jueves, 8 de octubre de 2026

Los caminos de Guayana, la transición hacia una vialidad que fue modelo pero que hoy requiere grandes inversiones en mantenimiento y ampliación

El proceso de mejora de la vialidad regional en los municipios del Sureste de Guayana, desde Piar hasta la Gran Sabana forma parte de la historia viva de nuestra región, que revela la complejidad de esa tarea del sector público por brindarle conectividad territorial al estado más grande de Venezuela, mediante carreteras y autopistas más seguras. Todo con el propósito de facilitar el intercambio comercial interno, la salida o entrada de mercancías hacia y fuera de nuestra entidad federal, la movilización humana interurbana y por consecuencia directa la mejora de calidad de vida mediante el acceso de todos a los servicios de transporte de bienes, servicios y personas. 

Carretera Vieja Upata San Félix en el sector Altagracia. Imagen de la segunda década del 2000.

A continuación y sin entrar en temas más polémicos como la imperiosa necesidad actual de mejorar y reparar estas vías de enlace terrestre,  vamos a resumir en algunas pinceladas como se fue configurando el desarrollo de la vialidad regional en los tramos carreteros principales de nuestro Estado Bolívar, sobre todo en el eje Upata Santa Elena de Uairén.

En primer lugar hay que precisar que Upata se conectaba con la capital del estado Bolívar Ciudad Bolívar y la Zona del Hierro Puerto Ordaz, entre los años 50 y 60, y hasta los 80 por la Troncal 19, en el tramo hacia el llamado Paso de Caruachi.  Desde el Paso se abría la Encrucijada del Km 70 de la carretera Puerto Ordaz Ciudad Bolívar, la cual permite aún hoy  el enlace directo y seguro a ambas poblaciones, y la conexión terrestre con la zona de Guri, central hidroeléctrica, el epicentro de la extracción de mineral de Hierro Ciudad Piar, y las regiones agrícolas, cerealeras, de San Francisco y La Paragua, zona esta última vinculada también a la minería aurífera, y en contacto permanente con comunidades indígenas. 

Puerto de Chalana en el Paso de Caruachi, Troncal 19, desaparecido el paso con la construcción de la Central Hidroeléctrica del mismo nombre. Este tramo carretera quedó bajo las aguas del embalse de Caruachi.
Carretera Upata Encrucijada de Guri Caruachi, Troncal 19 en el sector cercano al Retumbo.

Si la necesidad del transportista o conductor era movilizarse hacia San Félix, el antiguo Puerto de Tablas y sus zonas más modernas de Palua, (puerto minero de hierro), y El Roble, la ruta en las décadas del 40 a 50 era distinta. Ya que para trasladarse a ese poblado-hasta 1961 perteneciente al Distrito Piar-  había que desplazarse por la ruta a Caruachi desde Upata, pero tomando luego en el Km 28 el desvío hacia El Pao, zona que entonces había alcanzado un notable desarrollo económico gracias a la explotación del hierro. 

Troncal 19 por esta vía se llega a El Pao, Guri, El Retumbo, El Trigal, y Caruachi, la imagen de 2012.
 
De la Encrucijada a El Pao, había unos 12 kilómetros. Luego, desde el  campamento minero la conexión terrestre a San Félix se hacía por una ruta paralela a la vieja ruta del tren ferrífero a Palúa, que ya en la ciudad permitía el enlace con las zonas de Chirica, El Roble, y el casco central de esa ciudad, que ya se encontraba en su primera fase de violento crecimiento poblacional. 

Más tarde a mediados de los 60 se consolidó como alternativa vial principal a San Félix la hoy denominada Carretera Vieja Upata- San Félix, que fue en su principio una vialidad de segundo orden, carretera Tipo B, que daba continuidad a  la Troncal más extensa de Venezuela. Este tramo carretero principal la Troncal 10 tiene su punto de partida en Carúpano Sucre, pasa por Maturín, discurre por los llanos orientales de los ríos Amana, Guanipa, Tigre, Morichal Largo, Uracoa, atraviesa  el Orinoco, reaparece por las cercanías de los sectores Las Grullas y Las Batallas de San Félix, conecta con la zona de El Gallo y Chirica, y prosigue en rumbo Sur al interior del estado Bolívar. 

Carretera Vieja Upata San Félix a su paso por el sector rural Los Rosos, Km 21.

Autopista Upata San Félix Upata inaugurada en 1989-1990. Corre casi paralela a la carretera vieja.

En aquellos años los caminos eran de granzón y asfalto, hasta su modernización con grandes corredores viales como la Avenida Manuel Piar y la Autopista a Upata. Esa troncal 10 desde Upata fue extendida y pavimentada hasta el sur profundo de Bolívar y por etapas a partir de la década del 60. También fueron construidos de forma progresiva carreteras regionales secundarias que partían una de la Troncal 10 en Villa Lola en el tramo hacia El Palmar, luego más recientemente en los 80 se contruyó la carretera Upata Manganeso El Palmar. La otra vía regional Upata El Manteco El Callao, de forma progrevisa se comenzó a construir desde mediados de los 60 hasta la década de los 70. 

Cruce de puente sobre quebrada Guanaraparo en la carretera Upata Manganeso El Palmar.

Chinchorros en la carretera Upata El Manteco antes de llegar a la recta de Las Topias,

 

El asfaltado de la carretera del Sur ciertamente se extendió en el lapso 1964-1980 hasta El Dorado, desde esta población y en dirección a la Gran Sabana desde la Piedra de La Virgen hasta Santa Elena de Uairén, la pavimentación fue más lenta y se hizo por tramos entre los 70 y 80, sobre el trazado abierto, el tramo engranzonado, las conformaciones de vialidad rústica, drenajes y estabilizaciones de taludes, que hizo el Batallón de Ingenieros del Ejército Venezolano, acantonado en la ciudad de Tumeremo. 

Caravana de vehículos en la Troncal 10 carretera Upata Guasipati sector Villa Lola.

Carretera a Guasipati Troncal 10 en el sector Santa Cruz entrada al Hato San Carlos.
 
 Este trabajo de ingeniería fue un reto enorme, ya que desde El Dorado, Las Claritas, Km 88 había que sortear y realizar trabajos de ingeniería de mayor complejidad por cuanto allí se iniciaban pendientes de mayor dificultad, para escalar 1000 metros de pendiente hasta las planicies de la Gran Sabana, en el sector oriental del Parque Nacional Canaima. Este tramo en el sector de Sierra de Lema fue una proeza de ingeniería, dado que había que recorrer grandes distancias para llevar maquinarias, personal, asfalto líquido, concreto asfáltico y realizar todo el trabajo de protección contra la erosión y manejos de zonas de escorrentía de aguas provenientes de la montaña, 

En la Gran Sabana las dificultades fueron también enormes dada la complejidad y fragilidad de los suelos, las restricciones ambientales por tratarse de un área nacional protegida Parque Nacional, espacios ancestralmente de hábitats de comunidades indígenas, y repleto de cauces de agua que requierían la construcción de puentes y drenajes tipo alcantarillas de gran magnitud, incluyendo puentes de mayor envergadura y costos sobre los que atraviesan los ríos Aponwao, Kaomirán, Kamá, Yuruaní-Kuquenán y Uarién. Esta última estapa fue desarrollada mediante una inversión cuantiosa por la administración de la CVG, a cargo del Ingeniero Leopoldo Sucre Figarella, nombrado Ministro de Estado, proyecto que se extendió desde la presidencia de Jaime Lusinchi y culminó con la de Carlos Andrés Pérez .
 

La vieja carretera al Paso de Caruachi en su tramo norte, bajando la Encrucijada del 70, hoy tragada por las aguas del Caroní en el embalse de la Central Hidroeléctrica Caruachi.

La ruta histórica por Caruachi. Su mención al Paso de Caruachi evoca la geografía previa a la construcción de los grandes embalses del río Caroní. Antes de que existiera el puente sobre el río Caroní o las vías rápidas actuales, la Troncal 19 obligaba a los upatenses a:
Moverse hacia el oeste para cruzar el río Caroní en chalana o balsa en el sector Caruachi.

Conectar en el Km 70 con la arteria que unía a las dos grandes potencias: la histórica Ciudad Bolívar y la naciente Puerto Ordaz (Zona del Hierro).
Es fascinante cómo detalla el rol de la Iron Mines Company of Venezuela en El Pao. Para ir a San Félix en los años 50, la ruta lógica aprovechaba la infraestructura del campamento minero de El Pao y seguía el corredor logístico paralelo a la vía del tren que llevaba el mineral hasta el Puerto de Palúa en San Félix.
 

La consolidación de la Carretera Vieja y la Conexión al Norte
 

A mediados de los años 60, la apertura de lo que hoy se conoce como la "Carretera Vieja" Upata-San Félix cambió la dinámica. Al integrarse formalmente como parte de la Troncal 10, Upata quedó alineada con el gran eje nacional que cruzaba el río Orinoco (conectando a través de las chalanas de San Félix a los Barrancos de Fajardo, antes de la inauguración del Puente de Angostura en 1967) para seguir hacia Maturín y terminar en la costa de Carúpano.

La Epopeya del Sur: De la Piedra de la Virgen a Santa Elena
 

La última fase que describe es, sin duda, una de las mayores hazañas de la ingeniería civil venezolana del siglo XX:

Años 70: El asfalto avanzó progresivamente desde Guasipati, El Callao y Tumeremo hacia el sur ("el km 88"). La era de Sucre Figarella (Años 80): Bajo la presidencia de Leopoldo Sucre Figarella en la Corporación Venezolana de Guayana (CVG), conocido como el "Zar de Guayana", se acometió el tramo más crítico: romper la selva y escalar la pared de la Piedra de la Virgen para pavimentar la Gran Sabana. Los puentes de hierro y el asfalto total hasta Santa Elena de Uairén consolidaron definitivamente la soberanía fronteriza con Brasil a finales de los 80.

Carretera Vieja Upata San Félix en su tramo inicial sector La Armonía, al noroeste de la Villa del Yocoima.

Camino a Upata San Félix

Es preciso destacar que el tramo de la carretera vieja Upata a San Félix, a diferencia del tramo de Upata El Pao y San Félix, serpenteaba por una intrincada zona de bosques secos, sabanas, pequeños lomeríos y áreas de producción agropecuaria, pedregosos, barrosos, con pasos sucesivos de quebradas del río Yocoima pasando por las zonas rurales de La Armonía, Altagracia, Campanario, El Valle, Hato Argentina, Los Rosos, Cerro Paradero, Boca de Monte, La Estrechura, Las Josefinas cruce a Los Culíes, Hato Guacayma, Palo Grande, hasta Chirica Vieja, ya en el área urbana de San Félix. Este era un tramo que fue trazado y construido siguiendo el viejo camino o cerca de la ruta antigua que desde Puerto de Tablas en San Félix, permitía extraer o intercambiar las mercancias entre este puerto del Orinoco, con Upata y las zonas mineras auríferas y de explotación del balatá y otros productos forestales del sur profundo de Guayana.


Es decir el tramo de la Carretera Vieja Upata - San Félix no fue un trazo rectilíneo caprichoso de la ingeniería moderna; fue la consolidación asfáltica del histórico Camino Real o ruta de arrieros, que mercadeban oro, balatá, pulgo, o productos agrícolas o procesados a las zonas minera, desde el Puerto de Tablas en el Bajo Orinoco hasta la Villa del Yocoima. Cuáles eran las características de este entorno:

* El relieve quebrado: Esos "lomeríos pedregosos y barrosos" son estribaciones de las serranías locales que obligaban a la carretera a dar curvas continuas para buscar los pasos menos empinados (vados naturales).
* El desafío del agua: Los pasos sucesivos de quebradas y el meandro del río Yocoima en Los Rosos hacían que, antes del asfalto y los puentes modernos, esta ruta fuera un auténtico lodazal intransitable en la temporada de lluvias (el "invierno" venezolano).
* Economía de subsistencia y suministro: Esas zonas rurales eran (y siguen siendo) el cinturón agropecuario que abastecía de carne, leche, queso y frutos tanto a Upata como al puerto fluvial.

Finalmente hay que recoconer que el Puerto de Tablas en San Félix (anterior a la Palúa industrial) fue clave en el ámbito de la economía regional del oro y el balatá o la goma de caucho. Desde la época colonial y durante todo el siglo XIX, Upata sobrevivió y prosperó gracias a ese eje. Todo el oro extraído de El Callao, el caucho o balatá, el ganado de las misiones y posteriores hatos privados, así como los cultivos viajaban a lomo de mula por esa intrincada selva seca y sabana hasta San Félix para ser embarcados en el Orinoco. A su vez, las mercancías importadas hacían el camino inverso.
La Carretera Vieja era la ruta viva e histórica de la población local, llena de pulperías de camino, hatos tradicionales y fundos agrícolas. 



Calles de concreto, calles de asfalto, el paso del cemento armado a la vialidad petrolera en la Upata pueblerina

En poblaciones como Upata estado Bolívar, desde mediados de los años 50 del siglo pasado las calles principales del casco central viejo, fueron pavimentadas con losas de concreto, dejando atrás esos tiempos en que aquellas vías eran pesados caminos de barro en invierno o resecos y polvorientos tramos en el verano.  Tal situación persistió por casi tres décadas, hasta que ya a finales de los años 70 el Ministerio de Obras Públicas y la Gobernación posiblemente se dieron a la tarea de sustituir ese pavimento viejo con mezcla asfáltica.

Es preciso mencionar que en la provincia venezolana alejada de la influencia directa de las zonas petroleras, donde el asfalto era el material de rodamiento preferido para la vialidad,  los planes de urbanización local (1940-1970) implementaron desde los gobiernos del Presidente Medinan Angarita hasta el primer mandato de Rafael Caldera una fuerte política de saneamiento urbano, que contemplaba como tarea fundamental pavimentar con concreto las calles céntricas de los pueblos principales de cada entidad federal, ya que era mucho más viable instalar pequeñas mezcladoras locales y vaciar paños o losas de concreto rígido utilizando cemento nacional.

Esas calles de concreto sustituyeron directamente a los caminos de tierra, granzón para eliminar el barro y las enfermedades. Pavimentar el casco viejo con concreto garantizaba una durabilidad de décadas sin requerir mantenimiento en zonas con fuertes temporadas de lluvia. Además de que estéticamente significaban un adelanto para los cascos históricos o centrales de aquellas poblaciones de cierta importancia.

La transición al asfalto  

Fue a finales de los 70 y durante los 80 cuando las plantas de asfalto se multiplicaron en las regiones y se popularizó el "re-asfaltado" o tendido de mezcla asfáltica caliente sobre las viejas losas de concreto, debido a que el parque automotor creció y se buscaba una rodadura más suave y económica de reparar. En Upata vivimos ese proceso de "modernización", ya que era necesario rehabilitar algunas calles que ya mostraban grietas en sus capas de concreto, o que requerían algún tipo de intervención para ampliar, o reparar las redes de agua potable y las tuberías de aguas servidas. Y simplemente en algunos casos la moda era suplantar el duro concreto con el oscuro y más liso piso de asfalto premezclado. 

De hecho hasta mediados de los 70 calles principales de Upata, como la Bolívar, la Miranda, la Independencia, en general todas las del centro de la ciudad eran de concreto, aunque ya para esa época y desde los 60 ciertamente el plan de vialidad ya en en la etapa democrática post dictadura de Pérez Jiménez los tramos carreteros que conectaban los pueblos del interior en las regiones llanas y de sabanas, como en Guayana, sí utilizaban el asfalto como pavimento. Es así como en los 70 Upata se conectaba con El Pao, El Manteco, San Félix, y Guasipati, por carreteras de asfalto, ya que el concreto  resultaba muy costoso para largas distancias. 

Por cierto mezcladoras de asfalto en frío, con arena, existían en Upata, entre otras la ubicada en el sector aledaño a la urbanización La Campiña, en el camino al Matadero Viejo de la vía a Laguna Larga. 

Así fue como se planificó la vialidad en la Guayana venezolana a mediados del siglo XX, mediante dos modelos de ingeniería civil de la época: el urbano local y el de penetración regional.

Asi que recapitulando tenemos que en Upata teníamos el siguiente patrón o sistema de vialidad: 

Las calles del centro: Pavimento Rígido (Concreto)

Las calles Bolívar, Miranda e Independencia en el casco central de Upata mantuvieron sus losas de concreto hasta los años 70 por razones de diseño urbano.

Resistencia al drenaje: El concreto soportaba mucho mejor las fuertes lluvias de la región y el flujo de agua superficial hacia los sumideros sin desgastarse.

Tráfico controlado: En esas décadas, el tráfico interno era liviano y comercial, ideal para la durabilidad del pavimento rígido.

Carreteras regionales

En cuanto a las carreteras regionales el plan contempló la colocación de pavimento flexible, primero en frío utilizando motoniveladoras o patrol sobre terreno previamente acondicionado con arcilla y piedra picada tipo granzón, engranzonado, Luego ya desde los 80 se impuso tanto para vialidad interurbana como urbana el uso de máquinas de asfaltado en caliente, mediante la colocación compatacción de concreto asfáltico, que es una mezcla de piedrilla o granzón fino con asfalto y arena.

Cuáles eran las ventajas del asfalto sobre el concreto:

* Costo por kilómetro: El concreto hidráulico exigía una inversión gigantesca en cemento, acero de refuerzo (en algunos tramos) y juntas de dilatación. El asfalto permitía pavimentar decenas de kilómetros a una fracción del costo.

* Velocidad de ejecución: La prioridad del plan de vialidad nacional era conectar rápidamente los centros de producción agrícola, ganadera y minera de Guayana con la naciente Ciudad Guayana y el resto del país. El asfalto se extendía y compactaba mucho más rápido.

* Flexibilidad del suelo: En las zonas de sabana y suelos arcillosos o variables, el asfalto (pavimento flexible) absorbe mejor los pequeños asentamientos del terreno sin fracturarse de inmediato, a diferencia de las losas rígidas de concreto, que solo se seguían utilizando en terrenos de alta montaña y pendientes mucho más pronunciadas.

Imágenes de aquellas calles de concreto no son fáciles de conseguir, creo que solo en un sector de la calle Miranda más allá del Mercado pudiéramos conseguir alguno de aquellos bloques de concreto levantados por los samanes, así que esperamos lograr alguna fotografía de aquellas calles de "cemento" como le decia la gente que eran comunes en la pequeña ciudad de los años 50 a los 70 del siglo pasado.


martes, 22 de septiembre de 2026

Desde julio a lo que va de septiembre se intensifica en Upata calor extremo y ausencia casi total de lluvias. Registro de precipitaciones en la temporada de lluvia no llega ni a 150 mm en el lapso junio-septiembre 2026

Tal como era esperable el Fenómeno de Niño llegó para quedarse en esta temporada de lluvias en Upata. Desde el mes de junio, luego de un mes de mayo de precipitaciones pírricas, hasta el Equinoccio de Otoño o de septiembre, apenas han caido entre 100 y 150 mm de lluvia. Es decir en plena temporada de invierno en este trópico guayanés, los aguaceros de esta época húmeda han sido excepcionales, apenas uno o dos chaparrones intensos, y el resto lluvias moderadas a débiles y dispersas, 2 a 3 precipitaciones aisladas por mes cuando mucho, con lo cual el registro de precipitaciones en este lapso apenas sobrepasa los 100 mm y muy distante de los 200 mm. Todo para un acumulado anual de lluvias en lo que va del 2026 de 220 mm. 

Como resultado en casi 9 meses en Upata solo se acumulan precipitaciones equivalentes a un solo mes lluvioso como junio o julio. Práctiamente no hay mayor nubosidad diurna, ni nocturna, añoramos los grandes chaparrones de una a dos horas comunes en esta época del año de junio a agosto. Las lloviznas y lluvias moderadas también están ausentes, la actividad tormentosa eléctrica en mínimos históricos, y el calor desde junio a lo que va de septiembre ha venido en un pico ascendente, con máximas ya próximas a los 36 grados en las horas de mayor insolación, promedios día de 28 a 29 grados, y mínimas promedios de 24 a 25 grados, todo ello constituye una anomalía climática, que coincide en este año con el recrudecimiento del Fenómeno del Niño en el Pacífico desde mediados de año, con el sobrecalentamiento de ese océano hasta 3 grados, y con un mínimo de ciclones tropicales en el Atlántico, que se manifiesta en la ausencia de huracanas en el Caribe. 

Nos hemos acostumbrado en consecuencia a padecer en este año 2026 de un ciclo de calor bochornoso, que obliga a extremar las precauciones para reducir su impacto en la salud de los habitantes de Upata, el municipio Piar y su área de influencia, ya que entre las 9 de la mañana y las 4 y 30 de la tarde, hay que evitar la insolación, la exposición al Sol, debido a que prácticamente la radiación social es permanente, casi no hay nubosidad en estas horas, y las lluvias son muy esporádicos. De hecho y a manera de ejemplo en julio tuvimos un ciclo de 13 días continuos sin lluvias, en agosto el ciclo de insolación extrema sin lluvias también rozó las 2 semanas, y en los 22 días de septiembre solo se ha registrado una precipitación, con el consecuente impacto que ello genera en la temperatura ambiente diurna, en la sequedad de los suelos, en la baja retención de agua en humedales, la sequedad de los cursos de agua y la merma incluso de los acuíferos y pozos subterráneos, que sostienen actividades agropecuarias o permiten suministrar el vital líquido a muchas comunidades que dependen de pozos profundos y aljibes para su supervivencia y tareas cotidianas. 

Los incendios forestales van aumentando progresivamente y de no revertirse esta tendencia a partir de octubre noviembre, si no hay un refrescamiento climático por efecto de la llegada de los nortes, lluvias típicas de esta parte final del cuarto trimestre del año, nos encontraríamos ante un panorama preocupante, que podría desatar una temporada de sequía o verano excepcional y excesivamente cálida en el lapso enero-abril del próximo año 2027, que impactará con fuerza al sector ganadero, que viene de hecho bajando su productividad en rubros como leche y carne. Lo cual sería un golpe duro a un sector agroalimentario, que junto al agrícola, viene padeciendo los efectos de una temporada de lluvias anormal, que no ha favorecido el crecimiento de los pastos, ni la siembra y cosecha óptima de rubros agrovegetales.

Si a esto sumamos la posibilidad de que en el 2027 los embalses de Cupapuicito y el Guri, vuelvan a padecer las inclemencias de la falta de lluvias, hay que preparse entonces para enfrentar una posible contingencia tanto en el suministro eléctrico como en el de agua potable para la población. Así que a estar preparados para los efectos de este Niño que llegó desde julio a nuestra región, y cuyos efectos según los expertos se extenderán hasta el primer semestre del 2027.    

lunes, 21 de septiembre de 2026

Serranía de Tomasote. Un patrimonio natural rico en biodiversidad y paisajes de alto valor escénico amerita ser preservado. Autoridades, comunidad y grupos ambientalistas debemos evitar el deterioro de su biodiversidad y relieve

A la distancia desde las colinas y valles del antiguo Hato Tierra Blanca, se contempla la silueta y línea de cima de la Cordillera de Tomasote.

Ante la persistencia de actividades de explotación de sus recursos vegetales, fauna y suelos, el abogado Raymond Gutiérrez, exprocurador de estado Bolívar, nos hizo llegar un artículo de opinión, para advertir el deterioro que viene sufriendo esta importante serranía, localizada 50 kilómetros al Sur de Upata. 

Tomasote es una especie de pequeña cordillera que por casi un siglo perteneció al Distrito y Municipio Piar, pero que hoy se ubica casi enteramente en territorio del municipio Padre Pedro Chien. 

Constituye un conjunto colinoso que como elevación se extiende más de 15 kilómetros, es visible al oeste de la carretera Upata Guasipati, donde domina el horizonte y el paisaje de sabana desde el sector Los Primos, Matajey El Piso, Guanaraparo, Villa Lola hasta la zona de Santa Cruz,  cuyo punto más alto sobrepasa los 700 metros sobre el nivel del mar. A continuación insertamos el texto:    

La imponente y extensa serranía de Tomasote, al Sur de Upata, vista desde las colinas del Hato Tierra Blanca. 

EL GRITO SILENCIOSO DEL TOMASOTE:

ALERTA CONTRA UN ECOCIDIO EN EL CORAZÓN DE PIAR

Por Abg. Raimond M. Gutiérrez Martínez

Las advertencias que hoy resuenan en las calles de nuestra añorada Upata no provienen del eco de viejos mitos, sino de la profunda y justificada preocupación de un bloque de profesionales, naturalistas y ciudadanos coterráneos. Este colectivo contempla con estupor el inicio de lo que podría convertirse en una nueva herida de muerte para el ecosistema y la geografía del estado Bolívar. El epicentro de esta angustia colectiva –de la cual me han informado de primera mano los médicos veterinarios Fernando y Mario García Rivas– se sitúa en el municipio Piar. Específicamente, la amenaza se posa sobre la silueta histórica y natural del majestuoso cerro Tomasote, un promontorio de 612 metros sobre el nivel del mar que alberga al célebre y antiquísimo jabillo (Hura crepitans). Ese gigante vegetal posee una circunferencia de 12,30 metros y data, según cálculos biológicos, de más de un siglo de existencia en un entorno cercano a los hatos San Cayetano, Tierra Blanca y Las Mulas, entre Upata y Villa Lola.

Lo que allí se asoma no es el avance del desarrollo ni el beneficio colectivo, sino la amenaza flagrante de un ecocidio que, de materializarse por la inacción de las autoridades, despojará a la Villa del Yocoima de uno de sus pulmones reguladores fundamentales y de un patrimonio ecológico invaluable.

Para comprender la magnitud de la tragedia que se avecina, es menester desandar los senderos del Tomasote a través de los ojos de quienes lo han estudiado y cantado. No estamos ante una simple elevación de tierra y piedra; el cerro es un enclave biológico vivo que goza de un microclima fresco y una vegetación de altura excepcional que contrasta y equilibra las llanuras calientes que lo circundan. Diversas crónicas de Guayana y obras descriptivas de la región nos recuerdan que las faldas e interiores de este relieve albergan bosques húmedos y selvas de galería que actúan como esponjas hídricas naturales. Entre esos textos destacan “Upata” (Tomo I. Carlos Rodríguez Jiménez. Editorial Aguilar. Madrid, 1964); “Pensar la ciudad: Upata en sus 250 años” (Sigfrido Lanz Delgado, Ángel Romero Cabrera, Pedro Suárez, Carmen Rodríguez, Diana Gámez y Roger Vilaín. Fondo Editorial de la Universidad Nacional Experimental de Guayana. Ciudad Guayana, 2012); y “Travesuras y relatos de Upata” (Eligio González. Fundación Editorial El Perro y la Rana. Caracas, 2024). Dichas formaciones vegetales alimentan los acuíferos subterráneos que mitigan las sequías de la región y nutren los valles agrícolas circundantes, base de la histórica economía productiva del municipio.

Dentro de ese vasto tapiz verde destaca un símbolo que trasciende lo botánico para convertirse en un emblema místico de la localidad: el legendario y afamado Jabillo del Cerro Tomasote. Inmortalizado en la idiosincrasia upatense y referenciado sutilmente en testimonios gráficos y orales como un centinela de la montaña, este árbol colosal representa la resistencia de la flora autóctona frente a la intervención humana. El jabillo, con su imponente presencia, tronco espinoso y copa protectora, cumple funciones ecológicas críticas: estabiliza los suelos escarpados contra la erosión provocada por las lluvias tropicales, sirve de refugio y estación de anidación para decenas de especies de aves de Guayana, y simboliza la memoria natural de un pueblo que –metafóricamente– creció bajo su sombra protectora. Atentar contra el entorno del Tomasote es decretar, de manera directa, el fin de ese y otros gigantes vegetales que han tardado siglos en consolidarse.

La alerta que hoy emiten los profesionales de Upata, de la cual nos hacemos eco, no es un ejercicio de retórica alarmista. Los patrones de destrucción ambiental que ya se han observado en otras serranías y planicies del sur del estado Bolívar –caracterizados por la tala indiscriminada para la expansión desordenada de asentamientos humanos, la quema sin control y la potencial explotación minera– amenazan con replicarse en el Tomasote. De consolidarse la deforestación de sus laderas, el daño será irreversible. La pérdida de cobertura arbórea alterará de forma inmediata el microclima local al elevar la temperatura y, peor aún, desatará procesos erosivos severos y deslaves que colmatarán los cauces de agua locales, acelerando la escasez de agua dulce que ya agobia a vastos sectores de la población.

El marco legal venezolano, fundamentado en la Constitución Nacional y desarrollado a través de la Ley Orgánica del Ambiente, establece de manera inequívoca la corresponsabilidad del Estado y los ciudadanos en la protección del patrimonio natural. Ante la preocupación pública y el clamor técnico de la intelectualidad upatense, el Ministerio del Poder Popular para el Ecosocialismo y las fiscalías con competencia ambiental no pueden seguir actuando como observadores distantes o firmantes de permisos complacientes. La guardería ambiental debe desplegarse con urgencia en la zona para detener cualquier tipo de intervención que vulnere la integridad del cerro. Es imperativo que se paralice de inmediato cualquier actividad degradante y se inicie una auditoría socioambiental transparente, rigurosa y abierta a las comunidades vivas de Upata.

El cerro Tomasote lleva en su nombre la impronta del indígena indómito que, según la leyenda recopilada por historiadores locales, luchó junto al General Manuel Piar en los albores de la emancipación guayanesa. Hoy, el relieve que evoca su memoria requiere una nueva defensa, no con lanzas ni mosquetes, sino con el escudo de la ley, la ciencia y la conciencia ciudadana. No podemos permitir que la codicia particular de unos pocos o la indolencia burocrática de las instituciones conviertan este santuario forestal en un páramo estéril de tierra arrasada.

Salvar el cerro Tomasote y preservar el entorno de su famoso jabillo es una deuda moral con las generaciones futuras de piarenses. La naturaleza herida no negocia: cobra con sequías, deslaves y pobreza biológica. Las autoridades competentes tienen la palabra y la obligación legal de actuar antes de que el grito silencioso de la montaña se convierta en el epitafio de nuestro propio entorno.

El asunto en referencia nos preocupa profundamente pues, como bien apuntaba el Dr. Carlos Rodríguez Jiménez en su mencionada obra cumbre, la geografía que rodea a nuestra Villa del Yocoima no es un mero escenario estático, sino una extensión de nuestra propia historia colectiva. ¡Destruir el Tomasote es arrancar una página de ese libro viviente!


Desde la cima del Cerro El Toro en días despejados, es visible con esta claridad, y coincidiendo con la línea del horizonte, el imponente Cerro Tomasote, cuyo punto más alto se eleva a casi 700 metros sobre el nivel del mar, y más de 400 metros sobre el nivel de las sabanas de los ríos Carichapo Guanaraparo.

 

 

sábado, 15 de agosto de 2026

Tautacos en el sector Manuel Piar de Upata. Avistamiento a mediados de agosto del 2026. Primera vez que esta especie visita nuestra plazoleta principal

 

El Tautaco  Theristicus caudatus ave perteneciente al grupo de los ibis y corocoros, pertenecen a una familia de nombre muy difícil de memorizar los Threskiornithidae. El de la gráfica junto a su pareja fua avistado en la Plazoleta de la Urb Manuel Piar de Upata, escarbando insectos, réptiles, lombrices, en el suelo húmedo del parque, al lado de estas lenguas de suegra. La foto data del viernes 14 de agosto de 2026.
Pareja de tautacos, visitantes repentinos a nuestro urbanismo, uno vigila, el otro escarba alimentos en el suelo húmedo. Foto del 14 de agosto de 2026. (Foto:Cortesía Juan Alfredo Ruiz Idrogo el Jr, estudiante de Ingeniería de Industrias Forestales de la Universidad Nacional Experimental de Guayana UNEG Upata)
Al día siguiente sábado 15 de agosto de 2026 los tautacos visitaron nuevamente el urbanismo, acá en pareja en su faena de alimentación. 
Esta imagen de los tautacos copartiendo territorio con gallo y pollo data de la tarde del viernes 14 de agosto del 2026 en la Plazoleta Parque del urbanismo Manuel Piar.


El ave cuyas imágenes insertamos anteriormente es conocida en gran parte de América del Sur como bandurria caraicuda, también se le llama en Colombia curicaca o coclí (Theristicus caudatus), mientras que en Venezuela la conocemos como Tautaco, que es una especie de ibis caracterizada por su cabeza y cuello de tono crema a beige o blanco ocre, con el resto del cuerpo mayormente oscuro y un largo pico curvado.

Características principales:

Cabecita y cuello: Color amarillo pálido o ante muy contrastante con el resto del cuerpo.

Pico y patas: Pico largo y curvado hacia abajo de color oscuro, ideal para escarbar en el suelo, y patas rojizas.

Hábitat: Frecuenta sabanas, pastizales húmedos y áreas abiertas cerca de cuerpos de agua en Sudamérica. 

Tal como indicamos al principio en Venezuela y específicamente en la región de Guayana, el ave Theristicus caudatus se conoce popularmente con el nombre de tautaco. El término tautaco es de origen netamente onomatopéyico. Imita el potente y estridente canto metálico que emite el ave al volar o al alarmarse en las sabanas.

Distribución en el país: Aunque es sumamente emblemático y abundante en la región de los Llanos colombo-venezolanos, también habita de manera regular en las formaciones de sabana abiertas del norte del estado Bolívar, lo que explica perfectamente su avistamiento en los alrededores de Upata.

En la vecina Colombia (hacia el suroeste) recibe el nombre de coclí, mientras que los nombres de bandurria común o bandurria boreal quedan reservados casi exclusivamente para los países del Cono Sur como Chile, Argentina y Uruguay.

Tautaco visitante inusual, por dos días tomó el parque como su hábitat principal 

 El tautaco (Theristicus caudatus) mostrado en estas imágenes, en este caso la pareja, fue avistada luego de varios días de lluvias en las áreas verdes de la Plazoleta del urbanismo Manuel Carlos Piar de Upata, al este de la ciudad, en una zona donde es más frecuente observar casi a diario pequeñas bandadas o ejemplares del alcaraván. La fecha del avistamiento fue el viernes 14 de agosto de 2026 en horas de la tarde, después de una lluvia moderada, y el sábado 15 de agosto del mismo año en horas de la mañana. Posiblemente aprovechando que  el suelo de los parques y pastizales se ablanda, lo que facilitó el uso de su largo pico curvado para buscar insectos, lombrices, ranas y pequeños reptiles.

Vida en pareja: Los tautacos son aves monógamas y territoriales. Es muy común verlos forrajeando en parejas o en pequeños grupos familiares bien integrados, rara vez se alejan de sus sitios habituales de vida, en las lagunas, bajios, y suelos húmedos de las extensas áreas rurales y silvestres que rodean la ciudad de Upata, por lo que este comportamiento nos pareció bastante inusual, dado que en más de 30 años de vida en la urbanización Manuel Piar jamás habíamos tenido la oportunidad de avistarlos en nuestro sector. 
 

Es completamente normal que estos animales muestren esa confianza si provienen de los fundos o hatos ganaderos cercanos a Upata, donde conviven a diario con personas, vacas y aves de corral sin ser molestados.Esta conducta nos deja varios detalles clave sobre su ecología local. Obviamente al no sufrir de caza ni acoso en las fincas de la zona, desarrollan una alta tolerancia al ser humano. Esto les permite caminar tranquilos en estos espacios verdes urbanos, mientras obviamente no sea molestados, o se encuentren despejados del bullicio de niños jugando, o personas pernotando en las áreas del parque. Por lo visto además se asociación sin problema alguno de competencia o agresividad con gallináceas, ya que como lo detallamos compartieron el espacio con gallos y pollos, lo cual es una conducta oportunista inteligente. Las aves de corral remueven la tierra al picotear, lo que expone lombrices y larvas que el tautaco aprovecha rápidamente con su pico largo.

En cuanto a su canto ocasional emiten sonidos metálicos cortos, que suelen ser llamados de contacto para asegurar que la pareja se mantenga cerca mientras están concentrados buscando comida.

Actualización de campo (Agosto, 2026): 

El regreso del Tautaco a los parques de Upata

El pasado 14 de agosto de 2026, alrededor de las 3:00 p. m., tras una persistente tarde de lluvia que ablandó los suelos del valle del Yocoima, fuimos testigos de un acontecimiento ornitológico excepcional frente a nuestra propia casa. Tras 30 años residiendo en este sector de Upata, tuvimos el privilegio de registrar por primera vez a una plácida pareja de Theristicus caudatus, especie conocida en los tratados especializados de Sudamérica como "bandurria común" —un término completamente ajeno a nuestro entorno—, pero que en la memoriade nuestro pueblo sobrevive bajo el nombre netamente onomatopéyico de Tautaco.

Lo más sorprendente del avistamiento no fue solo su imponente estampa —con sus características patas rojizas, lomo grisáceo y su largo pico curvado—, sino su asombroso nivel de confianza frente al ser humano y otras especies. La pareja forrajeaba pacíficamente en el área verde en estrecha compañía de un gallo y un pollo domésticos, mostrando una pasividad que contrasta drásticamente con los alcaravanes (o "teuteos") que habitan este mismo parque casi a diario. Mientras que estos últimos son sumamente territoriales, huyen al menor intento de acercamiento y defienden con agresividad sus zonas de anidación en las sabanas periféricas, estos tautacos toleraron nuestra presencia a escasos 10 metros; de hecho, los gritos de alerta fueron completamente ignorados por las aves, las cuales solo alzaron el vuelo cuando les arrojamos un pequeño objeto plástico. Aunque el alcaraván sigue siendo el dueño indiscutible de la acústica local con sus cantos diurnos y nocturnos sin horario específico, el esporádico timbre metálico de estos visitantes rompió la tarde, confirmando que la fauna de los hatos vecinos encuentra hoy un refugio dinámico en los espacios urbanos de nuestra ciudad.

Las imágenes que acompañan esta nota son el resultado de un esfuerzo estrictamente familiar y de periodismo ciudadano, superando las limitaciones técnicas del momento. Las dos primeras capturas de la secuencia panorámica fueron tomadas con nuestra noble y antigua cámara compacta Samsung (Lens 4.5-22.5 mm), cuyo zoom básico y pequeño sensor debieron batallar contra la bruma densa de la tarde. Las tomas posteriores en primer plano fueron capturadas por mi hijo Juan Ruiz Idrogo- estudiante de Ingeniería de Industrias Forestales de la Universidad Nacional Experimental de Guayana UNEG Upata- utilizando el sensor móvil de un Xiaomi Redmi 15 Pro, logrando una mayor fidelidad en los tonos rojizos de las patas y el ocre del cuello de las aves. Más allá de la resolución técnica o la falta de equipos profesionales —muchas veces inalcanzables—, dejamos este testimonio visual con el único propósito de salvaguardar el valor científico e histórico de un comportamiento animal inédito en nuestra comunidad. El verdadero valor de la fotografía de naturaleza está en documentar la vida, no en el costo del lente o del equipo fotográfico. 

Además de estas imágenes iniciales tuvimos oportunidad de registrar en fotografías la misma pareja de tautaco al día siguiente sábado 15 de agosto, en estos espacios del Parque Plazoleta del urbanismo Manuel Piar. 

En fin el tautaco, visitante ocasional o excepcional de nuestro urbanismo en este mes de agosto del 2026,  constituye una de las especies representativas de la avifauna local y patrimonio ecológico natural vivo del municipio Piar y la ciudad de Upata. A continuación insertamos más imágenes.

















 

martes, 2 de junio de 2026

Postales de Upata Mayo de 2026

Atardecer en mayo del 2026, el crepúsculo upatense visto desde la Urbanización Bicentenario de la Villa del Yocoima.


Iglesia de Upata, Parroquia San Antonio de Padua, en mayo del 2026.

Calle Sucre, la Upata tradicional, al fondo cerros Guacarapo y El Toro.
Casa tradicional abandonada, cruce de la Ricaurte con la Sucre, diagonal al Centro Comercial La Pradera.
Contrapicado de la fachada principal de la Iglesia San Antonio de Padua de Upata.
Palacio Municipal de Upata, sede del Concejo y la Alcaldía de Piar, mayo de 2026.


martes, 26 de mayo de 2026

Casa de Piedra. Así está el proyecto del abogado Gabriel Moreno en mayo del 2026


Casa de Piedra a un costado su cerca, en el comienzo de la subida al Cerro El Toro.

Entrada principal en arco desde el camino al cerro.

Doble entrada a la Casa en arco, con cuarzo blanco.


Otro ángulo de la Casa de Piedra.


Arbol de Yacuare o caliandra, en la cerca de la Casa.



Casa Principal de modestas dimensiones, acá solía pernotar su propietario el Dr Gabriel Moreno.

Escalinatas en piedra de cuarzo, nos llevan desde el patio interno de la Casa hasta las faldas del cerro, con su típica vegetación achaparrada y suelo pedregoso.

Vista de las áreas verdes de la Casa desde la quebrada adyacente a la Casa, que en mayo 2026 estaba seca.

Quebrada a un costado de la Casa

Árboles de teca mostrando sus hojas enormes, tronco rectilíneo y follaje verde, en lo más recio de la sequía este árbol de origen asiático plantado por el Dr Moreno en su Casa de Piedra suele perder su enormes hojas.

En mayo del 2026 así se encuentra la Casa de Piedra, proyecto personal del abogado recientemente fallecido Gabriel Moreno, quien realizó una inversión en la construcción de espacios para la recreación y la integración con la naturaleza circundante, en la zona de piedemonte del Cerro El Toro, a un costado del camino principal a este patrimonio silvestre ubicado al este de Upata. 
Aunque no pudo concretarlo a un plan de recreación dirigida a los visitantes de la serrania de El Toro, constituía un proyecto muy valorado en la ciudad, en la que un particular realizaba su mejor esfuerzo, por desarrollar un espacio de vida y encuentro con la naturaleza, utilizando el cuarzo blanco, que es óxido de silicio casi en estado puro, como elemento principal de construcción, alternado en la cerca con tuberías de acero. Esta piedra vistosa y energética, común en las planicies de Guayana, al sur de Imataca, es el material mineral predominante como revestimiento y agregado en sus cercas y arcos, pisos, escalinatas, y la unidad de vivienda principal, en armonía con el entorno, boscoso y de sabana que lo rodea. 
También incorporó el Dr Gabriel Moreno la plantación de especies arbóreas exóticas en la Villa del Yocoima, como la teca, que ya al cabo de más de 15 años de vida han formado un bosque particular, complementario al bosque protector natural de la falda del cerro y a la zona verde arbolada plantada con especies nativas a un costado de la quebrada. En estas franjas arboladas se visualizan especies nativas, como la ceiba, yagrumos, aceitunos, merecures, nísperos, mangos, yacuares o Calliandras laxas, chaparros, cocuizas y robles.
Proyectos similares al de la Casa de Piedra, de armonización entre materiales constructivos locales con franjas o espacios arbolados,  o espacios de vegetación boscosa plantados, son entre otros:  el bosque particular y parque privado de la familia Naim en la Perimetral de Upata, frente al sector Maturín, el Fundo San Marcos en Santo Domingo II, la cerca de apamates de la familia Matamoros, el proyecto agroecológico en el sector 19 de Abril con Pugas Padilla al lado de la quebrada Cupapuicito, mangales en la misma 19 de Abril y Santo Domingo, entre otros.