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sábado, 15 de agosto de 2026

Tautacos en el sector Manuel Piar de Upata. Avistamiento a mediados de agosto del 2026. Primera vez que esta especie visita nuestra plazoleta principal

 

El Tautaco  Theristicus caudatus ave perteneciente al grupo de los ibis y corocoros, pertenecen a una familia de nombre muy difícil de memorizar los Threskiornithidae. El de la gráfica junto a su pareja fua avistado en la Plazoleta de la Urb Manuel Piar de Upata, escarbando insectos, réptiles, lombrices, en el suelo húmedo del parque, al lado de estas lenguas de suegra. La foto data del viernes 14 de agosto de 2026.
Pareja de tautacos, visitantes repentinos a nuestro urbanismo, uno vigila, el otro escarba alimentos en el suelo húmedo. Foto del 14 de agosto de 2026. (Foto:Cortesía Juan Alfredo Ruiz Idrogo el Jr, estudiante de Ingeniería de Industrias Forestales de la Universidad Nacional Experimental de Guayana UNEG Upata)
Al día siguiente sábado 15 de agosto de 2026 los tautacos visitaron nuevamente el urbanismo, acá en pareja en su faena de alimentación. 
Esta imagen de los tautacos copartiendo territorio con gallo y pollo data de la tarde del viernes 14 de agosto del 2026 en la Plazoleta Parque del urbanismo Manuel Piar.


El ave cuyas imágenes insertamos anteriormente es conocida en gran parte de América del Sur como bandurria caraicuda, también se le llama en Colombia curicaca o coclí (Theristicus caudatus), mientras que en Venezuela la conocemos como Tautaco, que es una especie de ibis caracterizada por su cabeza y cuello de tono crema a beige o blanco ocre, con el resto del cuerpo mayormente oscuro y un largo pico curvado.

Características principales:

Cabecita y cuello: Color amarillo pálido o ante muy contrastante con el resto del cuerpo.

Pico y patas: Pico largo y curvado hacia abajo de color oscuro, ideal para escarbar en el suelo, y patas rojizas.

Hábitat: Frecuenta sabanas, pastizales húmedos y áreas abiertas cerca de cuerpos de agua en Sudamérica. 

Tal como indicamos al principio en Venezuela y específicamente en la región de Guayana, el ave Theristicus caudatus se conoce popularmente con el nombre de tautaco. El término tautaco es de origen netamente onomatopéyico. Imita el potente y estridente canto metálico que emite el ave al volar o al alarmarse en las sabanas.

Distribución en el país: Aunque es sumamente emblemático y abundante en la región de los Llanos colombo-venezolanos, también habita de manera regular en las formaciones de sabana abiertas del norte del estado Bolívar, lo que explica perfectamente su avistamiento en los alrededores de Upata.

En la vecina Colombia (hacia el suroeste) recibe el nombre de coclí, mientras que los nombres de bandurria común o bandurria boreal quedan reservados casi exclusivamente para los países del Cono Sur como Chile, Argentina y Uruguay.

Tautaco visitante inusual, por dos días tomó el parque como su hábitat principal 

 El tautaco (Theristicus caudatus) mostrado en estas imágenes, en este caso la pareja, fue avistada luego de varios días de lluvias en las áreas verdes de la Plazoleta del urbanismo Manuel Carlos Piar de Upata, al este de la ciudad, en una zona donde es más frecuente observar casi a diario pequeñas bandadas o ejemplares del alcaraván. La fecha del avistamiento fue el viernes 14 de agosto de 2026 en horas de la tarde, después de una lluvia moderada, y el sábado 15 de agosto del mismo año en horas de la mañana. Posiblemente aprovechando que  el suelo de los parques y pastizales se ablanda, lo que facilitó el uso de su largo pico curvado para buscar insectos, lombrices, ranas y pequeños reptiles.

Vida en pareja: Los tautacos son aves monógamas y territoriales. Es muy común verlos forrajeando en parejas o en pequeños grupos familiares bien integrados, rara vez se alejan de sus sitios habituales de vida, en las lagunas, bajios, y suelos húmedos de las extensas áreas rurales y silvestres que rodean la ciudad de Upata, por lo que este comportamiento nos pareció bastante inusual, dado que en más de 30 años de vida en la urbanización Manuel Piar jamás habíamos tenido la oportunidad de avistarlos en nuestro sector. 
 

Es completamente normal que estos animales muestren esa confianza si provienen de los fundos o hatos ganaderos cercanos a Upata, donde conviven a diario con personas, vacas y aves de corral sin ser molestados.Esta conducta nos deja varios detalles clave sobre su ecología local. Obviamente al no sufrir de caza ni acoso en las fincas de la zona, desarrollan una alta tolerancia al ser humano. Esto les permite caminar tranquilos en estos espacios verdes urbanos, mientras obviamente no sea molestados, o se encuentren despejados del bullicio de niños jugando, o personas pernotando en las áreas del parque. Por lo visto además se asociación sin problema alguno de competencia o agresividad con gallináceas, ya que como lo detallamos compartieron el espacio con gallos y pollos, lo cual es una conducta oportunista inteligente. Las aves de corral remueven la tierra al picotear, lo que expone lombrices y larvas que el tautaco aprovecha rápidamente con su pico largo.

En cuanto a su canto ocasional emiten sonidos metálicos cortos, que suelen ser llamados de contacto para asegurar que la pareja se mantenga cerca mientras están concentrados buscando comida.

Actualización de campo (Agosto, 2026): 

El regreso del Tautaco a los parques de Upata

El pasado 14 de agosto de 2026, alrededor de las 3:00 p. m., tras una persistente tarde de lluvia que ablandó los suelos del valle del Yocoima, fuimos testigos de un acontecimiento ornitológico excepcional frente a nuestra propia casa. Tras 30 años residiendo en este sector de Upata, tuvimos el privilegio de registrar por primera vez a una plácida pareja de Theristicus caudatus, especie conocida en los tratados especializados de Sudamérica como "bandurria común" —un término completamente ajeno a nuestro entorno—, pero que en la memoriade nuestro pueblo sobrevive bajo el nombre netamente onomatopéyico de Tautaco.

Lo más sorprendente del avistamiento no fue solo su imponente estampa —con sus características patas rojizas, lomo grisáceo y su largo pico curvado—, sino su asombroso nivel de confianza frente al ser humano y otras especies. La pareja forrajeaba pacíficamente en el área verde en estrecha compañía de un gallo y un pollo domésticos, mostrando una pasividad que contrasta drásticamente con los alcaravanes (o "teuteos") que habitan este mismo parque casi a diario. Mientras que estos últimos son sumamente territoriales, huyen al menor intento de acercamiento y defienden con agresividad sus zonas de anidación en las sabanas periféricas, estos tautacos toleraron nuestra presencia a escasos 10 metros; de hecho, los gritos de alerta fueron completamente ignorados por las aves, las cuales solo alzaron el vuelo cuando les arrojamos un pequeño objeto plástico. Aunque el alcaraván sigue siendo el dueño indiscutible de la acústica local con sus cantos diurnos y nocturnos sin horario específico, el esporádico timbre metálico de estos visitantes rompió la tarde, confirmando que la fauna de los hatos vecinos encuentra hoy un refugio dinámico en los espacios urbanos de nuestra ciudad.

Las imágenes que acompañan esta nota son el resultado de un esfuerzo estrictamente familiar y de periodismo ciudadano, superando las limitaciones técnicas del momento. Las dos primeras capturas de la secuencia panorámica fueron tomadas con nuestra noble y antigua cámara compacta Samsung (Lens 4.5-22.5 mm), cuyo zoom básico y pequeño sensor debieron batallar contra la bruma densa de la tarde. Las tomas posteriores en primer plano fueron capturadas por mi hijo Juan Ruiz Idrogo- estudiante de Ingeniería de Industrias Forestales de la Universidad Nacional Experimental de Guayana UNEG Upata- utilizando el sensor móvil de un Xiaomi Redmi 15 Pro, logrando una mayor fidelidad en los tonos rojizos de las patas y el ocre del cuello de las aves. Más allá de la resolución técnica o la falta de equipos profesionales —muchas veces inalcanzables—, dejamos este testimonio visual con el único propósito de salvaguardar el valor científico e histórico de un comportamiento animal inédito en nuestra comunidad. El verdadero valor de la fotografía de naturaleza está en documentar la vida, no en el costo del lente o del equipo fotográfico. 

Además de estas imágenes iniciales tuvimos oportunidad de registrar en fotografías la misma pareja de tautaco al día siguiente sábado 15 de agosto, en estos espacios del Parque Plazoleta del urbanismo Manuel Piar. 

En fin el tautaco, visitante ocasional o excepcional de nuestro urbanismo en este mes de agosto del 2026,  constituye una de las especies representativas de la avifauna local y patrimonio ecológico natural vivo del municipio Piar y la ciudad de Upata. A continuación insertamos más imágenes.

















 

domingo, 13 de julio de 2025

Huellas humanas en la serranía y Parque Natural Cerro El Toro

Parcelero, trabajador incansable y vecino de Manuel Carlos Piar, Noel Jiménez en la gráfica en las cercanías de la Plazoleta del sector, al fondo la Serranía de El Toro, patrimonio natural de Upata.

Conucos en el sector La Bomba del cerro El Toro.

A caballo niños transitando el camino principal del cerro El Toro.

Parcelamiento La Bomba, en este valle en contacto con los lomeríos que la rodean están las nacientes de la quebrada de El Caballo.

Desde el urbanismo Manuel Piar destaca la escarpada ladera del Cerro El Toro.

Paseo existencial y pequeñas crónicas de la Serranía 

de El Toro, que antes mentaban El Jobo


Por allí anda Noel Jiménez

Noel Jiménez, a sus 50 y tanto, o quizás más, es uno de los asiduos propietarios, conocedores y caminantes del “Cerro El Toro”, sitio que conoce como la palma de su mano y del cual siempre recorre y admira, ya que su casa principal está muy cerca de esta serranía, en una de las manzanas del urbanismo Manuel Piar. Él pertenece a una familia arraigada en esos lomeríos, sabanas y bosques, en esos peñascos y quebradas, en ese relieve escarpado, donde suele realizar, además de sus labores como agricultor, sus faenas nocturnas de caza de animales silvestres.

A Noel siempre lo vemos en los primeros escarpes del cerro, en el camino que pedregoso marcha a un costado de la quebrada del Caballo, dispuesto además del saludo largo a contarnos alguna historia de este cerro de mitos y leyendas, y a enseñarnos las peculiaridades naturales que allí existen: sus matas, sus árboles maderables, el nombre de sus yerbas y las pequeñas anécdotas del patrimonio natural más emblemático de Upata, junto al Yocoima, al cerro El Corozo y la Piedra de Santa María.

Voz pausada, sin premuras, reflexivo, silencioso pero firme en sus ideas, así vemos a Noel, y así sin mucha dificultad él suele romper el hilo para hablarnos de este Cerro y sus cosas.


El Jobo: Un Nombre con Historia

En uno de sus encuentros, Noel Jiménez nos aclaró la confusión sobre el nombre del cerro. "Durante muchas generaciones, quizás estamos hablando desde la época de mi abuelos, El Jobo y no El Toro fue nuestro lugar de convivencia", afirma. El Jobo fue y sigue siendo el sector más grande de esta zona rural, distante unos 5 kilómetros "colina arriba" del centro histórico de Upata.

Era el escenario de travesuras infantiles y del trabajo de campo: siembra, cosecha, ordeño, cría de ganado y aves, labores principales de las familias que poblaron la zona. La comunidad de El Jobo tuvo en los Jiménez a su grupo familiar más extendido. En sus valles y laderas fértiles, los abuelos de Noel y su descendencia desarrollaron su forma de vida en medio de bosques, sabanas, colinas y quebradas. Aunque la distancia al pequeño pueblo de Upata podía parecer corta a pie, en burro o a caballo, Noel destaca que no era comparable con las grandes distancias a las que estaban acostumbrados en otros desplazamientos.


Vida Rural: Agricultores y Pequeños Ganaderos

En esos tiempos, tanto padres y abuelos como las generaciones actuales se dedicaban a la agricultura de subsistencia: maíz, yuca, verduras, frutales, hortalizas y algunas matas de café. Esta era la labor diaria de los Jiménez, los Jaramillos, los Castros y otros grupos familiares que tenían sus casas y fundos en El Jobo. También desarrollaban una pequeña ganadería vacuna en potreros estrechos o aprovechando las lomas, donde vacas, toros y becerros encontraban los pastos naturales.

En El Jobo, y en los sectores que hoy también se conocen como Chaparral, La Bomba y Pasito, vivían estos grupos familiares, sumando más de 100 habitantes en total. Allí, los "viejos fundadores" criaron a sus hijos, trabajaron incansablemente y se esforzaron por inculcar el bien a la juventud. En sus ratos libres, que no eran pocos, también organizaban fiestas y bailes.


El Legado del Apellido Jiménez

Según Noel la familia más numerosa y arraigada desde mediados hasta finales del siglo XIX, y las primeras décadas del siglo XX hasta 1960, era la de los Jiménez. De esta descendencia, Noel destaca el hogar de su abuelo Don Santos Jiménez y su esposa Felicia, quienes procrearon a sus hijas Adelina, Clara, Nérida, Luz, Martha, Ana, Auristela, y a los varones Rogelio y Néstor, entre otros.

"La mayoría de nuestros tíos, primos, hermanos, hijos, abuelos, ya no están en el Cerro, en El Jobo", lamenta Noel. "Muchos se han ido de este mundo terrenal, otros bajaron al pueblo a ganarse la vida en otros oficios, otros tantos ya ni están en Upata, realmente no es fácil sobrevivir y tener estabilidad, buenos servicios y comodidad allá arriba. Pero eso sí, la semilla de los Jiménez sigue allí presente", asegura. Muchos no han vendido sus parcelas y persisten en su faena como pequeños productores, gente del campo y la caza, entre ellos, el propio Noel, que sube el cerro casi a diario.



Corteza cobriza del Indio Desnudo o Palo Mulato, otra especie de árbol muy abundante en la zona protectora de la Quebrada del Caballo.

Desde la cima del cerro al fondo la llanura de El Candado, antiguo hato de la familia Melgar.
Imponente árbol de zapatero, una especie de bosque muy abundante en las zonas húmedas del Parque Natural Cerro El Toro, este ejemplar frondoso se encuentra en el sector del Dique de la Quebrada de El Onoto.



Imagen satelital de Google Earth del cerro El Toro, sobresale el camino a las Antenas.

Plano topográfico del sector El Jobo, no aparece la mención al cerro El Toro, sino a Cerro Colorado. (Plano pubicado por Catastro Minero Nacional).

Más que un Cerro: Una Constelación de Colinas

Noel nos aclara que la serranía de El Toro como es obvio no es un único cerro, sino un conjunto de colinas con nombres propios:

  • El más nombrado era El Jobo, junto a la cercanísima Mesa de la Carata.

  • A un costado de la comunidad estaba Cerro Colorado, que se extendía de norte a sur y colindaba con las laderas de la colina de las antenas. Cerca de esa planicie en declive se realizó un corte exploratorio de la mina de caolín, al cual se llegaba por un camino de camiones aún visible. "Por fortuna aquí no hay oro, aunque sí mucha pirita o el oro de los tontos como se le dice, porque si no esto ya se hubiese acabado y estaríamos tomados por los mineros, como le está pasando a El Cume, Tierra Blanca y La Justicia", comenta Noel.

  • La loma de Las Antenas, señal de identidad del cerro desde el valle de Upata, era llamada por los viejos Cerro Chirica.

  • El otro lomerío de mayor altura, que da al frente con la ciudad, era conocido como el Cerro Los Mangos. Este sobresale con su forma de caparazón animal frente a la sede de la Guardia Nacional de La Romana, mostrando a la distancia sus enormes lajas y su densa vegetación, seca en verano y de un verde intenso en la temporada de lluvias.

  • Finalmente El Toro, que es un nombre relativamente nuevo, la colina frontal que hace frontera con el valle del Yocoima desde la quebrada del Caballo hasta la zona de las lajas y bosques de galería, que sobresalen en los farallones de ese lomerío principal.


Dique del Onoto en el Parque Natuyral cerro El Toro.

El Onoto y El Dique: Agua y Vida en el Cerro

Noel también menciona el famoso "Dique", alimentado por la quebrada del Onoto, que serpentea hasta desembocar en la zona de La Carata. "En su curso medio este cauce cuenta con dos diques, uno de los cuales, el segundo y a menor altitud, siempre ha sido utilizado como sitio de recreación por la gente de Upata", explica Noel. De ese segundo dique nacía una tubería que durante algunas décadas, quizás desde 1940 hasta 1970 del siglo pasado llevaba el agua al acueducto viejo de Upata, desde esas alturas hasta la zona de La Carata y de allí al casco viejo. Ya abandonada esta red a partir de 1980 era utilizada más bien para conducir el agua hacia las fincas y viviendas en el sector La Bomba y en las partes bajas del cerro, en su piedemonte localizado al este del sector La Viuda.

Se recuerda a un agricultor muy famoso y cordial con los visitantes del cerro en las décadas de los 70 y 80: Pilar, quien vivía en el valle entre El Onoto y el Cerro de La Mesa y se hizo famoso por su grito de saludo "hooooo". Pilar se marchó del cerro hace casi cuatro décadas, sin que se supiera más de su paradero.


Sobre esta roca la figura del Toro, de cerca es un mancha sobre una roca diaclasada o fracturada, a la distancia el parecido es mayor.

Del Cerro San Antonio al "Cerro El Toro": La Fuerza de la Costumbre

Sobre el Cerro El Toro, Noel Jiménez aclara: "Mira, ese nombre es relativamente nuevo". Este relieve lo forma la primera loma principal de la serranía, visible de frente y con sus características de vegetación boscosa, sabana y peñascos. Esta colina empinada, con sus barrancos, limita al noroeste con la quebrada de El Caballo.

"En otros tiempos a ese lomerío se le llamaba Cerro San Antonio", revela Noel. "Allí había en uno de esos peñascos o piedras, una figura, una pequeña capilla en honor al Santo Patrono; eso desapareció".

Noel indica que el tope del cerro forma una especie de suave semicírculo, elevándose aún más en su punto más alto (unos 30 o 40 metros). Allí arriba hay matorrales, lajas a flor de suelo, robles, yucuares, vegetación de sabana y excelentes miradores del valle de Upata. Ese tope, ligeramente inclinado pero estrecho, tiene en uno de sus barrancos o laderas escarpadas, al centro de la colina, una mancha sobre la superficie de una enorme roca desnuda que, a la distancia, parece la imagen de un toro, es decir una especie de petroglifo. Esta figura es visible desde los sectores de Sierra Tres, San José y la carretera a Guasipati. "Por eso se le llama a esa parte de la serranía Cerro El Toro, nombre que luego el pueblo, la gente de la ciudad, extendió a todas estas colinas. Por eso ahora cuando los niños y los adultos quieren visitar o van de excursión a estas colinas de Upata, todos sencillamente las llaman Cerro El Toro; es la fuerza de la costumbre".


Toponimia Oculta: El Cerro y la Quebrada del Diablo

En la época de los abuelos, desde las primeras décadas del siglo XX hasta 1970, la gente de Santo Domingo y la calle Monagas e Independencia, o de las zonas más cercanas a estos lomeríos usaban más la denominación "Cerro El Jobo" para referirse a esta serranía principal de Upata. Noel ratifica esto y añade que "al cerro que está arriba de La Viuda, ese que no tiene nombre pero que tan visible es desde la ciudad y que desde el centro de la ciudad parece una pirámide casi perfecta, mi abuelo lo llamaba Cerro El Diablo, aunque ese nombre hoy nadie lo usa".

Con ese mismo nombre del Diablo sí se nombra a una tercera quebrada que baja precisamente del Cerro El Toro. Esta atraviesa Sierra Tres, Coviaguard, Bella Vista y la avenida Rómulo Gallegos (en los edificios de apartamentos) hasta desembocar en la quebrada de El Caballo y tributar ambas finalmente en el río Yocoima, a la altura de la entrada a El Guamito. Sin embargo, esta es una toponimia poco utilizada, a tal punto que Noel Jiménez no recuerda que existiera una quebrada con ese nombre.


En la época de lluvias intensas así crece el caudal de la quebrada de El Caballo.

 La Quebrada El Caballo y Sus Historias Trágicas

En cuanto a la quebrada de El Caballo, Néstor Jiménez cuenta que se llama así porque, hace mucho tiempo, en la primera mitad del siglo pasado, cuando la corriente crecía, algunas mujeres de Upata, que residían en las últimas casas del pueblo (hoy la ampliación de la calle Monagas), acudían a lavar la ropa, aprovechando las lajas y pozas que se formaban en ese pequeño caudal.

"Eso era lejos en la época, por lo que usaban caballos para trasladarse cada tantos días a esa faena", relata Noel. "Y cuentan los abuelos que una de esas muchachas, muy joven, se fue al cerro y la quebrada a efectuar su labor de lavado de ropa, con tan mala suerte que al llegar al sitio, resbaló y cayó quebrada abajo, falleciendo en el lugar por el impacto contra las rocas. Desde entonces, a ese afluente se le conoce como la quebrada de El Caballo, quizás rememorando el hecho de que a caballo iban las mujeres en esa época con su cargamento de ropas a efectuar su oficio de lavanderas".

La quebrada El Caballo ha sido testigo y escenario de otros hechos trágicos, como la muerte del agricultor Julián Jaramillo en el año 2002. Julián sufrió el vuelco de su vehículo rústico en una aciaga noche, cuando retornaba a su vivienda y conuco en el sector Pasito, ubicado en un pequeño valle contiguo al sector La Bomba. El accidente ocurrió en el tramo final del ascenso por la empedrada vía de acceso principal a la Y de La Bombita. "Con el impacto, Jaramillo quedó atrapado a ras del agua y sufrió un golpe mortal en la cabeza y columna, justo en el propio cauce de la quebrada; su muerte conmocionó a nuestra comunidad", recuerda Noel.

Otro episodio trágico más reciente, en el 2022, fue el deceso de un niño residente del sector Santo Domingo, al ser arrastrado por la corriente de la quebrada mientras se recreaba con sus familiares en uno de sus parajes rocosos y de pendiente pronunciada. "Toda quebrada, y más esta por sus lajas babosas y farallones, debe ser respetada. Por un descuido pueden pasar cosas, y si la corriente de repente crece de golpe por alguna lluvia intensa en su naciente, hay que estar pendiente y salirse de ella para evitar desgracias", advierte Noel.


Una Historia por Seguir Contando

Finalmente, Noel Jiménez nos despide, indicando que es hora de volver a sus faenas en la parcela y visitar a los conocidos. Sin embargo, deja claro que tiene muchas más historias, cuentos y reflexiones pendientes por compartir sobre su Jobo y su Toro, sobre sus parientes y sobre esa naturaleza silvestre que tanto le atrae y a la cual no renuncia, ya que forman parte esencial de su experiencia de vida.

"Por aquí me verás, caminando, curioso, cuidando, saludando y enseñando cuando se puede que esta serranía no tiene igual y siempre será parte fundamental de mi existencia, porque aquí nos criamos y aquí seguimos, pues mientras haya fuerza, ganas y salud, esta será siempre mi casa", afirma Noel. Y así es, hermano Noel. En el Cerro nos veremos siempre.



Cerro El Toro 30 Años después. Desde su cima así lo contemplabamos en 1995. Así lo vemos hoy...

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En la secuencia gráfica arriba el piedemonte y la serranía que separa al sector El Candado del Macizo Colinoso de la carretera Upata El Buey tal como se podía observar desde el cerro El Toro en el año 1995. Abajo la misma zona de piedemonte y la serranía tal como ha evolucionado en 2025, la vegetación alta, bosques, se ha incrementado notablemente en el primer tramo de la carretera en la zona donde proyectaba construir un hotel mirador el Grupo Arizona, un consorcio empresaria que hasta la década de los 90 del siglo pasado compró estas tierras del antiguo Hato El Candado, por décadas perteneciente al sr Luis Melgar, conocido empresario y propietario de inmuebles de Upata.

A la izquierda vista del Aeropuerto de Upata desde la cima del cerro El Toro, tal como se observaba desde el cerro El Toro en 1995. En la fotografía de la derecha el mismo sector contiguo al Aeropuerto,: Nótese que en esta zona sí ha sido evidente la deforestación de los bosques protectores de las nacientes del río Yocoima y el deterioro que presenta la antigua Casa Grande del Hato El Candado, la cualñ sobresale abajo a la derecha al lado de la carretera principal del sector.

jueves, 25 de enero de 2024

Nuevo recorrido por los senderos del Parque La Alegría de Upata: una zona protectora ideal para promover la formación botánica

Estudiantes de la UNEG ingresando al Parque Ecológico La Alegría.

El profesor Sánchez Coro mostrándonos una de las formaciones rocosas en la parte alta del Parque La Alegría.

Sendero en la zona alta del parque, allí abunda la especie palo blanco, que allí forma un espeso bosque, que da vida a un refugio de fauna y a pequeñas nacientes de agua.

Los estudiantes y la docente de la UNEG, intercambiando información y conocimientos en la periferia del Parque.
Otro sendero del Parque, bien mantenido y con plantas ornamentales, en lo que constituye su jardín botánico en la parte baja de este espacio protector.

El pasado martes 23 de enero del 2024 tuvimos oportunidad nuevamente de visitar el Parque Ecológico La Alegría de Upata, localizado en el kilómetro 2 de la carretera Upata El Pao, en el sector Chapire, comunidad aledaña al caserío Sabenetica. En esta oportunidad gracias al apoyo logístico de la Universidad Nacional Experimental Guayana UNEG, que nos facilitó la movilización hacia este espacio natural protegido por Decreto Municipal en 2021, donde se avanza en un interesante proyecto de recuperación de una franja de bosque tropical, localizada en las cercanías del embalse Cupapuicito, en un área afectada por la construcción del urbanismo Villa Paraíso. 

Allí fuimos recibidos por el profesor Giovanny Sánchez Coro, promotor y guardián protector de este maravilloso proyecto de parque natural que él inició hace más de 10 años, e intercambiamos la experiencia de visitar sus espacios silvestres muy bien conservados. En esta ocasión hacia su parte más alta, por caminos con diferente grado de dificultad en el ascenso, que se mantienen despejados y que conducen hacia algunos espacios más abiertos, que pueden ser convertidos en miradores del embalse de Cupapuicito, el valle de Sabanetica y las colinas del sector Chapire. 

Por estos mismos senderos se entra en contacto con formaciones rocosas antiquísimas,  que forman parte del patrimonio geológico de este parque, y con paisajes de selva, conformado principalmente por especies autóctonas de la zona, en su mayor parte palos blancos, capures, cañafistolas llaneros, algarrobos, yagrumos, jabillos, quebrahacho y zapateros, que son el refugio de aves como guacamayos y tilingos, monos araguatos y capuchinos,pequeños mamíferos y hasta cunaguaros en su zona de selva más espesa. 

domingo, 9 de abril de 2023

Piedra de Santa María en abril del 2023: Así se encuentra este patrimonio natural de Upata el Domingo de Resurreción

Afloramiento rocoso en el sector oeste del parque natural, se divisa a lo lejos serranía de Chapire.
Casco central de Upata, con el cerro El Corozo al fondo, visto desde la laja principal de la Piedra de Santa María.




Matorrales y yopales serpertean por los diversos recodos de la Piedra de Santa María.

Un habitante del sector contemplando la ciudad desde la Laja principal.



La laja con su costra oscura de manganeso y el verde valle con sus colinas al fondo.

Al centro en este pequeño sector de la Piedra estaba creciendo un pequeño yopal, pero todos los arbolitos fueron talados.
Iglesia, Alcaldía y el centro de Upata vistos desde este monumento natural.

El afloramiento rocoso de la Piedra de Santa María es rico en cuarzo y feldepasto, y en menor proporción mica biotita.  

En abril del 2023 el Parque Natural y Monumento Geológico la Piedra de Santa María de Upata sigue siendo ese rincón poco visitado y un tanto descuidado por las autoridades y los vecinos, del cual apenas nos acordamos solo cuando lo usamos como escenario de un encuentro anual colectivo que congrega a centenares de upatenses, familias, niños, jóvenes y adultos mayores, todos congregados en torno a dos eventos populares: la Quema de Judas y el festival de papagayos o voladores. 

Este 2023 la Piedra de Santa María nos regala en abril un traje vegetal si se quiere muy propio de un año que vuelve a ser de sequía extrema. Con sus yopales, o lo que queda de ellos, convertidos en troncones a ras de roca, arrasadas por el hacha y los machetes de los leñadores, que tienen acá en este espacio natural una suficiente y cercana provisión de esta especie arbórea para su uso como leña, lo que obviamente está incidiendo negativamente sobre este ecosistema particular de nuestra ciudad. No obstante el Monumento y Parque Natural Piedra de Santa María no cede jamás su importancia como referente paisajístico y patrimonial de la ciudad de Upata, un centro urbano donde las rocas flotantes, las lajas y  peñascos, de todos los tamaños, forman parte esencial de su cotidiano relieve.

El mismo día de registro fotográfico, Domingo 9 de abril de 2023, pero en horas de la tarde la Alcaldía de Piar organizó en el Parque Natural Piedra de Santa María la tradición de la Quema de Judas y el festival anual de vuelo de papagayos. (Foto Cortesía Secretaría de Comunicación e Información Alcaldía de Piar).