domingo, 1 de abril de 2018

Relieves colinosos entre Cerro Guacamayo y Cerro Machí

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Cerro Machí al Norte de la antigua finca El Moriche, en jurisdicción del municipio Piar.
Desde las sabanas de Santa Bárbara de Roscio sobresale la silueta del Cerro Guacamayo.

Colinas, suaves pendientes y pequeño valles con bosques de galería
Al sureste de Upata la suavidad de los paisajes de sabana de la región de Carichapo da paso a formaciones de relieves más sinuosos, donde el horizonte es cortado por laderas, colinas, valles, que le dan al paisaje un carácter más abrupto, en la zona en donde convergen algunos de los cerros más elevados de este sector del Macizo de Guayana, que geológicamente pertenece a la Formación Pastora. 
Chaparrales, al fondo Cerro Machí.
Se trata de un amplio espacio de bosques de galerías, sabanas de chaparros, colinas, penillanuras, bajíos, alguos humedales aislados, y sistemas de relieves más elevados que tienen en los cerros Guacamayo, Machí, Cume, Los Jiménez, Teu Teu, entre otros, sus topos de mayor altitud. 
En estos valles y peniplanicies, la tradición de siglos ha sido la ganadería extensiva, que se mantiene desde la época de la llegada de los capuchinos catalanes a mediados del siglo XVIII, como la actividad económica fundamental de sus pobladores.

sábado, 31 de marzo de 2018

Fotografías y episodios de Mi Tierra. Upata y naturaleza en imágenes

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Crepúsculo con Sol de los Venados
Plazoleta de la Unidad Educativa Morales Marcano
Tras la brevedad de la captura de una imagen se esconden contenidos, impresiones, mensajes, y la sorprendente variedad de colores y episodios que conforman la cotidianidad de nuestro universo. Upata, sus parajes, sus animales, su árboles, su gente, sus construcciones, desde las más sencillas o humildes hasta las más complejas, sus patrimonios históricos, sus recodos, todo ello configura parte de ese microcosmo citadino pueblerino urbano rural, que nos debe mover al orgullo y  la alegría, a la reflexión y por qué no al conocimiento de lo real; lo que está allí al alcance de nuestros sentidos, pero que por la circunstancia del día a día del trajín laboral y la rutina de la supervivencia o la diversión fácil, no valoramos y disfrutamos en su justa medida. 

En Upata los cujíes no lloran de dolor sino de ausencia

Cují en floración en paisaje lagunero en sector San Lorenzo de Upata
El cují Acacia macrocantha es otro habitante emblemático de Upata. Es común en las sabanas arenosas que se abren al Este del valle del Yocoima y en las zonas pedregosas y de baja precipitación donde no se dan condiciones para el desarrollo de los bosques medios, o de otros ecosistemas húmedos, el cují está presente alternando su copa robusta pero no tan alta, como compañero de otras leguminosas igual de abundantes en la zona como el dividive y el yacuare, o alternado con los también comunes guásimos. Pero también se desarrolla bien en la cercanía de tapones y humedales, en los terraplenes o zonas más secas de protección de estos reservorios de agua, donde exhibe igualmente su porte y verdor, con más intensidad que en terrenos más áridos.
Cují en terreno cercano a la Perimetral de Upata, en callejón de entrada a los sectores La Milagrosa y Las Tablitas.

El cují sobresale por la extrema pequeñez de los foliolos de sus hojas parinpimnadas, y por la abundancia de espinas, alargadas y gruesas en la base,  además de su no tan llamativa flor amarilla en copo o tipo cabezuela, que le es característica, y por su fruto en vaina de unos 4 centímetros, alargado pero relativamente irregular en su forma. Crece entre 4 y 6 metros por lo general, aunque hay ejemplares que se elevan hasta los 8 metros, es orginaria de América Central, el Caribe y Sudamérica, donde se le localiza hasta el norte de Argentina y sur de Perú. Tiene algunos componentes tóxicos, en sus hojas, corteza, raíces, pero a sus espinas se le da uso medicinal para combatir las afecciones dentales, dolor de muelas, dientes y encías. Sus hojas son un excelente abono natural, y constituye alimento para algunos animales. En zonas rurales donde abunda tiene uso como leña y hasta para trabajos de carpintería. 
Esta especie botánica de la familia de las Fabaceae y de la subfamilia de las Mimosoideae  como ya señalamos tiene las flores pequeñas y redondeadas o globosas, lo que lo diferencia notablemente del «cují yaque» un pariente cercano de la misma familia de las leguminosas, que tiene las flores alargadas y colgantes de amarillo a crema, dispuestas en racimo cilíndrico espigada de hasta 5 centímetros, que por cierto no es propia de Guayana. El cují nuestro guayanés el Acacia macrocantha, que es el que hemos visualizado en la periferia de la ciudad de Upata, y que es típico de las zonas rurales, donde abunda sobre todo a los costados de caminos y de las lagunas, abrevaderos y tapones, donde proporcionan sombra al ganado. 
Cují a un costado de la quebrada de El Caballo

Si bien no es un árbol o arbusto de sombra de gran tamaño, o típico como lo puede ser el mango, el samán o el mamón, el cují en las sabanas resecas de Upata, al Este de la ciudad, solía ser refugio de los jóvenes y niños que correteaban por estos parajes en sus incursiones y paseos tradicionales, en ruta hacia otros escenarios más frescos, o como vegetación protectora de pequeños cursos de agua o tapones como el de La Viuda ya desaparecido, o la más lejana laguna de El Piso, en la ruta a Villa Lola,  y era también abundante en las inmediaciones del desaparecido Hipódromo Las Guarataras, donde formaba bosques de espinares que separaban este espacio recreativo de la zona de Banco Obrero. Es abundante todavía el cují en los bosques bajos de la zona de El Candado al este de la ciudad, y en toda la franja de sabana y matorrales de San Lorenzo, La Laja, La Victoria, zona alta de Carlos Enrique Alvarez, en la ruta El Guamito Los Coloraditos Complejo Ferial y en los lomerios de Monserrat,  Aunque de breve sombra un buen cují sin las ramas tan caídas o cercanas al suelo, hasta era utilizado para el descanso reparador, y evitar la inclemencia de los rayos del Sol, costumbre muy propia en otros tiempos, además de su utilidad para el amarre de los cuadrúpedos como caballos, burros y otros animales domésticos.
Muchas historias se tejieron en esos tiempos idos en torno a un tradicional cují o a cujizales, que se prodigaban en la Upata de la ruralidad. Ahora en estos tiempos modernos otras especies de crecimiento rápido, algunas exóticas y otras con mayor abundancia de sombra o frutos comestibles, o de copa más extendida, han sido preferidas en el ornato urbano. No obstante sería deseable que más allá de su crecimiento natural, espontáneo en la periferia de la ciudad, el cují pueda ser también incorporado como árbol ornamental representantivo de nuestro clima caliente y fresco del Valle del Yocoima y sus alrededores.  

 
POEMA AL CUJÍ

Habitante emblemático de Upata
Que dormitas en las arenosas sabanas
Y en las zonas pedregosas, allí acicalas la quietud del viento, en
espera de un día soleado.

Arbusto, pequeño árbol
Que atalayas horizontes insomnes
Prodigas tu pequeña
Pero reconfortante sombra,
Con tus indivisas espinas;
Las bestias abrevan de sombra
El sopor térmico que las sofoca.

Por esos caminos de agobiante calor
Eres aliado, refugio para un descanso reparador:
Cuántos cuerpos curtidos cobijas Cují.
Ofrendas la poca, pero reconfortante, sombra que otorgas
Generoso ser vegetal
Que tu nombre se eternice
En la presencia y no la ausencia,
Como eterno agradecimiento
de aquellos que cobijaste
Bajo tus pies, y de los ecosistemas degradados
Que redimieron su esperanza en ti:
Cuanto compartes  cují compinche
Abrevador de caminos
 
Autor Daniel Ruiz Correa

Árbol de Copey

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Frutos de copey, en en ejemplar de mediano porte en el cerro El Toro de Upata.
Este copey de ramas y follaje extendido, aunque no frondoso, es típico de las sabanas pedregosas del cerro El Toro de Upata, tanto en sus colinas bajas como en los lomeríos más  elevados de este relieve principal localizado al este de la ciudad. 
Un árbol de notable belleza, asociado por tradición e historia a nuestra Venezuela tropical es el copey, una especie autóctona que crece y se reproduce sobre todo en los bosques serranos o montañosos de la Cordillera de la Costa y con particular intensidad en la isla de Margarita, donde despliega su belleza y majestuosidad, en las pendientes verdes del cerro más elevado de este territorio, que constituye una zona protegida. El Parque Nacional.  Cerro El Copey, constituye la principal reserva de agua dulce de la isla, su cima principal se eleva casi hasta los 1000 metros sobre el nivel del mar, por lo que es visible su perfil desde decenas de kilómetros a la redonda,  incluso desde la Tierra Firme del estado Sucre. Importante también esta Área Bajo de Régimen de Administración Especial ABRAE por la particularidad de las especies vegestales y animales que allí tienen su asiento, entre otras el cotorro margariteño y el venado de pequeño porte que allí tienen su espacio de vida. 
Al copey se le conoce científicamente como Clusia rosae o Clusia major, nativo de América Tropical, presenta también raíces aéreas en algunas de sus ramas principales, posee hojas anchas, de un verde intenso, y flores blancas no tan llamativas, alcanzando una altura media en condiciones no tan favorables pero desplegando toda su magnitud potencial en los bosques húmedos donde se desarrolla favorablemente. 
En Upata el copey no están presentes en su flora urbana, ya que los pocos que alguna vez fueron plantados o fueron talados o murieron naturalmente.  no obstante en las colinas y laderas del cerro El Toro, y las lomas adyacentes a este macizo o relieve al norte y este de Upata, sí hemos podido localizar, sobre todo en terrenos quebrados, o sobre promontorios de rocas y lajas algunos ejemplares de copey, que forman parte fundamental de esos ecosistemas, eso sí se trata de árboles de mediano a pequeño porte, que para mediados de año despliegan su hermosa flor color crema de tamaño apreciable y aisladas en cada rama. A finales de año se dejar ver los frutos redondeados de este árbol, cuan adornos, allí permanecen largo tiempo.  
Copey altamente apreciado por los defensores de la naturaleza fue el que estaba ubicado en la cuadra de la Alcaldía de la ciudad hermana de Guasipati, donde mostraba un frondoso aspecto, y le daba a los caminantes y los que ejercían actividad informal excelente sombra, pero como siempre el progreso se impuso, y desde hace una década fue extirpado de raíz, y de él solo queda una fotografía que logramos tomarle cuando aún no había sido víctima del hacha y la motosierra. 
Hojas ovaladas del copey, al lado los frutos de esta especie del género Clusia, que crece silvestre en las colinas y matorrales sobre sustrato rocoso del este de Upata. 


Este Copey emblemático en Guasipati fue arrasado por el "progreso", desde hace más de una década fue talado y ya no adorna el casco central de la ciudad.

martes, 7 de noviembre de 2017

El Corozo espinosa especie de palma abundante en zonas rurales de Upata


El corozo es una palma muy vinculada a las tradiciones de nuestras zonas rurales del municipio Piar y el noreste de Bolívar, sobre todo en la región cercana a la Sierra Imataca. Abunda al Norte de Upata, en los bosques semisecos o deciduos de la zona de Buen Retiro Los Arrendajos Montecristo, Campanario, San Ramón y en el piedemonte de la Sierra Piacoa. 
Una de las características más resaltantes de esta palma es que su tallo es sumamente espinoso, de allí que sea utilizado su nicho superior  como nido por los loros y pericos sabaneros, carasucias, entre otras aves. 
Esta especie de palma da su nombre a uno de los cerros más emblemáticos de Upata, el Cerro El Corozo. Se presume porque en otros tiempos, un tanto lejanos, en sus bordes y faldas boscosas, esta especie estaba bien representada. 
Cerro El Corozo en Upata desde el Viejo Cementerio
Hoy sin embargo no quedan ejemplares del corozo en esta colina, la cual a pesar de su pequeña altura, apenas 150 metros sobre el nivel del valle, conforma uno de los sitios más emblemáticos y tradicionales de la ciudad. 
El Corozo fue un lugar de encuentro y excursiones familiares y escolares. Sobre todo durante el mes de mayo en su ladera escarpada que da el frente a la calle Santa Fe de el barrio homónimo, se podía visualizar desde tempranas horas de la mañana la fila de personas que acudían al encuentro con su cima para las actividades conmemorativas de la Cruz de Mayo. Allá arriba eran visibles tres cruces, la principal, con sus dos acompañantes más pequeñas, en un sector del cerro cercano a su mayor altitud, desde el cual se podía admirar el verdor y la hermosura del valle del Yocoima. Lamentablemente la inseguridad reinante en la ciudad han alejado a los visitantes de este hermoso sitio patrimonial.
En fin el corozo en Upata lo asociamos más con un Cerro y un sector popular del Oeste de la ciudad, barrio tradicional, pero la palabra  nos remite a este singular y espinosa palma. no muy adecuada para el ornato debido a su aspecto no tan agraciado en lo estético en relación con otras palmas y por el peligro de su tronco para los niños, aunque en su estado natural no deja de ser interesante su observación.


En una palma de corozo
En su nido
Dos periquitos aguardan  en silencio
Saben que sus padres se han ido,
Lo sospechan
Una fuerza interior en sus genes lo avizora
El espinoso refugio  proteje y cobija
La impasible espera  de los pichones
                                                        cara sucia
Ellos nada saben del tiempo
Su espacio  se reduce a lo palpable de su nido
Sienten hambre, pero la paciencia de un ave  es
                                                                                  sapiencia
Sospechan que vendran con alimento
De pronto, la espera se reduce a un instante
Cuanto el padre vocaliza a sus pichones
Y ellos responden con sonora estridencia
                                                           sus afanes
El padre entra,  la madre vigila
No hay lugar para el descuido
Uno sale la otra entra viceversa
Los padres se perchan a la entrada del nido
Esperan la vocalización de otras parejas
Y se libran de las espinas del corozo, levantan vuelo
Y abandonan el nido nuevamente
Mientras  los pichones se callan por completo
El corozo como reducto
Ofrenda su tronco y sus espinas
Para honrar la vida
Que recien comienza
Mientras ellos esperan en silencio...
                                        
Al margen de esta apacible escena campestre
Una madre llora desconsoladamente
Al ver el cuerpo de su infante
Flotar  en una alberca
tanto dolor  no le cabe en el pecho
Ya ni siquiera le queda el consuelo
de elevar su voz al cielo

Poema al Corozo Autor Daniel Ruiz Correa









Descripción del Corozo
La Acrocomia aculeata es una planta de la familia de las arecáceas, nativa de México, Centroamérica, las Antillas y Suramérica.El aceite de la semilla y la pulpa se utilizan en alimentación y en la fabricación de jabones. Es una palmera de entre 13 y 20 m de altura y de 3 a 4,5 m de diámetro de copa, con uno o más raramente varios estípites de unos 2 a 3 dm de diámetro, cubierto de una corteza lisa y oscura, dotada de espinas fuertes y rectas de hasta 15 cm de largo. 
El sistema radicular es extenso y profundo. Muestra hojas persistentes, pinnadas, con numerosos folíolos que nacen en planos diferentes, color verde claro, muy glabros, con el raquis duro y espinoso, de 1,5 a 3,5 m de largo. La espata también es muy espinosa. Las flores forman inflorescencias en espádices de color amarillo pálido o pardo, que aparecen a comienzos del verano. Son monoicos, con las flores masculinas ubicadas en la parte superior del espádice y las femeninas en la inferior. El fruto es una drupa globosa, de la cual aparecen desde 4 hasta incluso 14 racimos por ejemplar. 
El pericarpio o cáscara es liso, de color verde, siendo de color amarillo o marrón cuando maduros; es quebradizo y fácil de despegar; el mesocarpio, de consistencia fibrosa, rico en caroteno, de color amarillo y fragancia muy agradable, resulta comestible, con un sabor que recuerda al coco. La semilla consta de un exocarpio grueso y muy duro, de color negruzco con tres poros ecuatoriales y un endocarpio liso de color externo oscuro y blanco por dentro, en donde se encuentra el embrión, también comestible, muy apetecido por insectos, animales y el ser humano. El ciclo de los frutos dura 13 a 14 meses y madura hacia finales del verano. El sistema radicular profundo hace a la planta resistente a los incendios forestales. (Fuente Wikiipedia)

Clitoria o Sombrero

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La Clitoria fairchildian, mejor conocida como Sombrero o Carauta en algunas zonas de Venezuela, es otro árbol de reciente introducción en Upata, que se ha venido sumando como especie ornamental en algunas plazas y avenidas de la ciudad. 
Poema a la Clitoria. Autor Daniel Ruiz Correa
Gracias a su frondosa copa de mediano porte y a la vistosidad de su flores moradas claras, cuya forma semeja al del órgano femenino, este árbol se ha multiplicado como alternativa ornamental en la Villa del Yocoima, a tal punto de que ya podemos observarlo en pleno esplendor en algunos espacios público. Específicamente tenemos algunos ejemplares en la Plaza Piar, en la Plaza del Ejército, en la cerca perimetral de la sede de la UNEG Menca de Leoni, en la plazoleta de Manuel Carlos Piar, y en algunos corredores viales, donde destaca por su verdor, y su resistencia a las más intensas sequías, ya que no pierde las hojas, es decir es un árbol de hojas perennes. 
Esta especie la Clitoria Fairchildian, es una planta originaria  del Brasil. Se reproduce por semilla;presenta un crecimiento relativamente rápido y el sistema radical es superficial. Es un árbol de porte mediano, crece de 4 a 10 metros, de tronco corto, que se ramifica cerca de la base, con ramas extendidas y péndulas. Tiene hojas compuestas , trifoliadas , con pecíolos de 15 a 20 cm. Sus fllores son de un morado claro, con líneas más oscuras, agrupadas en inflorecencias racimosas, que suelen aparecer en los meses de julio y agosto. El Fruto, es una legunbre arqueada, de unos 2 cm. de ancho y más de 10 cm de largo. 
Pertenece a la familia de las fabeceae, es decir forma parte del grupo de las leguminosas, que tan abundancia tienen en nuestra cálida Venecuela, sobre todo en las tierras bajas y de clima caliente, ya que soporta sin problema alguno temperaturas máximas superiores a los 30 grados y promedios mayores a 25 grados.. La Clitoria también es utilizada en la zona rural, hatos y fundos,  como cerca viva y planta forrajera en menor medida, así como nicho para sombra del ganado vacuno. En Parques y Plazas de Upata no obstante su sombra no resulta tan atractiva para la gente porque suele ramificar a baja altura.
Sobre la clitoria hay poco conocimiento en nuestros jóvenes y adultos, ya que no es un árbol de tradición en la ciudad de Upata, por lo que es necesario incentivar campañas de información y orientación a los pobladores para que conozcan además del nombre, las cualidades de esta planta, su posible uso medicinal, cosmético, nutricional, como fibra o maderable,  y las peculiaridades en cuanto a cómo plantarla, tipo de suelo que prefiere, plagas que la afectan y la historia de cómo llegó a Venezuela y alguna tradición vinculada con su presencia como árbol ornamental.