jueves, 29 de enero de 2026

Anotaciones sobre el clima en Upata en 2025 y lo que va del 2026

Desde la cima del cerro El Toro, se contempla el valle de Upata en su sector suroriental, predomina el verdor en sus paisajes de sabana, bosques secos y selvas de galería.

El valle de Upata en enero del 2026, en una mañana nublada de enero.

Verdor en el valle del Candado al este de Upata en enero del 2026, vista desde uno de los miradores del Cerro El Toro.

Otra vista privilegiada en enero del 2026 del valle de El Candado, desde los altos del Cerro El Toro, sector Las Antenas del principal pulmón verde de Upata.

A continuación vamos a realizar nuestra tradicional reseña sobre el estado del tiempo y la tendencia climática actual de Upata y la extensa zona de relieve ondulado y valles interiores bajos en la que se asienta esta ciudad, capital del municipio Piar del estado Bolívar. 
 
Lluvias, neblina y vientos húmedos frescos  
 
2026 en enero se ha caracterizado en Upata y sus alrededores por su humedad permanente, lluvias moderadas a muy leves, continuas, tanto en horas diurnas como nocturnas, frescas temperaturas propias de esta época del año, sin extremos de calor y atardeceres y noches agradables, con promedios de temperatura de 25 a 24 grados. No hemos tenido temperaturas mínimas por debajo de los 20 grados, solo en una ocasión se ha alcanzado un registro de 18 grados, y en el resto de las madrugadas, la mínima promedio se ubica entre 21 y 22 grados.  

Este verdor y la ausencia para principios del año 2026 de incendios forestales en las zonas de sabana y bosques secos en los paisajes serranos , nos indica que seguimos la influencia de un evento climático global propio del fenómeno de la Niña. 

2025 año de lluvias escasas pero sin calores extremos 

Para terminar vamos a realizar ahora un breve resumen sobre los datos del tiempo atmosférico del año 2025. Lo que constituye un tema constante en este blog HemisferioSurGuayana, donde con frecuencia semestral, por lo menos, solemos difundir información relacionado con el clima en este sector de la Guayana venezolana, donde está ubicada la población de Upata. 

2025 fue un año atípico con lluvias por debajo de sus promedios históricos anuales. Este año se caracterío por la ocurrencia de lluvias moderadas y sequía en su primeros cinco meses, mayo tuvo eventos lluviosos importantes pero de mediana intensidad, y en junio como es habitual reaparecieron los aguaceros, sobre todo a finales de mes, y las temperaturas como es también normal bajaron a promedios en torno a los 25 grados, con mínimas promedio de 21 grados y máximas de 30 grados,  pero sin olas de calor como las que padecimos en el 2023. 

En el segundo semestre del 2025 el comportamiento climático siguió siendo un tanto errático o anormal, ya que luego de un junio con precipitaciones normales que acumularon unos 200 mm, en julio las lluvias fueron inferiores en cantidad y magnitud. Hubo en ese mes muchos días soleadas y las lluvias torrenciales fueron escasas, dos o tres de gran magnitud, 40 minutos máximo, y la caída pluviométrica bajo a unos 120 mm. En cuanto a las temperaturas si se mantuvieron en la normalidad, con promedio de 30 a 29 grados, máximas de 30 grados promedio y mínimas de 21 a 22 grados. 

Agosto fue igualmente otro mes atípico, con lluvias fuertes en la primera semana, y tres semanas de lluvias moderadas, y días continuos sin precipitaciones, para un acumulado de solo 90 mm de precipitación. Septiembre fue igualmente de lluvias moderadas, muchos días soleadas y elevadas temperaturas, con un promedio diario en torno a los 26 grados, con un acumulado de precipitación de unos 70 mm. Octubre fue también relativamente seco, con promedios de temperatura en torno a los 26 grados, sin olas de calor extremo, y con un acumulado de precipitación de unos 60 mm. 

Noviembre, por su parte, marcó un hito importante que fue la reactivación de las lluvias continuas, actividad tormentosa, 2 o 3 eventos lluviosos de gran magnitud, uno de los cuales provocó incluso inundaciones en las zonas de alto riesgo del valle. Ese mes el registro de lluvias escaló hasta los 150 mm, y las temperaturas promedios se ubicaron en torno a los 26 grados. Diciembre fue relativamente húmedo, pero con lluvias moderadas, casi continuas, alternadas con periodos de sequía de 3 a 4 días máximo, con temperaturas ya más frescas en torno a los 21 grados promedio de mínimas y 29 grados promedio de máxima. Con una precipitación acumulada de unos 60 mm, debido a que no hubo grandes eventos de lluvias torrenciales. 

En conclusión las precipitaciones acumuladas a Upata en el 2025 ascendieron a un valor por debajo de los 800 mm, lo que marca una tendencia de precipitaciones inferior a lo habitual, asociadas a un evento global del Niño. No obstante a partir del segundo semestre esta tendencia al predominio de sequías y lluvias moderadas, incluso en la temporada de lluvia, comenzó a  ceder sobre todo a finales del año, cuando por efecto de la irrupción de la Niña como fenómeno climático atmosférico global, a partir de noviembre reaparecieron las lluvias frecuentes, y en vez del tránsito gradual a la temporada seca el clima ha dado un giro gradual, más propio de la temporada de lluvias. Desde ese mes de noviebre, diciembre del 2025y lo que va de enero del 2026, el tiempo atmosférico predominante es el lluvioso, húmedo, con alta nubosidad, precipationes moderadas a leves, neblinas en las mañanas, con temperaturas que si coinciden en horas diurnas con los promedios históricos, en torno a los 29 grados promedio diario, 21 grados mínimos en promedio, 30 grados máximos promedios.

   


Plaza Bolívar y sus alrededores en enero del 2026

Plaza Bolívar de Upata, al fondo el edificio sede de la Alcaldía de Piar, antiguo Centro Cívico de la Villa del Yocoima.

Plaza Bolívar en un soleado día de enero del 2026.

Iglesia de San Antonio de Padua, calle Sucre, e inmuebles del casco viejo de la ciudad.
Corredor comercial de la calle Sucre, visto desde la Plaza Bolívar.

Sector oeste de la Plaza Bolívar de Upata.

Plaza, peatones, vehículos e Iglesia en el casco viejo de Upata.

Calle Miranda desde la esquina con Sucre.

 



jueves, 9 de octubre de 2025

Estampas de Upata: julio a octubre del 2025



Pequeño boulevard de la calle Sucre, a un costado de la Plaza Bolívar
Nuevo inmueble de comercio en la calle Ayucucho con Monagas, casco central de Upata.
Calle Miranda, en la proximidad de la Plaza Bolívar, entre las calles Sucre y Unión

Calle Alberto Ravell, al fondo cerro Guacarapo
En esta oportunidad insertamos imágenes de Upata, de sus calles, avenidas y plazas, que nos muestran la cotidianidad de los desplazamientos vehiculares y de la dinámica urbana propia de nuestra ciudad. Estas  fotos son reflejo de una ciudad, que luego de años de descenso en su actividad económica viene despertando de ese letargo de forma progresiva. Las fotos que datan de julio a octubre del año 2025 nos muestran diferentes puntos icónicos de la localidad: avenidas principales, corredores comerciales, plazas, inmuebles particulares, emprendimientos y por supuesto la presencia de sus pobladores en el diario devenir de sus movilizaciones en el casco central. 

 
Av Raúl Leoni, esquina con la Alberto Ravell, en una mañana de julio del 2025
Liceo Siso Martínez, en octubre del 2025

Final de la Alberto Ravell con la Monagas.

Monagas con Perimetral desde la sombra del flamboyán.

Av Perimetral desde la Plazoleta de entrada a Santo Domingo II

Calle Miranda, un septiembre de 2025 por la mañana

El icónico samán de la Miranda con la 14 de Febrero

Busto de Piar, poco acertado por cierto, lejano al retrato del héroe de San Félix.

Tanque y soldado en la plaza de El Ejército
La plaza de El Ejército, y el tanque desde la tribuna del estadio Simón Chávez.
Mansión frente a la Plaza El Ejército
Serranía Guacarapo desde la tribuna del Simón Chávez, al centro al fondo cerro La Mesa.


martes, 9 de septiembre de 2025

El Dique de la Quebrada El Onoto. Patrimonio histórico y natural de Upata. En las nacientes de la Quebrada El Onoto.

 

Lo que queda de la vieja tubería de 4 pulgadas, desde esta toma de agua se enlazaba la red de suministro del vital líquido hasta el sector La Carata, y de allí al casco central de la pequeña población de Upata.

Cuando la población joven y los senderistas se adentran en el interior del espeso bosque que da cobijo al Dique, punto emblemático del Parque Natural Cerro El Toro de Upata, pocos por no decir ninguno tiene noción exacta del por qué de este muro de gran espesor fue construido en este curso de agua muy próximo a los manantiales que dan origen a  la quebrada de El Onoto. Este cauce de aguas intermitentes, de cierta abundancia en la temporada de lluvias y casi seco en el verano más crudo desde febrero hasta mayo, es junto a la quebrada de El Caballo, uno de los referentes fluviales del Parque Natural El Toro. 

 
El Onoto, quebrada con referencia directa a esta planta de cultivo y uso tradicional como colorante de caldos y guisos, nace entre las zonas campesinas de Chaparral y El Jobo, y  en un curso muy breve serpentea rodeado de rocas, por  entre los estrechos valles de los lomeríos de esta serranía, hasta bajar a la zona cercana de La Carata. A pesar de lo relativamente accidentado del terreno el Onoto avanza en declive por entre bosques y sabanas hasta posiblemente unirse por  al distante río Upata o Yocoima.  Y decimos probablemente, debido a que este cauce ha sido muy intervenido y desviado para la construcción de diques y tapones, lo que provocó desde entonces la disminución de su caudal. Los Diques. Son dos principales. Y en otra quebrada afluente del Caballo había un tercero que cedió ante la furia de la naturaleza.

El Jobo: Una Toponimia de la Guayana Upatense en el Contexto Histórico-Económico del Municipio Piar

 

Desde los lomeríos de las cuevas de la serranía de El Toro, se divisa la zona de El Jobo, comunidad rural al este de Upata, con sus colinas boscosas y el valle donde se alternan áreas de cultivos y la zona protectora de la naciente de la quebrada El Onoto.

Reflexión y análisis geográfico histórico sobre El Jobo y El Toro

El texto siguiente es una aproximación inicial a un estudio más profundo, inconcluso obviamente, que está pendiente por hacer, de la comunidad de El Jobo, un sector tradicional de Upata, ubicado en uno de los valles interiores de la Serranía de El Toro, a este de la ciudad. 

Introducción al tema: El Jobo toponimia olvidada

Para desentrañar el por qué la denominación geográfica o toponímica El Jobo, ha entrado en desuso en el ámbito local y oficial de Upata y el municipio Piar, debemos adentrarnos en el análisis histórico-geográfico del topónimo "El Jobo," una denominación local que, según la tradición y la documentación disponible, está intrínsecamente ligada al actual Cerro El Toro, un accidente geográfico emblemático ubicado al este de la ciudad de Upata, capital del Municipio Piar en el estado Bolívar, Venezuela. La investigación busca reconstruir el perfil histórico y socioeconómico de esta comunidad rural, a menudo invisible en los registros formales, y examinar su relevancia en el contexto del desarrollo de la Guayana venezolana a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Upata fue fundada el 7 de julio de 1762 por los Padres Capuchinos Catalanes como una "Villa de Españoles" y se estableció como la capital del sector Este de las Misiones del Caroní. Esta fundación no fue un acto casual, sino que respondió a una vocación agropecuaria deliberada, configurando su economía alrededor de la ganadería y la agricultura desde sus orígenes. La ubicación estratégica de la villa en el Valle del Yocoima la convirtió en un punto neurálgico para la actividad comercial, especialmente a finales del siglo XIX, cuando servía como un eslabón vital entre la población y los ricos pueblos mineros de la región.

El objetivo central de este reporte es aclarar la dualidad toponímica entre "El Jobo" y "Cerro El Toro" a partir de las fuentes consultadas. Segundo, se analiza la importancia de esta comunidad en el marco de la economía de subsistencia de la región, que se basó en la agricultura y la cría. Finalmente, el informe se enfoca en evaluar la viabilidad de encontrar registros detallados de esta comunidad en los documentos demográficos y cartográficos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, un período crucial para la consolidación de la identidad nacional y la organización política del país.

La Toponimia y la Geografía de un Cerro Histórico: De "El Jobo" a "El Toro"

En todo caso lo cierto es que el "El Jobo", sector y cerro, es una denominación alternativa y, presumiblemente, más antigua para el actual "Cerro El Toro". Este hecho no es un mero detalle lingüístico, sino que refleja un cambio en la percepción cultural y simbólica del paisaje. El nombre "El Jobo" se deriva sin lugar a dudas del árbol de jobo (Spondias mombin), una especie nativa que habría sido una característica botánica prominente del área, anclando el nombre original en la flora local, igualmente está asociado a una especie similar denominada popularmente en la zona como “jobito”, que crece en los bosques secos de estos lomeríos y valles que son tan típicos del sector. Dicha denominación es consistente con la nomenclatura geográfica tradicional, que a menudo se basa en elementos naturales o biológicos del entorno, para la identificación toponímica de estos lugares.

La transición hacia "Cerro El Toro" se basa en una característica física del paisaje. La leyenda local atribuye el nombre a un "dibujo natural sobre una piedra" en la ladera frontal de la serranía, ubicada frente a la zona urbana de Sierra Tres San José, que se asemeja a un toro. Este cambio de un nombre descriptivo de la flora a uno que emana de una leyenda y una interpretación cultural sugiere un proceso de apropiación simbólica. La montaña deja de ser solo un elemento botánico para convertirse en parte del imaginario colectivo local, imbricada en mitos y relatos.

Este proceso de resignificación es un fenómeno común en la toponimia, donde la historia oral y la cultura popular transforman la denominación de los lugares. En el caso de El Toro, algunas leyendas o cuentos hablan de un mítico rumiante de gran talla que se le aparece a los desprevenidos que se pierden o andan desorientados en horas nocturnas en la serranía. Algunos dicen que es guardián de la enorme cueva nunca vista en el Cerro, donde un gran candado impide a curiosos y buscadores de tesoros, penetrar y violar los secretos, reliquias, y joyas, que se ocultan en estos túneles, que según algunos más imaginativos están conectados con otras cuevas ubicadas hacia el poniente en el Cerro El Corozo. Son cuentos difíciles de creer, porque resulta imposible construir una galería de 5 kilómetros de cerro a cerro, sin ningún tipo de ventilación, y desgajando la dura roca del Macizo de Guayana que aflora por todo el Valle del Yocoima, y evadiendo los acuíferos que también forma parte del subsuelo de la ciudad.

La Geografía, la Leyenda y la Realidad

El Cerro El Toro se eleva en sus parajes desde los 430 hasta máximo 670 metros sobre el nivel del mar y se ha consolidado como un refugio natural de gran biodiversidad. Se describe como una zona de lomeríos que forma parte de la serranía de El Toro, con valles, quebradas y cascadas como la de la Quebrada del Caballo, que han servido como puntos de recreación para los habitantes locales. Aparte del aspecto recreativo y natural, la leyenda de los tesoros escondidos por los misioneros para protegerlos de las tropas del Ejército Libertador en sus cuevas o refugios subterráneos añade una capa de misticismo al lugar.

A pesar de su valor natural y cultural, el paisaje del El Jobo-El Toro se enfrenta a una amenaza constante. La voracidad de la agricultura, la presencia de ganado, las quemas y las talas continuas están provocando su destrucción y deterioro. Esto representa un conflicto entre la preservación del patrimonio natural y las actividades económicas que han definido a la región. El mismo tipo de patrimonio vegetal (el árbol de jobo), los zapateros, el palo blanco, los chupones, yagrumos, indios desnudos, yucuares, entre otras especies de bosques secos o sabanas están siendo degradado por la expansión agrícola y ganadera, y las recurrentes quemas forestales, reflejando una tensión de larga data entre el desarrollo económico y la conservación del ecosistema.

La Comunidad de "El Jobo": Entre la Ganadería y las Crónicas de Subsistencia

La historia de la comunidad de El Jobo está intrínsecamente ligada al desarrollo económico de Upata. Desde su fundación, la villa se orientó hacia la actividad agropecuaria, con los hatos misioneros sosteniendo una economía que producía ganado en pie, carne, cuero, queso y leche para el consumo interno y la exportación. A finales del siglo XIX, Upata consolidó su rol como un importante centro de explotación ganadera, con hatos en manos de diversos propietarios, tanto nacionales como extranjeros.1

Upata también se convirtió en un nudo de transporte terrestre, conocido como "la Upata de los Carreros". Carretas y vagones, tirados por bueyes y mulas, transportaban las cargas de oro y los productos importados desde los pueblos mineros del sur de Guayana. Esta actividad de arrastre y comercio no motorizado no solo generó riqueza, sino que también estructuró la vida social y económica de la región, con Upata en el centro de esta dinámica comercial y productiva. La vida rural en los "fundos" o parcelas de subsistencia se inscribe en este modelo, en el que las comunidades como El Jobo contribuían con sus productos a la economía mayor de la villa.

Agricultura de hortalizas a un costado de la vía a El Jobo.

 

lunes, 14 de julio de 2025

Upata en dos tiempos: Esquina de la calle Bolívar con la Miranda. En la década de los 80 y en la actualidad julio de 2025

Translator
Translator

 

Esta esquina es una de las más transitadas e icónicas de la ciudad de Upata. En la imagen los dos tiempos de este sector de la Villa del Yocoima, la más antigua de finales de la segunda mitad de la década de los 80 del siglo pasado contrasta notablemente con la actual de julio del 2025. Casi 40 años han transcurrido, y entre otras edificaciones el Cine Pricipal que se ve parcialmente en la imagen dio paso a un supermecado asiático, la tasca en plena esquinan hoy es una ferreteria. El terreno vacío donde destacaba un carro de venta de hamburguesa ha dado paso a otro comercio asiático, la farmacia de la esquina hoy convertida en una tienda. Obviamente en esta zona del casco central sí se siente con fuerza la transformación de la bucólica Upata pueblerina en una ciudad con mayor dinamismo comercial.   

domingo, 13 de julio de 2025

Huellas humanas en la serranía y Parque Natural Cerro El Toro

Parcelero, trabajador incansable y vecino de Manuel Carlos Piar, Noel Jiménez en la gráfica en las cercanías de la Plazoleta del sector, al fondo la Serranía de El Toro, patrimonio natural de Upata.

Conucos en el sector La Bomba del cerro El Toro.

A caballo niños transitando el camino principal del cerro El Toro.

Parcelamiento La Bomba, en este valle en contacto con los lomeríos que la rodean están las nacientes de la quebrada de El Caballo.

Desde el urbanismo Manuel Piar destaca la escarpada ladera del Cerro El Toro.

Paseo existencial y pequeñas crónicas de la Serranía 

de El Toro, que antes mentaban El Jobo


Por allí anda Noel Jiménez

Noel Jiménez, a sus 50 y tanto, o quizás más, es uno de los asiduos propietarios, conocedores y caminantes del “Cerro El Toro”, sitio que conoce como la palma de su mano y del cual siempre recorre y admira, ya que su casa principal está muy cerca de esta serranía, en una de las manzanas del urbanismo Manuel Piar. Él pertenece a una familia arraigada en esos lomeríos, sabanas y bosques, en esos peñascos y quebradas, en ese relieve escarpado, donde suele realizar, además de sus labores como agricultor, sus faenas nocturnas de caza de animales silvestres.

A Noel siempre lo vemos en los primeros escarpes del cerro, en el camino que pedregoso marcha a un costado de la quebrada del Caballo, dispuesto además del saludo largo a contarnos alguna historia de este cerro de mitos y leyendas, y a enseñarnos las peculiaridades naturales que allí existen: sus matas, sus árboles maderables, el nombre de sus yerbas y las pequeñas anécdotas del patrimonio natural más emblemático de Upata, junto al Yocoima, al cerro El Corozo y la Piedra de Santa María.

Voz pausada, sin premuras, reflexivo, silencioso pero firme en sus ideas, así vemos a Noel, y así sin mucha dificultad él suele romper el hilo para hablarnos de este Cerro y sus cosas.


El Jobo: Un Nombre con Historia

En uno de sus encuentros, Noel Jiménez nos aclaró la confusión sobre el nombre del cerro. "Durante muchas generaciones, quizás estamos hablando desde la época de mi abuelos, El Jobo y no El Toro fue nuestro lugar de convivencia", afirma. El Jobo fue y sigue siendo el sector más grande de esta zona rural, distante unos 5 kilómetros "colina arriba" del centro histórico de Upata.

Era el escenario de travesuras infantiles y del trabajo de campo: siembra, cosecha, ordeño, cría de ganado y aves, labores principales de las familias que poblaron la zona. La comunidad de El Jobo tuvo en los Jiménez a su grupo familiar más extendido. En sus valles y laderas fértiles, los abuelos de Noel y su descendencia desarrollaron su forma de vida en medio de bosques, sabanas, colinas y quebradas. Aunque la distancia al pequeño pueblo de Upata podía parecer corta a pie, en burro o a caballo, Noel destaca que no era comparable con las grandes distancias a las que estaban acostumbrados en otros desplazamientos.


Vida Rural: Agricultores y Pequeños Ganaderos

En esos tiempos, tanto padres y abuelos como las generaciones actuales se dedicaban a la agricultura de subsistencia: maíz, yuca, verduras, frutales, hortalizas y algunas matas de café. Esta era la labor diaria de los Jiménez, los Jaramillos, los Castros y otros grupos familiares que tenían sus casas y fundos en El Jobo. También desarrollaban una pequeña ganadería vacuna en potreros estrechos o aprovechando las lomas, donde vacas, toros y becerros encontraban los pastos naturales.

En El Jobo, y en los sectores que hoy también se conocen como Chaparral, La Bomba y Pasito, vivían estos grupos familiares, sumando más de 100 habitantes en total. Allí, los "viejos fundadores" criaron a sus hijos, trabajaron incansablemente y se esforzaron por inculcar el bien a la juventud. En sus ratos libres, que no eran pocos, también organizaban fiestas y bailes.


El Legado del Apellido Jiménez

Según Noel la familia más numerosa y arraigada desde mediados hasta finales del siglo XIX, y las primeras décadas del siglo XX hasta 1960, era la de los Jiménez. De esta descendencia, Noel destaca el hogar de su abuelo Don Santos Jiménez y su esposa Felicia, quienes procrearon a sus hijas Adelina, Clara, Nérida, Luz, Martha, Ana, Auristela, y a los varones Rogelio y Néstor, entre otros.

"La mayoría de nuestros tíos, primos, hermanos, hijos, abuelos, ya no están en el Cerro, en El Jobo", lamenta Noel. "Muchos se han ido de este mundo terrenal, otros bajaron al pueblo a ganarse la vida en otros oficios, otros tantos ya ni están en Upata, realmente no es fácil sobrevivir y tener estabilidad, buenos servicios y comodidad allá arriba. Pero eso sí, la semilla de los Jiménez sigue allí presente", asegura. Muchos no han vendido sus parcelas y persisten en su faena como pequeños productores, gente del campo y la caza, entre ellos, el propio Noel, que sube el cerro casi a diario.



Corteza cobriza del Indio Desnudo o Palo Mulato, otra especie de árbol muy abundante en la zona protectora de la Quebrada del Caballo.

Desde la cima del cerro al fondo la llanura de El Candado, antiguo hato de la familia Melgar.
Imponente árbol de zapatero, una especie de bosque muy abundante en las zonas húmedas del Parque Natural Cerro El Toro, este ejemplar frondoso se encuentra en el sector del Dique de la Quebrada de El Onoto.



Imagen satelital de Google Earth del cerro El Toro, sobresale el camino a las Antenas.

Plano topográfico del sector El Jobo, no aparece la mención al cerro El Toro, sino a Cerro Colorado. (Plano pubicado por Catastro Minero Nacional).

Más que un Cerro: Una Constelación de Colinas

Noel nos aclara que la serranía de El Toro como es obvio no es un único cerro, sino un conjunto de colinas con nombres propios:

  • El más nombrado era El Jobo, junto a la cercanísima Mesa de la Carata.

  • A un costado de la comunidad estaba Cerro Colorado, que se extendía de norte a sur y colindaba con las laderas de la colina de las antenas. Cerca de esa planicie en declive se realizó un corte exploratorio de la mina de caolín, al cual se llegaba por un camino de camiones aún visible. "Por fortuna aquí no hay oro, aunque sí mucha pirita o el oro de los tontos como se le dice, porque si no esto ya se hubiese acabado y estaríamos tomados por los mineros, como le está pasando a El Cume, Tierra Blanca y La Justicia", comenta Noel.

  • La loma de Las Antenas, señal de identidad del cerro desde el valle de Upata, era llamada por los viejos Cerro Chirica.

  • El otro lomerío de mayor altura, que da al frente con la ciudad, era conocido como el Cerro Los Mangos. Este sobresale con su forma de caparazón animal frente a la sede de la Guardia Nacional de La Romana, mostrando a la distancia sus enormes lajas y su densa vegetación, seca en verano y de un verde intenso en la temporada de lluvias.

  • Finalmente El Toro, que es un nombre relativamente nuevo, la colina frontal que hace frontera con el valle del Yocoima desde la quebrada del Caballo hasta la zona de las lajas y bosques de galería, que sobresalen en los farallones de ese lomerío principal.


Dique del Onoto en el Parque Natuyral cerro El Toro.

El Onoto y El Dique: Agua y Vida en el Cerro

Noel también menciona el famoso "Dique", alimentado por la quebrada del Onoto, que serpentea hasta desembocar en la zona de La Carata. "En su curso medio este cauce cuenta con dos diques, uno de los cuales, el segundo y a menor altitud, siempre ha sido utilizado como sitio de recreación por la gente de Upata", explica Noel. De ese segundo dique nacía una tubería que durante algunas décadas, quizás desde 1940 hasta 1970 del siglo pasado llevaba el agua al acueducto viejo de Upata, desde esas alturas hasta la zona de La Carata y de allí al casco viejo. Ya abandonada esta red a partir de 1980 era utilizada más bien para conducir el agua hacia las fincas y viviendas en el sector La Bomba y en las partes bajas del cerro, en su piedemonte localizado al este del sector La Viuda.

Se recuerda a un agricultor muy famoso y cordial con los visitantes del cerro en las décadas de los 70 y 80: Pilar, quien vivía en el valle entre El Onoto y el Cerro de La Mesa y se hizo famoso por su grito de saludo "hooooo". Pilar se marchó del cerro hace casi cuatro décadas, sin que se supiera más de su paradero.


Sobre esta roca la figura del Toro, de cerca es un mancha sobre una roca diaclasada o fracturada, a la distancia el parecido es mayor.

Del Cerro San Antonio al "Cerro El Toro": La Fuerza de la Costumbre

Sobre el Cerro El Toro, Noel Jiménez aclara: "Mira, ese nombre es relativamente nuevo". Este relieve lo forma la primera loma principal de la serranía, visible de frente y con sus características de vegetación boscosa, sabana y peñascos. Esta colina empinada, con sus barrancos, limita al noroeste con la quebrada de El Caballo.

"En otros tiempos a ese lomerío se le llamaba Cerro San Antonio", revela Noel. "Allí había en uno de esos peñascos o piedras, una figura, una pequeña capilla en honor al Santo Patrono; eso desapareció".

Noel indica que el tope del cerro forma una especie de suave semicírculo, elevándose aún más en su punto más alto (unos 30 o 40 metros). Allí arriba hay matorrales, lajas a flor de suelo, robles, yucuares, vegetación de sabana y excelentes miradores del valle de Upata. Ese tope, ligeramente inclinado pero estrecho, tiene en uno de sus barrancos o laderas escarpadas, al centro de la colina, una mancha sobre la superficie de una enorme roca desnuda que, a la distancia, parece la imagen de un toro, es decir una especie de petroglifo. Esta figura es visible desde los sectores de Sierra Tres, San José y la carretera a Guasipati. "Por eso se le llama a esa parte de la serranía Cerro El Toro, nombre que luego el pueblo, la gente de la ciudad, extendió a todas estas colinas. Por eso ahora cuando los niños y los adultos quieren visitar o van de excursión a estas colinas de Upata, todos sencillamente las llaman Cerro El Toro; es la fuerza de la costumbre".


Toponimia Oculta: El Cerro y la Quebrada del Diablo

En la época de los abuelos, desde las primeras décadas del siglo XX hasta 1970, la gente de Santo Domingo y la calle Monagas e Independencia, o de las zonas más cercanas a estos lomeríos usaban más la denominación "Cerro El Jobo" para referirse a esta serranía principal de Upata. Noel ratifica esto y añade que "al cerro que está arriba de La Viuda, ese que no tiene nombre pero que tan visible es desde la ciudad y que desde el centro de la ciudad parece una pirámide casi perfecta, mi abuelo lo llamaba Cerro El Diablo, aunque ese nombre hoy nadie lo usa".

Con ese mismo nombre del Diablo sí se nombra a una tercera quebrada que baja precisamente del Cerro El Toro. Esta atraviesa Sierra Tres, Coviaguard, Bella Vista y la avenida Rómulo Gallegos (en los edificios de apartamentos) hasta desembocar en la quebrada de El Caballo y tributar ambas finalmente en el río Yocoima, a la altura de la entrada a El Guamito. Sin embargo, esta es una toponimia poco utilizada, a tal punto que Noel Jiménez no recuerda que existiera una quebrada con ese nombre.


En la época de lluvias intensas así crece el caudal de la quebrada de El Caballo.

 La Quebrada El Caballo y Sus Historias Trágicas

En cuanto a la quebrada de El Caballo, Néstor Jiménez cuenta que se llama así porque, hace mucho tiempo, en la primera mitad del siglo pasado, cuando la corriente crecía, algunas mujeres de Upata, que residían en las últimas casas del pueblo (hoy la ampliación de la calle Monagas), acudían a lavar la ropa, aprovechando las lajas y pozas que se formaban en ese pequeño caudal.

"Eso era lejos en la época, por lo que usaban caballos para trasladarse cada tantos días a esa faena", relata Noel. "Y cuentan los abuelos que una de esas muchachas, muy joven, se fue al cerro y la quebrada a efectuar su labor de lavado de ropa, con tan mala suerte que al llegar al sitio, resbaló y cayó quebrada abajo, falleciendo en el lugar por el impacto contra las rocas. Desde entonces, a ese afluente se le conoce como la quebrada de El Caballo, quizás rememorando el hecho de que a caballo iban las mujeres en esa época con su cargamento de ropas a efectuar su oficio de lavanderas".

La quebrada El Caballo ha sido testigo y escenario de otros hechos trágicos, como la muerte del agricultor Julián Jaramillo en el año 2002. Julián sufrió el vuelco de su vehículo rústico en una aciaga noche, cuando retornaba a su vivienda y conuco en el sector Pasito, ubicado en un pequeño valle contiguo al sector La Bomba. El accidente ocurrió en el tramo final del ascenso por la empedrada vía de acceso principal a la Y de La Bombita. "Con el impacto, Jaramillo quedó atrapado a ras del agua y sufrió un golpe mortal en la cabeza y columna, justo en el propio cauce de la quebrada; su muerte conmocionó a nuestra comunidad", recuerda Noel.

Otro episodio trágico más reciente, en el 2022, fue el deceso de un niño residente del sector Santo Domingo, al ser arrastrado por la corriente de la quebrada mientras se recreaba con sus familiares en uno de sus parajes rocosos y de pendiente pronunciada. "Toda quebrada, y más esta por sus lajas babosas y farallones, debe ser respetada. Por un descuido pueden pasar cosas, y si la corriente de repente crece de golpe por alguna lluvia intensa en su naciente, hay que estar pendiente y salirse de ella para evitar desgracias", advierte Noel.


Una Historia por Seguir Contando

Finalmente, Noel Jiménez nos despide, indicando que es hora de volver a sus faenas en la parcela y visitar a los conocidos. Sin embargo, deja claro que tiene muchas más historias, cuentos y reflexiones pendientes por compartir sobre su Jobo y su Toro, sobre sus parientes y sobre esa naturaleza silvestre que tanto le atrae y a la cual no renuncia, ya que forman parte esencial de su experiencia de vida.

"Por aquí me verás, caminando, curioso, cuidando, saludando y enseñando cuando se puede que esta serranía no tiene igual y siempre será parte fundamental de mi existencia, porque aquí nos criamos y aquí seguimos, pues mientras haya fuerza, ganas y salud, esta será siempre mi casa", afirma Noel. Y así es, hermano Noel. En el Cerro nos veremos siempre.