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martes, 9 de septiembre de 2025

El Jobo: Una Toponimia de la Guayana Upatense en el Contexto Histórico-Económico del Municipio Piar

 

Desde los lomeríos de las cuevas de la serranía de El Toro, se divisa la zona de El Jobo, comunidad rural al este de Upata, con sus colinas boscosas y el valle donde se alternan áreas de cultivos y la zona protectora de la naciente de la quebrada El Onoto.

Reflexión y análisis geográfico histórico sobre El Jobo y El Toro

El texto siguiente es una aproximación inicial a un estudio más profundo, inconcluso obviamente, que está pendiente por hacer, de la comunidad de El Jobo, un sector tradicional de Upata, ubicado en uno de los valles interiores de la Serranía de El Toro, a este de la ciudad. 

Introducción al tema: El Jobo toponimia olvidada

Para desentrañar el por qué la denominación geográfica o toponímica El Jobo, ha entrado en desuso en el ámbito local y oficial de Upata y el municipio Piar, debemos adentrarnos en el análisis histórico-geográfico del topónimo "El Jobo," una denominación local que, según la tradición y la documentación disponible, está intrínsecamente ligada al actual Cerro El Toro, un accidente geográfico emblemático ubicado al este de la ciudad de Upata, capital del Municipio Piar en el estado Bolívar, Venezuela. La investigación busca reconstruir el perfil histórico y socioeconómico de esta comunidad rural, a menudo invisible en los registros formales, y examinar su relevancia en el contexto del desarrollo de la Guayana venezolana a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Upata fue fundada el 7 de julio de 1762 por los Padres Capuchinos Catalanes como una "Villa de Españoles" y se estableció como la capital del sector Este de las Misiones del Caroní. Esta fundación no fue un acto casual, sino que respondió a una vocación agropecuaria deliberada, configurando su economía alrededor de la ganadería y la agricultura desde sus orígenes. La ubicación estratégica de la villa en el Valle del Yocoima la convirtió en un punto neurálgico para la actividad comercial, especialmente a finales del siglo XIX, cuando servía como un eslabón vital entre la población y los ricos pueblos mineros de la región.

El objetivo central de este reporte es aclarar la dualidad toponímica entre "El Jobo" y "Cerro El Toro" a partir de las fuentes consultadas. Segundo, se analiza la importancia de esta comunidad en el marco de la economía de subsistencia de la región, que se basó en la agricultura y la cría. Finalmente, el informe se enfoca en evaluar la viabilidad de encontrar registros detallados de esta comunidad en los documentos demográficos y cartográficos de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, un período crucial para la consolidación de la identidad nacional y la organización política del país.

La Toponimia y la Geografía de un Cerro Histórico: De "El Jobo" a "El Toro"

En todo caso lo cierto es que el "El Jobo", sector y cerro, es una denominación alternativa y, presumiblemente, más antigua para el actual "Cerro El Toro". Este hecho no es un mero detalle lingüístico, sino que refleja un cambio en la percepción cultural y simbólica del paisaje. El nombre "El Jobo" se deriva sin lugar a dudas del árbol de jobo (Spondias mombin), una especie nativa que habría sido una característica botánica prominente del área, anclando el nombre original en la flora local, igualmente está asociado a una especie similar denominada popularmente en la zona como “jobito”, que crece en los bosques secos de estos lomeríos y valles que son tan típicos del sector. Dicha denominación es consistente con la nomenclatura geográfica tradicional, que a menudo se basa en elementos naturales o biológicos del entorno, para la identificación toponímica de estos lugares.

La transición hacia "Cerro El Toro" se basa en una característica física del paisaje. La leyenda local atribuye el nombre a un "dibujo natural sobre una piedra" en la ladera frontal de la serranía, ubicada frente a la zona urbana de Sierra Tres San José, que se asemeja a un toro. Este cambio de un nombre descriptivo de la flora a uno que emana de una leyenda y una interpretación cultural sugiere un proceso de apropiación simbólica. La montaña deja de ser solo un elemento botánico para convertirse en parte del imaginario colectivo local, imbricada en mitos y relatos.

Este proceso de resignificación es un fenómeno común en la toponimia, donde la historia oral y la cultura popular transforman la denominación de los lugares. En el caso de El Toro, algunas leyendas o cuentos hablan de un mítico rumiante de gran talla que se le aparece a los desprevenidos que se pierden o andan desorientados en horas nocturnas en la serranía. Algunos dicen que es guardián de la enorme cueva nunca vista en el Cerro, donde un gran candado impide a curiosos y buscadores de tesoros, penetrar y violar los secretos, reliquias, y joyas, que se ocultan en estos túneles, que según algunos más imaginativos están conectados con otras cuevas ubicadas hacia el poniente en el Cerro El Corozo. Son cuentos difíciles de creer, porque resulta imposible construir una galería de 5 kilómetros de cerro a cerro, sin ningún tipo de ventilación, y desgajando la dura roca del Macizo de Guayana que aflora por todo el Valle del Yocoima, y evadiendo los acuíferos que también forma parte del subsuelo de la ciudad.

La Geografía, la Leyenda y la Realidad

El Cerro El Toro se eleva en sus parajes desde los 430 hasta máximo 670 metros sobre el nivel del mar y se ha consolidado como un refugio natural de gran biodiversidad. Se describe como una zona de lomeríos que forma parte de la serranía de El Toro, con valles, quebradas y cascadas como la de la Quebrada del Caballo, que han servido como puntos de recreación para los habitantes locales. Aparte del aspecto recreativo y natural, la leyenda de los tesoros escondidos por los misioneros para protegerlos de las tropas del Ejército Libertador en sus cuevas o refugios subterráneos añade una capa de misticismo al lugar.

A pesar de su valor natural y cultural, el paisaje del El Jobo-El Toro se enfrenta a una amenaza constante. La voracidad de la agricultura, la presencia de ganado, las quemas y las talas continuas están provocando su destrucción y deterioro. Esto representa un conflicto entre la preservación del patrimonio natural y las actividades económicas que han definido a la región. El mismo tipo de patrimonio vegetal (el árbol de jobo), los zapateros, el palo blanco, los chupones, yagrumos, indios desnudos, yucuares, entre otras especies de bosques secos o sabanas están siendo degradado por la expansión agrícola y ganadera, y las recurrentes quemas forestales, reflejando una tensión de larga data entre el desarrollo económico y la conservación del ecosistema.

La Comunidad de "El Jobo": Entre la Ganadería y las Crónicas de Subsistencia

La historia de la comunidad de El Jobo está intrínsecamente ligada al desarrollo económico de Upata. Desde su fundación, la villa se orientó hacia la actividad agropecuaria, con los hatos misioneros sosteniendo una economía que producía ganado en pie, carne, cuero, queso y leche para el consumo interno y la exportación. A finales del siglo XIX, Upata consolidó su rol como un importante centro de explotación ganadera, con hatos en manos de diversos propietarios, tanto nacionales como extranjeros.1

Upata también se convirtió en un nudo de transporte terrestre, conocido como "la Upata de los Carreros". Carretas y vagones, tirados por bueyes y mulas, transportaban las cargas de oro y los productos importados desde los pueblos mineros del sur de Guayana. Esta actividad de arrastre y comercio no motorizado no solo generó riqueza, sino que también estructuró la vida social y económica de la región, con Upata en el centro de esta dinámica comercial y productiva. La vida rural en los "fundos" o parcelas de subsistencia se inscribe en este modelo, en el que las comunidades como El Jobo contribuían con sus productos a la economía mayor de la villa.

Agricultura de hortalizas a un costado de la vía a El Jobo.

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

Voces Indígenas en las denominaciones toponímicas del noreste de la Guayana Venezolana (I)

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Voces indígenas en la toponimia del noreste de Guayana fue el título de una conferencia dictada por el licenciado Juan Ruiz Correa, autor del blog Hemisferio Sur Guayana en el mes de abril del 2016 en la Universidad Nacional Experimental de Guayana Núcleo Menca de Leoni en Upata capital del municipio Piar del estado Bolívar.

En esa oportunidad ante un auditorio compuesto por estudiantes y docentes de este centro de Educación Superior, el periodista y autor de este blog realizó una disertación sobre un tema poco investigado como lo es la toponimia, un campo del conocimiento que se vincula directamente de la geografía, la linguística y las tradiciones, y que ahonda en el estudio de los nombres de los sitios, poblaciones, relieves, cursos de agua, y cualquier espacio natural, tanto en sus aspectos etimológicos como culturales.

 

Un poco de teoría. Qué es la toponimia

De la toponimia que viene del griego "topos" lugar, "onoma" nombre, se nutren precisamente los especialistas en las ciencias geográficas y sobre todo los cartógrafos, para darle identificación a los lugares y espacios naturales de nuestro entorno ambiental.

En palabras del catedrático español Maximiano Trapero un topónimo es una forma léxica que tiene una función semántica localizadora, para identificar un punto concreto de la geografía, donde entran en juego dos magnitudes: la geografía y la lengua.

Al respecto agrega Trapero que "en la toponimia han quedado preservados infinidad de elementos linguísticos característicos de épocas pasadas, de tipo léxico y fonológico”. Esto quiere decir a su criterio que “los estratos de la lengua histórica están allí presentes, pero no están muertos, están vivos funcionales, actualizados de continuo en el habla común, con una mayor riqueza en el mundo rural".

En este mismo sentido el investigador de la Universidad de Los Andes Luis Alfonso Rodríguez Carrero señala que la toponimia representa la posibilidad de comprensión de una cultura que de manera cotidiana hace mención a los diversos nombres de regiones, ciudades, sitios, pueblos, que están ligados a tradiciones culturales, muchas veces desconocidas. Concluyendo en la necesidad actual de promover el conocimiento del significado de dichas denominaciones a través de la educación formal y no formal para lograr la comprensión de la pluralidad cultural de Venezuela".

En este orden de ideas el licenciado Ruiz señaló en la conferencia: “Estamos en pañales con respecto a este propósito, y debe ser prioridad en nuestros centros académicos, escuelas, organizaciones culturales, promover el conocimiento de la toponimia como un elemento de identidad y patrimonio de la venezolanidad”. Por lo que sostiene y tiene plena vigencia hoy "la toponimia tiene valor patrimonial y está vinculada a nuestra identidad geográfica y cultural, por lo que ha sido incorporada como un componente básico de la legislación venezolana.

Instituto Geográfico autoridad en materia de toponimia

Esta tarea institucional le corresponde por ley a un ente oficial como lo es el Instituto Geográfico de Venezuela Simón Bolívar, al que corresponde la responsabilidad de ser la autoridad nacional en materia de nombres geográficos, tal como lo establece la Ley de Geografía Cartográfica y Catastro Nacional, que le asigna la responsabilidad de administrar, conservar y difundir el patrimonio toponímico de la nación mediante la actualización de la Gacetilla de Nombres Geográficos. Este registro documental es el registro metodológico y sistemático de los nombre propios de lugar y accidentes geográficos, asociados a parámetros como tipo de accidente, coordenadas del lugar, ubicación político administrativa, fuente cartográfica y referencia cuadricular.

Importante destacar que además existe otra rama de estudio toponímico que es la cartografía histórica, contenida en mapas, planos, producidos en el pasado, la cual permite reconocer los geotopónimos que ha  entrado en desuso, como por ejemplo la nomenclatura de la Colonia y la de siglo XIX, la primera etapa republicana de Venezuela.

En este contexto teórico legal el licenciado Ruiz aclaró que su disertación estuvo basada en un estudio preliminar de tipo exploratorio y muy básico, de tipo documental y con fuentes vivas, que no tiene obviamente la rigurosidad de las investigaciones formales académicas.  Todo partiendo de una pregunta generadora, que a continuación insertamos:

¿ Qué nos queda hoy de esas palabras de las lenguas aborígenes de América que forman parte del patrimonio toponímico en la región del noreste de la Guayana venezolana?

En cuanto al alcance de su estudio exploratorio documental precisó que la investigación estuvo centrada en el espacio geográfico de los municipios Piar, Roscio, El Callao, Sifontes, Padre Chien y parte de Caroní. Concretamente desde las márgenes del río Caroní al oeste hasta la zona de Imataca localizada al Sur de la Boca Grande del río Orinoco, y de esta porción de la Guayana hasta la región colindante con el territorio Esequibo venezolano, concretamente en la franja del piedemonte de la Sierra de Lema y otras estribaciones montañosas que separan la cuenca del Cuyuní de la Cuenca Alta del Río Caroní.


Este territorio tiene aproximadamente unos 70 mil kilómetros cuadrados de superficie, donde aún y pese al proceso de exterminio demográfico, cultural e histórico por parte de los conquistadores y colonos que se apropiaron de sus tierras sobreviven algunas comunidades de las etnias pemón y cariña, ambas de la rama caribe, que habitan al norte de la Gran Sabana y Sur del Orinoco y este del Caroní. Pese a ese proceso de exterminio lo cierto es que en la zona así como en gran parte del territorio venezolano con un importante componente indígena persisten las huellas de la cultura indígena en lo relativo a la toponimia, que no ha sido borrada y está viva en los nombres de los accidentes geográficos.

Justificación de este estudio exploratorio

Pero por qué es importante la toponimia, conocer el origen y el por qué de la nomenclatura y la denominación exacta que deben tener los lugares, sitios o accidentes geográficos. Lo es porque la toponimia otorga identidad al conocimiento geográfico y la cartografía, que sin este componente cultural o linguístico carecería del sabor local, el componente autóctono,la cultura y la historia de los pueblos que habitan o habitaron esos lugares, y que tuvieron el privilegio de nombrar o identificar con un nombre preciso a dichos espacios, lugares o puntos de interés, como un cerro, una llanura, un río, una laguna, una laja, una localidad o centro poblado. Sin esa nomenclatura específica toponímica esos lugares o sitios e interés geográfico quedarían reducidos en un mapa a un conjunto un tanto “ahistórico” de códigos, líneas imaginarias, coordenadas y simbología cartográfica, carentes de significado para sus habitantes y los propios intereses de los interesados en conocer esos territorios.

Antecedentes al estudio de la toponimia indígena en Venezuela

Ahora para indagar sobre algunas de estas voces, o los posibles nexos de los nombres indígenas de los accidentes geográficos, es posible hacerlo consultando en vivo a los indígenas que siguen habitando algunos territorios ancestrales, o acudiendo a fuentes documentales, como los estudios del padre Miguel Angel de Gerona, autor de un compendio de la lengua pariagota, o el padre Buenaventura de Carrocera, autor del libro "Linguística Indígena Venezolana y las Misiones del Caroní".

Algunas otras referencias las tenemos en el "Glosario de Voces Indígenas", importante obra del intelectual larense Lisandro Alvarado, donde indaga sobre palabras de uso cotidiano indígenas que quedaron luego registradas como nombres geográficos, tales como píritu, cabima, niquitao o guaira, nombres e plantas o utensilios. Otro importante aporte lo realizó el padre Cesareo Armellada investigador de la UCAB, autor de un diccionario del idioma pemón.

viernes, 21 de agosto de 2020

“Upata en la literatura y los libros…” V

 Upata comentada por Agustín Codazzi
Hasta el notable investigador de origen italiano Agustín Codazzi en “Resumen de la Geografía de Venezuela”. publicado en 1841 en Francia, hace referencia al Cantón Upata y sus parroquias, documento histórico de gran valor patrimonial. De este libro destacamos el siguiente párrafo:

“La villa de Upata está en una hermosa sabana circundada de colinas y cerros que por todas partes le dan una perspectiva variada, en temperamento no muy cálido, y sobre todo sano. Los terrenos de este último cantón no se conocen en sus detalles sino en grandes masas, y con el tiempo este solo territorio podrá formar varias provincias. Los terrenos que están próximos a la villa son las bellos y útiles: es el distrito en que los capuchinos catalanes habían fundado sus 30 misiones, allí se encuentran lugares tan útiles para cría como para el cultivo de café, del cacao, del algodón, de la caña de azúcar y del añil, y allí también nace espontánea la preciosa planta de la quina. Están las tierras mezcladas, de manera que se pueden sacar ventajas para la agricultura y la cría a la vez y dejar allí útiles establecimientos que puedan formar la riqueza de sus habitante. Si en lugar de frailes hubiera habido una sociedad emprendedora con los medios que ellos tenían, estarían en el día estos lugares bajo otro pie. No se crea que los indios reducidos a las misiones se debieron a los esfuerzo de aquellos misioneros. Fue a los colonos que habitaron el país de 1576 a 1724 a quienes se debió la reunión de los indígenas pues en aquella época los misioneros candelarios, observantes, jesuitas y capuchinos, todos habían venido y desocupado el país como lo especifica Fr Félix Targa en una relación escrita en 1793. Solo al cabo de un siglo y medio que los colonos militares se mantenían firmes en Santo Tomás, pudieron los capuchinos catalanes fijarse en el Caroní con los indios Guayanos,que había siglo y medio estaban acostumbrados a tratar con los españoles y a ser protegidos por ellos contra los feroces Caribes. 

Cuando una población industriosa ocupe parte solamente de este vastísimo territorio, Upata será una villa muy importante por su situación en el camino que conduce al gran canal de comercio que es el Orinoco. Las parroquias del Cantón son Upata, Altagracia, San Miguel, Caroní, Caruachi, San Antonio, Guri, Cupapuí, Santa María, Palmar, Mamo, Carapo, Guasipati, Tupuquén, Tumeremo y Pastora”.

Como elemento adicional insertamos en esta reseña el mapa de Cantón Upata elaborado por este insigne cartógrafo y estudioso de la geografía Agustín Codazzi.

Esta imagen cartográfica histórica es parte de la Colección de mapas históricos de David Rumsey, www.davidrumsey.com, una gran colección de mapas, atlas, globos terráqueos, gráficos y otros elementos cartográficos antiguos, raros, antiguos e históricos en línea. El mapa del Cantón es de la autoría de Codazzi, Agustin, 1793-1859. Fecha: 1840. Su título corto es Carta del Canton de Upata, Provincia de Guayana. Editorial: Caracas: Agostino Codazzi; París: Thierry Freres. Tipo: Atlas Map

Altura del objeto es decir del original es de 46 cm de alto por 52 cm de ancho. Es un Mapa litografiado. Publicado en: Atlas fisico y politico de la Republica de Venezuela dedicado por su autor, el Coronel de Ingenieros Agustin Codazzi al Congreso Constituyente de 1830. Caracas 1840. 

Este es el primer atlas nacional de un país sudamericano que figura en Phillips. También es un ejemplo temprano del uso de la litografía en atlas, seis años antes del primer atlas litografiado de América del Norte (Mitchell).  

Memorias de Infancia de Alejandro Otero

 

El pintor y escultor nacido en El Manteco, uno de los máximos exponentes de los movimientos vanguardistas del siglo XX Alejandro Otero, en “Papeles Biográficos, Memorias de Infancia”, libro publicado por la Biblioteca Yocoima en 1994, nos remite a la Upata de su niñez, donde pasó parte de su vida temprana, viviendo en condiciones de absoluta pobreza, luego de la trágica muerte de su padre en las selvas. 

jueves, 16 de junio de 2011

Visión de Upata según el geógrafo Agustín Codazzi: Fragmento de su Resumen de Geografía de Venezuela

Por considerarlo de interés para la formación de los habitantes de Upata, y el municipio Piar, publicamos fragmento del texto de Agustín Codazzi  "Resumen de la Geografía de Venezuela". publicado en 1841 en Francia, en el cual hace referencia al Cantón Upata y sus parroquias, documento histórico de gran valor patrimonial.
Ante la reciente celebración de las Fiestas Patronales de Upata y la cercana fecha del 249 aniversario de su fundación, un 07 de julio de 1762, es preciso restituir parte de la memoria histórica de nuestra Villa del Yocoima o Villa de San Antonio de Padua de Upata, y la visión que de ella tenían notables representantes del quehacer intelectual y científico, quienes dejaron plasmado en sus libros sus reseñas sobre la villa, la región, el Cantón, distrito y ahora municipio Piar, que todo ello fue Upata a la largo de su dinámica historia.   

sábado, 26 de septiembre de 2009

27 de septiembre Guasipati celebra 252 años de historia


Calle Orinoco principal corredor comercial
Plaza Bolívar de Guasipati

Texto y Fotos: Juan Ruiz Correa- (CNP 6080)

Si bien la pintoresca y tranquila capital del municipio Roscio, Guasipati, no tiene el privilegio de ser bañada directamente por las aguas del río Yuruari, no cabe la menor duda de su rol histórico como capital de la cuenca de ese importante curso fluvial, a tal punto de que cuando se habla de la región del Yuruari, inmediatamente se nos viene a la mente la imagen de esta población fundada por los capuchinos catalanes un 27 de septiembre de 1757 y que rinde tributo a Nuestra Señora del Rosario, a quien se celebra su fiesta patronal cada 7 de octubre.

El mérito de su fundación se le debe al padre Benito de la Garriga, quien reunió a un grupo de indígenas caribes, tribu guerrera indócil y celosa con su tierra pero que en aquella sabana de suaves lomas se integró a las labores de la ganadería y el pequeño cultivo, que eran la base de la economía de la región del Yuruari, mal llamadas por los padres capuchinos como las Misiones del Caroní, a pesar de que este río dista de Guasipati no menos de 100 kilómetros.

Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas en noviembre del año 2008 la población del municipio Roscio ascendía a 24.797 habitantes, de los cuales por lo menos 19 mil viven en Guasipati.

Precisamente hoy a sus 252 años de fundada Guasipati se llena de entusiasmo y celebra con sonora variedad de eventos, fiestas, tradiciones culturales, actos protocolares y reencuentros de sus hijos, tan significativa fecha. El alcalde del municipio Roscio José Alejandro Martínez anfitrión de la festividad y de la ceremonia protocolar cursó invitación al gobernador Francisco Rangel Gómez y a los alcaldes de los municipios hermanos: Gustavo Muñiz de Piar y Orlena Scipio de El Callao.


Alcalde José Alejandro Martínez defensor de la tradición cultural y del fomento del desarrollo socioproductivo de Guasipati, en la gráfica compartiendo con el sector escolar del municipio Roscio.

Consultado en relación con la trascendencia de este aniversario el alcalde José Alejandro Martínez enfatizó que “por su cercanía a las zonas mineras de El Callao y gracias también al empuje de sus hijos y familias que se dedican a una de las mejores ganaderías del estado y que también son expertos en las labores agrícolas y el procesamiento de la yuca para la elaboración del casabe más famoso de Guayana, y por el empuje de su sector privado, de sus trabajadores, técnicos, profesionales, artesanos, deportivas, promotores culturales, Guasipati ha venido acrecentando su potencial económico y humano en un entramado urbano, que acoge a nuevos pobladores”.

Añadió que su creciente actividad comercial, su tradicional artesanía, su fortaleza agrícola, forestal, ganadera, deportiva, cultural, militar como sede de la 51 Brigada de Infantería de Selva en el Fuerte Yocoima vía El Miamo, turística, como centro de recreación agroecológica convierten a Guasipati, en referencia regional.

El Alcalde destacó que en esta población se conservan importantes casonas, casas antiguas, instrumentos de trabajo atesorados en patios y hatos, que convierten a Guasipati en la población que mejor ha conservado su memoria histórica, de todas cuantas formaron parte de las antiguas misiones capuchinas del Caroní y el Yuruari. “Más allá de la precariedad de los asentamientos humanos mineros, más allá de su pasado de hechos violentos, fortunas perdidas, rencillas, marchas y contramarchas de una localidad que hasta fue capital del desaparecido y enorme Territorio Federal Yuruari, Guasipati está allí: serena, pujante a pesar de su breve tamaño de ciudad, ordenada, tranquila, segura, con gente hospitalaria hasta el cansancio y con unos sueños tan enormes como su potencial productivo, aún no explotado del todo”.

Hermanos Salas Unshel Ramos, en una antigua estampa del viejo Guasipati

Guasipati la capital de Roscio está ubicada al centro del municipio Roscio, a 7 grados 28 minutos de latitud Norte, y a 61 grados 23 minutos de longitud Oeste. Con una altitud media de 195 metros sobre el nivel del mar, temperatura media de 26 grados y 1200 mm de precipitación anual. Según la enciclopedia colaborativa y libre Wikipedia la ciudad de Guasipati es una población del estado Bolívar, que es capital del municipio Roscio (Bolívar, Venezuela). La ciudad se ubica en las cercanías de los ríachuelos Denguesito al Noroeste y el Cunurí al Oeste, ambos tributarios del río Miamo, a su vez perteneciente a la cuenca del Yuruari- Cuyuní. Cerca de Guasipati están los acuíferos de San Isidro y el río Yuruari, principal curso fluvial de la región, hacia el cual desembocan los ríos Cicapra, Carichapo, Macorumo, Puchima y Onorata.

En esta zona de relieve plano y colinas de baja altura, con pendientes suaves, predominan las formaciones geológicas volcánico-sedimentarias, las cuales ocupan cubetas tectónicas, entre domos de gran extensión formados por rocas de composición granítica. Geológicamente se reconocen en el área cuatro formaciones volcánico-sedimentarias: las Formaciones El Callao y Cicapra que integran el Grupo Carichapo, la Formación Yuruari y la Formación Caballape. El Grupo Carichapo y la Formación Yuruari constituyen el Supergrupo Pastora, de gran potencial económico debido a la existencia de oro de aluvión y principalmente de placeres o filones de oro asociados con vetas de cuarzo.

Evolución Histórica y Economía

Guasipati además de su casco histórico central está conformado por un creciente número de sectores, urbanizaciones y barrios, entre los cuales destacan Nuevo Guasipati o Inavi, Toribio Muñoz, Divina Pastora, Kamaracoto, Alta Vista, Divina Pastora, Celestino Peraza, Tejerías. Al Este destaca Santa Rita, integrado a la ciudad por su cercanía. Guasipati se ubica a 17 kilómetros de de El Callao, ciudad capital del municipio homónimo, que constituye el centro productivo de la explotación de oro, con reservas superiores a las 1000 toneladas en sus diversas áreas en concesión y sede de empresas de minería como la estatal Minerven, Promotora Minera de Guayana, Venrus, entre otras, las cuales generan impactos económicos en la capital de Roscio.

Cercanas a Guasipati están los caseríos Santa Rosa, Palo Blancal, Cintillo al Norte, al Este El Carapo, Los Frailes, Penabato, Las Piedritas, Cabeza Mala, Los Linderos, Las Calcetas, y El Miamo capital de la parroquia Salom, segunda población de Roscio. Al Sur El Porvenir. Al Oeste Cuchivero, Camature, Barbas de Oro, y los sectores históricos, auríferos y ganaderos de Pastora, antiguo pueblo de misión asiento del Hato Ganadero de los Padres Capuchinos y Florinda Cicapra, área continuamente intervenida por pequeños mineros dedicados a la explotación aurífera de veta y aluvión.


Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, templo católico principal de Guasipati

La base económica de Guasipati y la de su municipio por décadas o siglos fue hasta el boom minero de la mitad del siglo XIX la ganadería vacuna, equina, la agricultura, el aserrío de madera de los bosques cercanos de Nuria y Sifontes. La existencia de sabanas extensas y fértiles dio sostenimiento a los hatos ganaderos de los misioneros de la Misión de la Divina Pastora, Nuestra Señora de Monserrat de El Miamo, Tupuquén más al Sur, San Miguel de El Palmar entre otros. Con el tiempo las tierras fueron transferidas al Colegio de Guayana a mediados del siglo XIX, vendidas a propietarios privados y fragmentadas en unidades de producción agropecuaria.

Cabeza Mala, Santa Bárbara, Palo Blancal, Santa Rosa, El Cintillo, Santa Rita, entre otros caseríos rurales, están dedicadas sobre todo al cultivo de la yuca amarga y dulce, verduras, maiz, plátano, ocumo, hortalizas, frutales como la lechoza. Son famosas las rayanderías: unidades de producción familiar y cooperativas que se dedican a la elaboración del famoso casabe de El Cintillo y Cabeza Mala, y sus variedades como "Chorreado" y la "naiboa". A lo largo del eje carretero de la Troncal 10 en las cercanías de Guasipati, se han constituidos pequeños establecimientos para la comercialización de casabe, dulcería, comidas típicas, cachapas, cochino, carne de res y jugos, que son muy apreciados por los turistas que utilizan esta vía en dirección a la Gran Sabana.

Devoción religiosa en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario.

La principal atracción turística de Guasipati es el balneario del río Miamo localizado en la entrada de esta misma población a unos 34 kilómetros de la ciudad, además de los viajes familiares a los hatos y fundos agropecuarios, esparcidos en el municipio, los paseos por las tranquilas calles de su casco histórico, igualmente la población se moviliza a El Callao en tiempos de carnaval y comparsas de calipso.

Evolución política territorial

Guasipati una vez culminado el proceso de Independencia primeramente estuvo integrada al Canton Upata en la primera mitad del siglo XIX, posteriormente con el desarrollo minero de Nueva Providencia, Caratal, El Callao, más al Sur, fue capital del antiguo Territorio Federal Yuruari, impuesto por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco el 3 de septiembre de 1881. Más tarde fue capital del distrito Juan Germán Roscio, que rinde honor a este prócer de la Independencia, territorio de más de 50 mil kilómetros cuadrados. En la década del 90 del pasado siglo XX se concretó el proceso de desmembramiento territorial del Distrito Roscio, convertido ahora en Municipio Roscio, con la creación progresiva de los municipios Sifontes capital Tumeremo, El Callao capital El Callao y Gran Sabana capital Santa Elena de Uairén.


Vieja casona sede de la Alcaldía de Roscio

En lo económico es fuerte en Guasipati el comercio, la hotelería, pequeñas industrias, factorías artesanales, talleres electromecánicos y metálicos, todo ello complementado con una intensa actividad cultural, deportiva, social. La ciudad posee Gimnasio Cubierto, Estadio de Béisbol Menor, Manga de Coleo, Complejo Ferial, cuenta con un núcleo de la Orquesta Sinfónica Infantil y Juvenil, servicio de telefonía básica y celular, centros de educación superior como la Universidad de Guayana Uneg, la Unexpo, la Universidad Nacional Abierta y la Aldea Universitaria de la Misión Sucre..

También es sede de la Comandancia de la 51 Brigada de Infantería de Selva del Ejército y del TO5, la cual está ubicada en el Fuerte Yocoima al Este de la ciudad a un costado de la vía a El Miamo. En su territorio se encuentra la cuenca del Yuruari y estribaciones de la Sierra Imataca, que son asiento de biodiversidad y sitios potencialmente favorables para el turismo y la conservación de recursos naturales. Además posee riquezas mineras tales como yacimientos de oro, cuarzo y lajas ornamentales muy utilizadas en la construcción.

Cultura en Guasipati, Danzas Yuruari patrimonio artístico de la ciudad

“Salud por los hijos de esta maravillosa tierra de zorros guaches o coatí coatí, de sabanas y rocas cuarzosas, de manantiales y clima fresco, de mujeres hermosas y paisajes serenos”, es el mensaje necesario de felicitación a esta hermosa población del Sur profundo de nuestra Guayana. (Prensa Alcaldía de Roscio)

sábado, 30 de mayo de 2009

Nuevas imágenes de Upata y Guasipati en Google Earth



Desde este viernes 29 de mayo los internautas tiene la oportunidad de visualizar y disfrutar un nuevo conjunto de imágenes fotográficas de la ciudad de Upata, sus alrededores, el embalse Cupapuicito, el Cerro El Toro, la llanura de El Candado, el vuelo en parapente, así como de Guasipati, y el balneario de El Miamo en el municipio Roscio, todas ellas en alta resolución.
Estas fotografías fueron tomadas en los meses de marzo abril por el periodista Juan Ruiz Correa autor del blog Hemisferio Sur Guayana y de la bitácora de opinión Upata Octavo Paralelo.
Si nuestra gente de Upata, Guasipati, guayaneses o interesados en conocer mejor los paisajes de l estado Bolívar desea tener acceso a las imágenes deben tener instalado el programa Google Earth, el cual es de distribución gratuita por la red.
Una vez que entre en la aplicación le aparecerá la imagen del globo terraqueo, desde la cual usted debe acercarse a la región Guayana hasta enfocar la imagen satelital de la ciudad de Upata o la de Guasipati o el pueblo de El Miamo, en la medida en que se acerque podrá tener la opción de hacer doble clic sobre las cuadrículas o capas que contienen las fotografías.
Primeramente sin salir de la aplicación Google Earth puede observarla como un elemento anexo al mapa, si vuelve a hacer doble clic esta vez sobre la imagen entrará en su navegador en la página WEB también de Google identificada con el nombre Panoramio, donde podrá incluso detallarla con mayor resolución, buscar el resto de fotos de Juan Ruiz Correa, localizar fotos de Upata y la región Guayana colocadas allí por otros usuarios, e incluso bajarlas en su equipo.
Las fotografías de Upata están también disponibles en el sitio maps.google.com

miércoles, 27 de mayo de 2009

Al Sur de El Manteco el lago de Guri revela secretos y parajes de ensueño ideales para el turismo

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Islote de piedras sedimentarias, areniscas y esquistos en el tramo intermedio del lago de Guri.


La sabana comparte morada con las aguas del Caroní en el lago de Guri
Ensenada, pequeña bahía en un recodo del lago, allí las aguas reposan tranquilas


Inicio del paseo fluvial, con el periodista Eligio González y el fotoreportero Fernando Silva.
Árboles muertos forman parte del paisaje inconfundible del embalse
Comunidades indígenas Pardillal y Mamonal, en la margen derecha del Lago, muy cerca de La Vigia

Embarcaciones y bote de paseo turístico fluvial en el Puerto de La Vigía, muy cerca de El Manteco

Texto: Juan Ruiz Correa

Fotos: Fernando Silva

El lago de Guri en mayo del 2009 semejaba bajo un intenso Sol, inclemente y brillante como pocos, una fiera dormida. El espejo de agua en el puerto de La Vigía muy cerca de El Manteco, apenas a unos 6 kilómetros de esta población de ganaderías, mineros y gente dedicada al oficio de la pesca, la explotación forestal y la agricultura, se nos antojaba un tanto silencioso, sin el bullicio de otras épocas, cuando las bullas auríferas de las colinas cercanas al lago, atraían oleadas enteras de trabajadores informales de las minas.

No obstante allí estaban las embarcaciones, las curiaras, las canoas, con sus duras, enmohecidas e impermeables maderas, y uno que otra lancha de metal, con sus motores apagados. Cerca, muy cerca, el catamarán, un buque turístico de mediano porte, adaptado al lago y sus recovecos, esperando también al visitante extranjero, a uno que otro grupo de nacionales, para llevarlos a conocer aquel inmenso embalse, que abierto al horizonte, kilómetros más abajo, en el inmenso sur de su antiguo lecho o canal principal del río Caroní, se nos antoja como una especie de mar interior, enorme, retador, repleto de paisajes, de sorpresas, de islas de todos los colores.

Así las pudimos ver, a estas islas caprichosas, algunas no más grandes que un simple conuco de esos que tanto abundan en el Sur de Guayana. Otras verdes, muy verdes. Algunas vestidas de sabana. Pedregosos surgían otros islotes. Con cuarzo lechozo. Con esquistos y areniscas de extrema blandura. Islas y más islas brotando del lago, apenas una mancha de arenas de duros silicatos, como recordatorio de que alguna vez fueron colinas, fueron promontorios de una sabana prodigiosa y variada, que se mecía entre manchas oscuras de selvas tropicales.

Estas extensiones del Sur del municipio Piar fueron tierras ganadas por el agua para el proyecto hidroeléctrico del Caroní, que movió el curso del Caroní hasta estirarlo a decenas de kilómetros de su antiguo cauce, que distaba de El Manteco, de La Vigía, no menos de 30 kilómetros al poniente de esta tierra alguna vez ganadera, ahora atrayente para mineros, admirada por indígenas pemones que ahora la tienen como destino de sus moradas y de sus unidades de producción agrícola y sus fábricas de casabe, de mañoco o fariña y transformada también en refugio de campesinos criollos que la valoran como tierra apta para el cultivo de las lechozas, de las yucas, de las hortalizas, del cacao y para el resguardo de sus aves de corral.

martes, 15 de enero de 2008

En Luepa puerta de entrada a la Gran Sabana hace falta Gobierno



En la secuencia gráfica, arriba estación terrena satelital que se construye en Luepa, abajo, Fuerte Maricuya, sede del Batallón Mariano Montilla del Ejército, V División de Infantería de Selva, al fondo tepuyes Ptari Merú, Sororopán Tepuy, en el anfiteatro de colinas del sector Oriental del Parque Nacional Canaima Gran Sabana.
En la entrada al mítico paisaje de la Gran Sabana sector Oriental del Parque Nacional Canaima, está enclavada la hermosa localidad de Luepa, conformada por un conjunto de colinas en el anfiteatro de la zona más elevada de la carretera Troncal 10 que une las zonas mineras del Km 88 en Sifontes con la ciudad de Santa Elena de Uairén, en un tramo de 230 kilómetros aproximadamente.
Luepa, localizada a unos 1400 metros de altura sobre el nivel del mar, es famosa por su Monumento al Soldado Pionero, en la entrada de la región de sabanas, por la estación campamento de Edelca, por ser la sede del Batallón Mariano Montilla del Ejército, en su sede del Fuerte Maricuya, posee una pista aérea de considerable longitud, ahora mejorada con una torre de control, a 4 kilómetros del Fuerte, en la vía que conduce a Kavanayen.
En enero del 2008 estuvimos en la zona, en la cobertura de la visita de los ministros y el vicepresidente de la República programada para supervisar en sitio los avances del centro de control o estación terrena del Satélite Venasat 1 Simón Bolívar, que allí construye el Gobierno Nacional, conjuntamente con una nueva subestación de Edelca, y otras obras complementarias, todas ubicadas en terrenos bajo control militar.
Hasta acá todo bien. Excelente la atención del subcomandante del Batallón mayor José Castillo y su personal de tropa, soldados color de tierra, jóvenes humildes, que soportan con orgullo y paciencia los rigores de aquel clima frío de enero, y la soledad de aquellos parajes, muy lejos de sus ciudades bulliciosas. Con una temperatura mínima en torno a los 12 grados la mañana del 9 de enero se nos antojó en extremo compleja, con nubes de techo bajo que impidieron el aterrizaje de aviones.
El paisaje de la Gran Sabana en este recodo está cargado de una serenidad propia, sin el enorme flujo de turistas que prefieren otros sitios para acampar. Lamentablemente la presencia del Estado Nacional, de la Gobernación y Alcaldía, en la zona deja mucho que desear, suponíamos que con nuestro Proceso Revolucionario este sector estratégico, ubicado a menos de 20 kilómetros de la línea fronteriza con Guyana, con nuestro Territorio Esequibo, estaría en mejores condiciones de atención. No obstante se siente un pesado clima de olvido y desidia oficial, apenas alterada por la presencia de nuestro Ejército.
La carretera, que en el tramo Upata-Km 88, fue sometida a una intensa reparación en Luepa está convertida en un auténtico desastre, con huecos enormes, baches, alcantarillas intervenidas y calzadas sin asfalto. No hay un sistema de información turística, módulos o personal que oriente al visitante, ni de la Dirección Regional ni del Ministerio del Turismo. Suponíamos que en este tramo hasta el Kamá Merú deberían estar instalados ambulatorios, para atender posibles contingencias o accidentes de los turistas, pero nada de eso se visualiza.
Con todo y que en el futuro se nos promete una instalación de telecomunicaciones modelo en Luepa no hay cobertura de telefonía de ningún tipo, expuestos estamos a cualquier emergencia y las posibilidades de comunicación son nulas. Y para rematar las calamidades que sufre esta tierra de ensueño, no hay gobierno local o regional o Autoridad de Área que asuma la tarea de recoger y tratar la basura, que se exhibe prodigiosa y amenazante frente al Aeropuerto de Luepa y la entrada al Kamá Merú, alterando peligrosamente el frágil equilibrio ecológico de este espacio geográfico Patrimonio Natural Universal, propiciando la multiplicación de animales dañinos, y generando sin duda la contaminación del suelo y las aguas de nuestro más imponente Parque Nacional.
Sentimos que una vez más, como lo reclama con fuerza el Presidente Chávez, en ese Sur maravilloso, anhelado por turistas nacionales e internacionales, la presencia del Estado es débil. No se justifica tanta desidia, tanta ausencia de gobierno. Resulta un contrasentido la falta de planes para que en temporadas altas, como la de principios de enero, nuestra Gran Sabana, se exhiba ante los ojos del turista como una tierra no sólo hermosa sino con servicios integrales de atención al visitante, que incluso le garantice a éstos el suministro seguro y oportuno de combustible, para evitar largas y penosas colas en las pocas estaciones de servicio. En vez de esa realidad positiva nos encontramos con una carretera que no hace honor a su importancia estratégica, a su ancho de vía, a su infraestructura, y con un mirador del salto Kamá Merú sin el muro protector de madera, que impida la posibilidad de accidentes, como el que sufrió este mes de enero del 2008 un indígena, que resbaló y cayó al precipicio, con resultado fatal, situación que puede involucrar en cualquier momento a nuestros turistas.
Por favor señores burócratas de Alcaldía, Gobierno Nacional, Gobernación, Autoridad de Area, Ministerio del Ambiente, trabajen y rescaten a Luepa de su pequeño gran estado de abandono. No esperen hasta que se inaugure la estación terrena del satélite para hacerle un cariño y activar un plan de atención al turista y al indígena en esta hermosa población del profundo Sur de la Guayana. Eso sería desleal y poco ético. Recursos tienen. Como bien lo sabemos lo que les falta es voluntad y deseos de ser eficientes servidores públicos.