Se muestran allí la arquitectura sencilla pero hermosa de la vieja Iglesia de San Antonio, con los inmuebles estilo colonial típicos de la Upata provinciana, destacando entre otras al fondo la Casa del Balcón y las casas del viejo casco histórico de la Villa del Yocoima, además de la desaparecida leguminosa que ocupaba parte de la calle.
jueves, 30 de abril de 2026
Estampas de Upata a mediados del siglo XX
lunes, 2 de diciembre de 2024
Upata en dos tiempos: Ayer hotel al final de calle independencia Hoy proliferación de comercios
viernes, 17 de mayo de 2024
La Iglesia Católica en Upata. Una breve reseña sobre su templo principal de San Antonio de Upata. Contribución del padre Robert Plancht en su libro publicado por Editorial Trípode
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En resumen de este libro podemos extraer las siguientes informaciones, basadas en la revisión documental que el presbítero Placht realiza de diferentes autores:
"El antecedente más antiguo a lo que sería la evolución de la iglesia católica en Upata hay que remitirlo al año 1738 cuando se levantó un primer templo de este credo, meses antes de la primera fundación de Upata, capilla improvisada de materiales precarios dedicada a Nuestra Señora de la Candelaria, donde se realizaron los primeros oficios litúrgicos desde enero de 1739.
Epidemias, carencia de recursos, el asedio de grupos indígenas hostiles a quienes pretendían usurpar sus territorios, así como el ataques de piratas que penetraban hasta el interior de Guayana, provocaron su decadencia absoluta y la temprana muerte de este primer intento de fundación de Upata, que ya en 1740 fue abandonado por sus primeros habitantes. Persistían y sobrevivían a este asedio y a otras calamidades no obstante las cercanas misiones de San José de Cupapuy, Santa María del Yecuario, y San Francisco de Altagracia, fundadas años atrás por los padres capuchinos.
Luego de este fracasado intento Upata, como proyecto de villa, renace en 1762 con la fundación de la localidad el 7 de julio. Desde meses atrás a este fecha ya los padres capuchinos catalanes habían realizados algunos actos religiosos en una sencilla capilla, ubicada en aquel tiempo en lo que hoy es el Hotel Yocoima, antiguo edificio Pararayos, a cuatro cuadras del terreno donde se ubicaría definitivamente la primera y mas importante iglesia parroquial de Upata.
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| Otra estampa muy común de la vieja Iglesia de San Antonio en la década de los 50 y 40 del siglo pasado. |
Este templo de modestas dimensiones, pero levantado con madera más trabajada, mampostería y otros refuerzos estructurales, estuvo en pie durante dos siglos. Con algunas restauraciones se mantuvo en pie, hasta que dado su nivel de deterioro fue sustituido por el templo actual, inaugurado en 1962 en la fecha conmemorativa del bicentenario de la fundación de Upata.
Campanas y otros artilugios litúrgicos, en aquel viejo templo de 200 años fueron trasladados a Upata desde la parcialmente destruida misión y Castillo de Araya al norte de Cumaná.
jueves, 7 de julio de 2022
Hace 260 años Upata villa de españoles irrumpió en la escena regional. Fundada un 7 de julio de 1762 la Villa del Yocoima y sus hijos está hoy de júbilo. Nos corresponde fortalecerla en lo social y productivo, rescatar su memoria, preservar sus patrimonios y consolidarla como morada para una vida digna y de progreso
| Av Valmore Rodríguez sector Tavera Acosta. |
| Río Yocoima en julio de 2022. |
| Plaza El Ejército. |
| Av Raúl Leoni arteria vial principal de Upata. |
| Bajando a la Valmore, al fondo Iglesia de San Francisco. |
Destacar además que además de su última y definitiva fundación en 1762, la que hoy celebramos, Upata ya había tenido un primer intento de poblamiento hispano e 13 de enero de 1739 impulsado por los padres capuchinos catalanes, bajo la protección o el patronato de Nuestra Señora de la Candelaria, que por lo penoso de la situación de sus primeros habitantes, asediados por las tribus hostiles, que con todo derecho defendían sus tierras, caribes principalmente, enfermedades tropicales, y la falta de apoyo logístico de parte de las autoridades administrativas y militares de España, resultó fallida.
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| Afiche de la Alcadía alusivo al Aniversario |
A diferencia de las más estratégicas poblaciones de la región centro norte costera de Venezuela, donde la fundación de villas y pueblos la hicieron los conquistadores, sobre la base de la ocupación violenta de las tierras indígenas, en la región de los Llanos, y Guayana el proceso de poblamiento, es decir la fundación de pueblos y villas, le correspondió a diferentes congregaciones del catolicismo, que era la religión oficial de la Corona de los Austrias y los Borbones de España.
A esta orden clerical o congregación religiosa, la de los capuchinos, la Corona asignó en el inmenso espacio geográfico ubicado al este del río Caroní la tarea de evangelizar a las diversas etnias indígenas allí establecidas, indios guayanos, pariagotos, arinagotos, caribes, guaicas, entre otros, como forma "pacífica" de ocupación de los territorios que por "mandato divino, gracia de Dios, y derecho de conquista y colonización" consideraba como suyos el Imperio Español. Upata nace entonces un 7 de julio como villa de españoles, y le tocó desde aquel lejano 1762 jugar un rol estelar como el principal pueblo de los tantos que fueron fundados por los capuchinos en lo que se denominó Las Misiones del Caroní. Debido a su grato clima, , lo bien protegido de su valle, su ubicación privilegiada en la zona de contacto entre las cuencas del Yuruari al sur y Caroní Orinoco al norte, la calidad de sus tierras para la agricultura y la ganadería, y principalmente por el carácter "apacible" de los habitantes indígenas, que poblaban aquel valle y sus territorios aledaños, donde fueron fundadas primero las misiones de Santa María del Yecuario, San José de Cupapuy, entre Santa Rosa y San Lorenzo, al suroeste de la ciudad, y San Francisco de Altagracia, al norte, Upata nace con buenos augurios y de hecho ha podido sobrevivir y convertirse en la tercera población del estado Bolívar.
| Calle Monagas y Raúl Leoni al fondo. |
Luego de la independencia, agotada su riqueza ganadera y despoblados la mayoría de sus pueblos misionales, Upata entró en reposo y decadencia. Seguía siendo no obstante capital de Cantón, adormecida, y sin una base económica firme, con una infraestructura urbana muy precaria, a tal punto de que no queda huella alguna, arquitectónica e incluso de herramientas y objetos de interés histórico, en ese periodo que va desde 1817 hasta 1860, cuando por fin despierta de su letargo, y cobra vida gracias al impulso comercial y de transporte de carga terrestre hacia la zona minera de Nueva Providencia, Caratal, El Callao, Tupuquén, y la actividad de extracción del balatá en las zonas boscosas del sur guayanés, que tuvo en Upata un primer centro de operaciones y apoyo logístico.
| Centro de Upata desde el Calvario de la calle Bolívar |
| Esquina de la Miranda con la Sucre fte a la Plaza Bolívar. |
| Antigua esquina de Los Gómez, hoy comercio en construcción. |
| Casa del Balcón entre Urdaneta y Sucre. |
| Calle Piar, casona de la familia Vera, al fte casa tradicional de la familia Sosa. |
| Calle Urdaneta desde el cruce con la Piar. |
| Calle Páez, al fondo de una de las 9 Colinas de la ciudad. |
| Viejas casas de pueblo en la calle Páez. |
| Calle Vargas, al fondo el cerro El Corozo icónico relieve de la ciudad. |
| Actividad comercial callejera y tráfico en la calle Piar. |
lunes, 11 de abril de 2022
Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios. III Parte
Daniel Ruiz Correa, poeta y matemático, en tono de nostalgia nos regala su pincelada de historias sobre el Bicentenario de su infancia
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| Calle Canaima principal, muy cambiada con respecto a la vieja vía de la Upata de los 60 y 70. |
Dejemos entonces que sea el propio Daniel "Lucas" o Bum como lo llamaban en su intimidad familiar quién nos introduzca en un pasado que los ayudó a forjar su carácter y con sus vaivenes los preparó para afrontar los retos de la superación personal, profesional o humana, como adulto de bien, identificado plenamente con su entorno vecinal y con Upata su tierra, pueblo, ciudad, realidad y escenario natural y de vida, cada uno a su modo, cada uno a su ritmo y con su timbre particular, con su propia melodía y armonía, en un concierto sinfónico sin director pero con mucha calidad interpretativa. Así inicia su relato y descripción Daniel Ruiz:
Sobrenombres y amistades
De esa infancia temprana en nuestra urbanización Bicentenario, cuando comenzamos a tener conciencia del lugar que habitábamos y el entorno de amistades, compañeros de barrio, amigos, vecinos, los nombres todos se asocian con apodos. En ese entonces cada muchacho tenía su sobrenombre. Unos relativamente amigables, otros un poco más vergonzosos u ofensivos. Humberto Bálsamo el gran amigo, compañero compadre hoy ausente, fue conocido en sus tiempos juveniles como Bachaco. Él era de los más conocidos y activos en el barrio, muy travieso y osado en sus correrías por las calles, descalzo cuando niño asi andaba, incansable, dicharachero, gran jugador de carnaval con agua, con bombas, siempre presto en su infancia para el trabajo como complemento de ingreso en el hogar y aventurero en las correrías por los sabanales y cerros cercanos a la urbanización. Luego todo un dandy tropical, muy bien vestido, amante de los colores oscuros y de la buena música, baladas sobre todo, con una envidiable colección de discos y CD, y con un teclado que supo valorar.
Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios. II Parte
La historia continúa: Bicentenario se nos hizo grande en el 70
Para continuar relatando el devenir temprano de Bicentenario en esos inolvidables años 60 y 70, tuvimos una larga plática con uno de sus habitantes fundadores, cuyo nacimiento coincidió con ese año 1962 en que el sector fue formalmente inaugurado por el presidente de turno, en el marco de los 200 años de Upata. Este personaje es el mayor o bordón de la familia Ruiz Correa, el popular Coquito o Carraplana Antonio José. Precoz y flaco en sus tiempos infantiles, apodado cariñosamente en la casa "Huesito". Hoy Lic en Educación. Docente rural jubilado, TSU en Turismo, habitante aún de la casa materna en la Uonquén E. De este diálogo pudimos extraer y darle forma a su versión personal y vital sobre su amado sector que a continuación insertamos:
Comienza mi historia
Mi nombre es Antonio Ruiz. Soy nacido y criado en esta urbanización, donde he vivido 60 años, solo interrumpida por los 8 años que estuve estudiando en Caracas. Bueno ya entrando en materia te puedo decir que en primer lugar de esa década del 60, en su último parte, cuando rondábamos los 6, 7 y 8 años, no tengo muchos recuerdos, más allá de mis pequeñas historias de muchacho de escuela, estudiante del Mariño, que nos quedaba lejos, y que primeramente funcionó en el viejo colegio de las Monjas por la calle Sucre con Ricaurte, y luego fue mudado a un galpón de la calle Bolívar, donde luego se construyó su sede actual. Al frente del terreno de Mariño estaba en construcción otro edificio, el más alto de Upata, el Centro Cívico, donde hoy funciona la Alcaldía de Piar. Era en esos momentos una estructura de columnas y pisos y techos sin terminal y sin acabados, sin paredes. Era peligroso muy arriesgado subirlo pero uno no medía el peligro y con mi amigo de infancia Bolívar con frecuencia nos trepábamos hasta su planta más alta para contemplar desde allí el pueblo.
Ya de Bicentenario que te puedo, decir, primero que recuerdo su primer parque en el mismo sitio donde está hoy, ese fue un espacio recreativo muy bien hecho. Grande y hermoso se veía, tenía su cerca perimetral no tan alta con bloques de ladrillo, con churuatas para picnic, toboganes, un laberinto, caminerías, áreas verdes, lástima que en menos de 10 años se convirtiera en una ruina. Era triste verlo tan abandonado y decadente, aunque aún en ese estado nunca dejamos de visitarlo y recorrerlo, ya que siempre teníamos travesuras y aventuras que inventar en sus espacios.
Bicentenario. Su génesis, expansión y episodios I
Sobre sabanas y humedales nació la primera urbanización de Upata
| Calle Upata B de Bicentenario vista desde el Parque, 60 años de historia cumple este urbanismo fundado en julio de 1962 en el marco de los 200 años de la fundación de Upata. |
Al cabo de diez años en 1970 este nuevo urbanismo siguía siendo el mismo: mustio, callado, esperanzado, empobrecido, donde su gente joven, ahora repletos de muchachos, ven pasar el tiempo con lentitud provinciana, donde las promesas de una existencia más cómoda y placentera seguía siendo eso. Una promesa incumplida de aquella democracia en camino lento a la pubertad.
Y se hizo la luz
En ese escenario, de historias sencillas y esfuerzo diario por la supervivencia, despertamos a la conciencia, entre 1972 y 1973, aunque la entremezcla de recuerdos nos llevan a otras aventuras infantiles aún más atrasadas en el tiempo. Como aquel juego precoz y osado de papá y mamá con una vecinita en el patio oscuro de mi casa, dividido por una cerca gallinera, que utilizábamos como frontera de pequeñas exhibiciones inocentes, “enséñame que tú tienes”, me decía, y yo mostrando con más pena que ansiedad mi zona más íntima.
Vemos también una fila de muchachitos con braga roja en el kinder del Santo Domingo, trazando líneas culebreras en vez de recta formación. Más borroso aún observamos, como en un caledoscopio, a un imberbe juancito rompiendo lentes de maestras, y al mismo personaje ocultándose en el piso del asiento posterior del carro de su padre el Inspector Ruiz, para viajar de polisón y brotar luego como invitado en un sitio desconocido, teniendo obviamente que soportar los regaños y la resignación del papá ante tan repentino acompañante.
Vemos de repente un enorme televisor de marco de madera y plástico, quizás un Telefunken, con la imagen blanco y negro de un sitio que llaman Venezuela y ¿qué será eso?, me pregunto, hasta que por fin al cabo de varios meses comencé a medio entender que era un país, y que esa era mi casa grande, así como Upata y Bicentenario mi casa chica.
viernes, 28 de agosto de 2020
Santa María del Yacuario, la arrasada, la saqueada, y renacida sobre sus ruinas...
Desde una loma se observa la carretera principal Troncal 10 al fondo cordillera de Tomasote.
"De Cupapuy pasé a Santa María, la desventurada. Este pueblo presenta el inaudito robo de que yo no tenía idea.Yo había visto y sabido, robos de diferentes especies; pero robarse un pueblo entero, no lo había visto hasta aquí. Ahuyentar los moradores de un lugar para apropiárselo; destruir las edificaciones para producir ruinas; producirlas para aparentar despojos; y adueñarse en seguida de estos despojos, es cosa que hasta se corre el riesgo de escribirlas porque, en verdad, pudiera no ser creída. Sin embargo, documentadamente he dado cuenta del hecho a la Direccion, pues por desgracia es harto cierto, que la desventurada Santa María, por su inmediación a la Villa de Upata despertó su codicia. Desde ella le fueron desmembrados sus vecinos, ahuyentaron al que sostenía un resto, pidieron en seguida la extinción de la parroquia, mintieron la ruina inminente del convento, y a poco fue subastado por cincuenta pesos y deshecho.
La hermosísima Iglesia que le era contigua quedó en ruina, despojada de su teja, y en pos, lo demás vino a ser un objeto de espanto y grima para el pasajero. Lo pavoroso de las ruinas y la desolación, acibara el goce que proporcionaría el imponente paisaje, que domina la espléndida posicion de Santa María.
Al acabarse los padres fundadores, quedó con 661 habitantes. Hoy tiene por todo morador los ganados, y un indio herrero que con su limitada familia vive fuera de las ruinas, en la colina que se ve en el plano. Tiene sí la fragua en una casa de la población. Su martillo es la única muestra de vida que resta en aquel cadáver de pueblo. Ese herrero, hombre octogenario, parece como el encargado por el tiempo, de hacer repetir diariamente a su yunque, la sagrada demanda de la vida, para un moribundo que todavía puede alcanzarla. Y con un grito de hierro sobreviviente a cuanto le rodea, preconiza el pueblicidio, y clama por un Gobierno. Ese clamor es el suspirar de cuantos creen que la existencia de los gobiernos supone la existencia de los pueblos. Así, pues, yo doy cuenta de Santa María al poder público, en letras, mientras queda el herrero dándola con su martillo a todo pasajero. Todo mi deseo es poderle decir algun día: Hubo quien oyera tu martillo y mi voz. Mi voz no ha cesado de martillar diez años ha, así como tu martillo no ha dejado de vocear por espacio de seis.”
Con toda consideracion me suscribo de US. muy atento servidor.
Andres E. Level.”
Anexo al escrito Level inserta un plano con lo que queda del pueblo de Santa María, resto de una de las Misiones del Caroní, fundada por los MR. PP. capuchinos, en el siglo XVIII. Anexa también una pequeña relación histórica sobre la misión señalando que SANTA MARÍA DE YACUARIO fue fundada en 1730 con indios guayanos y panacayos. Su población entre 1788 y 1816 se mantuvo entre los 700 y 400 habitantes. En 1788 tenía 481 habitantes. En 1791 subió a 512, cuando la dirigía el misionero Fr Agustín de Barcelona de 52 años, y 18 de misión en aquellas zonas. En 1803 la poblaban 570 personas. En 1816 eran 661 sus habitantes.
domingo, 23 de agosto de 2020
“Upata en la literatura y los libros…” VI
Conchita novela del cumanés José Mercedes González
De su primer capítulo antes de entrar en la narrativa destaca la nobleza inicial de la labor misionera de los capuchinos en esta vasta región de Venezuela, quienes supieron a su juicio ganarse el afecto de las etnias indígenas, sometidas con bondad, laboriosidad y buenos valor cristianos. Lamentablemente expresa que al paso de los pocos años de dominio esta obra evangelizadora entró en crisis y provocó el alejamiento de los indígenas, que se sintieron subyugados y amenazados por estos pastores de almas, lo que explica en los siguientes términos:
“Los conquistadores abandonaron al manso, al dulce Dios de los Cristianos. Y no eran ya sus prédicas de una doctrina las que oían sus neófitos, sino la voz del sátrapa que les ponía en las manos la soga y el arado, no para el sudor de su frente ganar su bienestar sino, sino para perder su libertad. Aquello fue el desbarajuste; catalanes, canarios, indios, todo ser conquistado volvió a las selvas. Y si es verdad que de la esclavitud de aquellos seres conquistados obtuvieron sus conquistadores: ricas dehesas de ganado vacuno; hatos de buenas bestias; abundantes cosechas de frutos alimenticios; y de granos de exportación; de la selva salió una nueva casta de indios mestizos; con una idiosincracia de la hidalguía española, y de la tenaz ferocidad de los indígenas. Y la resultante de aquella misión idealista que se convirtió en materialista, fue una obra beneficiosa para la Patria. El Padre Blanco y el General Piar en su campaña de 1817, encontraron allí: un gran número de bestias para su caballería, bastimento sobrado para las tropas, y reclutaron 2400 indios mestizos, que demostraron su hidalguía y su valor en la gloriosa jornada de San Félix”.
Libros y revistas un breve repaso
Aunque no libro sino revista también tenemos la publicación que nos cuenta la historia, el devenir y los personajes que hicieran posible el proyecto educativo Colegía María Inmaculada, breve material escrito con mucho apoyo fotográfico, publicado a finales de la década de los sesenta del siglo XX, con motivo de los 25 años del referido colegio.
viernes, 21 de agosto de 2020
“Upata en la literatura y los libros…” V
“La villa de Upata está en una hermosa sabana circundada de colinas y cerros que por todas partes le dan una perspectiva variada, en temperamento no muy cálido, y sobre todo sano. Los terrenos de este último cantón no se conocen en sus detalles sino en grandes masas, y con el tiempo este solo territorio podrá formar varias provincias. Los terrenos que están próximos a la villa son las bellos y útiles: es el distrito en que los capuchinos catalanes habían fundado sus 30 misiones, allí se encuentran lugares tan útiles para cría como para el cultivo de café, del cacao, del algodón, de la caña de azúcar y del añil, y allí también nace espontánea la preciosa planta de la quina. Están las tierras mezcladas, de manera que se pueden sacar ventajas para la agricultura y la cría a la vez y dejar allí útiles establecimientos que puedan formar la riqueza de sus habitante. Si en lugar de frailes hubiera habido una sociedad emprendedora con los medios que ellos tenían, estarían en el día estos lugares bajo otro pie. No se crea que los indios reducidos a las misiones se debieron a los esfuerzo de aquellos misioneros. Fue a los colonos que habitaron el país de 1576 a 1724 a quienes se debió la reunión de los indígenas pues en aquella época los misioneros candelarios, observantes, jesuitas y capuchinos, todos habían venido y desocupado el país como lo especifica Fr Félix Targa en una relación escrita en 1793. Solo al cabo de un siglo y medio que los colonos militares se mantenían firmes en Santo Tomás, pudieron los capuchinos catalanes fijarse en el Caroní con los indios Guayanos,que había siglo y medio estaban acostumbrados a tratar con los españoles y a ser protegidos por ellos contra los feroces Caribes.
Cuando una población industriosa ocupe parte solamente de este vastísimo territorio, Upata será una villa muy importante por su situación en el camino que conduce al gran canal de comercio que es el Orinoco. Las parroquias del Cantón son Upata, Altagracia, San Miguel, Caroní, Caruachi, San Antonio, Guri, Cupapuí, Santa María, Palmar, Mamo, Carapo, Guasipati, Tupuquén, Tumeremo y Pastora”.
Como elemento adicional insertamos en esta reseña el mapa de Cantón Upata elaborado por este insigne cartógrafo y estudioso de la geografía Agustín Codazzi.
Altura del objeto es decir del original es de 46 cm de alto por 52 cm de ancho. Es un Mapa litografiado. Publicado en: Atlas fisico y politico de la Republica de Venezuela dedicado por su autor, el Coronel de Ingenieros Agustin Codazzi al Congreso Constituyente de 1830. Caracas 1840.
Este es el primer atlas nacional de un país sudamericano que figura en Phillips. También es un ejemplo temprano del uso de la litografía en atlas, seis años antes del primer atlas litografiado de América del Norte (Mitchell).
Memorias de Infancia de Alejandro Otero

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