En las áreas de colinas y cerros más escarpados de Upata se cuentan por centenares los enormes o medianos bloques rocosos como colocados a ras del suelo por fuerzas cataclísmicas y procesos erosivos.
Imponentes rocas de gran magnitud los tenemos en los cerros El Toro-La Viuda-Guacarapo, donde a nivel del suelo flotan peñascos de decenas de toneladas, mudos testigos de tiempos geológicos muy antiguos. Y de las lajas aún más grandes con un peso posiblemente superior a las centenares o miles de toneladas tenemos ejemplos descollantes como la llamada Piedra de Santa María, a un costado del casco central de Upata, un enorme afloramiento rocoso de más de una hectárea de superficie cuyo lomo convexo se empina casi 30 metros sobre el nivel del valle circundante donde se aloja la ciudad, y cuyo interior inexplorado a nivel del subsuelo bien puede tener decenas de metros de profundidad.
Estas rocas félsicas, mayormente con predominio del cuarzo y del feldespasto, bien gneis o granulitas, son parte esencial del paisaje de colinas, lomeríos o montañas de moderada altura, y sabanas de las tierras más altas ubicadas entre los suelos del cuartenario que corren en paralelo al Orinoco.
Igualmente son comunes en las penillanuras, franjas de pendiente, lomeríos, valles cerrados y cerros testigos o serranías que más allá de los 500 metros sobre el nivel del mar demarcan la zona de divisoria de aguas entre la cuenca del Orinoco cercano y la hoya del Yuruari, que más al sur drena sus aguas hacia la otra gran cuenca guayanesa la del Cuyuní Esequibo.
Estas rocas son parte fundamental de la estructura mineral superficial de las colinas de Upata, que con el paso del tiempo, miles y millones de año, han sufrido el desgaste erosivo de sus elevados relieves originarios, para dar paso a esas suaves siluetas de cerros que envuelven el paisaje del valle del Yocoima, que según los expertos se formaron ya de forma definitiva en el terciario- cuaternario, en un proceso de levantamiento y aplanación posterior de sus relieves, que se inició hace 66 millones de años y que se extiende en el desgaste de esas masas minerales hasta nuestros días.
Toda esta zona había tenido como elementos de su relieve antiguo, grandes montañas y depresiones, productos de levantamientos y hundimientos sucesivos del complejo igneo del macizo precámbrico, cuyas rocas más antiguas tienen entre 3800 y 3200 millones de años, y que en transcurrir de ese periodo geológico sufrio intensos procesos de meteorización-erosión, hundimientos, que dieron origen a rocas metamórficas, al ser alteradas por las presión de los sedimentos acumulados por centenares de millones de años. Luego en el Mesozoico o la era Secundaria, desde hace 260 a 60 millones de años, ese proceso evolutivo del relieve continuó con su dinámica de transformación, previa al levantamiento tectónico de la Sierra Imataca en el Cenozoico o era Terciaria.
Desde la formación misma de la Tierra, cuando emergieron los primeros continentes, y se formaron los cratones como el Macizo de Guayana, hace 3800 millones de años aproximadamente, todo este proceso de modelación, cambio y transformación de las rocas igneas, impulsó el metaformismo inicial de los magmas solidificados o la reconfiguración de lu estructura cristalina de los sedimentos antiguos depositados en valles o profundas depresiones. Así se concretó el surgimiento de las nuevas formaciones rocosas, que dispersas como afloramientos continuos o bloques degradados y aislados de antiguas rocas madres, se multiplican en los valles y serranías del noreste del estado Bolívar. Por ello tenemos esas típicas rocas madres continuas o discontinuas, que se extiende en lo más profundo el macizo o el cratón de Guayana, y que se localiza en sus suelos, a decenas o centenares de metros, formando la superficie superior de este enorme complejo igneo-metamórfico, oculto por la capa de sedimentos del cuaternario que forman nuestros suelos o sustratos.
En esta secuencia de imágenes mostramos parte de esas formas caprichosas y de la geometría particular de nuestras rocas guayanesas, que en Upata son elementos siempre visibles de sus paisajes y relieves. Y que ameritan de mayores y mejores estudios a nivel descriptivo, para que las nuevas generaciones puedan entender de qué materiales minerales están formados, cómo se originaron en el devenir de la geología evolutiva y los procesos tectónicos o erosivos que han contribuido a su transformación, así como su posible utilidad económico.
En esos temas, salvo la información que a cuenta gotas podamos extraer de la red Internet o de los escondidos estudios académicos de las universidades que tienen investigaciones de geología o minas, estamos en pañales, y es poco o limitada lo que podemos aportar desde nuestra visión generalista como divulgadores del conocimiento o de la ciencia, con las trabas propias que nos impone el hecho de ser informantes periodísticos de la realidad y no expertos científicos, lo que obviamente nos expone a equívocos y erradas informaciones.
Cuando los académicos y estudiosos de las ciencias de la tierra entiendan desde sus instituciones universitarias o de investigación que la geología puede y debe aterrizar desde sus complejas teorías y terminologías hasta la difusión "sencilla" de esos conocimientos, avanzaremos en ese derecho humano a ser educados y formados sobre nuestro patrimonio geológico. Y lo importante de saber de qué materiales y elementos químicos están conformados nuestros suelos y rocas, esos minerales, piedras, lajas y relieves que nos rodean acá en este valle de Upata y su Yocoima, así como su evolución y su importancia productiva.
Ojalá y este propósito de divulgación de la ciencia geológica se haga realidad más temprano que tarde, para que todos los hijos de esta tierra podamos entender y admirarnos de que las rocas efectivamente hablan a través de sus capas minerales, sus rupturas en elementos minerales más pequeños por efecto de la meteorización química o los desprendimientos tipo diaclasas, y que su estructura, sus cristales y composición química, así como la interpretación de sus relaciones con el relieve terrestre, nos pueden aportar mucha información sobre cómo evolucionaron estas superficies superiores de la corteza terrestre, en esta hermosa región del valle del Yocoima, en sus colinas y penillanuras de altitud media que se extienden al noreste y este de la ciudad.