del complejo pasado geológico están presentes y deben ser preservadas. Algunas plantas y rocas están debidamente identificadas y descritas por el autor del blog, pero obviamente por el hecho de no ser experto en botánica y geología, en otros casos esos elementos son colocados sin su debida denominación, a la espera de contar con la información precisa al respeto. 
 
GALERÍA DE ROCAS  Y PLANTAS DE LA SERRANÍA NORTE ESTE DE UPATA
 

martes, 27 de septiembre de 2011

Guasipati hoy ciudad pujante del Sur de Bolívar fue fundada como Pueblo de Misión en 1757

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Guasipati celebra conmemora un nuevo aniversario como ciudad pequeña pero pujante, capital del municipio Roscio, Puerta de Entrada a la zona minera del oro y a la región del Yuruari Cuyuní la Gran Sabana. Hoy 27 de septiembre sus autoridades, el alcalde de Roscio José Alejandro Martínez conjuntamente con el gobernador Francisco Rangel Gómez, estarán presidiendo los actos protocolares en la Plaza Bolívar. Las actividades se inician a las seis de la mañana con el Despertar Guasipatense, a esa hora con honores marciales se izará la bandera. A las siete y media Misa de Acción de Gracias en la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora del Rosario. A las 8:30 inauguración del Pasillo Artesanal Expositivo Así es Guasipati Ayer Hoy Siempre. 

A las nueve de la mañana se inician los actos en la Plaza Bolívar con la interpreptación de los Himnos Nacional, Estadal y Municipal, la colocación de ofrendas florales ante la estatua del Libertador, intervención del orador de orden, palabras del alcalde José Alejandro Martínez, el Dr Dante Rivas Director Nacional del Servicio Autónomo de Identificación Migración y Extranjería SAIME. También se harán entrega de reconocimientos especiales a diversas personalidades, instituciones públicas y privadas, además de un concierto especial de la Orquesta Sinfónica Juvenil e Infantil de Guasipati, y visita a la sede del SAIME en Guasipati. 

Posteriormente se organizará un clásico ciclístico por las calles de la ciudad. En la tarde a las tres se inaugura el asfaltado, aceras y brocales del sector Vista Hermosa, con la presencia del gobernador Francisco Rangel Gómez y el Alcalde de Roscio, amenizada por Rafa y su Gente y la Nueva Onda. En la tarde noche a partir de las seis será la Gala de los 254 años en homenaje a los embajadores de la cultura Guasipati en Danzas, con la actuación de Guasipati en Danza, Tambor Urbano, grupos culturales locales, canto de cumpleaño y reparto de torta al colectivo.

Breve Historia y Geografía de Guasipati