Escuela Morales Marcano, actualmente en recuperación por el Estado.
Final de la avenida Raúl Leoni, al fondo a la izquierda el Hospital Gervasio Vera Custodio, en la insersección con las calles Polanco e Independencia.
Avenida Rául Leoni, bajando hacia el Casco Central.
Avenida Raúl Leoni: casas comerciales al frente del liceo Siso Martínez.
Escuela Dr Raúl Leoni, en el sector Bicentenario I.
Plaza Miranda "Yo Amo a Upata"
Nuevas imágenes de Upata la Villa del Yocoima en su casco central y avenidas principales correspondientes a febrero del presente año 2025. Se muestra parte de sus corredores viales, construcciones comerciales, algunas de ellas de reciente construcción como Almacenes OXXO en la calle Ayacucho.
La capital del municipio Piar, ciudad de unos 120 mil habitantes, con sus sectores rurales y suburbanos, sigue mostrando parte de su vitalidad a nivel de emprendimientos comerciales. Y a pesar de la migración masiva que muchos de sus residentes, en espécial jóvenes, han hecho a nuestra vecino Brasil, la ciudad se sostiene con cierto nivel de pujanza por la inversión privada del comercio local y algunas obras puntuales de mejoramiento vial y ornato que ha emprendido en el último lustro el Gobierno Local.
Lo que sí ha bajado notablemente es su otrora congestionamiento vehicular en los corredores del Centro Histórico, sobre todo en la anteriormente caótica calle Miranda, parte de la Sucre y la calle Independencia desde el Mercado Municipal hasta el semáforo del Hospital Gervasio Vera Custodio.
Lamentablemente de la ciudad antigua, la de techos de cinz y tejas, casonas de dos aguas, con zaguán, ventanales verticales de madera o hierro, queda muy poco en el casco central, que en las dos últimas décadas sigue dando paso a las utilitarias edificaciones comerciales, de dos o tres plantas, que en su mayoría no cuentan con un diseño arquitectónico atractivo, salvo contadas excepciones.
Desde el Puente Angosturita en diciembre del 2024 dos imágenes de nuestro Soberbio río Orinoco en su encuentro con el río Caroní, su principal tributario por su margen derecha. En estas imágenes podemos visualizar los dos tonos de los principales ríos de nuestra Guayana Venezolana, así como el Muelle de la empresa Ferrominera del Orinoco en Puerto Ordaz y la punta de playa y zona costera del sector Acapulco en San Félix. Con un Orinoco ya en descenso sobresale su tono más claro en comparación con el oscuro color del Caroní, que en esta zona de Ciudad Guayana conforma un paisaje de gran valor escénico, muy admirado por los turistas y la propia población local.
Finalizando el 2024 hicimos un breve recorrido nocturno por Ciudad Bolívar, la capital del estado que rinde homenaje a nuestro Libertador. Un 30 de diciembre así estaba la antigua Angostura, con sus adornos luminosos típicos de la temporada navideña y el fin de Año. Insertamos acá algunas postales del Paseo Orinoco y la plaza Bolívar junto a su Catedral y la histórica Casa del Congreso de Angostura.
Hace dos décadas imagen de una de las viejas casonas representativas del casco histórico de Upata, en la esquina de la calle Piar con Ayacucho, destacando sus ventanales altos de madera típicos de las construcciones neocoloniales de la ciudad, sus paredes de bahareque y su techo de dos aguas. Vestigio del pueblo que ya se queda sin referentes de su arquitectura tradicional de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.
En la misma esquina anterior la nueva construcción comercial común de la Upata del nuevo milenio. Un edificio de líneas utilitarias y lamentable "diseño" exterior, donde la praxis desencadena fachadas que francamente rompen la estética constructiva de la vieja ciudad, donde las humildes casas de dos aguas tenían el encanto del pasado. La señorial fachada de la casona familiar dio paso a este mamotreto arquitectónico que rompe la tradición y la estética de nuestro casi en extinción casco histórico.
Comenzando los años 70 del siglo pasado, una imagen serena,con muy poco bullicio y baja concurrencia peatonal en el casco central de Upata, que entonces era una ciudad miníscula de solo unos 20 mil habitantes. La gráfica nos remite al final de la calle Independencia, muy cerca del viejo Mercado Principal de la ciudad, visible apenas al fondo. Allí estuvo uno de los principales hoteles de la Villa del Yocoima de esa época: el hotel Bicenenario. Este inmueble fue parcialmente modificado, conservando actualmente casi sin modificación la construcción de dos aguas y techo de teja, a la izquierda.
Final de la calle Indendencia, al fondo la estructura metálica de la remodelación paralizada del Mercado Principal de Upata. La imagen data de octubre del presente año 2024, y muestra parte del habitual movimiento peatonal y de vehículos, así como la sucesión de comercios formales e informales típica de este sector de la ciudad. El viejo hotel Bicentenario hoy convertido en sucesión de locales comerciales, así luce hoy. Básicamente conserva su estructura base, pero modificada en múltiples detalles utilitarios: santamarías, avisos y añadidos metálicos.
Toponimia
indígena un legado cultural vigente en
los municipios del noreste y sur de Bolívar
En
este contexto los pueblos indígenas, todos, y en nuestro particular
énfasis los de la región del noreste de Guayana, llegaron a
comprender y asumir como un elemento vital de su cultura que los
lugares donde ellos habitaban y sus accidentes geográficos, colinas,
montañas, aguas, sabanas, selvas, lugares, formaciones rocosas, etc
debían tener nombre propio. Estos sitios contienen la huella de lo
humano, a través de una identificación concreta, que le permite
diferenciarlos, ubicarlos en su territorio, para otorgarle en muchos
casos su valor patrimonial, religioso o mítico. Es decir los pueblos
originarios y los que posteriormente se arraigaron en sus tierras
obviamente poseen la capacidad de asociar su entorno, sus
ecosistemas, sus tierras, con sus tradiciones, saberes, historias,
mitos y leyendas, y darle significado a cada lugar o elemento
natural de su territorio.
Esa
huella quedó registrada oralmente en su propia cultura y en sus
comunidades, como conocimiento ancestral, y ese referente toponímico
fue de tal manera impregnado, como elemento de identidad, en los
relatos, crónicas, estudios y registros cartográficos de los
conquistadores y colonizadores que llegaron desde Europa para
apropiarse de esas tierras y reclamarlas como territorios de sus
gobiernos imperiales. Esa tradición toponímica perdura y está
presente hoy en el nombre de ciudades, pueblos, cerros, ríos, que se
identifican con voces indígenas, y que constituyen uno de los
legados más importantes que los pueblos originarios han realizado a
nuestra cultura, identidad y conocimiento geográfico y linguístico.
Vamos
a lo concreto. Nombres indígenas en el noreste de Guayana.
Las
voces indígenas presentes en el registro toponímico de la región
del noreste de Guayana provienen de los pueblos pueblos pariagotos,
guayanos más al norte y de los caribes, que predominaban estos
últimos en los pueblos de misión de Guasipati, Tupuquén, Carapo,
El Miamo y Cumamo, en la zona del Yuruari. En menor magnitud perduran
voces de los pueblos guaicas, arawacos, arinagotos y guaraunos.
Primeramente
hay que destacar que las grandes denominaciones geográficas en la
Orinoquia son indígenas en su origen. Por ejemplo la voz Guayana
deriva de un pueblo indígena que habitaba en esta región, en sus
valles interiores no tan distantes del Orinoco y el Caroní. Paragua
es voz indígena cuyo prefijo “para” es reiterativo en toda
América y que significa gran curso de agua.
También
tenemos algunas toponimias como Piacoa, Imataca, Caroní, que son
voces indígenas que identifican pueblos, sierras. Tenemos la
denominación Up Ata, que se puede traducir como mi tierra o mi
suelo, pati como sinónimo de suelo o tierra presente en Guasipati.
Indígenas son los nombres Tumeremo, Paragua, río y pueblo. Caruachi
voz indígena de un pueblo de misión y un paso del río Caroní,
Huicsatano otro pueblo de misión cercano a Caruachi y al cerro El
Retumbo, que es una palabra desaparecida en la toponimia actual pero
que tuvo su vigencia en la historia de las misiones capuchinas en los
siglos XVIII, XIX y las primeras décadas del XX, cuando este pueblo
entró en decadencia y desapareció como referente regional concreto.
Costumbre
castiza, muy española, es la de asociar los lugares o pueblos de
misión a sus santos y vírgenes. Allí tenemos a Ayma en maridaje
con San José, Tupuquén con San Félix, El Miamo con la Virgen de
Monserrat, Puedpa con Nuestra Señores de los Dolores, Guri el
pueblito desaparecido en las aguas de su lago con San Buenaventura,
Yacuario voz indígena de significado no claro emparentado con Santa
María, que terminó por desterrarlo como nombre de esa
comunidad cercana a Upata. Cupapuí y su derivado Cupapuicito,
pueblo y río, asociado a San José.
Sigamos
con el inventario preliminar de la toponimia indígena
Larga
es la huella de lo indígena en el nombre o identificador toponímico
de los ríos, lagunas, en esta zona de Guayana. Allí tenemos una
larga lista: Yocoima que significa serpiente de agua para los
guayanos, Tagroima, Oronata, Puchima, Cume, Caballape, Yuruari,
Yuruán, Cuyuní, Botanamo, Venamo, Macorumo, Cunurí, Antabare,
Carichapo, Guanaraparo, Nacupay, Supamo Parapapoy, Guariche,
Caratupán, Curripia, Cicapra, Guaramal, Chispa, Cicapra, Tucurén,
Amarapo, Guaracaroima, Hualpa, Mucupia, entre otros.
Cerros,
saltos, pueblos, muchos son nombrados con denominaciones indígenas,
entre otros Cume, Araitepuy, Machí, Cachamay, Chirica, Guri,
Nekuima, Curagual, Sucutum, Chiripón, Quiribay, Porore, Peremo,
Guayos, Chapire, Guacarapo.
También
tenemos voces indígenas que no son exclusivas de Guayana y tienen
uso similar toponímico en otras regiones del país, entre otras pao,
totumo, corozo, guamito, carata, merecure, jua ua, terecay, etc.
Extrañamente
y digno de estudio que una zona con tanta ascendencia indígena como
El Palmar y el municipio Padre Pedro Chien, tengan tan poco referente
toponímicos de origen indígena. Salvo Puchima, Guanaraparo, Cume,
las denominaciones de sitios lugares con voces caribes y guaicas,
aquí lo que abundan son toponimios asociados con santos, animales,
plantas y palabras de origen hispano. Una hipótesis en este
particular caso es que en El Palmar la cultura y la lengua española,
y más aún las referencias toponímicas, se impusieron desde la
fuerza de los hechos y el poder económico ejercido por los dueños
de hatos que se convirtieron en los propietarios de la tierras
ganaderas que anteriormente administraron los padres misioneros.
Diferente
la huella indígena en la toponimia que está plenamente vigente en
el municipio Sifontes, donde existe al sur y este de Tumeremo, una
fuerte presencia de pueblos originarios. Entre otras acá tenemos
voces indígenas de lugares, ríos, cerros, que perduran, tales como
Kamaria, Lema, Botanamo, Yuruán, Venamo, Anacoco, Turumbán,
Kavayape, Tumeremo, Pariche, Kimai, Motovay, Chacupare, Aracapa,
Karitupia, Maribisí, Guspa, Caiguao, Riconote.
Caso
especial el de nuestro río Padre el Orinoco, en la frontera de
nuestra Guayana del noreste, que entre otras expresiones indígenas,
ha sido llamado Joga-Apururú, Paragua, Bazagua, Parava, Maraguaa,
Barraguán, Aparia, Yupaparia, Huriaparia Viaparia, Uyapari, Uyapar,
Urinoco, Worenoque, Ibirinoco.
En lo atinente a lo linguístico
hay que resaltar aparte del uso generalizado del prefijo “para”
como referente a gran curso de agua, los sufijos uní, ení, arí,
asociados como raíz en el nombre de muchos de nuestros ríos Caroní,
Cuyuní, Cunurí, Yuruaní. Ata que aparece en Up Ata y Oron Ata,
siendo una anomalía Yuruari, porque en este caso la raiz iare es más
bien propia de pueblos de alto y medio Orinoo.
Importante
resaltar que mucha de las denominaciones toponímicas, si bien hacen
referencia a referentes concretos, materiales, físicos, de los
pueblos indígenas, otras tantas voces alusivas a lugares o
accidentes geográficos tienen un significado no claro, ya que la
etimología de esas palabras es desconocida.
Conclusión:
Hay que rescatar el patrinomio toponímico indígena
Finalmente
y como reflexión final tenemos la necesidad y el reto de promover
el rescate y conocimiento de nuestra voces indígenas toponímicas; y
avanzar , ahondar, en el origen de esas palabras geográficas,
asociarlos a lo concreto de su significado o etimología. Reconocer
además por qué se adoptaron para señalar o o identificar lugares,
sitios, y porque han perdurado la mayoría o han sido borradas otras
en la nomenclatura actual. Indagar que así como la toponimia local
guayanesa en castellano hace referencia a seres vivos, situaciones,
objetos concretos, también muchas de esas voces indígenas hoy
lamentablemente son desconocidas en sus significados léxicos
originales.
Nuestros
pueblos indígenas fueron y son prodigiosos en otorgar atributos
humanos y riqueza expresiva a su referentes espaciales o geográficos,
a sus sitios, a sus ríos y relieves.
Lamentablemente
se han perdido los significados de tales voces indígenas o son
desconocidos. Quedando así esas toponimias convertidas en
expresiones fonológicas, sonidos, expresiones verbales sin
significados simbólicos, metafóricos, míticos, episódicos o
concretos, reducidas a servir como referentes de sitios y lugares.
Queda
abierta la inquietud, el exhorto a los especialistas, humanistas,
académicos, investigadores, a estudiar este tema tan poco explorado
en su profundidad y dimensión histórica, cultural, antropológica,
como lo es la toponimia indígena.
En
homenaje a los pueblos indígenas debemos
avanzar finalmente en el objetivo de
rescatar nuestro patrimonio
toponímico originario en el
noreste de Guayana. Ojalá
y avancemos pronto en esa dirección.
Voces
indígenas en la toponimia del noreste de Guayana fue el título de
una conferencia dictada por el licenciado Juan Ruiz Correa, autor del
blog Hemisferio Sur Guayana en el mes de abril del 2016 en la
Universidad Nacional Experimental de Guayana Núcleo Menca de Leoni
en Upata capital del municipio Piar del estado Bolívar.
En
esa oportunidad ante un auditorio compuesto por estudiantes y
docentes de este centro de Educación Superior, el
periodista y autor de este blogrealizó
una
disertación sobre
un
tema poco investigado como lo es la toponimia, un campo
del conocimiento
que se vincula
directamente de
la geografía, la linguística y las tradiciones, y que ahonda en el
estudio de los nombres de los sitios, poblaciones, relieves, cursos
de agua, y cualquier espacio natural, tanto en sus aspectos
etimológicos como culturales.
Un
poco de teoría. Qué es la toponimia
De
la toponimia que viene del griego "topos" lugar, "onoma"
nombre, se nutren precisamente los especialistas en las ciencias
geográficas y sobre todo los cartógrafos, para darle identificación
a los lugares y espacios naturales de nuestro entorno ambiental.
En
palabras del catedrático español Maximiano Trapero un topónimo es
una forma léxica que tiene una función semántica localizadora,
para identificar un punto concreto de la geografía, donde entran en
juego dos magnitudes: la geografía y la lengua.
Al
respecto agrega Trapero que "en
la toponimia han quedado preservados infinidad de elementos
linguísticos característicos de épocas pasadas, de tipo léxico y
fonológico”. Esto
quiere decir a su criterio que
“los
estratos de la lengua histórica están allí presentes, pero no
están muertos, están vivos funcionales, actualizados de continuo en
el habla común, con una mayor riqueza en el mundo rural".
En
este mismo sentido el investigador de la Universidad de Los Andes
Luis Alfonso Rodríguez Carrero señala que la toponimia representa
la posibilidad de comprensión de una cultura que de manera cotidiana
hace mención a los diversos nombres de regiones, ciudades, sitios,
pueblos, que están ligados a tradiciones culturales, muchas veces
desconocidas. Concluyendo en la necesidad actual de promover el
conocimiento del significado de dichas denominaciones a través de la
educación formal y no formal para lograr la comprensión de la
pluralidad cultural de Venezuela".
En
este orden de ideas el licenciado Ruiz señaló en la conferencia: “Estamos
en pañales con respecto a este propósito, y debe ser prioridad en
nuestros centros académicos, escuelas, organizaciones culturales,
promover el conocimiento de la toponimia como un elemento de
identidad y patrimonio de la venezolanidad”. Por lo que sostiene y tiene plena vigencia hoy "la
toponimia tiene valor patrimonial y está
vinculada a nuestra identidad geográfica y cultural, por lo que ha
sido incorporada como un componente básico de la legislación
venezolana.
Instituto
Geográfico autoridad en materia de toponimia
Esta
tarea institucional le corresponde por ley a un ente oficial como lo
es el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar, al que
corresponde la responsabilidad de ser la autoridad nacional en
materia de nombres geográficos, tal como lo establece la Ley de
Geografía Cartográfica y Catastro Nacional, que le asigna la
responsabilidad de administrar, conservar y difundir el patrimonio
toponímico de la nación mediante la actualización de la Gacetilla
de Nombres Geográficos. Este registro documental es el registro
metodológico y sistemático de los nombre propios de lugar y
accidentes geográficos, asociados a parámetros como tipo de
accidente, coordenadas del lugar, ubicación político
administrativa, fuente cartográfica y referencia cuadricular.
Importante
destacar que además existe otra rama de estudio toponímico que es
la cartografía histórica, contenida en mapas, planos, producidos en
el pasado, la cual permite reconocer los geotopónimos que ha
entrado en desuso, como por ejemplo la nomenclatura de la
Colonia y la de siglo XIX, la primera etapa republicana de Venezuela.
En
este contexto teórico legal el licenciado Ruiz aclaró que su
disertación estuvo basada en un estudio preliminar de tipo
exploratorio y muy básico, de tipo documental y con fuentes vivas,
que no tiene obviamente la rigurosidad de las investigaciones
formales académicas. Todo partiendo de una pregunta
generadora, que a continuación insertamos:
¿
Qué nos queda hoy de esas palabras de las lenguas
aborígenes de América que forman parte del patrimonio
toponímico en la región del noreste de la Guayana
venezolana?
En
cuanto al alcance de su estudio exploratorio documental precisó que
la investigación estuvo centrada en el espacio geográfico de los
municipios Piar, Roscio, El Callao, Sifontes, Padre Chien y parte de
Caroní. Concretamente desde las márgenes del río Caroní al oeste
hasta la zona de Imataca localizada al Sur de la Boca Grande del río
Orinoco, y de esta porción de la Guayana hasta la región colindante
con el territorio Esequibo venezolano, concretamente en la franja del
piedemonte de la Sierra de Lema y otras estribaciones montañosas que
separan la cuenca del Cuyuní de la Cuenca Alta del Río Caroní.
Este
territorio tiene aproximadamente unos 70 mil kilómetros cuadrados de
superficie, donde aún y pese al proceso de exterminio demográfico,
cultural e histórico por parte de los conquistadores y colonos que
se apropiaron de sus tierras sobreviven algunas comunidades de las
etnias pemón y cariña, ambas de la rama caribe, que habitan al
norte de la Gran Sabana y Sur del Orinoco y este del Caroní. Pese
a ese proceso de exterminio lo cierto es que en la zona así como en
gran parte del territorio venezolano con un importante componente
indígena persisten las huellas de la cultura indígena en lo
relativo a la toponimia, que no ha sido borrada y está viva en los
nombres de los accidentes geográficos.
Justificación
de este estudio exploratorio
Pero
por qué es importante la toponimia, conocer el origen y el por qué
de la nomenclatura y la denominación exacta que deben tener los
lugares, sitios o accidentes geográficos. Lo
es porque la toponimia otorga identidad al conocimiento geográfico y
la cartografía, que sin este componente cultural o linguístico
carecería del sabor local, el componente autóctono,la cultura y la
historia de los pueblos que habitan o habitaron esos lugares, y que
tuvieron el privilegio de nombrar o identificar con un nombre preciso
a dichos espacios, lugares o puntos de interés, como un cerro, una
llanura, un río, una laguna, una laja, una localidad o centro
poblado. Sin esa nomenclatura específica toponímica esos lugares o
sitios e interés geográfico quedarían reducidos en un mapa a un
conjunto un tanto “ahistórico” de códigos, líneas imaginarias,
coordenadas y simbología cartográfica, carentes de significado para
sus habitantes y los propios intereses de los interesados en conocer
esos territorios.
Antecedentes
al estudio de la toponimia indígena en Venezuela
Ahora
para indagar sobre algunas de estas voces, o los posibles nexos de
los nombres indígenas de los accidentes geográficos, es posible
hacerlo consultando en vivo a los indígenas que siguen habitando
algunos territorios ancestrales, o acudiendo a fuentes documentales,
como los estudios del padre Miguel Angel de Gerona, autor de un
compendio de la lengua pariagota, o el padre Buenaventura de
Carrocera, autor del libro "Linguística Indígena Venezolana y
las Misiones del Caroní".
Algunas
otras referencias las tenemos en el "Glosario de Voces
Indígenas", importante obra del intelectual larense Lisandro
Alvarado, donde indaga sobre palabras de uso cotidiano indígenas que
quedaron luego registradas como nombres geográficos, tales como
píritu, cabima, niquitao o guaira, nombres e plantas o utensilios.
Otro importante aporte lo realizó el padre Cesareo Armellada
investigador de la UCAB, autor de un diccionario del idioma pemón.
* Desde el primer semestre del año 2024 el Parque Mirador Antonio José Anzoátegui, ubicado en la zona alta del sector La Encaramada de Ciudad Orinoco, antigua Soledad, se ha transformado en la principal infraestructura turística de la capital del municipio Independencia del estado Anzoátegui.
* Se trata de un proyecto construido para la contemplación del río Orinoco, sus riberas, su puente Angostura, Ciudad Bolívar, Ciudad Orinoco y todo el paisaje natural y humano ubicado en el entorno del curso fluvial, en la zona más angosta de su cauce, que comparten los estados Anzoátegui y Bolívar.
Parte de la cerca perimetral del Parque Mirador José Antonio Anzoátegui.
Pequeño anfiteatro para eventos culturales, con el Orinoco como telón de fondo.
Una obra de gran impacto para el municipio Independencia.
Así se le da la bienvenida a los turista ya en el interior del Parque Mirador.
El Orinoco con Ciudad Bolívar al fondo, visto desde el Mirador en agosto de 2024.
Atardecer en el Orinoco con el Puente Angostura al fondo.
Con una construcción espectacular, con enormes bases y columnas metálicas tubulares, que le dan sostén a sus corredores y miradores, áreas de recreo, anfiteatro, caminerías, y espacios cerrados para diversos usos, este Parque Mirador ofrece a quienes lo visitan la posibilidad de admirar desde la terraza de lo colina sobre la cual fue construido los paisajes naturales de los bosques protectores del Río Padre, el curso sinuoso, ancho y angosto del Orinoco a su paso por Ciudad Bolívar, el movimiento de los pescadores en sus pequeñas embarcaciones a canalete o motor, el transporte fuvial de pasajeros en las "lanchitas" de Puerto Blonh y los imponentes atardeceres, que se dibujan al fondo del Puente Angostura. Este Parque Mirador permite visibilizar igualmetente desde su ubicación privilegiada tipo atalaya, la línea de costa del río Orinoco en su margen derecha, correspondiente a la Guayana venezolana. Visible también desde estas instalaciones la elevada estampa del Casco Histórico de Ciudad Bolívar, el Mirador Angostura, el Paseo Orinoco, obviamente la Piedra del Medio, las islas de Panadero al este, y la del Degredo, al Oeste, así como la franja costera repleta de bosques naturales, ubicados en la margen izquierda de río, sur del estado Anzoátegui.
A canalete y con remo buscando un mejor sitio para lanzar la atarraya en el canal principal y más angosto del río Orinoco frente a la histórica Ciudad Bolívar.
La
pesca y los paseos por el Malecón dan reace a la Feria de Orinoco
2024. Junto al comercio ambulante y los eventos culturales y deportivos,
atraen a miles de turistas durante el mes de agosto, mes de la
creciente máxima del Río Padre frente a Ciudad Bolívar.
Preparando las redes. Con destreza
Remando a contracorriente los pescadores en sus faenas de pesca frente al Mirador Angostura.
Desde los andamios en las cercanías del Puente Blonh, los expertos pescadores con atarrayas esperando capturar bocachicos y zapoaras, especies de mayor demanda en la temporada de aguas altas de río Orinoco.
En reciente visita al Paseo Orinoco en horas diurnas se pudo visualizar la dinámica de las decenas de pescadores que aprovechan la creciente anual máxima del río Orinoco para lanzar sus redes y anzuelos, en una labor incansable que se extiende desde bien temprando hasta el atardecer. Es una actividad admirada por los visitantes de este paseo, tanto nativos, residentes en Ciudad Bolívar, como los turistas nacionales que recorren estos espacios para sorprenderse o extasiarse con la impetuosidad de la corriente fluvial y las habilidades de las faenas de los pescadores bolivarenses, quienes las despliegan con pericia desde sus canoas, impulsadas o mantenidas sobre el río con remos artesanales, justo frente al Mirador Angostura y los remansos del curso de agua. También reclaman atención los pescadores con atarraya que desde los andamios ubicados en las cercanías del Puerto de Blonh esperan capturar los bocachicos y sapoaras, y otras especies fluviales tan apetecidas por los consumidores locales.
Venta de pescado fresco en el Malecón del Paseo Orinoco, en las cercanías del Mirador Angostura de Ciudad Bolívar.
Desde el Paseo se observa el Mirador de Angostura y los pescadores en su faena de agosto.
En la mañana moderada presencia de turistas y bolivarenses por el Paseo. Al atardecer y en la noche estos espacios se llenan de público, todo en el marco de la Feria del Orinoco, recién finalizada a finales de agosto, con eventos festivos y culturales.