De las tantas colinas y cerros que rodean y dan su singularidad a nuestro hermoso valle del Yocoima, la de Guacarapo, donde fue levantado el monumento de la Virgen de la Paz, es una de las más singulares, tanto por su pequeñísima altura, tan solo 80 metros sobre el valle, como por la simpleza de su forma y la facilidad de acceso por los sectores 3 de mayo y San Marcos. Este lomerío, donde predominan la vegetación de sabana, debido a que casi toda su vegetación crece sobre un suelo en extremo recoso, no obstante posee algunas islas de vegetación más alta, tipo arbustiva, y está rodeada en su base más oriental por un ecosistema de bosque bajo, matorrales y suaves pendientes, que algunos lugareños la utilizan como pequeñas unidades de producción tipo conuco.
Ya en su cima Guacarapo tiene aún la evidencia de un interesante proyecto de paisajismo y parque mirador, que aprovechaba las excelentes vistas que desde su altura se pueden apreciar de casi toda la Villa del Yocoima. A pesar de su pequeño porte y superficie, que apenas roza las 20 hectáreas. su estratégica ubicación en medio del valle permite extender la vista tanto por la zona de expansión de Upata por el Este como por las tradicionales sectores del Oeste de la población, donde se localizan el centro de la ciudad y los barrios del arco El Corozo, Chapire y California. Incluso tiene la ventaja de permitir la contemplación de los estrechos valles y cerros del Norte de la capital de Piar, entre otros La Carata y su mesa, La Vaca, Copeyal, Los Chorros y California, lo que se puede hacer cuando se sube a su topo por las trochas de San Marcos.
Lamentablemente por tratarse de una propuesta de intervención de un espacio natural que no tuvo continuidad administrativa, y debido además a las restricciones financieras que padece nuestro municipio, este proyecto cayó en el olvido, y las instalaciones pioneras de apoyo al mirador lucen hoy corroídas, desvalijadas, convertidas en ruinas, quedando solo en pie la construcción o muro de roca ferruginosa que lo delimita por su ladera principal, y la estructura de la estatua de la virgen con evidentes muestras de deterioro, sin pintura protectora, con un hueco que desnuda su interior, y sujeto el monumento al vandalismo.
Sin embargo, la propuesta de convertir al cerro Guacarapo en un área de recreación pasiva no es descabellada. La cima de este pequeño cerro sigue siendo un espacio con suficiente amplitud como para que en algún momento se pueda rescatar este proyecto. Se tiene la ventaja de que afortunadamente esta colina y su entorno inmediato se mantiene libre de invasiones o rancheríos, y es perfectamente viable en algún momento rescatarla y reconvertirla en el más cercano mirador turístico de la ciudad, al cual se podría acceder fácilmente por la ruta de 3 de Mayo, tal como se hizo cuando fue inaugurado a comienzos de la década del 2000. En próximas entregas mostraremos el estado actual de abandono del mirador de La Virgen y las panorámicas que Guacarapo o su ruta de acceso por San Marcos le regala los upatenses que tienen el privilegio y dependiendo del día y la hora la "osadía" de trepar hasta este hermoso rincón de nuestra Villa del Yocoima.
Cerro Guacarapo desde la calle Alberto Ravell
Las gráficas tienen voz propia. Nos muestran la hermosa panorámica de nuestro valle del Yocoima y su expansión.
La División Político Territorial impuesta por el Gobierno de Antonio Guzmán Blanco en la década de los 70 del siglo XIX ratificó la importancia de Upata como centro político administrativo de un vasto territorio, que abarcaba en su conjunto la mitad de las antiguas misiones del Caroní. La denominación de Cantón Upata, heredada de los tiempos de la Colonia, estuvo vigente hasta 1864. Ese año la villa perdió su predominio como centro poblado más importante de Guayana después de Ciudad Bolívar, al ser anexada con su área de influencia al recién creado Territorio Yuruari, y pasar a depender administrativamente de Guasipati. Esta localidad ubicada 100 kilómetros al sur de Upata era un antiguo pueblo de misión de pronto elevado a capital de la nueva entidad federal, dada su ubicación estratégica asentada a muy poca distancia de las ricas zonas mineras auríferas de Cicapra, Nueva Providencia y El Callao y al hecho de ser la población más organizada y con mayor tradición de las llanuras del Yuruari.
Una década después Upata lograr recuperar su importancia regional, al ser nuevamente ratificada como cabecera de la subregión que históricamente había administrado en el sector nororiental de Guayana. Ya no como capital de Cantón, figura en desuso, sino como capital del recién creado Departamento Guzmán Blanco, antecedente de lo que sería varios años después el Distrito Piar.
La selección de este nombre Departamento Guzmán Blanco, es propia del centralismo y de la tendencia existente en la Venezuela de ese tiempo de ensalzar la figura del presidente liberal y caudillo caraqueño, quien ostentaba por segunda vez la Primera Magistratura, en el periodo conocido como el Septenio guzmancista, el cual abarca el lapso 1870-1877.
El estado Bolívar de la época, concretamente entre 1864 y 1877, estaba ubicado no al Sur del Orinoco sino en lo que es hoy el estado Miranda, mientras que nuestra entidad regional se denominaba en la vigente división político territorial Estado Guayana como rememorando el concepto de la histórica provincia de Guayana.
Aunque no aparece en estos Apuntes insertamos a continuación la estadística oficial de población del estado Guayana y el Departamento Guzmán Blanco, entidad local esta última que para la fecha del I Censo de Población y Vivienda ocupaba el tercer lugar en cuanto al número de habitantes, superada por Heres y Roscio. En ese año de registro censal 1873 el estado Guayana, que incluía el Departamente Zea- el actual estado Delta Amacuro- tenía una población de casi 34 mil habitantes, mientras que el Departamento Guzmán Blanco registraba 5917 habitantes y Upata su capital 3209 habitantes. (Cuadros tomados del "Primer Censo de la República", publicación de la Junta Directiva del Censo, Imprenta Nacional, Caracas, 1874, páginas 443 y 445)
Apuntes Estadísticos del estado Guayana
Al respecto vamos a resumir el contenido del libro Apuntes Estadísticos del Estado Guayana * , que complementa la información estadística del Censo de 1875 organizado por el gobierno de Antonio Guzmán Blanco el Ilustre Americano. En este documento se recogen algunos datos, comentarios y descripciones sobre los aspectos geográficos, historias y estadísticas de Upata y su área de influencia. Es de resaltar que el estado Guayana estaba entonces conformado por los departamentos Heres capital Ciudad Bolívar, Roscio en la región del Yuruari capital Guasipati, Guzmán Blanco antiguo Upata y Cedeño capital Caicara del Orinoco. *(El libro lleva por título Apuntes Estadísticos del Estado Guayana. Formados del Orden del General Guzmán Blanco Presidente de la República, Imprenta de la Opinión Nacional, Caracas, 1974).
Dicha publicación de la División Estadística del Ministerio de Fomento ratifica la importancia de Upata como centro político administrativo de su subregión. Además de la Villa del Yocoima, capital del Departamento Guzmán Blanco, estaba conformado en su Distrito Upata por las poblaciones de Altagracia, Caruachi, Carrizal, Campanario, California, Moyori, Mamonal, Parapara, Perico, Sabaneta, San Antonio, Santa María, San Germán, Santa Rita y Monserrat, San Lorenzo y Tierra Blanca.
Upata y su excelente ubicación
Veamos que dice el texto sobre Upata y su región: "la Sierra de Imataca, que principia cerca de las bocas del rio Esequibo y va a terminar en el Distrito San Félix, se abre en el centro del Departamento en dos ramales que circunvalan el hermoso valle en que se levanta la ciudad de Upata, la cual, como todas las demás poblaciones de esta sección del estado, se halla en la gran mesa que se extiende entre el declive meridional de la citada Sierra de Imataca, y la línea que parte límites con el de Roscio. El Departamento Guzmán Blanco llegaba en el oeste por el Caroní hasta el desaparecido pueblo o misión de San Pedro de Las Bocas, muy cerca de la desembocadura del río Paragua. Al norte su frontera era el río el Orinoco, desde la desembocadura del Caroní hasta Sierra Piacoa y por el este se extendía hasta el pueblo de El Miamo, que hoy pertenece a Roscio".
Alaba el documento la belleza e imponencia del paisaje de estas tierras guayanesas: "El aspecto y carácter del país es como el de toda la Guayana, dividido en llanuras despejadas más o menos accidentadas y cubiertas de gramíneas, que forman la zona de los pastos,y en bosques y montañas espesisímas en donde luce en toda su plenitud la riqueza vegetal que caracteriza el clima de los trópicos. Sus tierras son variadas, surcadas muchas de ellas por rios, caños y arroyuelosque en toda estación la fertilizan, haciéndolas inmejorables para toda clase de cultivo y para las crías de toda especie de ganados; siendo todo el país en su bello y variado conjunto, la representacion más completa de una naturaleza virgen a la par que rica y vigorosa".
Sobre la red hídrica del Departamento sólo destaca la impetuosa y permanente corriente del caudaloso Caroní y la del río Miamo, que denomina Cumanio.
Recordemos en tal sentido que el Departamento Guzmán Blanco estaba divido en Distritos según la última reforma de la Asamblea Legislativa: Upata, que comprende la ciudad capital de sumismo nombre; San Félix, antes Puerto de Tablas; Cupapuí, que todavía era una población de cierta importancia al Sur de San Lorenzo de Upata; El Palmar hoy municipio autónomo; El Miamo hoy parroquia Salom de Roscio y por último el inundado y desaparecido pueblo de Guri. Destaca que los caseríos San Antonio de Huicsatano, San Ramón de Curachi- hoy bajo las aguas del Caroní- y Altagracia, estaban comprendidos en el Distrito Upata, mientras que la lejana San Pedro de las Bocas, en el de Guri. Es pertinente aclarar si embargo que Guri en el Censo de Población y Vivienda de 1873, el primero oficial de la República, aparece registrada en al estadística del Departamento Roscio y no en Guzmán Blanco.
Panorámica del este de Upata desde colina de la serranía de El Toro
Imagen satelital del cerro El Toro Upata y el punto de observación del Valle (Google Map)
Relieve y altitud del Cerro El Toro, imagen tomada de Google Map
Cerro El Toro su colina más cercana a Upata vista desde urbanismo Manuel Piar
El Toro desde Santa Domingo, predomina vegetación baja sobre manchas boscosas
Cerro El Toro, rocas, chaparrales, bosques y al fondo antenas repetidoras.
Como ya se ha destacado en anteriores entregas alusivas a este patrimonio natural de Upata, hoy en peligro por la tala indiscriminada y el deterioro de su biodiversidad floral y animal, el cerro El Toro esconde- en sus más de 500 hectáreas- una interesante variedad de ecosistemas: desde bosques protectores de quebradas, selvas tropófilas en valles y pendientes, hasta biomas de sabana en áreas escarpadas, terrenos llanos y áreas pedregosas, donde las plantas sobre todo se adaptan a las particularidades del relieve y a la exposición a los vientos dominantes. Cuenta además con pequeños miradores naturales que favorecen la contemplación o recreación pasiva, tanto del valle del Yocoima como de las serranías que bordean la ciudad por todos sus puntos cardinales.
Desde su primera colina frontal a Upata, se observa el urbanismo Manuel Piar.
Una de esas colinas que se extiende en paralelo a los sectores Manuel Piar, y San José se eleva hasta los 560 metros sobre el nivel del mar, en su parte más alta, como un muro continuo de sabanas, pedregales y escasos bosques que siguen el curso intermitente y estrecho de pequeñas quebradas montanas que bajan de su tope. A esa altura podemos disfrutar de vistas muy sugestivas del valle, en especial de los barrios, edificaciones y urbanizaciones de su área de expansión, localizada principalmente al este y sureste de Upata, así como de los incontables cerros que rodean la ciudad.
Tonalidades de verde en este julio lluvioso del 2020
En la temporada de sequía esta pared de pendiente muy pronunciada, hasta de 60 grados, tiene la desventura de sufrir los rigores de los incendios forestales, que degradan su paisaje y afectan su fauna, pero por fortuna cuando llegan y se consolidan las lluvias, desde junio hasta finales de año, su verdor es extraordinario, en juego de tonalidades que contrastan con la abundante y oscura presencia de centenares de promontorios, rocas y lajas expuestas a las inclemencias del tiempo.
Paseando por el Casco Central frente a la antigua Casa Verde
Piedra de Santa María Atalaya de la Villa del Yocoima
258 años cumple la Villa de San Antonio de Upata, fecha que rememora la fundación de esta aún joven ciudad del Yocoima. Como todos los años desde Hemisferio Sur Guayana imágenes más que palabras nos transportan por los recodos y los espacios urbanos o rurales de la capital del municipio Piar, una ciudad que con sus caseríos suma una población no menor a los 120 mil habitantes. Upata con su suave clima, con sus calles y urbanismos, enmarcada en un escenario de verdes colinas, celebra desde la pausa y la contención social por la pandemia del Covid 19 esta fecha histórica de fundación hispánica, cuando al cobijo de la cruz y los arcabuces y en el nombre de Dios comenzó a transitar su rol primero como centro administrativo de las Misiones del Caroní
Calle Miranda la más comercial y transitada de Upata
Avenida Rómulo Gallegos
Profundos cambios ha experimentado la Villa, hoy ciudad. Con retos enormes. En lo socioproductivo. Una población que vive fundamentalmente de un fuerte movimiento comercial, de agencias bancarias y de servicios, instituciones oficiales, y de su ancestral importancia como epicentro agrícola y pecuario de primer orden en el estado Bolívar, especialmente en lo que concierne a la producción de carne y leche bovina, y al cultivo de rubros de origen vegetal como la yuca, maiz, hortalizas, lechoza, cambur, aguacate, entre otros; también asiento de innumerables factorías para la fabricación artesanal y semi industrial de queso y sus derivados, dulcería y panificadoras, casabe, pequeñas industrias de la madera, metalmecánicas, de la construcción y mineras, como las recientemente constituidas plantas auríferas Serrapia y Beracak en la zona de Guacamayo.
Vegetación arbustiva y peñascos de cuarcita ferruginosa, al fondo el Valle del Yocoima
Valle interior de la serranía de El Toro
Luego de dos semanas de intensas precipitaciones el verdor y la humedad vuelven al cerro El Toro, que tiene aproximadamente un perímetro de 9 kilómetros y una superficie de 600 hectáreas, uno de los patrimonios naturales más importantes y por largo el más visitado de la ciudad de Upata.
Bosques en la franja de altura al Este del Toro.
Este año 2020 fue extraordinario en cuanto durante casi 5 meses en todo el valle del Yocoima las lluvias desaparecieron provocando el deterioro del paisaje, ya que a su ciclo anual de sequía se vio incrementado por la falta total de precipitaciones y las incursiones depredadoras de personas talando su bosque seco y zonas protectoras de quebradas, que fueron prácticamente arrasadas en buena parte de su franja paralela al camino principal del cerro. Unos con el fin de obtener la ansiada leña para el fogón familiar, ante la falta del gas domésticos en la ciudad. Otros para expandir sus sembradíos de hortalizas, sin tomar en cuenta que toda naciente de agua, como la quebrada de El Caballo requieren de estos bosques protectores para mantener su estabilidad y preservación como área de biodiversidad. Ambos grupos han generado esta situación de degradación del paisaje natural del Cerro El Toro.
Al fondo la colina de las Antenas, desde el mirador de las cuevas
Crece en muchos igualmente la preocupación por cuanto el uso generalizado de agroquímicos pudiese estar afectando, lo que es más grave, la calidad de las aguas que se filtran hacia los acuíferos ubicados en el piedemonte y planicie cercana al cerro, pozos que se han convertido en la opción alternativa de suministro de agua "limpia" para miles de hogares de Upata.
Upata desde el Cerro El Toro vista el 19 de junio del 2020 al mediodía
Calle Independencia cerca del Mercado Municipal
Plaza Miranda en la Av Raúl Leoni. Arriba Plaza Bolívar y Capilla de San José frente al Mercado.
No ha sido afectada la población por el coronavirus. No se registra ningún caso. No obstante hay que ser más rigoroso en la contención o prevención pues el enemigo silencioso, la pandemia, nos acecha desde la no tan lejana Brasil, por el desplazamiento irregular y descontrolado que venezolanos puedan hacer desde de la frontera en la Gran Sabana hasta nuestros municipios más al norte de Guayana.
Valle de Upata desde el cerro El Toro, nublado y mostrando a la distancia el vigor de los aguaceros típicos de junio, por Los Coloraditos, San Lorenzo y Santa Rosa, sectores al Sur del valle del Yocoima.
Lluvia desatada sobre el urbanismo Manuel Piar el 6 de junio la primera fuerte de año.
Ya la espera era enorme. Luego de casi seis meses de sequía absoluta el valle del Yocoima por fin entró en su temporada de lluvias y clima fresco correspondiente a este año bisiesto tan especial de cuarentena e impacto del coronavirus. Fue un 6 de junio cuando por fin un torrencial aguacero marcó el renacer de la humedad propia de este mes, lo que ocurrió con inusitada fuerza, ya que hasta la fecha 20 de junio en Upata han caído no menos de cuatro eventos lluviosos de importancia, aguaceros continuos o intermitentes, que han generado secuelas, es decir inundaciones momentáneas, en algunas comunidades y avenidas, afectadas por la intensidad de las precipitaciones. Según nuestro registro local en la capital del municipio Piar en lo que va de junio han caído aproximadamente unos 120 mm de lluvia, un volumen apreciable pero normal.
Desde el CC El Dátil, se muestra humedad y cielo nublado.
La tercera semana de junio todavía el río Yocoima no había alcanzado su máxima creciente del año
Las temperaturas máximas de 36 grados típicas de mayo dieron paso a máximas de apenas 31 o 29 grados, y promedios en torno a los 24 y 25 grados, como en los lejanos tiempos en que la Villa era ponderada por su excelente clima, sobre todo con la llegada de las lluvias a mediados de año. Por cierto falta todavía presenciar en el valle las famosas neblinas de junio o la llegada en masa de los insectos voladores, "bachaco culones" entre otros. Las que si han vuelto con su puntualidad habitual son las golondrinas, aunque en menor número con respecto a otros años.
Nube de tormenta al Este de Upata espectáculo propio del mes de junio
Por fin una pequeña corona de nubes estratiformente sobre la "pequeña cordillera" de Guacarapo El Toro.
Los cielos desde la segunda semana de junio se han mantenido por lo general nublados, poblados de vigorosas y verticales torres de humedad, nubes que en horas de la tarde han dejado caer su carga de lluvias, acompañadas hasta ahora con actividad tormentosa moderada. El valle vuelve lentamente a recuperar su verdor, con parsimonia debido a la fiereza de la sequía que padecimos, mientras que sus quebradas y el propio río Yocoima a pesar de la fuerza de las precipitaciones todavía no han mostrado su caudal mayor promedio o la fuerza de su creciente anual, lo que posiblemente ocurrirá a finales de mes o en el cercano julio.
El invierno, la temporada de lluvia apenas comienza. Esperemos que su balance sea positivo, porque el ciclo de la vida lo anhela para el renacer del verdor y la recuperación de las fuentes de agua que tanto plantas como animales silvestres requieren para su desarrollo y supervivencia. Así será.
Araguaney en floración en la plaza Miranda de Upata el 30 de mayo del 2020
Roble con todo su verdor en Manuel Piar Upata
2020 año bisiesto, de pandemia, crisis de combustible, destaca también hasta el 4 de junio como uno de los años más secos en la región del noreste de Guayana, y en particular en el valle del Yocoima, Upata, donde hasta la fecha las precipitaciones han sido en casi seis meses muy escasas o nulas, con meses como abril o mayo, donde se presentaron apenas 1 o 2 eventos lluviosos de muy baja intensidad. Los
bosques y sabanas que rodean la ciudad están secos, y los riachuelos,
quebradas y lagunas, igualmente desprovistos de agua o con un volumen
muy pírrico. Altas temperaturas que han rozado los 37 grados, en algunos
días, así como mínimas en torno a los 24 grados, nos revelan que
estamos ante una temporada de sequía inusualmente extrema, propia de
años donde el Niño ha dejado sentir su influencia sobre la Guayana
venezolana.