Vegetación arbustiva y peñascos de cuarcita ferruginosa, al fondo el Valle del Yocoima
Valle interior de la serranía de El Toro
Luego de dos semanas de intensas precipitaciones el verdor y la humedad vuelven al cerro El Toro, que tiene aproximadamente un perímetro de 9 kilómetros y una superficie de 600 hectáreas, uno de los patrimonios naturales más importantes y por largo el más visitado de la ciudad de Upata.
Bosques en la franja de altura al Este del Toro.
Este año 2020 fue extraordinario en cuanto durante casi 5 meses en todo el valle del Yocoima las lluvias desaparecieron provocando el deterioro del paisaje, ya que a su ciclo anual de sequía se vio incrementado por la falta total de precipitaciones y las incursiones depredadoras de personas talando su bosque seco y zonas protectoras de quebradas, que fueron prácticamente arrasadas en buena parte de su franja paralela al camino principal del cerro. Unos con el fin de obtener la ansiada leña para el fogón familiar, ante la falta del gas domésticos en la ciudad. Otros para expandir sus sembradíos de hortalizas, sin tomar en cuenta que toda naciente de agua, como la quebrada de El Caballo requieren de estos bosques protectores para mantener su estabilidad y preservación como área de biodiversidad. Ambos grupos han generado esta situación de degradación del paisaje natural del Cerro El Toro.
Al fondo la colina de las Antenas, desde el mirador de las cuevas
Crece en muchos igualmente la preocupación por cuanto el uso generalizado de agroquímicos pudiese estar afectando, lo que es más grave, la calidad de las aguas que se filtran hacia los acuíferos ubicados en el piedemonte y planicie cercana al cerro, pozos que se han convertido en la opción alternativa de suministro de agua "limpia" para miles de hogares de Upata.
Upata desde el Cerro El Toro vista el 19 de junio del 2020 al mediodía
Calle Independencia cerca del Mercado Municipal
Plaza Miranda en la Av Raúl Leoni. Arriba Plaza Bolívar y Capilla de San José frente al Mercado.
No ha sido afectada la población por el coronavirus. No se registra ningún caso. No obstante hay que ser más rigoroso en la contención o prevención pues el enemigo silencioso, la pandemia, nos acecha desde la no tan lejana Brasil, por el desplazamiento irregular y descontrolado que venezolanos puedan hacer desde de la frontera en la Gran Sabana hasta nuestros municipios más al norte de Guayana.
Valle de Upata desde el cerro El Toro, nublado y mostrando a la distancia el vigor de los aguaceros típicos de junio, por Los Coloraditos, San Lorenzo y Santa Rosa, sectores al Sur del valle del Yocoima.
Lluvia desatada sobre el urbanismo Manuel Piar el 6 de junio la primera fuerte de año.
Ya la espera era enorme. Luego de casi seis meses de sequía absoluta el valle del Yocoima por fin entró en su temporada de lluvias y clima fresco correspondiente a este año bisiesto tan especial de cuarentena e impacto del coronavirus. Fue un 6 de junio cuando por fin un torrencial aguacero marcó el renacer de la humedad propia de este mes, lo que ocurrió con inusitada fuerza, ya que hasta la fecha 20 de junio en Upata han caído no menos de cuatro eventos lluviosos de importancia, aguaceros continuos o intermitentes, que han generado secuelas, es decir inundaciones momentáneas, en algunas comunidades y avenidas, afectadas por la intensidad de las precipitaciones. Según nuestro registro local en la capital del municipio Piar en lo que va de junio han caído aproximadamente unos 120 mm de lluvia, un volumen apreciable pero normal.
Desde el CC El Dátil, se muestra humedad y cielo nublado.
La tercera semana de junio todavía el río Yocoima no había alcanzado su máxima creciente del año
Las temperaturas máximas de 36 grados típicas de mayo dieron paso a máximas de apenas 31 o 29 grados, y promedios en torno a los 24 y 25 grados, como en los lejanos tiempos en que la Villa era ponderada por su excelente clima, sobre todo con la llegada de las lluvias a mediados de año. Por cierto falta todavía presenciar en el valle las famosas neblinas de junio o la llegada en masa de los insectos voladores, "bachaco culones" entre otros. Las que si han vuelto con su puntualidad habitual son las golondrinas, aunque en menor número con respecto a otros años.
Nube de tormenta al Este de Upata espectáculo propio del mes de junio
Por fin una pequeña corona de nubes estratiformente sobre la "pequeña cordillera" de Guacarapo El Toro.
Los cielos desde la segunda semana de junio se han mantenido por lo general nublados, poblados de vigorosas y verticales torres de humedad, nubes que en horas de la tarde han dejado caer su carga de lluvias, acompañadas hasta ahora con actividad tormentosa moderada. El valle vuelve lentamente a recuperar su verdor, con parsimonia debido a la fiereza de la sequía que padecimos, mientras que sus quebradas y el propio río Yocoima a pesar de la fuerza de las precipitaciones todavía no han mostrado su caudal mayor promedio o la fuerza de su creciente anual, lo que posiblemente ocurrirá a finales de mes o en el cercano julio.
El invierno, la temporada de lluvia apenas comienza. Esperemos que su balance sea positivo, porque el ciclo de la vida lo anhela para el renacer del verdor y la recuperación de las fuentes de agua que tanto plantas como animales silvestres requieren para su desarrollo y supervivencia. Así será.
Araguaney en floración en la plaza Miranda de Upata el 30 de mayo del 2020
Roble con todo su verdor en Manuel Piar Upata
2020 año bisiesto, de pandemia, crisis de combustible, destaca también hasta el 4 de junio como uno de los años más secos en la región del noreste de Guayana, y en particular en el valle del Yocoima, Upata, donde hasta la fecha las precipitaciones han sido en casi seis meses muy escasas o nulas, con meses como abril o mayo, donde se presentaron apenas 1 o 2 eventos lluviosos de muy baja intensidad. Los
bosques y sabanas que rodean la ciudad están secos, y los riachuelos,
quebradas y lagunas, igualmente desprovistos de agua o con un volumen
muy pírrico. Altas temperaturas que han rozado los 37 grados, en algunos
días, así como mínimas en torno a los 24 grados, nos revelan que
estamos ante una temporada de sequía inusualmente extrema, propia de
años donde el Niño ha dejado sentir su influencia sobre la Guayana
venezolana.
Mientras en el centro de la ciudad de Upata es intensa la movilización y la permanencia de personas en labores de compra venta de alimentos, en la avenida Raúl Leoni después del mediodía el panorama es de ausencia casi total de tráfico de peatones y vehículos.
En un abril 2020 de temperaturas extremas de calor, en torno a los 36 grados, la ciudad reseca por el intenso verano, muestra esta cara de traquilidad, destacando su Terminal de Pasajeros clausurado por cuarentena desde mediados de marzo. El coronavirus sigue asediando a la población, y si bien no se ha registrado a la fecha un caso de esta enfermedad, la gente sigue en su mayoría resguardada.
Plaza Bolívar de Upata, remozada y con nueva imagen. Desde 1962 hace 58 años mantiene su plena vigencia como principal sitio de encuentro de la Villa del Yocoima.
Tras casi un año de trabajo lento pero seguro la Alcaldía de Piar entregó en el pasado mes de diciembre del 2019 la obra de rehabilitación y mejora de la Plaza Bolívar de Upata. Se trata de una intervención planificada por la alcaldesa Yulisbeth García, que al margen de críticas y cuestionamientos permitió recuperar los diferentes ambientes de este espacio cívico y de encuentro en familia.
Estatua Pedestre del Libertador, al fondo iglesia parroquial de San Antonio de Padua
La remozada Plaza Bolívar de la capital del municipio Piar entre otras intervenciones cuenta con parte de su piso de granito recuperado o sustituido, nuevas luminarias, nueva jardinería, se construyó un parque infantil, se instalaron avisos tridimensionales de identificación de este espacio público y vallas alusivas a la vida del Libertador e información básica sobre Upata. Todo ello enmarcado en el programa Venezuela Bella del Gobierno Nacional, que suministró los recursos para hacer realidad esta obra de remodelación del principal espacio público de la Villa del Yocoima.
Salvo detalles pendientes, como alguna referencia a nuestras raíces históricas indígenas o al patrimonio natural, y la necesaria pero siempre pospuesta intervención fitosanitaria de los árboles afectados por especies parásitas, la mejora de nuestra Plaza Bolívar marca un antes y un después. Fue un logro positivo que nos puede indicar el camino hacia un proyecto aún más ambicioso de recuperación, restauración de lo queda del centro de la ciudad, lo cual pasa por la construcción de bulevares, museos y teatros, rescate de otras casonas históricas, que le darían otro cariz, otra configuración más humana al caótico y excesivamente mercantilizado casco central de Upata.
Vegetación de sabana en una colina de Upata, donde predomina visiblemene el chaparro Curatella americana como arbusto principal, todo sobre un suelo arenoso, alternado con afloramientos y rocas sueltas.
El "Curatella Americana" mejor conocido como Chaparro es una especie de gran abundancia al Norte y centro de Guayana. Este arbusto pertenece a la familia Dilleniaceae, de amplia distribución en casi todas las sabanas del norte de Suramérica, sus hojas por su peculiar textura en las zonas rurales son aún muy usadas para el lavado de platos y vasillas, y como lija natural. Destaca el chaparro por su particular forma arbustiva, dominante en las sabanas del trópico americano, y por su resistencia a las sequias y quemas forestales, pues salvo el daño a sus hojas, y a su corteza externa, si no es carbonizado puede sobrevivir a los típicos incendios del verano.
Chaparro en una ladera mostrando su característico follaje.
Esta especie arbustiva de pequeño porte, quizá la más abundante de nuestras sabanas, ya que se adapta con facilidad a suelos ácidos, arenosos, pedregosos, donde crece en colonias, acompañada con otras plantas igual de resistentes al calor extremo y las quemas forestales como el manteco, el alcornoque llanero y carne asada: (Byrsonima crasifolia, Bowdichia virgiloides y Roupala montana). En Venezuela el chaparro es arbusto de amplia distribución, observable en los terrenos arenosos, secos y bajos, desde el Zulia hasta el Delta, en la región de Los Llanos y Guayana es abundante su presencia, al igual que se encuentra en las tierras bajas y de menor humedad del piedemonte de las cordilleras andina y de la Costa.
Extensos chapararrales se extienden por leguas de sabana en la vía Upata El Manteco, también en la carretera Upata Guasipati, en la que une a Upata con Guri, y en buena parte de la ruta a San Félix, en las colinas de las sabanas altas que anteceden al sector rural boscoso de El Buey, en los cerros del norte de la ciudad, Guacarapo y El Toro. Extensos chaparrales crecen a sus anchas en las llanuras y colinas de la franja Sur del valle del Yocoima, hacia San Lorenzo, Laguna Larga, Unión 2000, La Madama.
Aspecto del Salto de Santa María de Upata, en la temporada lluviosa del 2018.
Además de su privilegiada ubicación que le permite excelentes vistas panorámicas de la extensa región del Yuruari y de las serranías de Guacamayo, Machí, Apurito, El Cume y Tomasote, el sector de Santa María de Upata, cuenta con otros atractivos naturales, que deben ser adecuadamente preservados y acondicionados para el disfrute de la población local y visitantes. Entre éstos destaca El Salto, una irregular cascada de aguas cristalinas que desde sus cerros cercanos del Complejo de Imataca, ricos en cuarcitas ferruginosas, y rocas metamórficas abundantes en silicio, se precipitan hasta los bosques más bajos, que marcan el inicio de las tierras de Pastora, una provincia geológica que en su vastedad constituyó durante millones de años el lecho de un antiguo y desaparecido mar, donde la actividad hidrotermal y los complejos procesos de mineralización dieron origen a uno de los yacimientos auríferos más ricos del continente americano.
Cerro El Toro al este de Upata visto desde la serranía de Guacarapo.
Desde el la última semana de diciembre del año pasado 2018 en Upata, concretamente en la zona del piedemonte del Cerro El Toro, prácticamente no se registra ninguna precipitación, lo cual constituye una evidencia contundente de que nos encontramos en una de las temporadas de sequía más extrema de las últimas tres décadas, solo comparable a la vivida en 1984 y semejante a la que nos tocó padecer en el año 1995, cuando fuimos testigos no sólo de condiciones extremas sino de una pesada calina de polvo y humo que provocó alarma en la población.
En esta oportunidad coinciden esas condiciones de sequía con la activación del Fenómeno del Niño, que ha provocado en el caso particular de Venezuela y la región Guayana condiciones muy particulares de temperaturas extremas y ausencia casi total de lluvias. En el mes de abril y con fuerza desde el ventoso mes de marzo nos ha tocado a los upatenses experimentar temperaturas en extremo cálidas, con máximos que en fecha reciente, el 15 de abril, rozaron los 35 grados centígrados a la sombra, un registro que supera en casi 3 grados el máximo promedio para esta época del año. Ese mismo día tuvimos valores inusuales de 31 grados a las seis de la tarde, y 28 grados a las 9 de noche.
Calma en un remanso del río, al fondo Paseo Orinoco de Ciudad Bolívar
El Paseo Orinoco en septiembre del 2018
Aunque no ocurrieron las tan anunciadas catástrofes ni daños apocalípticos como consecuencia de la creciente del río Orinoco de este año 2018, su nuevo registro de máxima histórica resultó extraordinario y sin parangón.
Impetuoso el Orinoco al acercarse a su canal más estrecho frente a Ciudad Bolívar
Desde que se tienen registros detallados del nivel del Río Padre frente a Ciudad Bolívar, hace casi un siglo, el Orinoco no había escalado ni siquiera aproximado hasta la cota máxima de este año, que fue 18 metros con 34 centímetros, más de 30 centímetros que su altura máxima histórica, que era 18 metros con 3 centímetros(ocurrida ambas en agosto de 1943 y 1976).
Así que como ninguna otra generación reciente fuimos testigos de un evento muy singular y extraordinario, que nos mostró la fuerza de la naturaleza, cuando ésta desborda literalmente su comportamiento normal.
Hidrograma del Orinoco frente a Ciudad Bolívar, la raya roja muestra su
actual comportamiento, nivel sobre el nivel del mar, desde enero hasta
el 16 de agosto de 2018.
En Ciudad Bolívar el río Orinoco desde el 27 de julio hasta el jueves 16 de agosto ha tenido un notable crecimiento en su caudal y nivel frente a la histórica Angostura, que se refleja en un ascenso de sus aguas superior a los 95 centímetros. En tal sentido debemos destacar que de acuerdo al último boletín del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología correspondiente al 16/08/2018 el Orinoco ya logró ascender a la cota 18 metros con6 centímetros sobre el nivel del mar frente a la capital del estado Bolívar. Un registro de nivel que supera en 1 centímetro la cota 18,05 metros, registro que tanto en 1943 como en 1976 fueron reportadas como las máximas crecientes históricas del Río Padre en el pasado siglo XX. Este nivel del 16 de agosto es por ahora el máximo histórico anual del Orinoco. (IMPORTANTE DESTACAR QUE ESTA CORRECCIÓN DEL HISTÓRICO ANTERIOR DE 18,03 A 18,05 METROS LA REALIZÓ EL INAMEH EN EL BOLETÍN DEL 16 DE AGOSTO DE 2018, NO OBSTANTE HAY QUE PRECISAR QUE DE ACUERDO A LOS REGISTROS HEMEROGRÁFICOS CORRESPONDIENTES AL AÑO 1976 EL NIVEL MÁXIMO INFORMADO EFECTIVAMENTE FUE 18,03 METROS Y NO 18,05). Se mantiene desde el pasado domingo 12 de agosto la ALERTA ROJA en este sector del Orinoco, luego de que ese día el río alcanzase la cota 18 msnm, superior en un metro al nivel de desborde del río.
El referido boletín del 16 de agosto en tal sentido indica que el nivel del Orinoco frente a Ciudad Bolívar "es de 18,06 msnm y para el 15/08/2018 fue de 18,04 msnm,subiendo 0,02 metros con respecto al día anterior.El nivel se encuentra 0,06 metros por encima del nivel máximo del día, 4,81 metros por encimadel nivel mínimo del día y 2,18 metros por encima del nivel medio.Para la fecha se registra un nuevo Máximo Histórico en la estación Orinoco CiudadBolívar, pues el Nivel supera el valor registrado en julio de 1976 de 18,05 msnm". (NOTA: En 1976 el máximo histórico se alcanzó comenzando agosto no en julio)
Aglomeración humana observando corriente y pescadores
El Orinoco en creciente todo un espectáculo frente a Ciudad Bolívar.
Faena de pesca, equilibrio y destreza en el manejo de las atarrayas
Entrando ya en la última semana del mes de julio del 2018, a escasos días de su creciente máxima anual, el Río Padre, el Orinoco se convierte una vez más en el principal protagonista escénico de la histórica Ciudad Bolívar. Frente su Paseo malecón homónimo los atardeceres se llenan de turistas nacionales y foráneos, que con asombro y expectación contemplan su corriente impetuosa, cada vez más caudalosa en cuanto el río se aproxima a su canal más estrecho frente al Mirador Angostura.
Luego de un año 2017 de intensas y continua lluvias el 2018 se ha mantenido como otro año de registros elevados de precipitaciones, con una temporada de sequía muy breve, que no afectó con intensidad el caudal de las corrientes fluviales ni provocó mayores impactos negativos en la vegetación. Salvo durante la mitad de marzo y la primera semana de abril se produjeron algunos incendios forestales muy focalizados en pequeñas áreas del estado Bolívar y el descenso de nivel de los grandes ríos Guayaneses fue poco significativo
Abiertas las compuertas así se muestra el Caroní en Macagua
Como consecuencia de este suave verano el embalse de Guri para inicio de junio se aproximó rápidamente a su máximo volumen y después del 15 de junio hubo necesidad de iniciar el alivio de este cuerpo de agua, mediante la apertura de las compuertas de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar de Guri, y la consecuente activación de los aliviaderos de Caruachi y Macagua. (La cota máxima operativa de Guri es 271 metros sobre el nivel del mar).
Debido a esta anormal creciente del Caroní los habitantes de las partes bajas inundables de San Félix y Puerto Ordaz comienzan a sentir las primeras secuelas generadas por apertura de compuertas de la red de embalses del río, igualmente las autoridades han declarado la Alerta Naranja ante la eventualidad de que para finales de julio y agosto tanto el Caroní como el Orinoco se acerquen a sus máximos históricos, con toda las consecuencias y riesgos que ello pueda implicar para las familias que habitan en las zonas inundables de Ciudad Guayana. De hecho tal como se evidencia en el video oficial de la Gobernación de Bolívar las autoridades están evaluando para esta segunda semana de julio la posibilidad de restringir el acceso de turistas a algunos miradores cercanos a la línea de costa de los parques La Llovizna y Cachamay.
Upata desde las alturas, el cerro El Corozo en primer plano
Upata desde el cerro El Toro
Capilla de San José frente al Mercado Municipal de Upata
Plaza Bolívar, Iglesia San Antonio de Padua y viejas casonas del casco histórico
Zona comercial de Upata
7 de julio de 1762 fue la fecha de fundación oficial de la Villa de Españoles que el entonces Imperio Hispánico denominó Upata, en tributo a esta expresión linguística de los indígenas guayanos, que hace referencia a Mi Tierra Nuestra Tierra Mi Terruño Mi Territorio de Vida.
Torre altiva, guardián del viento
Largo fuste que estira su cuello
Mientras tu cabellera se moja
Con las primeras gotas del rocío.
No quieres oír las hipócritas palabras
Que se revuelcan por el suelo
Y que engañan incautos, mientras asestan su mordida.
Atalaya que atisba los primeros rayos del sol
Y el último, que otea el ocaso y sus penumbras
Vigilas cada instante que la tierra gira
Sobre su propio eje
Y atrapas los sueños de alto vuelo
Atrapasueño celeste.
Paciente ser que escuchas
Voces lejanas de lluvias
Cha Cha Cha llevas el ritmo en tu sonoro nombre
El agua se esconde entre letras insomnes
Y las ramas circundan tu copa
Como cabelleras de antiguos guerreros
Que perpetúan su nombre
Sobre la madre tierra
Daniel Ruiz/Upata 2020
Los tres chaguaramos que adornaban la Plaza Bolívar ya no existen...
Chaguaramo solitario en la Plaza del Ejército
Una de las palmas más vistosas e imponente por su altura y elegancia, es sin duda el chaguaramo, sobre todo cuando es transplantado en filas, y ofrece a la vista un impresionante espectáculo, tanto por la forma elegante de su tallo, hojas y frutos, como por la altura que puede alcanzar. En Upata el chaguaramo es una planta exótica, no tan abundante, no obstante tenemos algunos ejemplares que destacan en el paisaje urbano, de sus barrios y urbanizaciones, muy vistososos en su tiempo los recientemente desaparecidos de la Plaza Bolívar frente a la Iglesia, atacados por feroz plaga, y al final talados.
También tenemos chaguaramos en la Plaza de El Ejército, en Santo Domingo, en Sierra III, en la UEN Morales Marcano, en la calle que enlaza la plaza Van Prag con el barrio Maturín, y en el liceo Tavera Acosta, los inmensos y ocultos chaguaramos que se ocultan en el valle central del cerro El Toro, y otros que se alzan en áreas verdes rurales de la ciudad.
Notables por su llamativa línea visual son los chaguaramos que adornan uno de los caños de la carretera Upata El Manteco, entre Tagroima y Santa Inés.
El cálido clima de Upata, quizás sus suelos ácidos, y sus condiciones
atmosféricas, no le son propicias al chaguaramo, que a diferencia de
otras zonas del país- como los valles de la Cordillera de la Costa, o
piedemontes al Norte del Orinoco- aquí no alcanzan el notable desarrollo
y elegancia que allá exhiben, por el contrario suelen ser atacados con
ferocidad por plagas y parásitos, que limitan su crecimiento y su
natural belleza.
Otro chaguaramo, en la UEN Morales Marcano
Esta palma cuyo nombre científico es Roystonea
oleracea, es una especie originaria de las Antillas menores y el norte
de Suramérica. Es una planta de gran porte, de hasta 40 m de altura y
muy apreciada por su gran valor ornamental por lo cual ha sido cultivada
en muchos países. En Venezuela es el árbol emblemático del estado
Yaracuy, donde crece de manera espectacular y es muy abundante, destacan
también los imponentes chaguaramos de los valles de Aragua, los de la hacienda Santa Teresa de El Consejo plantados en las fértiles áreas
de cultivo de la caña de azúcar o los chaguaramos que
prodigiosamente han sido transplantados en avenidas, parques, plazas y jardines de la ciudad capital del país
Caracas, donde hasta una urbanización fue bautizada con este sonoro nombre.
Pocas historias, leyendas o crónicas tenemos en Upata sobre esta planta, más allá de su llamativo porte, tampoco hay referencias escritas sobre cómo fue su proceso de introducción en el valle, quién plantó por vez primera la especie en nuestro valle. No obstante existen otras variedades de palmas muy semejantes, que han sido plantadas en jardines de quintas y parques, que configuran en su conjunto una muestra representativa de cómo las vistosas palmeras del trópico por su vistoso porte puede alcanzar un sitial importante dentro de los planes de ornato y arborización de la ciudad de Upata. Es una tarea pendiente en los planes de mejoramiento urbano de nuestro verde valle.