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jueves, 30 de abril de 2026

Estampas de Upata a mediados del siglo XX


Dos sitios emblemáticos de Upata, la zona de la calle Urdaneta, tal como se mostraba antes de la demolición de su antigua Iglesia Parroquial a mediados de la década de los 50 del siglo pasado, y la gasolinera de la entonces calle Independencia, que se levantaba en el mismo sitio donde hoy funciona la Estación de Servicio de la Avenida Raúl Leoni al lado de la Panadería Aurora. Son dos fotos de autor anónimo, que vienen circulando en las redes sociales, que hemos mejorado usando la Inteligencia Artificial Gemini de Google. 

Se muestran allí la arquitectura sencilla pero hermosa de la vieja Iglesia de San Antonio, con los inmuebles estilo colonial típicos de la Upata provinciana, destacando entre otras al fondo la Casa del Balcón y las casas del viejo casco histórico de la Villa del Yocoima, además de la desaparecida leguminosa que ocupaba parte de la calle. 


En la otra fotografía, varios paisanos aparecen en la imagen mientras es surtido un modelo de auto típico de los 50 en la que en ese momento era la Bomba de la Esso, atrás un pequeño tramo de la calle Independencia, que entonces se extendía hacia el este del pueblo, desde el centro de la Villa, y más al fondo, vivienda típica y la silueta de las colinas del valle del Yocoima.      

lunes, 2 de diciembre de 2024

Upata en dos tiempos: Ayer hotel al final de calle independencia Hoy proliferación de comercios

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Comenzando los años 70 del siglo pasado, una imagen serena,con muy poco bullicio y baja concurrencia peatonal en el casco central de Upata, que entonces era una ciudad miníscula de solo unos 20 mil habitantes. La gráfica nos remite al final de la calle Independencia, muy cerca del viejo Mercado Principal de la ciudad, visible apenas al fondo. Allí estuvo uno de los principales hoteles de la Villa del Yocoima de esa época: el hotel Bicenenario. Este inmueble fue parcialmente modificado, conservando actualmente casi sin modificación la construcción de dos aguas y techo de teja, a la izquierda. 

Final de la calle Indendencia, al fondo la estructura metálica de la remodelación paralizada del Mercado Principal de Upata. La imagen data de octubre del presente año 2024, y muestra parte del habitual movimiento peatonal y de vehículos, así como la sucesión de comercios formales e informales típica de este sector de la ciudad. El viejo hotel Bicentenario hoy convertido en sucesión de locales comerciales, así luce hoy. Básicamente conserva su estructura base, pero modificada en múltiples detalles utilitarios: santamarías, avisos y añadidos metálicos.

viernes, 17 de mayo de 2024

La Iglesia Católica en Upata. Una breve reseña sobre su templo principal de San Antonio de Upata. Contribución del padre Robert Plancht en su libro publicado por Editorial Trípode

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Diversas tomas de la estructura, feligresía y esculturas de la iglesia parroquial de San Antonio de Padua en Upata. Abajo algunas imágenes de la vieja iglesia demolida para el bicentenario de la fundación de la Villa del Yocoima, así como una histórica foto de la construcción del templo actual en 1961 y una imagen de cómo era la estructura antes de las remodelaciones efectuadas en las dos últimas décadas por los padres Palotinos.
La historia de los templos católicos de Upata, desde su iglesia principal dedicada a San Antonio de Padua, que data de la fundación misma del pueblo en 1762, hasta las más recientes construcciones de capillas y templos como el de la urbanización Nueva Imataca dedicada a San Vicente Palotti a principios del siglo XXI, ha sido recogida con excepcional detalle por el presbítero Robert Placht en su libro "Iglesia Católica en Upata Ayer y Hoy" publicado por Ediciones Trípode en el año 2012. (Anexamos abajo fotos de su portada y contrapartada).



Aunque se trata de una investigación dedicada a resaltar los aspectos más relevantes de la misión pastoral, misionera, del credo católico en la Villa del Yocoima y sus caseríos, en la que uno de su más importantes aciertos es el de arrojar luces y datos precisos sobre la historia de los templos construidos por la feligresía y las autoridades eclesiásticas a lo largo de sus dos siglos y medio de vigencia como la principal religión de esta ciudad y su área de influencia inmediata.

En resumen de este libro podemos extraer las siguientes informaciones, basadas en la revisión documental que el presbítero Placht realiza de diferentes autores:

"El antecedente más antiguo a lo que sería la evolución de la iglesia católica en Upata hay que remitirlo al año 1738 cuando se levantó un primer templo de este credo, meses antes de la primera fundación de Upata, capilla improvisada de materiales precarios dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, donde se realizaron los primeros oficios litúrgicos desde enero de 1739.

Epidemias, carencia de recursos, el asedio de grupos indígenas hostiles a quienes pretendían usurpar sus territorios, así como el ataques de piratas que penetraban hasta el interior de Guayana, provocaron su decadencia absoluta y la temprana muerte de este primer intento de fundación de Upata, que ya en 1740 fue abandonado por sus primeros habitantes. Persistían y sobrevivían a este asedio y a otras calamidades no obstante las cercanas misiones de San José de Cupapuy, Santa María del Yecuario, y San Francisco de Altagracia, fundadas años atrás por los padres capuchinos.

Luego de este fracasado intento Upata, como proyecto de villa, renace en 1762 con la fundación de la localidad el 7 de julio. Desde meses atrás a este fecha ya los padres capuchinos catalanes habían realizados algunos actos religiosos en una sencilla capilla, ubicada en aquel tiempo en lo que hoy es el Hotel Yocoima, antiguo edificio Pararayos, a cuatro cuadras del terreno donde se ubicaría definitivamente la primera y mas importante iglesia parroquial de Upata.

Así se veía el viejo templo de San Antonio, casi 200 años estuvo en pie, pero ante su deterioro estructural y lo pequeño de su interior fue suplantado por la actual iglesia entregada en el marco del Bicentenario de Upata.

Otra estampa muy común de la vieja Iglesia de San Antonio en la década de los 50 y 40 del siglo pasado.

En ese mismo año se inició la construcción de ese templo parroquial dedicado a San Antonio de Padua, en el mismo sitio donde se levantó la iglesia parroquial primogénita de Upata, el cual fue culminado en octubre de 1762, tres meses después de la fundación de la Villa. En esa iglesia se ofició la primera Misa Solemne el 13 de junio de 1763 en los actos conmemorativos del día de San Antonio, una liturgia que estuvo a cargo del párroco José Antonio de Cervera.

Este templo de modestas dimensiones, pero levantado con madera más trabajada, mampostería y otros refuerzos estructurales, estuvo en pie durante dos siglos. Con algunas restauraciones se mantuvo en pie, hasta que dado su nivel de deterioro fue sustituido por el templo actual, inaugurado en 1962 en la fecha conmemorativa del bicentenario de la fundación de Upata.

Campanas y otros artilugios litúrgicos, en aquel viejo templo de 200 años fueron trasladados a Upata desde la parcialmente destruida misión y Castillo de Araya al norte de Cumaná.

jueves, 7 de julio de 2022

Hace 260 años Upata villa de españoles irrumpió en la escena regional. Fundada un 7 de julio de 1762 la Villa del Yocoima y sus hijos está hoy de júbilo. Nos corresponde fortalecerla en lo social y productivo, rescatar su memoria, preservar sus patrimonios y consolidarla como morada para una vida digna y de progreso

Upata actual. En julio del 2022. Enmarcada en un hermoso paisaje de colinas, sabanas y selvas.

Av Valmore Rodríguez sector Tavera Acosta.
Río Yocoima en julio de 2022.

Plaza El Ejército.
Av Raúl Leoni arteria vial principal de Upata.

Bajando a la Valmore, al fondo Iglesia de San Francisco.

En esta oportunidad, en este lluvioso año del 2020 DC, insertamos reflexiones en prosa, algunos datos, imágenes y versos alusivos a nuestra ciudad: su historia, legado, cultura y potencialidad social y productiva. 
 

UPATA 260 AÑOS

Un ventanal se abre y más de dos centurias
develan tu historia de tierra irredenta
Hoy te visten con tus mejores ropas
para celebrar tu aniversario
pero no es suficiente,
Hay cicatrices que nos recuerdan la infamia
a pesar de ello, hay quienes entonan para ti una canción de arraigo
que llevan en sus alforjas vivencias y recuerdos
eternizados en tu espacio vital
que aman tu biosonica de sonidos naturales
cantos de aves que presagian un abrazo de aguacero
O que nos alegran las madrugadas insomnes de los sueños.
Prefiero sentirte afable y risueña, mi tierra, mi flor de roca
tenaz y resiliente ciudad que no se doblega
que siembra y cosecha afectos de quien te estima.
Somos más que dos, multitud que danza 
que te lleva como huella eterna que palpita.
Tu nombre, doscientos sesenta años
orlan tu frente, disfruta tu impronta.
Celebremos tu fiesta, cuando termine
cada quien a lo suyo
El tejedor de ignominia a oradar tu candor,
quienes te estiman y cuidan 
a honrar tu nombre, Upata de mi corazón.

Daniel Ruiz Correa

Breve historia de una villa que primero fue tierra india 
 
Up Ata Mi Tierra, celebra este viernes 7 de julio 260 años de historia, a partir de la fundación en 1762 de la que fue, junto a Barceloneta de La Paragua, las dos únicas villas de españoles, cuyo objeto era el de servir de asiento a familias hispánicas, en su mayoría canarias, y servir como base de operaciones administrativas y de seguridad de los Pueblos de Misión que en gran número surgieron y fueron organizados por los padres capuchinos catalanes en Guayana a partir de 1720, proceso que tibiamente había sido iniciado a finales del siglo XVII, a partir de 1682, según lo reseña en el año 2019 en el "Foro Guayana Sustentable Revista Informativa de Investigación Nº 19" el médico y periodista Atife Habib, entonces cronista oficial del municipio Piar.  

Destacar además que además de su última y definitiva fundación en 1762, la que hoy celebramos, Upata ya había tenido un primer intento de poblamiento hispano e 13 de enero de 1739 impulsado por los padres capuchinos catalanes, bajo la protección o el patronato de Nuestra Señora de la Candelaria, que por lo penoso de la situación de sus primeros habitantes, asediados por las tribus hostiles, que con todo derecho defendían sus tierras, caribes principalmente, enfermedades tropicales, y la falta de apoyo logístico de parte de las autoridades administrativas y militares de España, resultó fallida.   

Afiche de la Alcadía alusivo al Aniversario 

A diferencia de las más estratégicas poblaciones de la región centro norte costera de Venezuela, donde la fundación de villas y pueblos la hicieron los conquistadores, sobre la base de la ocupación violenta de las tierras indígenas,  en la región de los Llanos, y Guayana el proceso de poblamiento, es decir la fundación de pueblos y villas, le correspondió a diferentes congregaciones del catolicismo, que era la religión oficial de la Corona de los Austrias y los Borbones de España. 

A esta orden clerical o congregación religiosa, la de los capuchinos, la Corona asignó en el inmenso espacio geográfico ubicado al este del río Caroní la tarea de evangelizar a las diversas etnias indígenas allí establecidas, indios guayanos, pariagotos, arinagotos, caribes, guaicas, entre otros, como forma "pacífica" de ocupación de los territorios que por "mandato divino, gracia de Dios, y derecho de conquista y colonización" consideraba como suyos el Imperio Español. Upata nace entonces un 7 de julio como villa de españoles, y le tocó desde aquel lejano 1762 jugar un rol estelar como el principal pueblo de los tantos que fueron fundados por los capuchinos en lo que se denominó Las Misiones del Caroní.  Debido a su grato clima, , lo bien protegido de su valle, su ubicación privilegiada en la zona de contacto entre las cuencas del Yuruari al sur y Caroní Orinoco al norte, la calidad de sus tierras para la agricultura y la ganadería, y principalmente por el carácter "apacible" de los habitantes indígenas, que poblaban aquel valle y sus territorios aledaños, donde fueron fundadas primero las misiones de Santa María del Yecuario, San José de Cupapuy, entre Santa Rosa y San Lorenzo, al suroeste de la ciudad, y San Francisco de Altagracia, al norte, Upata nace con buenos augurios y de hecho ha podido sobrevivir y convertirse en la tercera población del estado Bolívar.

Calle Monagas y Raúl Leoni al fondo.
Mucha ha sido la historia de este pueblo o villa, primero como asiento de importantes unidades de producción de cultivos como el tabaco, café, caña, el aceite de copaiba, hatos ganaderos en sus inmediaciones. Luego como centro de operaciones y cuartel general del Ejército Libertador, que se estableció a partir de la toma de Upata por el general Manuel Piar el 6 de febrero de 1817, quien posteriormente nombraría al coronel y presbítero José Félix Sánchez como administrador de esta entidad militar, que fue fundamental para organizar la logística previa al contundente triunfo patriota de la Batalla de San Félix, dos meses después. 

Luego de la independencia, agotada su riqueza ganadera y despoblados la mayoría de sus pueblos misionales, Upata entró en reposo y decadencia. Seguía siendo no obstante capital de Cantón, adormecida, y sin una base económica firme, con una infraestructura urbana muy precaria, a tal punto de que no queda huella alguna, arquitectónica e incluso de herramientas y objetos de interés histórico, en ese periodo que va desde 1817 hasta 1860, cuando por fin despierta de su letargo, y cobra vida gracias al impulso comercial y de transporte de carga terrestre hacia la zona minera de Nueva Providencia, Caratal, El Callao, Tupuquén, y la actividad de extracción del balatá en las zonas boscosas del sur guayanés, que tuvo en Upata un primer centro de operaciones y apoyo logístico. 

Centro de Upata desde el Calvario de la calle Bolívar
Casas comerciales, y la labor encomiable de Don Pedro Cova, como promotor de diversos proyectos, como el primer periódico de Upata, la construcción de su cementerio, fundador de la logia masónica y otras obras sociales, así como el surgimiento de expresiones culturales en este pequeño pueblo, le devolvieron a la Villa del Yocoima su importancia en el concierto regional, a tal punto de que para finales del siglo XIX y las primeras décadas del siglo XX, progresivamente fue adquiriendo mayor relevancia: mejorada un tanto su precaria infraestructura carretera, acueducto, mercados, escuelas, instituciones benéficas, y emprendimientos industriales artesanales, trapiches, papeloneras, queseras, alambiques, carpinterías, fabrica de jabones, curtiembre de cueros, entre otras, surgieron nuevas casonas con techos de tejas, que revitalizaron su centro histórico. 

Esquina de la Miranda con la Sucre fte a la Plaza Bolívar.

Antigua esquina de Los Gómez, hoy comercio en construcción.

Casa del Balcón entre Urdaneta y Sucre.

Calle Piar, casona de la familia Vera, al fte casa tradicional de la familia Sosa.

Calle Urdaneta desde el cruce con la Piar.

Calle Páez, al fondo de una de las 9 Colinas de la ciudad.

Viejas casas de pueblo en la calle Páez.

Calle Vargas, al fondo el cerro El Corozo icónico relieve de la ciudad.

Actividad comercial callejera y tráfico en la calle Piar.

Progresivamente en los años y décadas subsiguientes, con el empuje de la industria siderúrgica, la minera del hierro, el oro, los no metales, el aluminio, las centrales hidroeléctricas, el resurgir de la ganadería vacuna, el incremento de la producción agrícola de yuca, maíz, frutales, hortalizas, la industria del aserrío de la madera, fabricas familiares de catalinas, torrefactoras como Café Yocoima, pequeñas empresas metalmecánicas, bloqueras, y el sucesivo crecimiento exponencial de las actividades del comercio, los servicios, las instituciones de gobierno, aquella pequeña villa de 3 mil habitantes en su centro urbano inició su despegue y expansión. Upata, mantuvo una discreta población de 4000 en 1931, que ascendió apenas a 4100 en 1941. Casi 7 mil en 1951. En 1961, a un año del Bicentenario en Upata residíann 12.753 personas. En 1971 se duplica casi, a 21 mil habitantes. En 1981 asciende a 32 mil personas. En 1990 concentra unos 46 mil habitantes. Para el 2000 Upata según el Censo posee ya 69 mil habitantes.  En el último Censo Oficial en el 2011 su población ascendió a 83.748 habitantes. Se calcula para este 2022 para Upata una población cercana o superior a los 100 mil habitantes. 

lunes, 11 de abril de 2022

Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios. III Parte

Daniel Ruiz Correa, poeta y matemático, en tono de nostalgia nos regala su pincelada de historias sobre el Bicentenario de su infancia

Calle Canaima principal, muy cambiada con respecto a la vieja vía de la Upata de los 60 y 70.

Desde la tranquilidad de su reposo el poeta, profesor y matemático Daniel Ruiz, nos hace llegar en tono de nostalgia el siguiente relato y descripción sobre la urbanización Bicentenario de su infancia. Con su verbo de poeta y buen contador de historias rememora parte de sus vivencias acumuladas, que fueron por igual las experiencias de quienes habitaron junto a él este rincón de Upata durante los inolvidables años de la década del 70,  cuando estos niños crecieron y se hicieron adultos en la misma medida en que el barrio fue creciendo junto a ellos y logró consolidarse como territorio de hábitat y  progreso material y espiritual de muchas familias que allí sembraron su nicho de vida. 

Dejemos entonces que sea el propio Daniel "Lucas" o Bum como lo llamaban en su intimidad familiar quién nos introduzca en un pasado que los ayudó a forjar su carácter y con sus vaivenes los preparó para afrontar los retos de la superación personal, profesional o humana, como adulto de bien, identificado plenamente con su entorno vecinal y con Upata su tierra, pueblo, ciudad, realidad y escenario natural y de vida, cada uno a su modo, cada uno a su ritmo y con su timbre particular, con su propia melodía y armonía, en un concierto sinfónico sin director pero con mucha calidad interpretativa. Así inicia su relato y descripción Daniel Ruiz:

Sobrenombres y amistades

De esa infancia temprana en nuestra urbanización Bicentenario, cuando comenzamos a tener conciencia del lugar que habitábamos y el entorno de amistades, compañeros de barrio, amigos, vecinos, los nombres todos se asocian con apodos. En ese entonces cada muchacho tenía su sobrenombre. Unos relativamente amigables, otros un poco más vergonzosos u ofensivos. Humberto Bálsamo el gran amigo, compañero compadre hoy ausente, fue conocido en sus tiempos juveniles como Bachaco. Él era de los más conocidos y activos en el barrio, muy travieso y osado en sus correrías por las calles, descalzo cuando niño asi andaba, incansable, dicharachero, gran jugador de carnaval con agua, con bombas, siempre presto en su infancia para el trabajo como complemento de ingreso en el hogar y aventurero en las correrías por los sabanales y cerros cercanos a la urbanización. Luego todo un dandy tropical, muy bien vestido, amante de los colores oscuros y de la buena música, baladas sobre todo, con una envidiable colección de discos y CD, y con un teclado que supo valorar. 

Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios. II Parte

 

La historia continúa: Bicentenario se nos hizo grande en el 70

Calle Uonquen E en el 2021, ya no es aquella vía de granzón y sin aceras que nos relata el docente Antonio Ruiz, al final en la esquina de Matea estaba el sitio de concentración de los carajitos del barrio.

Para continuar relatando el devenir temprano de Bicentenario en esos inolvidables años 60 y 70, tuvimos una larga plática  con uno de sus habitantes fundadores, cuyo nacimiento coincidió con ese año 1962 en que el sector fue formalmente inaugurado por el presidente de turno, en el marco de los 200 años de Upata. Este personaje es el mayor o bordón de la familia Ruiz Correa, el popular Coquito o Carraplana Antonio José. Precoz y flaco en sus tiempos infantiles, apodado cariñosamente en la casa "Huesito". Hoy Lic en Educación. Docente rural jubilado, TSU en Turismo, habitante aún de la casa materna en la Uonquén E. De este diálogo pudimos extraer y darle forma a su versión personal y vital sobre su amado sector que a continuación insertamos:

Comienza mi historia

Mi nombre es Antonio Ruiz. Soy nacido y criado en esta urbanización, donde he vivido 60 años, solo interrumpida por los 8 años que estuve estudiando en Caracas. Bueno ya entrando en materia te puedo decir que en primer lugar de esa década del 60, en su último parte, cuando rondábamos los 6, 7 y 8 años, no tengo muchos recuerdos, más allá de mis pequeñas historias de muchacho de escuela, estudiante del Mariño, que nos quedaba lejos, y que primeramente funcionó en el viejo colegio de las Monjas por la calle Sucre con Ricaurte, y luego fue mudado a un galpón de la calle Bolívar, donde luego se construyó su sede actual. Al frente del terreno de Mariño estaba en construcción   otro edificio, el más alto de Upata, el Centro Cívico, donde hoy funciona la Alcaldía de Piar. Era en esos momentos una estructura de columnas y pisos y techos sin terminal y sin acabados, sin paredes. Era peligroso muy arriesgado subirlo pero uno no medía el peligro y con mi amigo de infancia Bolívar con frecuencia nos trepábamos hasta su planta más alta para contemplar desde allí el pueblo.

Ya de Bicentenario que te puedo, decir, primero que recuerdo su primer parque en el mismo sitio donde está hoy, ese fue un espacio recreativo muy bien hecho. Grande y hermoso se veía, tenía su cerca perimetral no tan alta con bloques de ladrillo,  con churuatas para picnic, toboganes, un laberinto,  caminerías, áreas verdes, lástima que en menos de 10 años se convirtiera en una ruina. Era triste verlo tan abandonado y decadente, aunque aún en ese estado nunca dejamos de visitarlo y recorrerlo, ya que siempre teníamos travesuras y aventuras que inventar en sus espacios.

Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios I

Sobre sabanas y humedales  nació la primera urbanización de Upata

Calle Upata B de Bicentenario vista desde el Parque, 60 años de historia cumple este urbanismo fundado en julio de 1962 en el marco de los 200 años de la fundación de Upata.
Allende humedales de invierno, sabanas de todo el año, arenales de bestias cimarronas y teuteus reveladores de supuestos embarazos ocultos. Allí en esta ancha y por siglos despoblada llanura de ventoleras y chaparrales, hace 60 años, en 1962, se instalaron familias esperanzadas en un futuro más promisorio, muchos de ellos atraídos por la promesa de minerales cercanos, el hermoso hierro de El Pao, la aún chica Siderúrgica de Matanzas y el dorado metal de las cuevas y barrancos de El Callao. Sobre este suelo diríamos infértil pero prometedor, monaguenses como Luis Cañas y Antonio Ruiz Colón, deltanos como Don Pedro Hernández, margariteños y uno que otro anzoátiguense, como mayorías masculinas, echaron raíces, y dieron forma a sus hogares, cobijados bajo aquellas humildes y alineadas casas, obra y gracia de la naciente democracia representativa. Así nació una comunidad, al calor de las fiestas bicentenarias, un sector residencial que poco a poco se fue haciendo realidad y proyecto de futuro, donde el elemento nativo upatense y guayanés predominaba en sus bellas mujeres. Para iniciarnos en este trayecto histórico y de cotidianidad qué mejor que el relato y la descripción de uno de sus actores, el periodista Juan Ruiz Correa, autor de este escrito, quien en tono de autobiografía intentará dibujar cómo fueron esos primeros años del urbanismo. Su escrito es el siguiente:

Al cabo de diez años en 1970 este nuevo urbanismo siguía siendo el mismo: mustio, callado, esperanzado, empobrecido, donde su gente joven, ahora repletos de muchachos, ven pasar el tiempo con lentitud provinciana, donde las promesas de una existencia más cómoda y placentera seguía siendo eso. Una promesa incumplida de aquella democracia en camino lento a la pubertad. 

Y se hizo la luz 

En ese escenario, de historias sencillas y esfuerzo diario por la supervivencia, despertamos a la conciencia, entre 1972 y 1973, aunque la entremezcla de recuerdos nos llevan a otras aventuras infantiles aún más atrasadas en el tiempo. Como aquel juego precoz y osado de papá y mamá con una vecinita en el patio oscuro de mi casa, dividido por una cerca gallinera, que utilizábamos como frontera de pequeñas exhibiciones inocentes, “enséñame que tú tienes”, me decía, y yo mostrando con más pena que ansiedad mi zona más íntima. 

Vemos también una fila de muchachitos con braga roja en el kinder del Santo Domingo, trazando líneas culebreras en vez de recta formación. Más borroso aún observamos, como en un caledoscopio, a un imberbe juancito rompiendo lentes de maestras, y al mismo personaje ocultándose en el piso del asiento posterior del carro de su padre el Inspector Ruiz, para viajar de polisón y brotar luego como invitado en un sitio desconocido, teniendo obviamente que soportar los regaños y la resignación del papá ante tan repentino acompañante.  

Vemos de repente un enorme televisor de marco de madera y plástico, quizás un Telefunken, con la imagen blanco y negro de un sitio que llaman Venezuela y ¿qué será eso?, me pregunto, hasta que por fin al cabo de varios meses comencé a medio entender que era un país, y que esa era mi casa grande, así como Upata y Bicentenario mi casa chica. 

viernes, 28 de agosto de 2020

Santa María del Yacuario, la arrasada, la saqueada, y renacida sobre sus ruinas...

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Desde una loma se observa la carretera principal Troncal 10 al fondo cordillera de Tomasote.
Valle ganadero en la vía El Salto, al Oeste del caserío principal de Santa María
 
Templo, más bien capilla católica del sector, solitaria y perdida entre tanto cemento. Hizo falta un proyecto para rescatar la arquitectura tradicional y hacerle honor al que fue uno de los mejores templos de los pueblos de misión: la Iglesia de Santa María.



Aunque es documento histórico de relativo fácil acceso, por estar inserto en un libro oficial publicado en pleno gobierno de Antonio Guzmán Blanco en 1876, la relación que hace el señor Andrés Level de su visita a las Misiones del Caroní, dedica su atención a considerar el estado de abandono, y saqueo de sus bienes públicos al que fue sometida la población de Santa María del Yacuario. Con pena, dolor y si se quiere en un tono de reclamo y rabia el visitante describe de esta manera su recorrido al antiguo Cantón Upata, en una misiva fechada desde la población de El Miamo el 30 de junio de 1849 dirigida al Señor Secretario de Estado en el Despacho del Interior, que expresa lo siguente:

"De Cupapuy pasé a Santa María, la desventurada. Este pueblo presenta el inaudito robo de que yo no tenía idea.Yo había visto y sabido, robos de diferentes especies; pero robarse un pueblo entero, no lo había visto hasta aquí. Ahuyentar los moradores de un lugar para apropiárselo; destruir las edificaciones para producir ruinas; producirlas para aparentar despojos; y adueñarse en seguida de estos despojos, es cosa que hasta se corre el riesgo de escribirlas porque, en verdad, pudiera no ser creída. Sin embargo, documentadamente he dado cuenta del hecho a la Direccion, pues por desgracia es harto cierto, que la desventurada Santa María, por su inmediación a la Villa de Upata despertó su codicia. Desde ella le fueron desmembrados sus vecinos, ahuyentaron al que sostenía un resto, pidieron en seguida la extinción de la parroquia, mintieron la ruina inminente del convento, y a poco fue subastado por cincuenta pesos y deshecho.

La hermosísima Iglesia que le era contigua quedó en ruina, despojada de su teja, y en pos, lo demás vino a ser un objeto de espanto y grima para el pasajero. Lo pavoroso de las ruinas y la desolación, acibara el goce que proporcionaría el imponente paisaje, que domina la espléndida posicion de Santa María.

Al acabarse los padres fundadores, quedó con 661 habitantes. Hoy tiene por todo morador los ganados, y un indio herrero que con su limitada familia vive fuera de las ruinas, en la colina que se ve en el plano. Tiene sí la fragua en una casa de la población. Su martillo es la única muestra de vida que resta en aquel cadáver de pueblo. Ese herrero, hombre octogenario, parece como el encargado por el tiempo, de hacer repetir diariamente a su yunque, la sagrada demanda de la vida, para un moribundo que todavía puede alcanzarla. Y con un grito de hierro sobreviviente a cuanto le rodea, preconiza el pueblicidio, y clama por un Gobierno. Ese clamor es el suspirar de cuantos creen que la existencia de los gobiernos supone la existencia de los pueblos. Así, pues, yo doy cuenta de Santa María al poder público, en letras, mientras queda el herrero dándola con su martillo a todo pasajero. Todo mi deseo es poderle decir algun día: Hubo quien oyera tu martillo y mi voz. Mi voz no ha cesado de martillar diez años ha, así como tu martillo no ha dejado de vocear por espacio de seis.”

Con toda consideracion me suscribo de US. muy atento servidor.

Andres E. Level.”

Anexo al escrito Level inserta un plano con lo que queda del pueblo de Santa María, resto de una de las Misiones del Caroní, fundada por los MR. PP. capuchinos, en el siglo XVIII. Anexa también una pequeña relación histórica sobre la misión señalando que SANTA MARÍA DE YACUARIO fue fundada en 1730 con indios guayanos y panacayos. Su población entre 1788 y 1816 se mantuvo entre los 700 y 400 habitantes. En 1788 tenía 481 habitantes. En 1791 subió a 512, cuando la dirigía el misionero Fr Agustín de Barcelona de 52 años, y 18 de misión en aquellas zonas. En 1803 la poblaban 570 personas. En 1816 eran 661 sus habitantes.

domingo, 23 de agosto de 2020

“Upata en la literatura y los libros…” VI

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Conchita novela del cumanés José Mercedes González

De aquella distante Cumaná de principios de siglo XX vino a Upata José Mercedes González, otro sucrense de mérito, opacado su recuerdo por el indudable peso de otro oriental excepcional para nuestra villa, como lo fue el hombre de empresa y benefactor Don Pedro Cova. De este escritor poco conocido en estos tiempos modernos pero de merecida fama en la Upata culta de la primera mitad del siglo pasado, destacamos su novela “Conchita”, publicada en 1933, un relato si se quiere breve, que fuera reeditado por la Biblioteca Yocoima en 1994, que lo rescató del olvido al considerarlo parte del patrimonio cultural escrito de nuestra ciudad.

De su primer capítulo antes de entrar en la narrativa destaca la nobleza inicial de la labor misionera de los capuchinos en esta vasta región de Venezuela, quienes supieron a su juicio ganarse el afecto de las etnias indígenas, sometidas con bondad, laboriosidad y buenos valor cristianos. Lamentablemente expresa que al paso de los pocos años de dominio esta obra evangelizadora entró en crisis y provocó el alejamiento de los indígenas, que se sintieron subyugados y amenazados por estos pastores de almas, lo que explica en los siguientes términos: 

“Los conquistadores abandonaron al manso, al dulce Dios de los Cristianos. Y no eran ya sus prédicas de una doctrina las que oían sus neófitos, sino la voz del sátrapa que les ponía en las manos la soga y el arado, no para el sudor de su frente ganar su bienestar sino, sino para perder su libertad. Aquello fue el desbarajuste; catalanes, canarios, indios, todo ser conquistado volvió a las selvas. Y si es verdad que de la esclavitud de aquellos seres conquistados obtuvieron sus conquistadores: ricas dehesas de ganado vacuno; hatos de buenas bestias; abundantes cosechas de frutos alimenticios; y de granos de exportación; de la selva salió una nueva casta de indios mestizos; con una idiosincracia de la hidalguía española, y de la tenaz ferocidad de los indígenas. Y la resultante de aquella misión idealista que se convirtió en materialista, fue una obra beneficiosa para la Patria. El Padre Blanco y el General Piar en su campaña de 1817, encontraron allí: un gran número de bestias para su caballería, bastimento sobrado para las tropas, y reclutaron 2400 indios mestizos, que demostraron su hidalguía y su valor en la gloriosa jornada de San Félix”.

Libros y revistas un breve repaso

Aunque no libro sino revista también tenemos la publicación que nos cuenta la historia, el devenir y los personajes que hicieran posible el proyecto educativo Colegía María Inmaculada, breve material escrito con mucho apoyo fotográfico, publicado a finales de la década de los sesenta del siglo XX, con motivo de los 25 años del referido colegio.

viernes, 21 de agosto de 2020

“Upata en la literatura y los libros…” V

 Upata comentada por Agustín Codazzi
Hasta el notable investigador de origen italiano Agustín Codazzi en “Resumen de la Geografía de Venezuela”. publicado en 1841 en Francia, hace referencia al Cantón Upata y sus parroquias, documento histórico de gran valor patrimonial. De este libro destacamos el siguiente párrafo:

“La villa de Upata está en una hermosa sabana circundada de colinas y cerros que por todas partes le dan una perspectiva variada, en temperamento no muy cálido, y sobre todo sano. Los terrenos de este último cantón no se conocen en sus detalles sino en grandes masas, y con el tiempo este solo territorio podrá formar varias provincias. Los terrenos que están próximos a la villa son las bellos y útiles: es el distrito en que los capuchinos catalanes habían fundado sus 30 misiones, allí se encuentran lugares tan útiles para cría como para el cultivo de café, del cacao, del algodón, de la caña de azúcar y del añil, y allí también nace espontánea la preciosa planta de la quina. Están las tierras mezcladas, de manera que se pueden sacar ventajas para la agricultura y la cría a la vez y dejar allí útiles establecimientos que puedan formar la riqueza de sus habitante. Si en lugar de frailes hubiera habido una sociedad emprendedora con los medios que ellos tenían, estarían en el día estos lugares bajo otro pie. No se crea que los indios reducidos a las misiones se debieron a los esfuerzo de aquellos misioneros. Fue a los colonos que habitaron el país de 1576 a 1724 a quienes se debió la reunión de los indígenas pues en aquella época los misioneros candelarios, observantes, jesuitas y capuchinos, todos habían venido y desocupado el país como lo especifica Fr Félix Targa en una relación escrita en 1793. Solo al cabo de un siglo y medio que los colonos militares se mantenían firmes en Santo Tomás, pudieron los capuchinos catalanes fijarse en el Caroní con los indios Guayanos,que había siglo y medio estaban acostumbrados a tratar con los españoles y a ser protegidos por ellos contra los feroces Caribes. 

Cuando una población industriosa ocupe parte solamente de este vastísimo territorio, Upata será una villa muy importante por su situación en el camino que conduce al gran canal de comercio que es el Orinoco. Las parroquias del Cantón son Upata, Altagracia, San Miguel, Caroní, Caruachi, San Antonio, Guri, Cupapuí, Santa María, Palmar, Mamo, Carapo, Guasipati, Tupuquén, Tumeremo y Pastora”.

Como elemento adicional insertamos en esta reseña el mapa de Cantón Upata elaborado por este insigne cartógrafo y estudioso de la geografía Agustín Codazzi.

Esta imagen cartográfica histórica es parte de la Colección de mapas históricos de David Rumsey, www.davidrumsey.com, una gran colección de mapas, atlas, globos terráqueos, gráficos y otros elementos cartográficos antiguos, raros, antiguos e históricos en línea. El mapa del Cantón es de la autoría de Codazzi, Agustin, 1793-1859. Fecha: 1840. Su título corto es Carta del Canton de Upata, Provincia de Guayana. Editorial: Caracas: Agostino Codazzi; París: Thierry Freres. Tipo: Atlas Map

Altura del objeto es decir del original es de 46 cm de alto por 52 cm de ancho. Es un Mapa litografiado. Publicado en: Atlas fisico y politico de la Republica de Venezuela dedicado por su autor, el Coronel de Ingenieros Agustin Codazzi al Congreso Constituyente de 1830. Caracas 1840. 

Este es el primer atlas nacional de un país sudamericano que figura en Phillips. También es un ejemplo temprano del uso de la litografía en atlas, seis años antes del primer atlas litografiado de América del Norte (Mitchell).  

Memorias de Infancia de Alejandro Otero

 

El pintor y escultor nacido en El Manteco, uno de los máximos exponentes de los movimientos vanguardistas del siglo XX Alejandro Otero, en “Papeles Biográficos, Memorias de Infancia”, libro publicado por la Biblioteca Yocoima en 1994, nos remite a la Upata de su niñez, donde pasó parte de su vida temprana, viviendo en condiciones de absoluta pobreza, luego de la trágica muerte de su padre en las selvas.