jueves, 21 de abril de 2016

El Caobo en Upata: Uno de los árboles predilectos para el ornato urbano de la ciudad

Caobo joven, de unos 15 años, en la plazoleta de la urbanización Manuel Piar de Upata
El caobo es un árbol ampliamente presente en Upata,  abunda en plazas, jardines y espacios públicos de la ciudad, producto de la siembra programada de esta especie en planes de arborización. La plantación del caobo Swietinia macrophylla, una especie arborea propia de los bosques de los Llanos Occidentales, Portuguesa, Cojedes, Barinas y Apure, se hizo corriente en la ciudad desde mediados del siglo XX, debido a la facilidad de su adaptación a nuestro entorno, a su relativamente rápido crecimiento, a la amplitud de su sombra y su porte imponente cuando alcanza su estado de madurez. Ejemplares de caobo se muestran en sitios como la Plaza Bolívar, avenida Valmore Rodríguez, Plazoleta de la urbanización Manuel Piar al Este y muchas de las áreas verdes escolares de Upata, donde alcanza un porte mediano, llega a crecer hasta 15 metros en promedio, prodigando eso sí abundante sombra, pues se comporta por lo general como árbol de hojas perennes.
Descripción del caobo
Swietenia macrophylla (caobo) es una especie botánica de árboles originaria de la zona intertropical americana perteneciente a la familia de las Meliaceae. Se la halla en Belice, Bolivia, Brasil, Colombia, Costa Rica, Dominica, Ecuador, El Salvador, Guyana Francesa, Guadalupe, Guatemala, Guyana, Honduras, Martinica, México, Montserrat, Nicaragua, Panamá, Perú, Santa Lucía, San Vicente y las Granadinas, Venezuela. Está especie en su estado natural en los bosques de galerías del Occidente del país está amenazada por pérdida de hábitat.
Ramaje, follaje del caobo, de un verde intenso, aunque alterado por la presencia de plantas parásitas.
 
POEMA AL CAOBO
 
Como semillas de Caobo
Se fue tu nombre
Y tu presencia se desvaneció
Entre mis manos.
Fuimos, nada somos
La nitidez del pasado
Se llevó nuestra historia.

Como semillas de Caobo
Se disperso tu cuerpo,
No vale la pena llorar,
Ni siquiera entonar un réquiem
Me devolverá la calidez de tu piel,
Te fuiste con la liviandad del amor
que se fugó entre espirales de dudas.

Me sentaré a contemplar el día
Un domingo cualquiera
Junto al Caobo de aquella tarde
-Recuerdas
Bajo su sombra te despediste
Y mi corazón crujió
Como el sonido de su fruto
Cuando se rompe
Su  concha gruesa y dura.
Solo el viento sabe que tan lejos
Se llevó tus ansias y ese deseo
Tan tuyo de ser amada.
Junto al Caobo de aquellos días
De aquellas horas atardecidas
                      Al calor de tus besos,
Allí estaré
Cuando sus semillas se dispersen
Y vea en ellas, el adiós que dejó
Mi alma en penumbras,
Y volverán a mi todas las tribulaciones.
 
Como semillas de Caobo
Se dispersó tu voz
Y tan sólo hoy
Cuando las miro
Presiento el sonoro eco
De tu silencio.
Daniel Ruiz Correa
El caobo es un árbol perennifolio o caducifolio, de 35 a 50 m (raramente hasta 70 m) de altura. Posee un copa abierta, redondeada en forma de sombrilla. Sus hojas son alternas, paripinnadas (pocas veces imparipinnadas) 
Es el árbol emblemático del estado Portuguesa (Venezuela), debido a que formó parte esencial de sus bosques y reservas forestales, hoy disminuídas por el impacto de las plantaciones agrícolas y pecuarias.
Tiene el tronco recto, sin ramas hasta cierta altura, algo acanalado, con sistema radical profundo. Ramas gruesas ascendentes, escasas, retorcidas por arriba de los 25 m; posee corteza externa profunda, muy fisurada, especialmente en el caobo negro, costillas escamosas, alargadas, pardo grisáceas a castaño grisáceas; corteza interna rosada a roja, fibrosa, amarga, astringente, 1 a 3 cm de grosor. A través de las grietas de la corteza puede verse el color rojizo de la madera, más oscuro cuanto más profunda sea la grieta. 
Madera de primera calidad flores poco vistosas
Su madera rojiza, que da nombre al color caoba (de marrón rojizo hasta vino tinto), es muy pesada y maciza, por lo que se hunde rápidamente en el agua y no se pueden utilizar los ríos para que floten los troncos hacia un aserradero. Es una madera de grano fino, ideal para la ebanistería por ser fácil de tallar, de gran valor para la elaboración de muebles y, en general, constituye una de las maderas de mayor valor en el mercado mundial.
Sus flores son pequeñas, casi imperceptibles, verdosas amarillentas, en panículas axilares y subterminales, glabras, de hasta 2 dm de largo. Hermafrodita (ambos sexos en la misma inflorescencia); las masculinas más abundantes que las femeninas, ambas muy perfumadas. Tienen de 6 a 9 mm de diámetro. Su fruto muy particular, suígeneris, es una beyota o cápsula leñosa, ovoide a oblonga, pardo rojizo (a veces grisáceo), se cuentan hasta 40-60 semillas por fruto (por lóculo 12). Semillas numerosas de 1 cm de largo, asimétricas, comprimidas, color canela, con una prolongación alar asimétrica, de 6 a 8 cm de largo. Estas semillas son aladas muy amargas, astringentes, extremadamente livianas para que el viento las disperse a cierta distancia. Los niños suelen jugar con estas semillas en vuelo para capturarlas, cuando el viento las dispersa, constituye todo un espectáculo su planeo como hélices de helicóptero y el ruido que genera el fruto cuando rompe su cubierta o concha muy gruesa y dura.
Copa del caobo en la plaza Bolívar de Upata.
Por su madera de excelente calidad, sumamente costosa, el caobo prácticamente ha desaparecido en estado natural en Venezuela, sólo quedan nichos aislados en Occidente, en Ticoporo, Turén, San Camilo, río Portuguesa, pues fue sometido a una presión enorme por mercaderes forestales del Occidente. Desde hace dos décadas existe veda o prohibición absoluta a su comercialización en el país.
Upata está llena de caobos
El Caobo sigue siendo, junto al apamate, el roble, el pitocelobium dulce o quebrahacho, el samán, el masaguaro,  uno de los árboles de sombra y ornato preferidos en avenidas en Upata. En la Plaza Bolívar varios caobos adultos han desarrollado su frondosa copa, a pesar de que han sido invadidos por la tiña, la guatepajarito y otras especies parásitas que progresivamente invaden sus ramas y lo van despojando de su intenso verde y frondosidad, hasta debilitarlas o secarlas.
A pesar de esta debilidad el caobo sigue siendo uno de los árboles más plantados en las zonas verdes de la ciudad, por la facilidad con que se obtienen sus semillas y se desarrollan las plantulas. 
En Guayana, en nuestros bosques tropicales tropófilos, es decir caducifolios, o en las selvas húmedas, el caobo está ausente, ya que es una especie que exclusivamente en estado natural se adaptó a los bosques de los llanos occidentales y el piedemonte andino, donde encontró condiciones ideales para su desarrollo en estado natural.