Plaza Bolívar de Upata, remozada y con nueva imagen. Desde 1962 hace 58 años mantiene su plena vigencia como principal sitio de encuentro de la Villa del Yocoima.
Tras casi un año de trabajo lento pero seguro la Alcaldía de Piar entregó en el pasado mes de diciembre del 2019 la obra de rehabilitación y mejora de la Plaza Bolívar de Upata. Se trata de una intervención planificada por la alcaldesa Yulisbeth García, que al margen de críticas y cuestionamientos permitió recuperar los diferentes ambientes de este espacio cívico y de encuentro en familia.
Estatua Pedestre del Libertador, al fondo iglesia parroquial de San Antonio de Padua
La remozada Plaza Bolívar de la capital del municipio Piar entre otras intervenciones cuenta con parte de su piso de granito recuperado o sustituido, nuevas luminarias, nueva jardinería, se construyó un parque infantil, se instalaron avisos tridimensionales de identificación de este espacio público y vallas alusivas a la vida del Libertador e información básica sobre Upata. Todo ello enmarcado en el programa Venezuela Bella del Gobierno Nacional, que suministró los recursos para hacer realidad esta obra de remodelación del principal espacio público de la Villa del Yocoima.
Salvo detalles pendientes, como alguna referencia a nuestras raíces históricas indígenas o al patrimonio natural, y la necesaria pero siempre pospuesta intervención fitosanitaria de los árboles afectados por especies parásitas, la mejora de nuestra Plaza Bolívar marca un antes y un después. Fue un logro positivo que nos puede indicar el camino hacia un proyecto aún más ambicioso de recuperación, restauración de lo queda del centro de la ciudad, lo cual pasa por la construcción de bulevares, museos y teatros, rescate de otras casonas históricas, que le darían otro cariz, otra configuración más humana al caótico y excesivamente mercantilizado casco central de Upata.
Vegetación de sabana en una colina de Upata, donde predomina visiblemene el chaparro Curatella americana como arbusto principal, todo sobre un suelo arenoso, alternado con afloramientos y rocas sueltas.
El "Curatella Americana" mejor conocido como Chaparro es una especie de gran abundancia al Norte y centro de Guayana. Este arbusto pertenece a la familia Dilleniaceae, de amplia distribución en casi todas las sabanas del norte de Suramérica, sus hojas por su peculiar textura en las zonas rurales son aún muy usadas para el lavado de platos y vasillas, y como lija natural. Destaca el chaparro por su particular forma arbustiva, dominante en las sabanas del trópico americano, y por su resistencia a las sequias y quemas forestales, pues salvo el daño a sus hojas, y a su corteza externa, si no es carbonizado puede sobrevivir a los típicos incendios del verano.
Chaparro en una ladera mostrando su característico follaje.
Esta especie arbustiva de pequeño porte, quizá la más abundante de nuestras sabanas, ya que se adapta con facilidad a suelos ácidos, arenosos, pedregosos, donde crece en colonias, acompañada con otras plantas igual de resistentes al calor extremo y las quemas forestales como el manteco, el alcornoque llanero y carne asada: (Byrsonima crasifolia, Bowdichia virgiloides y Roupala montana). En Venezuela el chaparro es arbusto de amplia distribución, observable en los terrenos arenosos, secos y bajos, desde el Zulia hasta el Delta, en la región de Los Llanos y Guayana es abundante su presencia, al igual que se encuentra en las tierras bajas y de menor humedad del piedemonte de las cordilleras andina y de la Costa.
Extensos chapararrales se extienden por leguas de sabana en la vía Upata El Manteco, también en la carretera Upata Guasipati, en la que une a Upata con Guri, y en buena parte de la ruta a San Félix, en las colinas de las sabanas altas que anteceden al sector rural boscoso de El Buey, en los cerros del norte de la ciudad, Guacarapo y El Toro. Extensos chaparrales crecen a sus anchas en las llanuras y colinas de la franja Sur del valle del Yocoima, hacia San Lorenzo, Laguna Larga, Unión 2000, La Madama.
Aspecto del Salto de Santa María de Upata, en la temporada lluviosa del 2018.
Además de su privilegiada ubicación que le permite excelentes vistas panorámicas de la extensa región del Yuruari y de las serranías de Guacamayo, Machí, Apurito, El Cume y Tomasote, el sector de Santa María de Upata, cuenta con otros atractivos naturales, que deben ser adecuadamente preservados y acondicionados para el disfrute de la población local y visitantes. Entre éstos destaca El Salto, una irregular cascada de aguas cristalinas que desde sus cerros cercanos del Complejo de Imataca, ricos en cuarcitas ferruginosas, y rocas metamórficas abundantes en silicio, se precipitan hasta los bosques más bajos, que marcan el inicio de las tierras de Pastora, una provincia geológica que en su vastedad constituyó durante millones de años el lecho de un antiguo y desaparecido mar, donde la actividad hidrotermal y los complejos procesos de mineralización dieron origen a uno de los yacimientos auríferos más ricos del continente americano.
Cerro El Toro al este de Upata visto desde la serranía de Guacarapo.
Desde el la última semana de diciembre del año pasado 2018 en Upata, concretamente en la zona del piedemonte del Cerro El Toro, prácticamente no se registra ninguna precipitación, lo cual constituye una evidencia contundente de que nos encontramos en una de las temporadas de sequía más extrema de las últimas tres décadas, solo comparable a la vivida en 1984 y semejante a la que nos tocó padecer en el año 1995, cuando fuimos testigos no sólo de condiciones extremas sino de una pesada calina de polvo y humo que provocó alarma en la población.
En esta oportunidad coinciden esas condiciones de sequía con la activación del Fenómeno del Niño, que ha provocado en el caso particular de Venezuela y la región Guayana condiciones muy particulares de temperaturas extremas y ausencia casi total de lluvias. En el mes de abril y con fuerza desde el ventoso mes de marzo nos ha tocado a los upatenses experimentar temperaturas en extremo cálidas, con máximos que en fecha reciente, el 15 de abril, rozaron los 35 grados centígrados a la sombra, un registro que supera en casi 3 grados el máximo promedio para esta época del año. Ese mismo día tuvimos valores inusuales de 31 grados a las seis de la tarde, y 28 grados a las 9 de noche.
Calma en un remanso del río, al fondo Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar
El Paseo Orinoco en septiembre del 2018
Aunque no ocurrieron las tan anunciadas catástrofes ni daños apocalípticos como consecuencia de la creciente del río Orinoco de este año 2018, su nuevo registro de máxima histórica resultó extraordinario y sin parangón.
Impetuoso el Orinoco al acercarse a su canal más estrecho frente a Ciudad Bolívar
Desde que se tienen registros detallados del nivel del Río Padre frente a Ciudad Bolívar, hace casi un siglo, el Orinoco no había escalado ni siquiera aproximado hasta la cota máxima de este año, que fue 18 metros con 34 centímetros, más de 30 centímetros que su altura máxima histórica, que era 18 metros con 3 centímetros(ocurrida ambas en agosto de 1943 y 1976).
Así que como ninguna otra generación reciente fuimos testigos de un evento muy singular y extraordinario, que nos mostró la fuerza de la naturaleza, cuando ésta desborda literalmente su comportamiento normal.
Hidrograma del Orinoco frente a Ciudad Bolívar, la raya roja muestra su
actual comportamiento, nivel sobre el nivel del mar, desde enero hasta
el 16 de agosto de 2018.
En Ciudad Bolívar el río Orinoco desde el 27 de julio hasta el jueves 16 de agosto ha tenido un notable crecimiento en su caudal y nivel frente a la histórica Angostura, que se refleja en un ascenso de sus aguas superior a los 95 centímetros. En tal sentido debemos destacar que de acuerdo al último boletín del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología correspondiente al 16/08/2018 el Orinoco ya logró ascender a la cota 18 metros con6 centímetros sobre el nivel del mar frente a la capital del estado Bolívar. Un registro de nivel que supera en 1 centímetro la cota 18,05 metros, registro que tanto en 1943 como en 1976 fueron reportadas como las máximas crecientes históricas del Río Padre en el pasado siglo XX. Este nivel del 16 de agosto es por ahora el máximo histórico anual del Orinoco. (IMPORTANTE DESTACAR QUE ESTA CORRECCIÓN DEL HISTÓRICO ANTERIOR DE 18,03 A 18,05 METROS LA REALIZÓ EL INAMEH EN EL BOLETÍN DEL 16 DE AGOSTO DE 2018, NO OBSTANTE HAY QUE PRECISAR QUE DE ACUERDO A LOS REGISTROS HEMEROGRÁFICOS CORRESPONDIENTES AL AÑO 1976 EL NIVEL MÁXIMO INFORMADO EFECTIVAMENTE FUE 18,03 METROS Y NO 18,05). Se mantiene desde el pasado domingo 12 de agosto la ALERTA ROJA en este sector del Orinoco, luego de que ese día el río alcanzase la cota 18 msnm, superior en un metro al nivel de desborde del río.
El referido boletín del 16 de agosto en tal sentido indica que el nivel del Orinoco frente a Ciudad Bolívar "es de 18,06 msnm y para el 15/08/2018 fue de 18,04 msnm,subiendo 0,02 metros con respecto al día anterior.El nivel se encuentra 0,06 metros por encima del nivel máximo del día, 4,81 metros por encimadel nivel mínimo del día y 2,18 metros por encima del nivel medio.Para la fecha se registra un nuevo Máximo Histórico en la estación Orinoco CiudadBolívar, pues el Nivel supera el valor registrado en julio de 1976 de 18,05 msnm". (NOTA: En 1976 el máximo histórico se alcanzó comenzando agosto no en julio)
Aglomeración humana observando corriente y pescadores
El Orinoco en creciente todo un espectáculo frente a Ciudad Bolívar.
Faena de pesca, equilibrio y destreza en el manejo de las atarrayas
Entrando ya en la última semana del mes de julio del 2018, a escasos días de su creciente máxima anual, el Río Padre, el Orinoco se convierte una vez más en el principal protagonista escénico de la histórica Ciudad Bolívar. Frente su Paseo malecón homónimo los atardeceres se llenan de turistas nacionales y foráneos, que con asombro y expectación contemplan su corriente impetuosa, cada vez más caudalosa en cuanto el río se aproxima a su canal más estrecho frente al Mirador Angostura.
Luego de un año 2017 de intensas y continua lluvias el 2018 se ha mantenido como otro año de registros elevados de precipitaciones, con una temporada de sequía muy breve, que no afectó con intensidad el caudal de las corrientes fluviales ni provocó mayores impactos negativos en la vegetación. Salvo durante la mitad de marzo y la primera semana de abril se produjeron algunos incendios forestales muy focalizados en pequeñas áreas del estado Bolívar y el descenso de nivel de los grandes ríos Guayaneses fue poco significativo
Abiertas las compuertas así se muestra el Caroní en Macagua
Como consecuencia de este suave verano el embalse de Guri para inicio de junio se aproximó rápidamente a su máximo volumen y después del 15 de junio hubo necesidad de iniciar el alivio de este cuerpo de agua, mediante la apertura de las compuertas de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar de Guri, y la consecuente activación de los aliviaderos de Caruachi y Macagua. (La cota máxima operativa de Guri es 271 metros sobre el nivel del mar).
Debido a esta anormal creciente del Caroní los habitantes de las partes bajas inundables de San Félix y Puerto Ordaz comienzan a sentir las primeras secuelas generadas por apertura de compuertas de la red de embalses del río, igualmente las autoridades han declarado la Alerta Naranja ante la eventualidad de que para finales de julio y agosto tanto el Caroní como el Orinoco se acerquen a sus máximos históricos, con toda las consecuencias y riesgos que ello pueda implicar para las familias que habitan en las zonas inundables de Ciudad Guayana. De hecho tal como se evidencia en el video oficial de la Gobernación de Bolívar las autoridades están evaluando para esta segunda semana de julio la posibilidad de restringir el acceso de turistas a algunos miradores cercanos a la línea de costa de los parques La Llovizna y Cachamay.
Upata desde las alturas, el cerro El Corozo en primer plano
Upata desde el cerro El Toro
Capilla de San José frente al Mercado Municipal de Upata
Plaza Bolívar, Iglesia San Antonio de Padua y viejas casonas del casco histórico
Zona comercial de Upata
7 de julio de 1762 fue la fecha de fundación oficial de la Villa de Españoles que el entonces Imperio Hispánico denominó Upata, en tributo a esta expresión linguística de los indígenas guayanos, que hace referencia a Mi Tierra Nuestra Tierra Mi Terruño Mi Territorio de Vida.
Torre altiva, guardián del viento
Largo fuste que estira su cuello
Mientras tu cabellera se moja
Con las primeras gotas del rocío.
No quieres oír las hipócritas palabras
Que se revuelcan por el suelo
Y que engañan incautos, mientras asestan su mordida.
Atalaya que atisba los primeros rayos del sol
Y el último, que otea el ocaso y sus penumbras
Vigilas cada instante que la tierra gira
Sobre su propio eje
Y atrapas los sueños de alto vuelo
Atrapasueño celeste.
Paciente ser que escuchas
Voces lejanas de lluvias
Cha Cha Cha llevas el ritmo en tu sonoro nombre
El agua se esconde entre letras insomnes
Y las ramas circundan tu copa
Como cabelleras de antiguos guerreros
Que perpetúan su nombre
Sobre la madre tierra
Daniel Ruiz/Upata 2020
Los tres chaguaramos que adornaban la Plaza Bolívar ya no existen...
Chaguaramo solitario en la Plaza del Ejército
Una de las palmas más vistosas e imponente por su altura y elegancia, es sin duda el chaguaramo, sobre todo cuando es transplantado en filas, y ofrece a la vista un impresionante espectáculo, tanto por la forma elegante de su tallo, hojas y frutos, como por la altura que puede alcanzar. En Upata el chaguaramo es una planta exótica, no tan abundante, no obstante tenemos algunos ejemplares que destacan en el paisaje urbano, de sus barrios y urbanizaciones, muy vistososos en su tiempo los recientemente desaparecidos de la Plaza Bolívar frente a la Iglesia, atacados por feroz plaga, y al final talados.
También tenemos chaguaramos en la Plaza de El Ejército, en Santo Domingo, en Sierra III, en la UEN Morales Marcano, en la calle que enlaza la plaza Van Prag con el barrio Maturín, y en el liceo Tavera Acosta, los inmensos y ocultos chaguaramos que se ocultan en el valle central del cerro El Toro, y otros que se alzan en áreas verdes rurales de la ciudad.
Notables por su llamativa línea visual son los chaguaramos que adornan uno de los caños de la carretera Upata El Manteco, entre Tagroima y Santa Inés.
El cálido clima de Upata, quizás sus suelos ácidos, y sus condiciones
atmosféricas, no le son propicias al chaguaramo, que a diferencia de
otras zonas del país- como los valles de la Cordillera de la Costa, o
piedemontes al Norte del Orinoco- aquí no alcanzan el notable desarrollo
y elegancia que allá exhiben, por el contrario suelen ser atacados con
ferocidad por plagas y parásitos, que limitan su crecimiento y su
natural belleza.
Otro chaguaramo, en la UEN Morales Marcano
Esta palma cuyo nombre científico es Roystonea
oleracea, es una especie originaria de las Antillas menores y el norte
de Suramérica. Es una planta de gran porte, de hasta 40 m de altura y
muy apreciada por su gran valor ornamental por lo cual ha sido cultivada
en muchos países. En Venezuela es el árbol emblemático del estado
Yaracuy, donde crece de manera espectacular y es muy abundante, destacan
también los imponentes chaguaramos de los valles de Aragua, los de la hacienda Santa Teresa de El Consejo plantados en las fértiles áreas
de cultivo de la caña de azúcar o los chaguaramos que
prodigiosamente han sido transplantados en avenidas, parques, plazas y jardines de la ciudad capital del país
Caracas, donde hasta una urbanización fue bautizada con este sonoro nombre.
Pocas historias, leyendas o crónicas tenemos en Upata sobre esta planta, más allá de su llamativo porte, tampoco hay referencias escritas sobre cómo fue su proceso de introducción en el valle, quién plantó por vez primera la especie en nuestro valle. No obstante existen otras variedades de palmas muy semejantes, que han sido plantadas en jardines de quintas y parques, que configuran en su conjunto una muestra representativa de cómo las vistosas palmeras del trópico por su vistoso porte puede alcanzar un sitial importante dentro de los planes de ornato y arborización de la ciudad de Upata. Es una tarea pendiente en los planes de mejoramiento urbano de nuestro verde valle.
Cerro Machí al Norte de la antigua finca El Moriche, en jurisdicción del municipio Piar.
Desde las sabanas de Santa Bárbara de Roscio sobresale la silueta del Cerro Guacamayo.
Colinas, suaves pendientes y pequeño valles con bosques de galería
Al sureste de Upata la suavidad de los paisajes de sabana de la región de Carichapo da paso a formaciones de relieves más sinuosos, donde el horizonte es cortado por laderas, colinas, valles, que le dan al paisaje un carácter más abrupto, en la zona en donde convergen algunos de los cerros más elevados de este sector del Macizo de Guayana, que geológicamente pertenece a la Formación Pastora.
Chaparrales, al fondo Cerro Machí.
Se trata de un amplio espacio de bosques de galerías, sabanas de chaparros, colinas, penillanuras, bajíos, alguos humedales aislados, y sistemas de relieves más elevados que tienen en los cerros Guacamayo, Machí, Cume, Los Jiménez, Teu Teu, entre otros, sus topos de mayor altitud.
En estos valles y peniplanicies, la tradición de siglos ha sido la ganadería extensiva, que se mantiene desde la época de la llegada de los capuchinos catalanes a mediados del siglo XVIII, como la actividad económica fundamental de sus pobladores.
Tras la brevedad de la captura de una imagen se esconden contenidos, impresiones, mensajes, y la sorprendente variedad de colores y episodios que conforman la cotidianidad de nuestro universo. Upata, sus parajes, sus animales, su árboles, su gente, sus construcciones, desde las más sencillas o humildes hasta las más complejas, sus patrimonios históricos, sus recodos, todo ello configura parte de ese microcosmo citadino pueblerino urbano rural, que nos debe mover al orgullo y la alegría, a la reflexión y por qué no al conocimiento de lo real; lo que está allí al alcance de nuestros sentidos, pero que por la circunstancia del día a día del trajín laboral y la rutina de la supervivencia o la diversión fácil, no valoramos y disfrutamos en su justa medida.
Cují en floración en paisaje lagunero en sector San Lorenzo de Upata
El cují Acacia macrocantha es otro habitante emblemático de Upata. Es común en las sabanas arenosas que se abren al Este del valle del Yocoima y en las zonas pedregosas y de baja precipitación donde no se dan condiciones para el desarrollo de los bosques medios, o de otros ecosistemas húmedos, el cují está presente alternando su copa robusta pero no tan alta, como compañero de otras leguminosas igual de abundantes en la zona como el dividive y el yacuare, o alternado con los también comunes guásimos. Pero también se desarrolla bien en la cercanía de tapones y humedales, en los terraplenes o zonas más secas de protección de estos reservorios de agua, donde exhibe igualmente su porte y verdor, con más intensidad que en terrenos más áridos.
Cují en terreno cercano a la Perimetral de Upata, en callejón de entrada a los sectores La Milagrosa y Las Tablitas.
El cují sobresale por la extrema pequeñez de los foliolos de sus hojas parinpimnadas, y por la abundancia de espinas, alargadas y gruesas en la base, además de su no tan llamativa flor amarilla en copo o tipo cabezuela, que le es característica, y por su fruto en vaina de unos 4 centímetros, alargado pero relativamente irregular en su forma. Crece entre 4 y 6 metros por lo general, aunque hay ejemplares que se elevan hasta los 8 metros, es orginaria de América Central, el Caribe y Sudamérica, donde se le localiza hasta el norte de Argentina y sur de Perú. Tiene algunos componentes tóxicos, en sus hojas, corteza, raíces, pero a sus espinas se le da uso medicinal para combatir las afecciones dentales, dolor de muelas, dientes y encías. Sus hojas son un excelente abono natural, y constituye alimento para algunos animales. En zonas rurales donde abunda tiene uso como leña y hasta para trabajos de carpintería.
Esta especie botánica de la familia de las Fabaceae y de la subfamilia de las Mimosoideae como ya señalamos tiene las flores pequeñas y redondeadas o globosas, lo que lo diferencia notablemente del «cují yaque» un pariente cercano de la misma familia de las leguminosas, que tiene las flores alargadas y colgantes de amarillo a crema, dispuestas en racimo cilíndrico espigada de hasta 5 centímetros, que por cierto no es propia de Guayana. El cují nuestro guayanés el Acacia macrocantha, que es el que hemos visualizado en la periferia de la ciudad de Upata, y que es típico de las zonas rurales, donde abunda sobre todo a los costados de caminos y de las lagunas, abrevaderos y tapones, donde proporcionan sombra al ganado.
Cují a un costado de la quebrada de El Caballo
Si bien no es un árbol o arbusto de sombra de gran tamaño, o típico como lo puede ser el mango, el samán o el mamón, el cují en las sabanas resecas de Upata, al Este de la ciudad, solía ser refugio de los jóvenes y niños que correteaban por estos parajes en sus incursiones y paseos tradicionales, en ruta hacia otros escenarios más frescos, o como vegetación protectora de pequeños cursos de agua o tapones como el de La Viuda ya desaparecido, o la más lejana laguna de El Piso, en la ruta a Villa Lola, y era también abundante en las inmediaciones del desaparecido Hipódromo Las Guarataras, donde formaba bosques de espinares que separaban este espacio recreativo de la zona de Banco Obrero. Es abundante todavía el cují en los bosques bajos de la zona de El Candado al este de la ciudad, y en toda la franja de sabana y matorrales de San Lorenzo, La Laja, La Victoria, zona alta de Carlos Enrique Alvarez, en la ruta El Guamito Los Coloraditos Complejo Ferial y en los lomerios de Monserrat, Aunque de breve sombra un buen cují sin las ramas tan caídas o cercanas al suelo, hasta era utilizado para el descanso reparador, y evitar la inclemencia de los rayos del Sol, costumbre muy propia en otros tiempos, además de su utilidad para el amarre de los cuadrúpedos como caballos, burros y otros animales domésticos.
Muchas historias se tejieron en esos tiempos idos en torno a un tradicional cují o a cujizales, que se prodigaban en la Upata de la ruralidad. Ahora en estos tiempos modernos otras especies de crecimiento rápido, algunas exóticas y otras con mayor abundancia de sombra o frutos comestibles, o de copa más extendida, han sido preferidas en el ornato urbano. No obstante sería deseable que más allá de su crecimiento natural, espontáneo en la periferia de la ciudad, el cují pueda ser también incorporado como árbol ornamental representantivo de nuestro clima caliente y fresco del Valle del Yocoima y sus alrededores.
POEMA AL CUJÍ
Habitante emblemático de Upata
Que dormitas en las arenosas sabanas
Y en las zonas pedregosas, allí acicalas la quietud del viento, en
espera de un día soleado.
Arbusto, pequeño árbol
Que atalayas horizontes insomnes
Prodigas tu pequeña
Pero reconfortante sombra,
Con tus indivisas espinas;
Las bestias abrevan de sombra
El sopor térmico que las sofoca.
Por esos caminos de agobiante calor
Eres aliado, refugio para un descanso reparador:
Cuántos cuerpos curtidos cobijas Cují.
Ofrendas la poca, pero reconfortante, sombra que otorgas
Generoso ser vegetal
Que tu nombre se eternice
En la presencia y no la ausencia,
Como eterno agradecimiento
de aquellos que cobijaste
Bajo tus pies, y de los ecosistemas degradados
Que redimieron su esperanza en ti:
Cuanto compartes cují compinche
Abrevador de caminos
Frutos de copey, en en ejemplar de mediano porte en el cerro El Toro de Upata.
Este copey de ramas y follaje extendido, aunque no frondoso, es típico de las sabanas pedregosas del cerro El Toro de Upata, tanto en sus colinas bajas como en los lomeríos más elevados de este relieve principal localizado al este de la ciudad.
Un árbol de notable belleza, asociado por tradición e historia a nuestra Venezuela tropical es el copey, una especie autóctona que crece y se reproduce sobre todo en los bosques serranos o montañosos de la Cordillera de la Costa y con particular intensidad en la isla de Margarita, donde despliega su belleza y majestuosidad, en las pendientes verdes del cerro más elevado de este territorio, que constituye una zona protegida. El Parque Nacional. Cerro El Copey, constituye la principal reserva de agua dulce de la isla, su cima principal se eleva casi hasta los 1000 metros sobre el nivel del mar, por lo que es visible su perfil desde decenas de kilómetros a la redonda, incluso desde la Tierra Firme del estado Sucre. Importante también esta Área Bajo de Régimen de Administración Especial ABRAE por la particularidad de las especies vegestales y animales que allí tienen su asiento, entre otras el cotorro margariteño y el venado de pequeño porte que allí tienen su espacio de vida.
Al copey se le conoce científicamente como Clusia rosae o Clusia major, nativo de América Tropical, presenta también raíces aéreas en algunas de sus ramas principales, posee hojas anchas, de un verde intenso, y flores blancas no tan llamativas, alcanzando una altura media en condiciones no tan favorables pero desplegando toda su magnitud potencial en los bosques húmedos donde se desarrolla favorablemente.
En Upata el copey no están presentes en su flora urbana, ya que los pocos que alguna vez fueron plantados o fueron talados o murieron naturalmente. no obstante en las colinas y laderas del cerro El Toro, y las lomas adyacentes a este macizo o relieve al norte y este de Upata, sí hemos podido localizar, sobre todo en terrenos quebrados, o sobre promontorios de rocas y lajas algunos ejemplares de copey, que forman parte fundamental de esos ecosistemas, eso sí se trata de árboles de mediano a pequeño porte, que para mediados de año despliegan su hermosa flor color crema de tamaño apreciable y aisladas en cada rama. A finales de año se dejar ver los frutos redondeados de este árbol, cuan adornos, allí permanecen largo tiempo.
Copey altamente apreciado por los defensores de la naturaleza fue el que estaba ubicado en la cuadra de la Alcaldía de la ciudad hermana de Guasipati, donde mostraba un frondoso aspecto, y le daba a los caminantes y los que ejercían actividad informal excelente sombra, pero como siempre el progreso se impuso, y desde hace una década fue extirpado de raíz, y de él solo queda una fotografía que logramos tomarle cuando aún no había sido víctima del hacha y la motosierra.
Hojas ovaladas del copey, al lado los frutos de esta especie del género Clusia, que crece silvestre en las colinas y matorrales sobre sustrato rocoso del este de Upata.
Este Copey emblemático en Guasipati fue arrasado por el "progreso", desde hace más de una década fue talado y ya no adorna el casco central de la ciudad.
El corozo es una palma muy vinculada a las tradiciones de nuestras zonas rurales del municipio Piar y el noreste de Bolívar, sobre todo en la región cercana a la Sierra Imataca. Abunda al Norte de Upata, en los
bosques semisecos o deciduos de la zona de Buen Retiro Los Arrendajos Montecristo,
Campanario, San Ramón y en el piedemonte de la Sierra Piacoa.
Una de las características más resaltantes de esta palma es que su tallo es
sumamente espinoso, de allí que sea utilizado su nicho superior como nido por los loros y pericos
sabaneros, carasucias, entre otras aves.
Esta especie de palma da su nombre a uno de los cerros más emblemáticos de
Upata, el Cerro El Corozo. Se presume porque en otros tiempos, un tanto lejanos, en sus bordes y faldas boscosas, esta especie estaba bien representada.
Cerro El Corozo en Upata desde el Viejo Cementerio
Hoy
sin embargo no quedan ejemplares del corozo en esta colina, la cual a pesar de su pequeña altura, apenas 150 metros sobre el nivel del valle, conforma uno de los sitios más emblemáticos y tradicionales de la ciudad. El Corozo fue un lugar de encuentro y excursiones familiares y escolares. Sobre todo durante el mes de mayo en su ladera escarpada que da el frente a la calle Santa Fe de el barrio homónimo, se podía visualizar desde tempranas horas de la mañana la fila de personas que acudían al encuentro con su cima para las actividades conmemorativas de la Cruz de Mayo. Allá arriba eran visibles tres cruces, la principal, con sus dos acompañantes más pequeñas, en un sector del cerro cercano a su mayor altitud, desde el cual se podía admirar el verdor y la hermosura del valle del Yocoima. Lamentablemente la inseguridad reinante en la ciudad han alejado a los visitantes de este hermoso sitio patrimonial. En fin el corozo en Upata
lo asociamos más con un Cerro y un sector popular del Oeste de la ciudad,
barrio tradicional, pero la palabranos
remite
a este singular y espinosa palma. no muy adecuada para el ornato debido
a su aspecto no tan agraciado en lo estético en relación con otras
palmas y por el peligro de su tronco para los niños, aunque en su estado
natural no deja de ser interesante su observación.
En unapalma
de corozo
En sunido
Dos periquitosaguardan en silencio
Sabenquesus
padres se hanido,
Lo sospechan
Unafuerza
interior en sus genes lo avizora
El espinosorefugioproteje
y cobija
La impasibleespera de los pichones
carasucia
Ellos nada
saben
del tiempo
Su espacio se reduce a lo palpable de sunido
Sientenhambre,
pero
la paciencia
de un avees
sapiencia
Sospechanquevendran
con alimento
De pronto, la espera
se reduce a un instante
Cuanto
el padre vocaliza
a suspichones
Y ellosresponden
con sonoraestridencia
susafanes
El padre entra, la madrevigila
No hay lugar
para el descuido
Uno sale la otraentray viceversa
Los padres se perchan
a la entrada del nido
Esperan
la vocalización
de otrasparejas
Y se libran
de lasespinas
del corozo,
levantanvuelo
Y abandonan
el nidonuevamente
Mientras los pichones
se callanporcompleto
El corozocomoreducto
Ofrendasutronco
y susespinas
Para honrar
la vida
Quereciencomienza
Mientrasellosesperan
en silencio...
Al margende
estaapacibleescenacampestre
Unamadrelloradesconsoladamente
Al ver
el cuerpo
de suinfante
Flotar en unaalberca,
tanto dolor no le cabe en el pecho
Yanisiquiera
le queda
el consuelo
de elevar su voz al cielo…
Poema al Corozo Autor Daniel Ruiz Correa
Descripción del Corozo
La
Acrocomia aculeata es una planta de la familia de las arecáceas, nativa de
México, Centroamérica, las Antillas y Suramérica.El aceite de la semilla y la
pulpa se utilizan en alimentación y en la fabricación de jabones. Es una
palmera de entre 13 y 20 m de altura y de 3 a 4,5 m de diámetro de copa, con
uno o más raramente varios estípites de unos 2 a 3 dm de diámetro, cubierto de
una corteza lisa y oscura, dotada de espinas fuertes y rectas de hasta 15 cm de
largo.
El sistema radicular es extenso y profundo. Muestra hojas persistentes,
pinnadas, con numerosos folíolos que nacen en planos diferentes, color verde
claro, muy glabros, con el raquis duro y espinoso, de 1,5 a 3,5 m de largo. La
espata también es muy espinosa. Las flores forman inflorescencias en espádices
de color amarillo pálido o pardo, que aparecen a comienzos del verano. Son
monoicos, con las flores masculinas ubicadas en la parte superior del espádice
y las femeninas en la inferior. El fruto es una drupa globosa, de la cual
aparecen desde 4 hasta incluso 14 racimos por ejemplar.
El pericarpio o cáscara
es liso, de color verde, siendo de color amarillo o marrón cuando maduros; es
quebradizo y fácil de despegar; el mesocarpio, de consistencia fibrosa, rico en
caroteno, de color amarillo y fragancia muy agradable, resulta comestible, con
un sabor que recuerda al coco. La semilla consta de un exocarpio grueso y muy
duro, de color negruzco con tres poros ecuatoriales y un endocarpio liso de
color externo oscuro y blanco por dentro, en donde se encuentra el embrión,
también comestible, muy apetecido por insectos, animales y el ser humano. El
ciclo de los frutos dura 13 a 14 meses y madura hacia finales del verano. El
sistema radicular profundo hace a la planta resistente a los incendios
forestales. (Fuente Wikiipedia)